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Autor: Pierre Le Gall; Éric Héliot
Editorial: Edelvives
Año de edición: 2008
ISBN: 84-263-6829-4
Cant. de páginas: 25
Por Mónika Klibanski
La vida según Carlota es terrorrífica: casa horrible, padres injustos y desagradables, escuela espantosa. Una sola cosa le queda por hacer: preparar las valijas y junto con Miniatura, su inseparable gato gigante –quizás su alter ego especular–, dejar atrás todo eso.
¿Acaso alguno de nosotros, siendo aún muy pequeño, no fantaseó o intentó alguna vez abandonar su hogar creyendo que de esa manera podría librarse de la opresión de los mayores y un mundo resistente a la utopía de la satisfacción permanente de nuestros deseos infantiles?
Esta obra de la dupla conformada por los franceses Pierre Le Gall y Éric Héliot, ajena a la corrección política, arremete con una historia llena de un humor corrosivo, capaz de mirar un costado siniestro de la vida. Aquí no hay niños candorosos, dulces y buenos, ni un cuento con el convencional y tranquilizador final feliz. Se trata de un relato verdaderamente inquietante. Carlota es un personaje muy en sintonía con la desatendida y curiosa Coraline, de Neil Gaiman (Salamandra), el salvaje y fugitivo Max del adorado cuento de Maurice Sendak (Alfaguara) –del que próximamente se estrenará una personal relectura cinematográfica del realizador Spike Jonze–, y en ciertos sentidos con la perfectísima Hipersúper Jezabel, de Tony Ross (Ediciones SM), El malvado conejito creado junto a Jeanne Willis (Océano), alguna de las célebres criaturas imaginarias de Roald Dahl (Alfaguara) y el notable Saki, o la mordaz Mafalda, de Quino (Ediciones de la Flor).
En el relato construido alrededor del personaje Carlota –como le sucede a estos otros protagonistas infantiles– ella se enfrenta a un mundo adulto que siente le es hostil, y asume el papel de una verdadera L'enfant terrible. La tensión y la mirada crítica sobre las relaciones de poder entre grandes y chicos son llevadas a la exageración máxima sin ninguna clase de reparos. Los vínculos no son siempre todo lo armoniosos que se espera o desea. Se trata de una mise en scène de la tiranía de los hijos que se impone por sobre la endeble autoridad de los padres.
Tangencialmente este cuento infantil abre una sugerente reflexión sobre la paternidad y la puesta de límites. El viejo modelo conservador y altamente represivo que propugnaba el uso excesivo de la disciplina con la pretensión de preparar a los hijos para ser fuertes e independientes ante la dura realidad, a partir de los años 60 fue cambiando hacia modelos de paternidad mucho más permisivos y afectuosos, gracias a la influencia de los aportes de expertos como el famoso Dr. Benjamin Spock –algo así como lo que representaron en versión vernácula las ideas del Dr. Florencio Escardó–, pero que fue llevando a las posteriores generaciones de madres y padres a interpretaciones y prácticas radicales y también vacilantes de su rol.
Padres, maestros, policías, retratados como personajes amables y adorables, remiten irónicamente a su antítesis, es decir los adultos que pretenden domesticar y someter a los niños bajo sus estrictas reglas. Los padres de Carlota, según los dibujos, parecen más propensos a ejercer su paternidad al modo laisse faire, no tienen para nada el physique du rôle de los padres restrictivos. Ellos están atónitos, se muestran pasivos y desorientados frente a las diabluras de su hija y su gato –como les pasa a muchos padres contemporáneos–. Narrada en primera persona por la propia Carlota, esa voz dominante se contrapone a lo largo de toda la historia a las imágenes, que juegan y contradicen el texto provocando un efecto humorístico perturbador. ¿Por qué razón Carlota se siente encerrada en un chalet tan pintoresco y hermoso, que hasta tiene una gran piscina en el jardín? ¿por qué Carlota se muestra tan disgustada frente a sus sonrientes padres que la llenan de obsequios, le sirven manjares y la abrazan amorosamente? Precisamente este libro se vuelve aún más interesante porque no parece estar del todo claro si la narración toma partido por el punto de vista infantil o el de los adultos.
Este relato tal vez –como sucede con los memorables y audaces Ningún beso para mamá, de Tomi Ungerer (Anaya), que cuenta la historia de un gato que se resiste a los excesos de afecto de su madre o El globo, de Isol (FCE), que narra la historia de una niña que convierte a su mamá en un globo para que deje de gritar y renegar– provoque cierta saludable incomodidad en los lectores que hayan dejando de ser niños.
La retórica del humor está puesta al servicio de la subversión del orden y las convenciones. Sin duda, es este un relato provocador y muy transgresor, a contrapelo de la literatura didáctica y aleccionadora, que sin embargo dialoga con toda esa extensa tradición literaria destinada a los niños abriendo grietas para la construcción de nuevos sentidos.
Las ilustraciones emplean una paleta reducida –negro, blanco y rojo– que recuperan un estilo vintage, propio de los libros para niños que circulaban en los 70, o de los cómics de esa época, con lo que se consigue acentuar la caricaturización de los comportamientos de los personajes.
Eric Héliot y Pierre Le Gall se conocen desde principio de los años 80 y al inicio del nuevo milenario decidieron comenzar a trabajar juntos. Ellos esperan que esta colaboración sea larga y fructífera, que no se detenga antes del próximo milenario. En el 2007 publicaron originalmente en francés Constance et Miniature, traducido al español por Elena Gallo Krahe, para la editorial española Edelvives.
La serie de esta colección se complementa con otros dos títulos: Carlota en el internado, Carlota y los piratas.
SOBRE LOS AUTORES
Pierre Le Gall nació en 1964. Es el hermano de artista de tiras cómicas Frank Le Gall. Pierre comenzó su carrera a los veinte años en Spirou. En sus inicios escribió tiras cómicas para André Geerts (Jabert contre l'Adversité) y para B. Lacroix (Nestor Coperin et le Médium Hanté). Con su hermano Frank creó Les Petits Contes Noirs, publicado en la colección Poisson Pilote de Dargaud en 1999. En 2001, él reanimó Submerman, un cómic clásico de Guilmard y Lob que originalmente había aparecido en Pilote, en los años 1970.
Éric Héliot nació en 1959. Estudió Bellas Artes en Rouen y du Havre. En Rouen, una ciudad del noroeste de Francia, vive y trabaja como ilustrador, y también juega a tocar la batería (lo que le ha valido la amistad de sus vecinos). Adora particularmente el humor absurdo, que le permite dar vía libre a su grafismo elegante y movido. Publicó más de cincuenta títulos.
PARA SEGUIR LEYENDO:
Tres clásicos entre la obediencia y la desobediencia (Primera parte), por Marcela Carranza. En: Imaginaria, nº 209 (20 de junio de 2007)
Tres clásicos entre la obediencia y la desobediencia (Segunda parte), por Marcela Carranza. En: Imaginaria, nº 210 (4 de julio de 2007)
Me parece tan interesante como novedoso y con mucha tela para cortar, creo.¡Felicitaciones por tener en cuenta estos libros que pueden ser polémicos, pero enriquecedores!
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