
Manuel Sadosky, el padre de la computación argentina. Cuando juntos somos más
Por Alejandro Piscitelli
La pauta que conecta
“Era un hombre que pensaba: algo muy peligroso en este país.” Pablo Jacovkis, actual decano de la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y coautor de la compilación Honoris Causa. Manuel Sadosky en sus noventa años (2004).
La genial pregunta de Bateson sigue guiando todas nuestras búsquedas e iniciativas: ¿Cuál es el esquema que conecta al cangrejo con la langosta, a la orquídea con la rosa, y a los cuatro conmigo? ¿Y a mí con ustedes? ¿Y a nosotros con la ameba en un extremo y con el esquizofrénico en el otro?
Claro, se trata de una pregunta formal, más allá de los ejemplos dados por Bateson, y puede ser encarada de mil y una maneras. ¿Cuál es el esquema que conecta a Clementina con los weblogs, a la carrera de Computación Científica de la UBA con la wikipedia, y a los cuatro conmigo? ¿Y a mí con ustedes? ¿Y a nosotros con el Mariano Acosta en un extremo y con la versión local de internet en el otro?
En la nota del Business Week del 20 de junio del 2005 acerca de “The Future of Tech” se pasa revista a algo que todos vivimos a diario y que resuena actualizado en la pregunta batesoniana.
Después de décadas de incubación, internet se está convirtiendo finalmente en un medio social. Los 80 fueron la era del e-mail. Ideal para poner en contacto a las personas entre sí, aunque su valor se está devaluando por los artilugios del spam.
Con la emergencia del navegador gráfico en 1993 la red se convirtió en un medio de irradiación. Pero la televisión le ganó esta pulseada y las promesas de la post-televisión no vieron nunca la luz... hasta ahora.
El siglo XXI está viendo desplegarse la era de los archivos compartidos, los blogs (del texto al video), los servicios de networking masivo y la posibilidad de poner en contacto inmediato a grupos gigantescos. Los resultados van desde la Wikipedia (en junio del 2005 con 608.000 artículos en inglés y 53.500 en castellano) hasta Skype Voice sobre IP con 41 millones de usuarios en el mundo y creciendo al ritmo de 150.000 más por día.
Hombres que hacen posible máquinas y viceversa
Ya iremos por esos lares pero ahora queremos retroprogresar y volver sobre quienes han hecho posible estos sueños y fantasías convertidos en realidad. Porque justo cuando internet avanza en su enésimo regreso prometiendo –una vez más– cambiarlo todo (de eso trata ese número especial de Business Week que combina sagacidad y autobombo en dosis iguales) han muerto en distintas latitudes dos personajes que sentaron las bases de este nuevo mundo.
Uno de ellos fue el ingeniero estadounidense Jack Saint Clair Kilby, que desató una revolución tecnológica al inventar en 1958 el microchip, y que murió esta semana a los 81 años en Dallas, Estados Unidos.
El otro, y mucho más cercano a nosotros, fue Manuel Sadosky, inventor de la computación en la Argentina.
Fue la suya una personalidad tan singular que, más allá de los merecidos obituarios que recorrieron su larga trayectoria de vida (incluyendo el muy enjundioso y cariñoso que le dedicó nuestro amigo Hugo Scolnik, creemos que conviene volver a recorrer su itinerario, sus ganas y también sus frustraciones.
Conocí a Manuel Sadosky en el año 1984 cuando recién se estrenaba como secretario de Ciencia y Técnica de Alfonsín. En ese momento dirigía yo el precario –pero a nuestros ojos valioso– Boletín de lNAP, y en cada número le dedicábamos una entrevista a un funcionario progre o con ganas de la época. Sadosky fue uno de los primeros de nuestra corta lista de 10 o 15 antes de que Luis Stuhlman se hiciera cargo del puesto de Roulet y terminara con algunas de las buenas iniciativas que habíamos tenido durante la gestión Roulet/Oszlak.
En ese entonces habían ya pasado más de 20 años desde el momento en que Sadosky había sido sacado a los bastonazos del mítico pabellón 1 de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA por las preclaras políticas fundacionales de Onganía y sus esbirros.
Sin embargo, y aun cuando lo que hizo Sadosky en el gobierno alfonsinista culminó en la experiencia -después abortada por dos flatliners como Raúl Matera y Domingo Liotta- de la ESLAI (Escuela Superior Latinoamericana de Informática), invento valioso y preclaro, sus obras más duraderas e inteligentes no estuvieron asociadas al gobierno de Alfonsín que a los pocos años de inaugurado extravió el rumbo en todas las áreas, incluyendo la propia SECyT.
Sadosky resulta imborrable y fundacional en la historia de las ideas y de las prácticas computacionales argentinas por lo que hizo en Exactas como vicedecano, a la par de Rolando García, y por lo mucho y bien que trabajó en Montevideo ayudando a formar a generaciones de computistas y científicos latinoamericanos e inventando esta disciplina en el subcontinente.
Un hombre de muchos atributos
El padre de la computación argentina fue efectivamente vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas entre 1958 y 1966, asesor de la Unesco, creador del Instituto del Cálculo (1960) y de la Carrera de Computador Científico (1963).
Sadosky fue hijo de una humilde familia rusa, llegada a la Argentina en 1905, escapando de los pogroms. Con su sueldo de zapatero, el padre logró sostener los estudios de sus cuatro hijos en el Mariano Acosta.
Motivado por esta anécdota anteayer pasé por la puerta de ese colegio, camino a educ.ar, y una mezcla de tristeza y alegría me recorrió. Alegría tratando de imaginarme a ese hijo de zapatero que vivía en la esquina de ese magno edificio, que asistió en ese momento a una especie de catedral del conocimiento, y tristeza por ver al lugar abandonado y a la educación argentina a años luz de ese nivel, potencia y energía.
Sadosky nació en el momento equivocado, en el país equivocado y con las ideas (de redención de justicia e igualdad) equivocadas. Sadosky convenció a aristócratas del saber como Bernardo Houssay y Eduardo Braun Menéndez de pagar U$S 300.000 para traer la primera computadora a la Argentina -una Mercury Ferranti inglesa (ver Pablo M. Jacovkis - Breve resumen de la historia de la computación en Argentina), que se inauguró formalmente en enero de 1961 y que durante 5 años se usó en una variada gama de problemas vinculados con la matemática concreta o aplicada (economía matemática, investigación operativa, estadística, mecánica aplicada, análisis numérico, sistemas de programación y lingüística computacional, dirigidos respectivamente por Oscar Varsavsky, Julián Aráoz, Sigfrido Mazza, Mario Gradowczyk, Pedro Zadunaisky, Wilfredo Durán y Eugenia Fisher).
No hay nada mejor para recorrer de un salto su carrera, sus amores (sólo dos: Cora Ratto y Katun Troise), su enorme espíritu de benefactor (saludado entusiastamente por Tomás Eloy Martínez en su exilio caraqueño), su capacidad de convocatoria de talentos y contertulios en discusiones complejas muy ricas en el Club del Progreso, y fundamentalmente su vocación de constructor de instituciones y de fomento a las jóvenes generaciones que recorrer el simpático libro de Ediciones del Zorzal Honoris Causa. Manuel Sadosky en sus noventa años (2004)
Manuel Sadosky en sus noventa años
Los cinco amigos que lo entrevistan, lo acicatean, lo reconocen y lo bien tratan son conscientes del rol estratégico de Sadosky en la construcción de una Argentina más racional, más seria, más sincera y más alegre.
La carrera de Computación que fundó en la UBA, el Instituto de Cálculo que erigió en 1960 y la introducción de la primera computadora electrónica alcanzan y sobran para convertirlo en el socio fundador de la computación en la Argentina.
La semblanza que de él hace Mario Bunge en el libro, así como la entrevista que le hiciera en el año 2002, recogen en detalle ese sabor pero sobre todo muestran rasgos encantadores de su personalidad, así como su dedicación descarnada y entusiasta a la pedagogía durante más de 70 años.
El comentario de que quien no metió la pata en política en su tiempo o bien fue un indiferente o un cobarde testimonia el encarcelamiento de Sadosky en 1943 y su obligado exilio junto a su esposa Cora ante las amenazas de la Triple A en 1975.
Las alusiones de Sadosky a formadores de la talla de José Luis Romero o Jorge Romero Brest como practicantes en la escuela Normal Mariano Acosta, su abandono de la carrera de ingeniería, su inscripción en la licenciatura en matemáticas, donde sólo había 5 alumnos (entre ellos su condiscípula Cora) en la mítica sede de la calle Perú y sus referencias a maestros como Julio Rey Pastor, Beppo Levi o Mischa Cotlar muestran de qué paño estaba hecho el joven Sadosky.
Odiaba los exámenes y el marco de maltrato que los mismos suponen para los alumnos, e ideó consiguientemente una ingeniosa estrategia para abolirlos, sin por eso perder nivel ni exigencia pero sí haciéndole cortocicuito a sus efectos traumáticos. Sostenía -como muchos pedagogos actuales de las matemáticas como Stella Baruk (en L'âge du capitaine: de l'erreur en mathématiques, París: Seuil, 1992) que decir que la matemática es difícil es un disparate y que en realidad lo único que pasa es que se enseña mal.
Sadosky hizo mucho y casi todo bien. Formó gente, escribió brillantes libros de iniciación a las matemáticas superiores, era un orador de lujo y sobre todo una persona simple, noble y bien intencionada.
Ganó un concurso de profesor de las matemáticas en la Escuela Naval usando el llamativo libro del cristalógrafo inglés e historiador de la ciencia marxista J.D. Bernal La función social de la ciencia (que me deleitó en los años 70), y finalmente su concurso fue anulado por un dictamen del propio Jefe de Policía Federal, cuyo nombre fue piadosamente omitido por Sadosky en la entrevista.
Gracias a los oficios del profesor Warren Ambrose, que era docente en el MIT y que fue cascado en la Noche de los Bastones Largos, y que denunció el atropello al día siguiente en una nota en el New York Times, la ignominia recorrió el planeta. Después de que lo echaron de Exactas, Sadosky estuvo 5 años en Montevideo, donde creó el Centro de Cálculo. Allí consiguió que Enrique Iglesias, actual presidente del BID, facilitara la compra de una IBM 44 que se instaló en la Facultad de Ingeniería del paisito.
Fue muy amigo de Gregorio Weinberg, quien en su nota incluida en el libro recuerda la increíble colección de Tratados Fundamentales que codirigieron juntos, y que incluyó títulos tan notables como Mentalidad primitiva, de L. Lévy-Bruhl, el Tratado Teológico-Político de Spinoza, obras de Voltaire, D´Alembert, etc.
Sadosky fue profesor titular de la UBA entre 1955 y 1966, es decir en la época de oro de la Universidad, acompasada por la presencia de José Luis Romero, Risieri Frondizi, Fernández Long, Vicente Fattone (algo que puede ser entrevisto en la maravillosa compilación de Catalina Rotunno - Eduardo Díaz de Guijarro La construcción de lo posible la Universidad de Buenos Aires de 1955 a 1966, también editada por El Zorzal).
De esa época gloriosa también data el armado de la Fundación Albert Einstein, que tuvo como con gran protagonista a la primera esposa de Manuel, Cora Ratto, fallecida en España en 1981.
Tantas cualidades que en nuestro país rara vez se encuentran dispersas entre varios se aunaron en Sadosky. Se desvivió siempre por los otros y ayudó a los prójimos a más no poder. De esto trata en detalle la semblanza que de Sadosky hace Tomás Eloy Martínez en la obra que comentamos, donde cuenta que pasó cantidad ingente de días en el cuartito de atrás de la casa de Sadosky en Caracas escribiendo los primeros borradores de lo que terminaría siendo la maravillosa La novela de Perón.
En esa casa coincidió con Julio Cortázar y entre los tres jugaron interminablemente con las maravillosas jerigonzas de palabras que se arrellanan en el Finnegans Wake, de James Joyce, uno de los libros favoritos de Sadosky.
Mostrando una inteligencia política sin par (además de la varias más que lo habitaban) Sadosky le anticipó a Eloy Martínez que tuviera cuidado con Perón, ya que era un plano inclinado con su propia ley de gravedad y que todo lo dicho sobre él era atraído y convertido en algo muy distinto de lo que uno suponía y quería.
Las semblanzas de Jaim Etcheverry, actual rector actual de la UBA, y de Pablo Jacovkis, actual decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de esa universidad, ahondan en anécdotas, en detalles, en resonancias y en sempiternas deuda y admiración ante tamaño talento que desaprovechamos tanto. Y sobre todo respeto por sus obras escritas a fines de los 50 con Rebeca Guber: Cálculo Numérico Gráfico y Cálculo Diferencial e Integral, que vendieron más de 120.000 copias a la fecha, fotocopias excluidas.
En un país donde juntos somos menos, él sembró y cosechó. Beato lui.
SOBRE LOS AUTORES
Mario Bunge es físico, filósofo de la ciencia y humanista argentino; Tomás Eloy Martínez es escritor, periodista argentino, Santiago Kovadloff es filósofo, poeta argentino; Carlos Altschul es especialista en Procesos de Cambio y Negociación; Gregorio Weinberg, historiador, editor y profesor universitario; Guillermo Jaim Etcheverry es médico y ensayista, especializado en temas de educación; Pablo Jacovkis es Doctor en Ciencias Matemáticas y profesor universitario; Irene Naseli, periodista y socióloga y Eduardo Dvorkin es ingeniero Mecánico y profesor universitario. Ellos recrean los grandes logros y los avatares que atravesaron la vida y la labor del científico, del maestro y del hombre.
En educ.ar se pueden encontrar los siguientes contenidos:
Entre los recursos de internet, recomendamos:
Algunos ejemplos de trabajo con recursos web sobre Historia de las Ciencias
Gracias, Alejandro, por este rico comentario, pleno de referencias que incitan a nuevas búsquedas y que seguramente llevarán a nuevos descubrimientos.
Es preocupante la aseveración :
“Era un hombre que pensaba: algo muy peligroso en este país.” de Pablo Jacovkis. Embarcado como estoy en el desarrollo de un sistema que catalice un reacercamiento de los jóvenes al pensar matemático y creativo bajo "Los Collares", me pregunto si el peligro alcanzará, precisamente, a los que trato de inducir a alejarse de la trivialidad mediocre en pos de una existencia más pensante, filosófica y creativa. Desalentadora perspectiva, no?
Solo resta esperar que la Argentina vuelva de a poco al sendero que supo transitar cuando florecieron los escritores, los pensadores, los muchos Sadosky que hemos tenido.
Desde mi residencia (que no es exilio ni mucho menos) en Estados Unidos, estoy dispuesto a sumar esfuerzos para que así sea. Quizá la incipiente respuesta favorable que estoy logrando de municipios de las provincias de Buenos Aires y Mendoza para lanzar una gira inaugural del programa sea una lectura alentadora de la brújula de nuestro curso argentino.
La comunicación instantánea que los medios modernos nos permiten tiene que ser un vendaval favorable a ese curso tambien, y la conducción de educ.ar, que oportunamente he destacado desde mi humilde blog, ciertamente no será una corriente en contra.
Tal vez dentro de no mucho, podamos escuchar al Decano de Ciencias Exactas (tan luego!!!) diciendo algo así como que lo peligroso en Argentina es NO pensar.
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