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Bibliotecas y escuelas: retos y posibilidades en la sociedad del conocimiento

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Autor: E. Bonilla, D. Goldin, R. Salabarría, coords.
Editorial: Océano
Año de edición: 2009
ISBN: 978-607-400-018-4
Cant. de páginas: 491

Reseñado por Delia Lerner (*)

Bibliotecas y escuelas... es un libro que invita al debate y aporta elementos para sustentarlo. Es, sobre todo, una invitación al diálogo, o mejor aún, a muchos diálogos simultáneos. En el marco de una “conversación” central, indicada en el título, se desarrollan otros diálogos. Selecciono el que mejor conozco: el que sostenemos entre el aula y la biblioteca escolar.

El lugar central que tiene para nosotros –en Didáctica de la Lectura y la Escritura– la interacción con textos y con lectores nos llevó desde un comienzo a estrechar lazos con la biblioteca –cuando ella existía en las escuelas en las que trabajamos– o a crear bibliotecas en las aulas, o las dos cosas. En la escuela pública, confrontamos diferentes realidades: en algunas escuelas es posible establecer un estrecho y productivo contacto entre el aula y la biblioteca; en otras el divorcio es total; en otras, la biblioteca es depositaria de todo lo vinculado con la lectura literaria, lo que permite desentenderse de ella en el aula. A veces, las condiciones son promisorias: cuando tenemos la suerte de que no solo hay biblioteca, sino que también se cuenta con una bibliotecaria, cuando además sucede que la bibliotecaria está comprometida con la lectura y con la educación… entonces el trabajo conjunto se despliega y enriquece. A veces, el trabajo con la bibliotecaria es la única oportunidad que tienen los docentes de compartir el trabajo con otro (lo que no significa que siempre lo aprecien).

Fue fácil para mí identificarme con este libro porque todos sus autores van y vienen entre la realidad y la utopía. Son grandes conocedores de la realidad y, sin embargo, no se desaniman, siguen considerándola como un punto de partida para seguir pensando, para seguir luchando por la democratización de la lectura, por lograr la participación de todos los niños y jóvenes en la cultura escrita, por crear condiciones para transformar la enseñanza de la lectura y la escritura…

Cuando se centra en los “retos y posibilidades didácticas de las bibliotecas escolares”, el libro nos propone atravesar el sistema escolar, desde la “bebeteca” (Yolanda Reyes) hasta la escuela secundaria (Laura Cobos Herrero y Melquiades Álvarez), pasando por el jardín de infantes y por la escuela primaria (en los artículos de Myriam Nemirovsky y de Mirta Castedo). Además, Celia Díaz Argüero hace un interesante análisis del “lugar de los libros de texto como objetos didácticos”, es decir, el lugar relevante que han adquirido en la planificación del trabajo del aula y también de un cambio de lugar que es sustancial en la transformación de la enseñanza: las formas en que los libros de texto pueden articularse con otros libros, remitir a otras obras de la cultura.

Me detendré en dos de los artículos mencionados, para ejemplificar a través de ellos cómo se encarna una de las intenciones fundamentales de este libro: constituirse en una “caja de herramientas” para los lectores, para los diferentes actores involucrados en la educación: maestros, bibliotecarios, padres, autoridades.

Myriam Nemirovsky analiza con su acostumbrada minuciosidad las condiciones de funcionamiento de la biblioteca del aula: la cantidad y calidad de los materiales que se incluyen, la diversidad de géneros, de soportes, de lenguas, de versiones, de situaciones didácticas que se proponen… Quiero subrayar que la diversidad imprescindible no solo para que los chicos ingresen a diferentes sectores de la cultura escrita sino también para que cada uno encuentre cuáles son los suyos, en cuáles se siente más a gusto, con cuáles se identifica… La diversidad es una condición esencial para hacer de la lectura una actividad constitutiva del proyecto de vida de todos. Myriam conoce además al dedillo las “tentaciones” de la institución escolar y por eso presenta contraargumentos implícitos: señala, por ejemplo, que es importante conservar los libros disponibles, pero NO reducir su uso para conservarlos. Describe también escrupulosamente las zonas de lectura: la de novedades, la de lectura silenciosa, la de lectura en voz alta…

Mirta Castedo nos muestra también minuciosamente cómo “dar clase con bibliotecas en las aulas”. Ella se centra en la diversidad de las prácticas de lectura, en la multiplicidad de situaciones que es posible plantear en el aula. Al referirse a las prácticas de lectura, apela reiteradamente a la psicología y a la historia de la lectura. Por ejemplo, recurre a la historia para mostrar el sentido social de la lectura en voz alta, reflexiona sobre las condiciones en que esta lectura adquiere sentido en la escuela de hoy y desarrolla algunas situaciones que llevamos a la práctica (teatro leído, selección de poemas, exposición y lectura en voz alta para comunicar otros temas relevantes que han sido objeto de estudio). Desarrolla también situaciones en que se lee en silencio y luego se discute, se trabaja intensamente sobre la interpretación del texto – o, mejor dicho, sobre las interpretaciones autorizadas por el texto–. Centrándose en la alfabetización inicial, despliega situaciones que muestran a la biblioteca del aula como un lugar fecundo para que los niños lean y escriban por sí mismos, un lugar donde los ellos pueden participar en la elección de los libros u otros materiales que se incorporan a esa biblioteca… Finalmente, incursiona en los desafíos planteados por la lectura y la escritura en pantalla y cierra su artículo con una cita de Anne Marie Chartier, que compartiré con ustedes, porque explicita el sentido del artículo de Mirta Castedo que estoy comentando: “…los idealistas no quieren ceder a lo que consideran ‘lo esencial’, la formación de la sensibilidad y la imaginación, la construcción de la identidad ciudadana, la curiosidad intelectual y la transmisión de valores. Para ellos, la escuela tiene siempre un proyecto de transmisión colectivo y debe seguir ayudando a la comprensión del mundo, sin preocuparse por la rentabilidad de los aprendizajes” (Anne-Marie Chartier, Enseñar a leer a escribir. Una aproximación histórica, México, DF, FCE, citado por M. Castedo en Bibliotecas y escuelas..., página 289).

Es cierto. Tratamos de ir más allá de la “rentabilidad”. Es tal vez por eso que también Michèle Petit nos dice: “la biblioteca debería afirmarse como un lugar dotado de una cierta extraterritorialidad en la escuela. Una tierra de libertad no sometida a la “rentabilidad” escolar o al servicio exclusivo de la pedagogía”. Estuve largo rato dialogando “para adentro” con esta frase y también con un subtítulo: “Un espacio cultural, más que un dispositivo didáctico” (página 159 del libro que estoy comentando).

Después de afirmar que “las bibliotecas escolares parecen particularmente apropiadas para contribuir a cambios de actitudes hacia la lectura”, ella señala que, en la biblioteca, no hace falta “dar cuenta” de lo aprendido, se puede “emprender otra forma de aproximación a la lectura, no sancionada por una nota”. El trabajo del aula parece estar signado por la calificación, por el control constante que se intenta ejercer sobre el aprendizaje, un control que –efectivamente– corre un serio riesgo de alejar a los chicos de la lectura. Por eso hemos intentado crear, también en el aula, territorios libres de control, espacios donde los alumnos puedan elegir lo que leen (o al menos optar entre diferentes propuestas que los toman en consideración), que no requieren ninguna “tarea” salvo la de comentar con los otros el libro que están terminando o acaban de terminar. Pero hay que seguir estudiando en qué condiciones esto es efectivamente posible.

Sabemos que no es fácil. Como lo han mostrado Bernard Charlot y Elisabeth Bautier (1) (“Relación con la escuela, relación con el saber”), se trata de un problema que afecta a todo el conocimiento, no solo a la lectura. Muchos alumnos, sobre todo en la escuela secundaria, estudian para aprobar, no para saber.

¿Cómo hacer para que experimenten el sabor del saber? ¿Cómo hacer para que la lectura sea una herramienta de construcción del conocimiento, no en un simple medio para localizar y recopilar información? ¿Es posible crear en el aula condiciones que permitan a los alumnos asumir una posición estética, que los autoricen –al menos a veces– a instalarse en el “durante” de la lectura, sin pensar en qué tienen que “llevarse” de ese texto para responder en la prueba?

Quizá no sea posible, quizá estamos irremediablemente sometidos a la maldición de la nota, a la maldición de los “dispositivos didácticos”. Pero quizá sí sea posible, si logramos explicitar en qué condiciones, si logramos tejer también en el aula una trama didáctica genuinamente orientada a compartir lecturas, a repensar la propia vida a partir de los diferentes mundos posibles en los que nos adentramos. Y entonces, tal vez, no será solo un sueño la idea de que la escuela –no solo en la biblioteca, sino también en el aula– contribuya a formar ciudadanos de la cultura escrita.

(1) "Rapport à l'école, rapport au savoir, rapport au savoir et enseignement des mathématiques" es el título de un artículo publicado por ambos autores en la revista Repères Irem, n°10 (1993). Desarrollos sobre este concepto pueden hallarse también en: "École et savoir dans les banlieues et ailleurs" / Bernard Charlot, Élisabeth Bautier, Jean-Yves Rochex, 1994. - Travailler en banlieue / [sous la dir. de Élisabeth Bautier], 1995. En español ha sido traducido un libro de Bernard Charlot, "La relación con el saber. Elementos para una teoría". Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2007.


(*) Delia Lerner es investigadora en Didáctica de la Lectura y Escritura y Didáctica de la Matemática. Autora de publicaciones en ambas áreas de investigación. Docente de Didáctica del Nivel Primario - Dpto. de Ciencias de la Educación- FFyL - UBA, así como de diversas Maestrías (UBA-UNLP). Coordinadora del equipo de Lengua de la Dirección de Currícula del GCBA. Tiene, además, amplia experiencia en la formación continua de docentes, en programas desarrollados en la Argentina y Venezuela. Ha sido consultora de los ministerios de Educación de Brasil y de Bolivia. Asesora de proyectos de formación docente en la Argentina, Brasil, Venezuela y otros países latinoamericanos. Es consultora de la Red Latinoamericana de Alfabetización (sección Argentina) y miembro del comité científico de diversas revistas especializadas. Ha dictado seminarios y participado como conferencista invitada en múltiples eventos en Venezuela, Colombia, Perú, Uruguay, Brasil y México.

Ha publicado, entre otros libros: Comprensión lectora y expresión escrita. Experiencia pedagógica (Aique); La Matemática en la escuela, aquí y ahora (Aique); El aprendizaje de la lengua escrita en la escuela (Aique); Didáctica de matemáticas : aportes y reflexiones (Paidós); Piaget-Vigotsky : contribuciones para replantear el debate (Paidós); El aprendizaje y la enseñanza de la matemática : planteos actuales (Novedades Educativas); Leer y escribir en la escuela. Lo real, lo posible y lo necesario (FCE). Todos estos trabajos han sido traducidos al portugués.

Este texto fue leído en la presentación de la nueva colección Ágora, de editorial Océano travesía, en la 35º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Agradecemos a Daniel Goldin y a Delia Lerner la autorización para publicar este artículo. Otros títulos de la misma colección son: “Los libros, eso es bueno para los bebés” (Marie Bonnafé); “El arte de la lectura en tiempos de crisis” (Michèle Petit); “Una infancia en el país de los libros” (Michèle Petit); “…pero no imposible. Bitácora de la transformación de una biblioteca escolar y su entorno” (Claudia Gabriela Nájera Trujillo).

Biografías de los compiladores

Elsa Bonilla Rius es Mexicana. Matemática y maestra en educación. Es Directora de Relaciones Institucionales de la Fundación SM. Ha sido profesora, investigadora y funcionaria de la Secretaría de Educación Pública de México (1993-2007), donde impulsó fuertemente el desarrollo de bibliotecas escolares y de aula en las escuelas mexicanas. Miembro de la Comisión de expertos en lectura y bibliotecas escolares de la OEI y del Consejo ejecutivo del IBBY. Ha publicado artículos académicos, obras didácticas y de divulgación, como: "La formación de lectores avanzados en México. Un proceso en construcción" (en: Aprender más y mejor, F. Reimers, coord..FCE, 2006) y "El prisionero de la verdad", biografía de B. Russell para jóvenes (Pangea, 1992).

Daniel Goldin es mexicano. Editor, poeta, ensayista. Creó y dirigió hasta 2004 las diferentes colecciones para niños y jóvenes del Fondo de Cultura Económica, así como el programa para la formación de lectores de esa institución, donde también impulsó la Red de animación a la lectura y la colección Espacios para la lectura. Ha sido editor de las sellos Abrapalabra y Serres. Actualmente es editor de Océano Travesía, que comprende libros para niños y jóvenes y también para formadores de lectores.

Formó parte del grupo que asesoró la Encuesta Nacional de Lectura que coordinó el volumen de estudios sobre ella, ambos publicados por Conacultura. Habitualmente dicta conferencias y seminarios en foros de editores, bibliotecarios y maestros. Sus dos obras recientes son: Los días y los libros. Divagaciones sobre la hospitalidad de la lectura (Paidós, 2006) y Al otro lado de la página, imágenes de la lectura en México (Santillana, 2008).

Ramón Salabarría es español, actualmente residente en México. Bibliotecario, egeresado de la Escuela Nacional de Bibliotecarios de Francia, y doctor en Ciencias de la Educación. Desde 1989 trabaja en la revista española Educación y Biblioteca. Cuenta con numerosos artículos y entrevistas publicadas. Entre sus publicaciones destacan: Bibliotecas públicas y bibliotecas escolares: una colaboración imprescindible (Ministerio de Educación y Cultura de España, 1997), Funciones y perfil de la bibliotecaria escolar o tras el eco de los predicadores en el desierto (en: La biblioteca escolar: un derecho irrenunciable/coord. por Kepa Osorio. Asociación Española de Amigos del Libro Infantil, 1998); La función educativa de la biblioteca pública (en: Las bibliotecas públicas de España: una realidad abierta/Ministerio de Educación, Cultura, Deportes y Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2001) y "Las bibliotecas de Misiones Pedagógicas: medio millón de libros a las aldeas más olvidadas" (en: Las Misiones Pedagógicas 1931-1936, Ministerio de Cultura, 2006).





1 Comentario

  1. Ricardo. Julio 29, 2009 12:20

    Muy agradecido por ésta publicación, el articulo encierra algo que existe y mucho en mi Provincia de Buenos Aires, Mar del Plata adonde convivo con diversas Escuelas Provinciales y no hay de parte de educadores una invitación al alumnado a acercarse a las Bibliotecas Púlicas que aqui son 37 bibliotecas, antes de la EGB los estudiantes concurrían masivamente a investigar alas bibliotecas de Barrio hoy no lo hacen si bien uno provoca con algo para el acercamiento desde la escuela no existe ello y es ahí adonde está la competencia, una cosa que hay que tratar de hacerla desaparcer para que podamos trabajar Escuela y biblioteca en conjunto.
    Aprovecho ésta oportunidad para ver que tengo que hacer para recibir ésta revista para la biblioteca.
    atte.
    Ricardo A. Rapaccioli
    Biblioteca Hermán Figlas
    Dellepiane 2431
    Bibliotecario Profesional

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