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Sistemas emergentes - O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software

Resize of sistemas emergentes.gifrecomendado por Educ.ar

Autor: Steven Johnson
Editorial: Fondo de Cultura Económica
Año de edición: 2003
ISBN: 9681670744
Cant. de páginas: 258

Emergencia y la interconectividad de lo viviente
Por Alejandro Piscitelli

Se habla mucho pero se hace poco

Sobre el tema de la complejidad y de la emergencia no ha habido obras demasiado destacables. O al revés, las ha habido sobre un trasfondo de miles de ñoñerías insulsas, reiterativas y hasta ilegibles. Tanto por su carácter hiperpedagógico como por su optimismo barato, por su confusión de géneros y, en general, por la contradicción que supone abordar el tema de la complejidad, simplificándolo.

Por eso fue una bocanada de aire fresco ensimismarnos en ese monstruo maravilloso pergeñado por el Kevin Kelly más osado y menos marketinero de 1994 (respecto del de 1998 y de Las nuevas reglas de la nueva economía) titulado Out of control. The rise of a neobiological civilization, inexplicablemente nunca traducido al castellano.

Aunque sin tanta amplitud de miras, y centrándose en un universo bastante más acotado, un terreno semejante había sido balizado por Mitchel Resnik en su pionero Turtles, termites and traffic jams. Explorations in massively parallel microworlds, Cambridge: The MIT Press, 1994 (traducido al castellano por Gedisa).

Es precisamente sobre estos temas que un conocido nuestro, Steven Johnson (de quien mucho valoramos su obra sobre las interfaces de 1997), decidió probar suerte combinando información y capacidad de trasmitirla en su segunda obra Emergence: The Lives of Ants, Brains, Cities, and Software, aparecida en septiembre del 2001 y traducida al castellano por FCE en el año 2004 bajo el título Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software.

Estas obras -junto a otras no menos interesantes como las de Paul Ormerod: Butterfly Economics: A New General Theory of Social and Economic Behavior, o la compilación de James Kennedy Swarm Intelligence, o la de David B. Fogel Blondie24: Playing at the Edge of AI, recorren la senda abierta hace varias décadas por los trabajos pioneros de John Holland, Brian Arthur, Stuart Kauffman, Chistopher Langdon y varios más, que todavía tienen tanto para enseñarnos.

La autoorganización trabaja y avanza

Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software monitorea las tres fases del desarrollo de la comprensión de la autooganización, hasta llegar a su simulación e inscripción física en nuevos sistemas hombre-máquina. La primera sección introduce uno de los logros más llamativos del mundo de la emergencia: el comportamiento en colonias de los insectos sociales como las hormigas y las termitas, y después retraza el camino que va desde Engels pensando los orígenes del capitalismo hasta llegar al software emergente de hoy.

La segunda sección analiza los cuatro capítulos más importantes de la autoorganización: la interacción de vecinos, el reconocimiento de patrones, el feedback y el control indirecto.

La última sección apunta hacia el futuro de la emergencia artificial y abre interrogantes acerca del futuro de las experiencias mediáticas, pero sobre todo políticas, cuando las mismas estén determinadas por fuerzas de abajo hacia arriba, y no como generalmente fue desde arriba hacia abajo. Para ello qué mejor que analizar el comportamiento híbrido de una criatura no menos paradojal.

Estamos entrando ahora en la tercera fase de un proceso largo para entender la complejidad y la emergencia. En la primera (fines de los 60 y todos los 70), se trató de entender qué era la autoorganización, pero sin darnos demasiada cuenta de su inmenso alcance.

En la segunda, desde mediados de los 80 a mediados de los 90, se vivió a la autoorganización como un problema que trascendía las disciplinas locales, y se buscaba solucionar esos problemas comparándolos con situaciones semejantes en otros territorios análogos (las colonias de insectos en relación con el moho del fango, por ejemplo).

En el ínterin se creó el Instituto de Complejidad de Santa Fe, Nuevo México –tenemos maravillosas narrativas de esos años gloriosos en las obras de Roger Lewin Complexity. Life at the age of chaos (1992), y de Mitchel Waldrop Complexity. The emerging science at the edge of order and chaos (1992).

Lo propio de la tercera fase, que se inició a mediados de los 90 y que está en plena expansión hoy en día, es que ya dejamos de analizar la emergencia y hoy empezamos a construirla.

Fue el momento (lo sigue siendo) en que empezamos a diseñar sistemas autoorganizados en nuestro software, en nuestros videojuegos, en el arte y en la música.

Estamos creando sistemas emergentes para recomendar libros, reconocer las voces (hasta que finalmente tengamos una interfaz exclusivamente humana con las máquinas), e incluso para establecer parejas (con mayor facilidad y éxito que en el sistema tradicional del ensayo y error, enormemente costoso en términos cognitivos pero sobre todo emocionales).

Estamos viviendo la era de la emergencia artificial, sistemas que están siendo diseñados con el objetivo de entender en qué consiste la emergencia, y sistemas diseñados para explotar esas leyes, del mismo modo que los reactores nucleares explotan las leyes de la física atómica.

El mutante Dictyostelium discoideum

Johnson escribe lindo, y por eso su propuesta de recorrer la senda de la emergencia a través de capítulos orientadores como “El mito de la hormiga reina”, “A nivel de la calle”, “El encuentro de patrones”, “Escuchando al feedback”, “El artista del control”, resulta harto bienvenida. Y el comienzo del libro, con su remisión al moho de fango (slime mold), un organismo ameboide, es más que llamativo.

Quienes hayan visto en un bosque húmedo a una de estas criaturas (su nombre técnico es Dictyostelium discoideum) y han seguido su deambular mediante fotografía de cámara lenta, se han encontrado con un comportamiento insólito. Porque un día está donde se lo ve y a los pocos días desaparece como si se lo hubiese tragado la tierra, o si se hubiese evaporado.
Lo que sucede es que el Dictyostelium pasa gran parte de su vida bajo el formato de miles de células aisladas, cada una de ellas haciendo su propia vida independientemente del resto. Pero bajo ciertas condiciones (semejante al metal líquido en Terminator-2) estas miles de células dispersas se agrupan nuevamente como un organismo único que empieza a desplazarse por el jardín comiendo hojas como cualquier pluricelular que se precie, hasta llegar a los humanos.

Cuando el entorno se pone difícil, Dictyostelium se comporta como un organismo único; cuando el entorno se enfría y el moho tiene mucho de qué alimentarse se convierte en muchos. La ontología del Dictyostelium es híbrida. Oscila entre ser una criatura única y un enjambre.

Si esta criatura moho plantea interrogantes es entre otras razones porque su comportamiento nos resuena con uno de los grandes misterios de la fisiología humana. A saber: cómo hacen todas nuestras células (trillones) para trabajar tan bien juntas, aunque cada una de ellas tiene una identidad propia.

Si supiéramos cómo lo hace el moho, a lo mejor entenderíamos algo acerca de nuestra “juntidad” (togetherness).

La irreductibilidad de lo colectivo

Las hipótesis distribucionistas, heterárquicas y descentralizadas que inventaría Johnson fueron muy resistidas por la comunidad científica, que tardó más de 10 años en empezar a pensar en términos de fenómenos colectivos. Hoy nos parece que este comportamiento bottom-up es la norma y no la excepción. Pero hace poco tiempo era exactamente a la inversa.

Justamente en su libro sobre los embotellamientos de tránsito –citado más arriba– Resnick muestra, usando simulaciones en colores, cómo se producen estos procesos de comportamiento colectivo complejo a partir del cambio en valores mínimos de las reglas de composición. Y cuando se juega con su juego inmediatamente nos viene a la mente un videojuego.

Si la resonancia es tan grande, es porque muchos de los videojuegos actuales están basados en el mismo tipo de ecuaciones que Evelyn Fox Keller usó por primera vez para tratar de entender el comportamiento de la extraña criatura Dictyostelium discoideum. O lo que es lo mismo, que la riqueza de la vida digital evolucionó a partir de la simulación del moho.

Mucha agua ha corrido desde entonces, y si bien hace dos décadas yo mismo llegué a tomar algún curso de procesamiento de la información en los sistemas naturales y artificiales durante mi master en Kentucky, habría que esperar por lo menos una década mas, a la difusión masiva de las computadoras, pero sobre todo a la aparición de sistemas sociales de autoorganización gigantescos (como la propia web), para que todo esto fuera pan comido, y hoy pudiéramos leerlo como un cuentito feliz de la mano de los comentarios de Johnson.

Más importante que ver la avalancha desatada por Keller y reseñada por Johnson, es mirar por debajo del iceberg, y revelar cómo el pensamiento emergente fue un pensamiento en estado recesivo durante siglos o milenios.

Las raíces del pensamiento emergentista

Porque, después de todo, los aportes de Adam Smith, Friedrich Engels, Charles Darwin y Alan Turing fueron bloques/lego excepcionalmente valiosos en la acumulación de esta tradición que hasta hace poco resultaba invisible. Y nosotros ni nos habíamos dado cuenta. Obviamente que ninguna de las mentes privilegiadas mencionadas suponía estar sentando las bases para la comprensión de las leyes de la emergencia.

Todos y cada uno creían que apenas estaban lidiando con cuestiones locales: cómo las colonias de hormigas se abastecen y construyen nidos; cómo los barrios industriales se organizan en términos de pertenencia de clase; cómo nuestra mente convierte puntos y líneas en caras reconocibles.

Todos estos sistemas comparten el hecho de solucionar problemas basándose en cantidades monstruosas de elementos estúpidos, en vez de recurrir a ninguna rama única, inteligente y ejecutiva. Se trata de sistemas adaptativos complejos que despliegan comportamiento emergente.

En todos estos sistemas, agentes de un nivel producen el comportamiento que está un nivel por encima. Las hormigas crean colonias, los urbanitas creamos barrios, un software de reconocimiento aprende a recomendar libros (como pasa con Amazon). La emergencia no es sino el pasaje de las reglas de bajo nivel a las de alto nivel. Y no hay tu tía.

La complejidad emergente sin adaptación se parece a los intrincados cristales de los copos de nieve: son estructuras más que hermosas, pero carentes de toda funcionalidad.

Las formas de comportamiento emergente que examina Johnson en su libro tienen la propiedad de volverse inteligentes a lo largo del tiempo, y de responder a las necesidades específicas y cambiantes del entorno.

Del análisis a la síntesis

Como bien dice Johnson, hasta ahora los filósofos de la emergencia (desde Ludwig von Bertalanffy hasta Edgar Morin, desde Eric Jantsch hasta Fritjof Capra, desde Erwin Laszlo hasta Henri Laborit) se desesperaron para interpretar al mundo. Por suerte sus sosias tecno-fenomenológicos (incluyendo desde Jeff Bezos hasta Raymond Kurzweill, desde Meg Ryan hasta Steve Ballmer) están por fin tratando de cambiar al mundo en dirección de una explotación sistemáticamente creativa de la emergencia.

Estamos en condiciones de avizorar herramientas generadoras de inteligencia, como el filtrado colaborativo, aplicables al gobierno y a la política. Gracias a las mismas podremos por fin dejar de lado el bipartidismo (mentiroso) que ha dañado irreversiblemente la toma de decisión política en Occidente (y especialmente en América Latina).

Cuando el filtrado colaborativo se hace bien, permite encontrar pequeños bolsillos de intereses (y acciones) compartidas. Como las elecciones argentinas lo demuestran, más del 90% de los votantes lo hacen (o hacían) en la dirección del radicalismo o del peronismo, pero es más que probable que la totalidad de la población quiera agruparse en innumerables subculturas, que deberían llevar en nuestro caso a sistemas parlamentarios que corran por vías muy distintas de las actuales.

Podríamos así inventar enormes cantidades de partidos con mayor diversidad y bastante poder en los extremos (a pesar de que los politicólogos siguen jugando al bipartidismo con la excusa de que esa fragmentación hace ingobernables a países como los nuestros). La realidad demuestra que sus teorías no son mucho mejores que la realidad que su aplicación genera.
Por último conviene no extremar las medidas y suponer que todo tiene que hacerse vía el diseño de la autonomía. Cada vez que el enfoque jerárquico funcione –para bien de todas las partes–, ¿por qué sacrificarlo en pos de una experimentación que puede ser riesgosa y subóptima?

Pero en todos los casos en que los enfoques jerárquicos no funcionen (y en las sociedades contemporáneas casi nunca funcionan, especialmente en el campo político), la necesidad de acudir a los enfoques emergentistas será cada vez mayor.

Post-política e ingenuidad

Aunque Johnson oscila demasiado entre el periodismo científico y la mera opinión, algunos comentarios que hace al final de su libro sobre el movimiento antiglobalización como autoorganizado tienen algo de razón, como expuso hace poco Naomi Klein en su No Logo.

De allí a imaginar que por ese lado viene la post-política es ilusionarse demasiado. Algo que un crítico lúcido como Johnson debería cuidarse de hacer tan baratamente.

Después de todo el hilo conductor que guía su investigación incluye desde juegos de computación (en la mejor tradición del Simlife) que simulan la ecología de lo viviente, pasando por el sistema de gremios de la Florencia del siglo XII, la división inicial de las células embrionarias, y el software que logra recapturar los patrones de funcionamiento del cerebro. Y no es muy serio arriesgar todas estas buenas apuestas en comentarios filosoficopolíticos o sociopolíticos infantiles.

En el mejor estilo de la mirada de Bateson, Johnson encuentra en estos fenómenos de aparente discontinuidad la pauta que conecta, a saber, una red de autoorganización, agentes diferentes que inadvertidamente crean un orden de nivel superior.

Para quien quiera saber más acerca del tema (aparte de los libros comentados más arriba, la enormemente detallada bibliografía incluida en la obra de Kevin Kelly y los recientes trabajos de Stuart Kauffman y John Holland), recomendamos la siguiente entrevista con Steven Johnson en amazon.com , así como el exquisito material que hay contenido en el website del Instituto de Santa Fe, de Nuevo México. . Entre las publicaciones se encuentran, asimismo, abstracts de papers y trabajos completos de sus investigadores sobre temas afines.

No todos los comentarios han sido elogiosos sobre el libro y, como decíamos al principio, más de uno sostiene (con razón) que hay muy poco contenido (novedoso ) en él. Empieza con ejemplos fuertes y después se va deshilachando. Se parece a la fast food , dijo alguien: puede parecer sabrosa pero no tiene ningún contenido nutritivo.

Tamaña desacralización nos parece desmedida. Aquí y allá (por ejemplo, su constatación de que un sitio como Slashdot.org no es una entidad de pura representación como un libro o una película y que para entender estos entornos necesitamos recurrir a la propiedad emergente de reglas, es de una profundidad y heurística inusitadas.

Además la escritura es de una tersura (recogida en la traducción) que merece una cálida acogida. Por suerte Johnson se ha convertido un best-seller de la divulgación científica y ya logró más éxitos con su tercera obra Mind wide open. Your brain and the neurosciences of everyday life. Y en un mes aparecerá en USA su aún más reciente Everything bad is good for you. How today’s popular culture is making everybody smarter.

Estamos más que ansiosos por sumergirnos en estas nuevas apuestas cognitivas que seguramente nos reconfortarán tanto como La cultura de las interfaces en su momento y Sistemas emergentes ahora.


SOBRE EL AUTOR

Steven Johnson es reconocido por su habilidad para explicar ideas complicadas e intuitivas inteligentemente sin agobiar al lector. Es autor del bestseller, Mind Wide Open: Your Brain And The Neuroscience of Everyday Life (Mente Bien Abierta: Tu Cerebro y la Neurociencia de la Vida Diaria).

Sus libros han sido traducidos a diez idiomas diferentes. Johnson es actualmente un editor contribuyente para Wired (Conectado) y una columna mensual para la revista Discover, escribiendo sobre política, medios, ciencia, y tecnología. Su trabajo ha aparecido también en The New York Times, The Wall Street Journal, The Nation, y muchos otros. Johnson fue el co-fundador y editor a cargo de FEED (Alimentar), la revolucionaria revista de Internet que logró mezclar tecnología, ciencia, y cultura. Fue nombrado por Newsweek como una de las "Cincuenta Personas que más importan en la Internet."

Johnson es un ávido orador y ha dado docenas de conferencias y retiros corporativos.


2 Comentarios

  1. luigi. Enero 26, 2010 08:06

    bueno

  2. emergente. Julio 26, 2010 22:43

    el dia que lo apliquen al gobierno veran el mismo progreso que en los demas temas que se mencionan en esta obra maravillosa!