El portal educativo del Estado argentino

 
 

Cositos

cositos.jpg
logoeduc.gif

Autor: Laura Devetach, Cristian Turdera
Editorial: Alfaguara
Año de edición: 2007
ISBN: 987-04-0632-7
Cant. de páginas: 30


Por Mónika Klibanski

En la playa de interminables mundos, los niños juegan - Gitanjali, de Rabindranath Tagore (1861-1941).


¿Qué son los cositos? nos preguntamos ni bien leemos el título de este libro. Cosa, cosas, cositas, coso, cosos, cositos pertenecen a una familia de palabras desclasadas del buen decir. Suenan a vocabulario empobrecido y elemental.

En este canon de presupuestos lingüísticos y literarios Cositos da nombre a un libro álbum de gran espesor imaginativo y simbólico.

Cositos recrea la voz y el pensamiento de la infancia. Habla de lo que sucede cuando un niño juega sumergido en un estado de absoluta entrega.

La tapa nos muestra a Guille, el protagonista de esta historia, montado en un corcho/vehículo con ruedas hechas con botones, desplazándose sobre una mesa tendida, lista para servir la comida. En ese escenario doméstico irrumpe el juego.

Los cositos nombran algo difícil de definir, o que no interesa definir. En cuestión de cositos lo que importan son las consecuencias, el modo en que se manifiestan y provocan sobresaltos en la mansedumbre de la cotidianeidad porque, "ya se sabe, en días de cositos, siempre pasa algo maravilloso".

¿Existen realmente los cositos? ¿cómo son? ¿dónde están?

Tanto el texto de Laura Devetach, como las ilustraciones creadas por Cristian Turdera, ponen en juego dos planos de representación, el del mundo 'real' y el del mundo imaginario.

La primera escena es aparentemente familiar. Un chico con un corcho en su mano acercándose a la mesa. Sin embargo, algunos detalles nos anticipan sucesos extraordinarios. Salero, tenedor y plato están suspendidos en el aire, líneas cinéticas dan idea de movimiento a estos objetos. El grado de extrañamiento va en aumento. Se trata de un cuento fantástico.

El libro pide una percepción cinética para poder apreciar las imágenes en toda su expresión. El diseño de las páginas y el manejo de los planos también contribuyen a enrarecer el relato. Primerísimos planos, y encuadres con extrañas perspectivas, uso de luces y sombras para dar efecto de tridimensionalidad. Hay un aprovechamiento total de la página. El uso de todos los extremos, desde donde asoman personajes y objetos en diferentes direcciones, enfatiza la idea del adentro y el afuera del cuento.

El narrador nos cuenta que los cositos son: pizcas de papel de caramelo, cáscara de cebolla, copo de nieve traslúcido, más leves que un pelo de conejo, más transparentes que una lágrima, que vuelan sueltos y livianitos en bandadas. Las ilustraciones tan sólo sugieren esa presencia con líneas de puntos curvas, dando idea de volatilidad. Una poética que potencia el carácter ambiguo y simbólico de los cositos.

Las proporciones de los elementos están marcadamente alteradas. Los tamaños no se corresponden con el mundo representado y se trastoca a su vez la relación de los objetos entre sí. Guille es tan pequeño como para transportarse sobre un corcho, o recupera su tamaño 'real' haciendo evidente el contraste entre fantasía y realidad. Sus juguetes -perros rayados, gatos a lunares, payasos, autos, jirafa, globos- no pueden evitar estremerse ante los cositos y eso desata en ellos impulsos incontrolables, tal como le pasa a Guille.

Las ilustraciones siguen la dimensión lúdica y onírica que el relato exige. Las distorsiones resultan un recurso narrativo clave en la lectura.

A medida que la narración avanza, o sea el juego, la correspondencia con el universo conocido se rompe, se borran las reglas del mundo real y se establecen leyes propias y nuevas.

Sobre la mesa tendida Guille juega y se refuncionalizan los objetos que lo rodean. Una banana es un tobogán en el que él puede deslizarse, hace equilibrio sobre una naranja gigante, emplea las uvas para hacer malabares.

El universo visual creado por Cristian Turdera tiene una estética naif que le imprime verosimilitud al punto de vista infantil de la narración.

En ese cosmos de la desmesura no parece ser un detalle trivial que en la mayoría de las imágenes los personajes y los objetos estén por sobre el nivel del suelo: subidos sobre la mesa, trepados en una escalera, caminando sobre la joroba de un dinosaurio a cuadros, volando por entre las nubes, pisando una cuerda floja, o suspendidos en el aire, tal como se ve hacia el final de la historia.

Nunca se sabe con certeza a dónde nos lleva la fantasía, cuando se juega se está en otra parte. Se construyen universos nuevos, mundos imaginarios en el vacío. Adonde está el juego también está el arte, la literatura. La ficción invita al lector a entrar en un juego.

Al comienzo Guille juega solo. Después llega Violeta, que también "conoce la misma palabra para nombrar a los cositos". En esta historia no hay personajes adultos a la vista. Sin embargo, por momentos, el narrador en primera persona adopta el registro de un adulto, alguien muy cercano a la mirada del protagonista. Esa voz narrativa paulatinamente se va involucrando más y más con aquello que narra, tanto que finalmente termina dentro del cuento.

La frontera entre fantasía y 'realidad' se relativiza, y estos se vuelven mundos superpuestos e inclusivos.

La presencia de los cositos no deja indiferente a nadie. El universo cotidiano y el imaginario se arremolinan y enredan en un torbellino enorme que nos une a todos porque, como afirma el narrador, "en los cuentos hay lugar para todos".

SOBRE LOS AUTORES

Laura Devetach nació en la provincia de Santa Fe (Argentina). Es Licenciada en Letras Modernas, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Ha escrito cuentos, obras de teatro y libretos de televisión (Hola Canela, Historias de Canela,Pipirrulinos) además de realizar un importante trabajo de recopilación de relatos, poemas, dichos y coplas populares. Realizó colaboraciones en Clarín, Vivir, Billiken y Humi. Fue directora de colecciones de libros para niños; coordinadora de talleres de escritura y grupos de trabajo y reflexión sobre temas de Literatura y Literatura para niños; coordinadora de talleres y encuentros con niños y adultos en escuelas y bibliotecas de todo el país; panelista invitada en numerosos Congresos nacionales e internacionales.

Entre sus obras para adultos se encuentran: Oficio de palabrera y Se me Pianta un lagrimón . Para chicos ha publicado libros como: La torre de cubos; Monigote en la arena; Muchas patas; El ratón que quería comerse la luna; Una caja llena de.... ; Cuentos de Paí Luchi, el mentiroso; El paseo de los viejitos; El hombrecito verde y su pájaro; Las 1001 del garbanzo peligroso; entre muchos otros.

Recibió muchísimos premios y distinciones, entre ellos: Lista de Honor de la Organización Internacíonal para el libro juvenil (IBBY), en 1986 con la obra Monigote en la arena; Premio Casa de Las Américas, en 1975 en el rubro Literatura Infantil-juvenil, por la obra Monigote en la arena; Premio estímulo a la producción literaria Fondo Nacional de las artes, en 1964 por la obra La torre de cubos; Premio Trayectoria - ALIJA - Sec. Nacional del IBBY, por el aporte realizado a la Literatura Infantil, en 1992; Lista de Honor de ALIJA 1993 por el texto de Milongas tamaño alpiste, poemas; Premio Octogonal por Pobre mariposa y Se me pianta un lagrimón, otorgado por el Centre International d'Etudes en Lítterature de Jeunesse. Francia, en 1995; Mención de Honor en el Premio Mundial José Martí, en 1997, Costa Rica.


Cristian Turdera nació en Buenos Aires, 1973. Ilustrador y diseñador; ilustró libros, colaboró en el suplemento Zigzag de Página/12 y en revistas de interés gráfico de España y México. Su libro álbum se titula Canción decidida, y fue publicado por Pequeño Editor.

Es miembro del Foro de Ilustradores/Argentina. En el año 1998 invitado por Elenio Pico, curador en ese momento del Espacio Historieta del Centro Cultural Recoleta, participó de la 'Primera Muestra del Foro de Ilustradores de libros para chicos de Argentina'. A partir de ese momento, comienzó a trabajar para importantes editoriales nacionales (Puerto de Palos, Kapelusz, Longseller, Santillana) y colaboró con revistas de Argentina, México y España (Los Inrockuptibles, Zona de Obra, Zig Zag, Complot, La Mujer de Mi Vida.

Actualmente, Cristian Turdera trabaja como Director de Arte de la agencia Del Sol Publicidad; y desarrolla tareas de coordinación editorial en el sello Pequeño Editor.


1 Comentario

  1. ivana . Noviembre 19, 2009 10:44

    me parece el peor libro de Niños que lei en mi vida: no te deja ningun tipo de enseñanza; no te deja imaginar nada fuera de la realidad; nose como se pudo publicar; y que los niños lo lean no tiene un fin de nada::: es una porqeria

    ivana