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Sandra Petrignani: Catálogo de juguetes

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Autor: Sandra Petrignani, trad. Guillermo Piro
Editorial: La Compañía
Año de edición: 2009
ISBN: 978-23788-8-2
Cant. de páginas: 160

Por Mónika Klibanski


Probablemente no exista otra época más propicia para hablar de la mística de los juguetes que el arribo de los Reyes Magos.

Hace unos meses está circulando en nuestro país un libro que se titula Catálogo de juguetes (título original: Il catalogo dei giocattoli), escrito por la italiana Sandra Petrignani y publicado originalmente en 1988, que recién ahora ha sido traducido por primera vez al español y editado por el selectivo sello La Compañía. En este libro Petrignani pinta en 65 textos breves los juguetes y juegos propios de los niños italianos que nacieron –como la autora– a principios de los años 50, hijos de la posguerra.

Sandra Petrignani nació en Piacenza (Italia) en 1952 y actualmente vive en Roma. Su padre romano trabajó como ingeniero del ejército italiano y su mamá, de origen napolitano, era farmacéutica. Petrignani estudio en Roma y parte en Bolonia, y se licenció en Letras.

Siendo muy joven se inició en el periodismo. Sus crónicas esporádicas se convirtieron poco a poco en colaboraciones permanentes de las secciones de cultura y espectáculos de importantes periódicos. Esta labor le permitió ganarse la vida, pero sobre todo le brindó el privilegio de viajar bastante, estar en contacto con un ilustre y estimulante entorno artístico y literario, escribir y publicar sus libros. Desde 1988 escribe en el semanario Panorama, publicación que desde 1990 integra el imperio mediático del controvertido Silvio Berlusconi, con consecuentes y significativos cambios ideológicos. Ahora la escritora cuenta los meses que le faltan para jubilarse.

Sus comienzos en la literatura fueron dentro de la poesía, pero ha publicado obras de muy diversa índole: piezas teatrales, cuentos, novelas, cuadernos de viaje, radioteatros y textos muy difíciles de clasificar. Luego de publicar los célebres libros de entrevistas Le signore della scrittura y Fantasia & Fantastico, algunos poemas y una obra teatral, dio a conocer en 1987 su primera novela: Navigazioni di Circe (Premio Elsa Morante). Un año más tarde publicó Il catalogo dei giocattoli (finalista del Premio Nazionale di Narrativa Bergamo). A esas publicaciones les siguieron la novela Come cadono i fulmini (1991), el libro de cuentos Poche storie (1993), el inclasificable Vecchi (1994), el cuaderno de viajes Ultima India (1996), las novelas Care presenze (2004) y Dolorose considerazioni del cuore (2009), entre otros.

En los 80, junto con un grupo de jóvenes escritores, fundó Theoria, una casa editorial que animó por más de una década el panorama editorial italiano, tras los pasos, entre otros, del gran editor Giulio Einaudi. En 1995 problemas financieros provocaron el desenlace de esta iniciativa editorial. Fue el fin de una época próspera, a raíz de bruscos cambios políticos, económicos y culturales, a los que se sumaron las sucesivas pérdidas de influyentes voces literarias como Giorgio Manganelli, Alberto Moravia, Natalia Ginzburg, Grazia Cherchi, de las que es heredera la narrativa de Sandra Petrignani.

Sus textos han sido incluidos y citados en muchas antologías y se le otorga un destacadísimo lugar en trabajos críticos sobre la literatura italiana contemporánea.

Sin embargo, su obra es prácticamente desconocida en nuestra lengua. En 2006, la editorial española Siruela, publicó La escritora que vive aquí (Título original: Le scrittrice abita qui), un recorrido por las casas-museo de escritoras mundialmente famosas. Y recientemente, la editorial argentina La Compañía, publicó su Catálogo de juguetes.

La motivación para escribir este libro le surgió a la autora observando la relación que tenía su pequeño hijo Guido de cinco años –nacido en 1983– con sus juguetes y su forma de jugar, que era muy distinta a la que ella había experimentado en su infancia.

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La hamaca, el oso de peluche, el monopatín, la muñeca de trapo, el yo-yo, las figuritas, el metegol, pero también el Flipper, el View Master, etc. son algunos de los juguetes retratados en este particular inventario creado por la autora.

Sorteando distancias idiomáticas y geográficas, un poco en español, otro poco en italiano, Sandra Petrignani aceptó responder algunas preguntas de educ.ar a través del e-mail, y aprovechamos la oportunidad para conocer algo más sobre esta autora y su inquietante Catálogo de juguetes.


Documentar y poetizar las formas de la imaginación y el juego

Un actor, un bailarín, un músico, cada noche vuelve a representar la misma escena, repite la misma coreografía, ejecuta la misma pieza musical. Inmersos en una misma situación, igual que un lector que lee después de un tiempo un mismo libro que leyó en el pasado. No obstante siempre algo vuelve inédita la experiencia. Catálogo de juguetes, es un libro escrito ya hace más de veinte años. Para Petrignani "hay libros que no se ajustan a la prueba del tiempo. Las novelas sobre todo. Releer una vieja novela a menudo es insoportable para un escritor; la tentación de cambiar y reescribirla es grande. Los años pasan y las mismas cosas uno querría expresarlas de otra manera. Con “Catálogo de juguetes”, en cambio, no sucedió así. Releyendo el libro para su traducción al francés, en 1999 – ya habían pasado once años de la publicación original en Italia – me sorprendí, sólo corregí alguna errata de imprenta, pequeñas cosas de puntuación. No necesité añadir nada."

La autora admite que le es mucho más innata la forma breve, el cuento, el libro de viaje, la autobiografía, el diario y encuentra allí la clave para explicar la perdurabilidad de este texto.

Creo que la forma en mosaico del "catálogo" es muy precisa, racional diría, objetiva, menos sujeta a los saltos de la emotividad, de la edad, de la insatisfacción, asegura.

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Monopatín

Inestabilidad. El pie tímidamente se apoya en el eje horizontal, mientras las manos aprietan el manubrio. La otra pierna empuja, pero no puede. Tiembla, se pliega, tropieza. Más lento es el movimiento, menos se conseguirá. Hay que abandonarse a la incertidumbre, aceptar que se encuentra en suspensión, sacrificarse al inestable equilibrio. Es un momento de coraje inicial, y después el miedo se vuelve ridículo, la pierna, que pesaba, se vuelve liviana, el cuerpo es uno solo lanzado a toda velocidad. En los aeropuertos escandinavos grandes monopatines esperan a los pasajeros, y los seres esbeltos de todas las edades recorren ágilmente los corredores, impulsando rítmicamente las dos ruedas con la misma seriedad de quienes van a pie. ¿Será un juguete de climas fríos? A lo mejor los niños, obligados a pasar largos inviernos en las casas, buscan un peligroso encuentro con el sol, se tiran al aire libre con ímpetu inconsciente. El monopatín, hoy suplantado por el skate-board, impone y frena al mismo tiempo la imprudencia, ofrece sabiamente algún punto de apoyo, el suelo, el manubrio. No quiere acrobacias, sino independencia. Las planas calles del norte, las vacías calles dominicales en las que andaban solamente los tranvías, la bicicleta, el monopatín...Y es un objeto lindo para ser mirado, por su geométrica esencialidad y su funcionalidad primitiva. Aunque nunca se tenga el coraje suficiente para subirse a uno.

Fragmento de Catálogo de juguetes, de Sandra Petrignani (La Compañía, 2009)


Generalmente las representaciones de la infancia en el arte suelen extirpar toda una zona oscura, sórdida, incluso pecaminosa, plagada de miedos que también nutre nuestra niñez. Catálogo de juguetes no redunda en ese lugar común, y esquiva esa perspectiva exclusivamente ternurista e idílica de la niñez para construir una particular mirada sobre la infancia.

Ha sido ante todo sorprendente para mí misma. Tengo una percepción negra de mi infancia, llena de los terrores. En otros libros he escrito considerando este lado oscuro, culposo, conflictivo, también trágico. Pero el proceso de objetivación de mis emociones a través del objeto-juguete me ha permitido tomar distancia y hacer las paces con una parte de mí misma doliente y demandante. El juguete es inquietante de por sí, por su naturaleza, a medias entre el reino de las cosas y el reino de los ídolos. Descubrí que también tuve una infancia bella, hecha de vínculos secretos y excitantes con las cosas, de emociones escondidas y maravillosas, revela la escritora.

Si el paseo al que nos invita su libro conmueve probablemente no es debido a la añoranza por lo perdido, lo olvidado, sino más bien una sensación provocada por aquello que queda, que está en nosotros los adultos lectores. Parafraseando el posfacio escrito por Giorgio Mangarelli, algo intangible de nuestra infancia resiste y persiste en el presente.

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Petrignani piensa que la vida nos obliga, por razones de supervivencia social, a parecernos a un único Yo que es el que prevalece a todos los otros de los que estamos compuestos. Como diría el poeta Oliverio Girondo somos “un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades”. Multiformes y realmente capaces de todo el bien y de todo el mal. La parte inconsciente, que muchos ahogan o ignoran completamente, es la que nos da las sorpresas más inesperadas. Sin dudas es la zona más creativa, sabia y sensible que tenemos.

Es el niño que hemos sido y que sigue viviendo en nosotros. Los artistas se encuentran entre los adultos que le dan mayor espacio al niño que llevan dentro, se permiten retrocesos que los demás temen, reflexiona Petrignani con agudeza.

Si bien el suyo no es un libro que se haya publicado (al menos en la Argentina) siguiendo las convenciones editoriales de la literatura infantil y juvenil ha sido leído por niños. Según nos cuenta su autora, algunos profesores en Italia y en Francia, por ejemplo, lo utilizaron en la escuela para estimular a sus alumnos a recordar y a escribir sobre sus juguetes. En la edición alemana del libro se incorporaron deliciosas ilustraciones pero el editor se arrepintió; porque en su opinión las ilustraciones llevaban al lector a un engaño: creer que el "Catálogo" era un libro para niños cuando realmente no estaba pensado así.

Plastilina

Antes de la plastilina viene la tierra ablandada con agua. Se mezcla, se amasa con la palma, se corta y divide, se hacen albóndigas. Las manos se ensucian, las uñas se ensucian, incluso los brazos. La plastilina es la versión limpia de esta manipulación. El juego preliminar consiste en pasar de la dureza del bloque apenas liberado del celofán a la blandura obtenida después de mucho apretar y estrujar. Llegado a este punto, cuando la materia es dócil entre los dedos, nace la criatura. Se dice que el Ser, solo en su esencia, se aburría. Comenzó entonces, con la materia informe, a construir juguetes: la pelota del sol, de la tierra, de la luna; las pequeñas alhajas de las estrellas y todas las cosas terrestres. La forma redonda es la primera que se obtiene con el Pongo, después, de la pelota se pasa al cuadrado y al cilindro. Oprimiendo la mano abierta sobre un bloquecito se obtiene una milanesa en la que quedan inscriptas las líneas de la mano, las líneas de la vida, del destino, del corazón, el intrincado entrecruzamiento de líneas que detentan el secreto de futuros encuentros, pasiones, enfermedades, el centro engañoso de la existencia.

La plastilina tiene un olor que le gusta a los niños y que pone por encima de otros materiales inventados sucesivamente con el fin de darle forma a lo informe. Son materiales naturales que, ingeridos, no hacen mal; pero quedan reducidos a harina, se vuelven fácilmente rígidos, sobre todo no oponen esa resistencia inicial que poco a poco es vencida por el trabajo tenaz de los dedos. La plastilina amasada responde con elasticidad y calor especial. Por eso tantos niños llevan pelotitas de plastilina en los bolsillos, y meten las manos y las manipulan para distraerse, concentrarse, calmarse.

Fragmento de Catálogo de juguetes, de Sandra Petrignani (La Compañía, 2009)


Catálogo de juguetes se presta para leerlo acompañado, de manera colectiva. Por ejemplo, leerlo en voz alta a nuestros padres, que quizás fueron niños en los 50, pero también leérselo a personas más jóvenes que nosotros, dejando que los relatos construyan puentes generacionales para compartir un tiempo inmaterial, subjetivado y anacrónico, el del juego. De hecho, a lo largo del libro, los distintos relatos de este inventario de juguetes van intercalando tiempos verbales, los verbos no siempre están conjugados en pasado, hay quiebres en la cronología natural.

A mí gusta confundir los tiempos verbales, dice la escritora. Pasar del tiempo pasado (próximo y remoto, como distinguimos en italiano) al presente crea repentinos acercamientos, con un efecto de vértigo que corresponde al modo natural del pensamiento. Si nos contamos racionalmente el pasado, usamos verbos en pasado, pero si llevamos a la práctica la memoria involuntaria o la libre asociación inmediatamente hablamos en presente; porque volvemos físicamente al momento evocado. En el caso del "Catálogo de juguetes” es un regreso concreto a la infancia.

El narrador de los diversos relatos que componen este catálogo adopta diferentes puntos de vista, a veces parece la voz de un niño, otras un adulto que recuerda, otras un observador distante y reflexivo.

La autora sostiene que tanto la alternancia de los tiempos verbales como el cambio del punto de vista, la "voz" y la persona (primera o tercera) son procedimientos narrativos que hacen más vivo y teatral el relato.

Construcciones

Paralelepípedos, cubos, columnitas, fachadas de colores de casas nórdicas, la torre con el reloj dibujado. Las piezas eran de madera, livianas. Las combinaciones, pocas. Después llegó el Lego, la idea del ladrillo y del encastre. Pero antes se nos adiestraba en el equilibrio de una pieza sobre otra, se pensaban las ciudades todas enteras, no los edificios individuales, mucho menos el detalle de las puertas y ventanas. Ciudades en las que nadie vivía al aire libre, nadie atravesaba las calles. Ciudades invernales donde los niños jugaban en casa y se iban a la cama temprano. Los padres eran presencias domingueras y afectuosas, las madres siempre estaban jadeando, preocupadas por modistas y peluqueros, trituradas entre deberes familiares, trabajos de media jornada, instrucciones a las empleadas domésticas. Afuera estaba la niebla, y había nieve, y un río largo de nombre corto. Y en la niebla los faros inesperados de las bicicletas. Y se esperaba el verano. Y no se veía la hora de crecer.

Fragmento de Catálogo de juguetes, de Sandra Petrignani (La Compañía, 2009)


El reconocido escritor, pedagogo y compatriota de la autora, Gianni Rodari, veía una íntima relación entre juego y literatura. Jugar, leer, escribir tienen una naturaleza en común. Petrignani, por su parte, enfatiza sobre la relación del binomio juego/muerte.

Pienso que escribir es un modo de permanecer vivo y de engañar a la muerte. Estamos todos destinados a la desintegración y a la inexistencia. Es inconcebible, terrorífico. Todo lo que el hombre ha hecho y hace desde que apareció sobre la Tierra es sobrevivir. Mata para sobrevivir; se reproduce, intenta ser famoso, ganar dinero, amar, etcétera, etcétera. Todo nada más que para seguir estando vivos. Creemos que hacemos cosas muy importantes, grandes descubrimientos científicos, guerras, conquistas. Son todos juegos en espera del final, que negamos radicalmente. En italiano tenemos la expresión “ingannare il tempo” (engañar el tiempo); pero es la muerte a la que estamos engañando en cada respiración.

En una reciente entrevista Petrignani afirmaba que casi todos sus libros son una suerte de catálogo, se ocupan de inventariar alguna cosa.

Mi libro de mayor éxito es un inventario de "casas". Se titula “La escritora que vive aquí”, es un libro de viajes a las casas-museo de grandes escritoras del 900 de las que cuento su vida, sus amores por los objetos y los muebles entre los que han vivido. Escribí un libro que se titula Vecchi (Viejos), se trata de retratos de personas ancianas y sus recuerdos, miedos. Luego escribí una especie de "Decamerón" que contiene cuentos de fantasmas, que se llama Care presenze (Queridas presencias). Tengo evidentemente una tendencia clasificatoria y racionalizante.

Antes de finalizar no podemos olvidar destacar la inclusión del notable posfacio del escritor Giorgio Manganelli –la convocatoria de firmas prestigiosas y autorizadas es un rasgo que caracteriza a todos los libros de esta novísima y pujante editorial independiente–; y la cuidada labor de Guillermo Piro, conocido traductor, periodista, escritor y bloggero, que también tradujo a Roberto Benigni, Emilio Salgari, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Andrea Zanzotto, Carlo Maria Cipolla, Enrico Brizzi, Federico Fellini, Paolo Rossi, Melissa P., Ermanno Cavazzoni, y es el responsable de una elogiada edición anotada y traducida por él de Las aventuras de Pinocho, memorable obra de Carlo Collodi, publicada por Emecé (2002) y actualmente descatalogada, pero accesible en línea gracias a la revista Imaginaria.


Elaboración, traducción y fotografías realizadas por Mónika Klibanski.
Agradecemos la colaboración de Salvador Biedma –asistente editorial de La Compañía– para contactarnos con la autora.

PARA SEGUIR LEYENDO

Blog del libro Catálogo de juguetes
Incluye diversos trabajos y noticias en torno al libro de la escritora Sandra Petrignani.

Pedro Reissig: El juguete como objeto de diseño. En educ.ar, 16-03-2005.


1 Comentario

  1. Daniela. Enero 7, 2010 08:33

    Me encantó este libro, quería publicarlo en mi blog www.milibroteka.blogspot.com

    excelente la información que brindan !

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