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Por Alejandro Piscitelli
Cuando la crítica a Google se convierte en un fin más que en un medio
Google-capitalismo vs. filología-crítica del capitalismo
Las tesis que Barbara Cassin desarrolla en detalle en su libro Googléame. La segunda misión de Estados Unidos parten de tomar a Google como un revelador de la red, para pasar luego a mostrar como la búsqueda (con lo desprendida y generosa que pudo haber sido en sus comienzos) terminó rápidamente convirtiéndose en un muestrario del gran capital.
Para Cassin, las limitaciones principales de Google son de dos tipos: arquitectónicas y políticas. Las primeras remiten a una supuesta codificación de información “no fiable” y a la jerarquización de la información sobre la base de la cantidad de consultas, en lugar de asentarse en la calidad.
Si bien acepta a regañadientes que hoy es imposible ignorar a Google, niega que el buscador/empresa “democratice” a la cultura, como proclama Google, y señala que abandonó con rapidez la ética para entrar en el mercado chino, como el resto de las empresas, pero con la particularidad de que Google es la única compañía estadounidense que asegura que “lo hacen de buenos que son”.
Todos queremos un mundo distinto pero parecería que Google no. Uhmmm
No casualmente Cassin es una helenista, cuya carrera fue hecha en círculos académicos, elitistas, controlados por pares y siguiendo rituales de iniciación, pero también de exclusión (porque si todos nos ponemos en puntas de pie –si todos tenemos doctorados y estamos en el CNRS– nadie verá mejor) y para ella Google es un modelo de desaguisado.
Los dos capítulos centrales de su libro están enderezados a comentar y criticar irónicamente, con abundancia de referencias y citas clásicas, la ingenuidad y el despropósito de las dos frases claves de Google.
Para ella Google es el antimodelo, el verdadero modelo es el griego
Cassin no concibe la democracia sin paideia, sin educación, sin reflexionar en el modo sobre cómo ayudar a encontrar lo mejor. La cultura de los pequeños griegos es la cultura de los pequeños hombres con formación.
Google no puede –por definición– proceder a la formación; por el contrario, se basa en lo que uno es y no en aquello en lo que uno podría convertirse. Responde a lo que uno espera que se le responda y, para la filóloga, eso es lo contrario de la cultura. La democracia en términos políticos es dar a cada uno los medios de elegir y reflexionar lo que para él es lo mejor, y lo mejor no es igual para todos.
Según Cassin, Google funciona de manera complemente tradicional: cuanto más se cita algo, más sube. Google, en esta interpretación, es un factor de conformismo absoluto.
Además, la idea de vender palabras al mejor postor, o subastarlas en forma dinámica para que aparezcan en el tercio derecho de la página, según estrategias del más craso marketing, y ganar fortunas en publicidad vanagloriándose de no hacer publicidad, aunque esa es la fuente del 99 por ciento del dinero recaudado, es para Cassin decididamente el triunfo de la esquizofrenia capitalista.
En cuanto al capítulo mas político, el quinto, dedicado a la “Democracia cultural”, se trata básicamente de una diatriba contra Google Print y Google Search Book, su forma desaprensiva de encarar el tema de los derechos de autor postulando la necesidad de crear una biblioteca digital europea, pero sobre todo un buscador digital europeo, el equivalente Galileo enfrentado al GPS
¿La democracia cultural se da de patadas con la tecnología? Del english al globish
Aunque Cassin es experta europea en multilingüismo, en Bruselas, encuentra absolutamente aterradora la manera en que la Unión Europa considera al inglés el idioma universal y la conversión de las “pequeñas” lenguas como el francés o el español en dialectos que se utilizan en el intercambio privado.
Para el mundo tenemos que hablar en inglés, y ese inglés –que no es el de Joyce ni el de Shakespeare– es un globish, es decir, un lenguaje completamente pobre y cuyas obras mayores son los documentos de pedidos de subvención a Bruselas. Es terrible.
Según Cassin, el único contrato sobre esta cuestión hecho público fue el que se firmó con la Universidad de Michigan, la primera que le concedió la digitalización de su biblioteca, y Google le dio la propiedad del trabajo con condiciones draconianas para su uso. O sea: nadie tenía ocasión de usarlo, excepto investigadores de tal o cual lugar. Es decir que Google se reservaba la parte del león. Además de escandalosa, Cassin sostiene que esta actitud es estúpida y que resulta irónico que haya libros de Víctor Hugo en francés en bibliotecas de Estados Unidos pero no en Google.
La tercera posición no es solo un slogan peronista
Los pedidos, la indignación, los pataleos y las sugerencias de Cassin son nobles pero no pasan del nivel de la retórica y la enunciación.. Porque todos queremos un mundo distinto y mejor. El gran desafío no es concordar en estas obviedades sino en proponer cómo hacerlo y hacerlo. Según ella, no hay necesidad de rechazar la digitalización de Google, pero es necesario exigirle que done de manera plena y completa la propiedad del trabajo, que respete el derecho de autor y que tengamos la posibilidad de usarlo a nuestra manera, que es distinta.
En vez de un largo desarrollo vehiculizaremos nuestros desacuerdos en preguntas
A Cassin parece molestarle sobremanera la confusión de géneros en la que caería Google entre publicidad (mercenaria) y busca sana del sentido (incontaminada por los intereses del conocimiento). Sin embargo después de conocer en detalle las obras de Sloterdij, Latour, Lash, Sfesz y tantos otros autores, ¿estas críticas no resultan ingenuas y superadas?
SOBRE LA AUTORA
Barbara Cassin (París, Francia, 1947). Es filósofa y filóloga doctorada en las universidades de Lille y la Sorbona, y actualmente es directora de investigación en el Centre National de la Recherche Scientifique de París.
Se ha dedicado fundamentalmente a las obras de los sofistas, de Parménides y de Aristóteles, para poner de relieve la relación entre la retórica y la ontología en la textualidad antigua y, asimismo, en la perspectiva de las recuperaciones contemporáneas de la relación entre la práctica de la filosofía y el lenguaje.
Entre sus obras, cabe mencionar: Le plaisir de parler (1986), La décision du sens (con Michel Narcy, 1989), Aristote et le logos (1997), Voir Héléne en toute femme: d’Homére a Lacan (2000). También ha dirigido la edición de Positions de la sophistique (1986), Nuestros griegos y sus modernos. Estrategias contemporáneas de apropiación de la Antigüedad (1992) y el monumental Vocabulaire européen des philosophies: dictionnaire des intraduisibles (2004).
Fondo de Cultura Económica ha publicado El efecto sofístico (2008) y Googléame. La segunda misión de los Estados Unidos (2008).
Parace muy interesante
No estoy de acuerdo con este libro, o, por lo menos, lo que se plantea en esta reseña.
Cito: "Las primeras remiten a una supuesta codificación de información “no fiable” y a la jerarquización de la información sobre la base de la cantidad de consultas, en lugar de asentarse en la calidad."
Esto no es correcto los resultados presentados en las búsquedas no se jerarquiza en base a la cantidad de consultas, por lo menos no en Google. Esta persona no tiene claro cómo funciona el posicionamiento de sitios en ese buscador.
"Además, la idea de vender palabras al mejor postor, o subastarlas en forma dinámica para que aparezcan en el tercio derecho de la página, según estrategias del más craso marketing, y ganar fortunas en publicidad vanagloriándose de no hacer publicidad, aunque esa es la fuente del 99 por ciento del dinero recaudado, es para Cassin decididamente el triunfo de la esquizofrenia capitalista."
No es cierto Google deja muy claro que gana su dinero a través de publicidad mayoritariamente, lo que no deja es que los resultados naturales se vean afectados por la publicidad que vende. Aparte ayuda al visitante a encontrar opciones comerciales interesantes pues pone en mejor posición las publicidades más relevantes (en base a criterios que involucran también el clickthrough de los visitantes) y no sólo al que más paga.
No me gusta esta reseña, da la impresión que es un libro escrito por una izquierdista menopáusica... no es algo en lo que yo querría perder mi tiempo.
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