Publicación, contactos, descargas... la red es claramente para los chicos un espacio de acción. En pocos años se han apropiado de sus herramientas y han generado nuevos hábitos, productos y formas de relacionarse. Transformación imparable sobre la que padres y docentes debemos reflexionar y pensarla como una verdadera oportunidad, ya que es una inédita forma de circulación del conocimiento, de saberes y de inteligencia colectiva.
En otras publicaciones de educ.ar -el cuadernillo Los chicos e internet- hemos encarado el tema de la seguridad en internet desde una mirada práctica y concreta. Hoy proponemos una reflexión más distante poniendo la sociabilidad en la red en un contexto más general.
"(…) de la misma manera que un actor depende en el escenario de sus compañeros y de los espectadores a la hora de hacer su entrada, cada ser vivo depende de un mundo que no es más que el escenario sobre el que ha de efectuar su aparición, de las demás criaturas junto a las que tendrá que actuar, y de los espectado-res que atestiguarán y apreciarán su situación (...) todo lo que está vivo siente una irrefrenable necesidad de aparecer, de insertarse en el mundo de las apariencias exhibiéndose a sí mismo como individuo, en vez de mostrar su ser interno (...). es precisamente esta autoexhibición, que ya es bastante patente en las formas superiores de la vida animal, el rasgo que alcanza su culminación en la especie humana."
Palabras de HannaH Arendt –de 1948–, cuando plataformas como Facebook, My Space o cualquiera de los varios fotologs que existen no eran ni siquiera imaginados. Seguramente una relectura de George Simmel–sociólogo alemán que con claridad estudia y expone la interacción y la comunicación como estructura básica de lo social en los albores del siglo XX- nos sorprendería con diagnósticos como el de Arend, que parecen realizados para la sociabilidad virtual contemporánea.
No es solo el placer de encontrar anticipaciones en los grandes pensadores lo que se puede lograr al consultarlos, sino que esto evidencia que algunos de los procesos que observamos en las redes sociales, y que alarman por su exhibicionismo, son en realidad mecanismos de la sociedad moderna, es decir de la que se conformó después de las revoluciones y durante el capitalismo. Antes, esas relaciones se construían cara a cara en los cafés, las plazas, los salones o a través de los medios de comunicación de entonces, porque no hay que dejar de lado los medios epistolares como soporte de relaciones y redes sociales en esos años. Baste recordar Las amistades peligrosas, novela epistolar en la que las cartas construyen redes ciertamente manipuladoras e inconvenientes para una inexperta mujer representada por la bella Michelle Pfeiffer en la película que hizo Stephen Frears.

Con el desarrollo de las sociedad de masas, estas redes se deplazaron en gran medida a los grandes medios masivos: radio, televisión, periódicos nos propusieron participaciones en gran medida imaginarias en los mundos privados de estrellas y consagrados. Qué se puede o no mostrar se manejó con ciertos límites que estallaron en la última década del siglo XX. Los
reality shows fueron los síntomas
de una sociedad que quería mostrar y de una sociedad que quería ver, relación complementaria y por lo tanto fuerte y permanente.
Los espacios sociales digitales tienen en gran medida esta base: mostrar y ver, ser el que se muestra, ser los que los otros ven de nosotros. Las mejores ropas para la vuelta del perro en el pueblo, el mejor automóvil en el barrio, las fotos que exhibimos después de las vacaciones, la fotografía de la familia tal como quiere verse en el escritorio –para este tema consultar a Pierre Bourdieu– siguen esta lógica. Es por eso que las personas suben a Facebook su mejor perfil, sus logros más preciados y sus conquistas materiales –-viajes, autos, standar de vida–-.
Yendo al tema de la seguridad en internet, este es uno de los peligros detectados: las redes sociales revelan información sobre el estándar de vida que puede ser utilizada para el delito. Lo que queda claro al remontarse a Simmel es que lo que es un peligro no es la plataforma en sí misma –sea Facebook o My Space– sino el contenido que las personas ponen en la plataforma y que tiene que ver con el mecanismo que los sociólogos explicaban.
La falacia contenido/medio oscurece mucho el tema de la seguridad en internet, como en otro momento oscureció temas como la calidad televisiva. Internet no es inconveniente: ALGUNOS DE LOS CONTENIDOS DE INTERNET SON INCONVENIENTES; la televisión no es de mala calidad: ALGUNOS PROGRAMAS DE TELEVISIÓN SON DE MALA CALIDAD.
Por lo que se observa, los jóvenes, menos preocupados por la cara social, postean en estos espacios cuestiones lúdicas, gustos musicales, aficiones deportivas y sentimientos. Estos contenidos no revelan información comprometida.
Pero lo interesante es la evidencia de que el problema no está en la pantalla sino que está en las personas –chicos o grandes– que usan las pantallas. Estos son los puntos que como adultos –padres y docentes– tenemos que pensar. No es la solución demonizar las herramientas, prohibir o limitar el acceso, sino enseñar qué poner, conversar sobre la responsabilidad, pensar qué mostrar o qué no mostrar.
Esto tiene que ver con otra falacia del campo de seguridad e internet, que es trabajar con la metáfora de una casa, como suelen hacer las empresas de filtros, por ejemplo. Internet no es una casa sino una calle o una plaza; la seguridad de un chico en una casa se arregla con una cerradura; cuidar de la seguridad de un chico en una plaza es un poco más complicado. Hay que acompañarlo, vigilarlo, monitorerlo y sobre todo educarlo para que se cuide a sí mismo.
En esto sí chicos y jóvenes son más osados, y en el tema de los contactos inconvenientes, los intercambios con desconocidos y los posteos irresponsables hay mucho para trabajar. Pero nuevamente el enfoque no debe ser solo desde las herramienta sino desde las actitudes: adolescentes y riesgo, adolescentes y límtes son las líneas a tener en cuenta, por ejemplo. (Al respecto, es interesante el trabajo que hicieron el portal Chicos Net y Google sobre este tema.)
Si bien las líneas que hemos tomado en esta nota intentan poner la problemática de seguridad en un contexto más amplio, porque creemos que es importante recuperar esta perspectiva, esto no significa que no haya nada nuevo que observar. La ubicuidad, la instantaneidad, el potencial de expansión de estas redes no es un tema menor. Padres, adultos y docentes tenemos hoy un panorama complejo en el que los mecanismos sociales se han potenciado y complejizado.
Hoy cualquier padre temblaría al pensar en la potencialidad del vizconde de Valmont en Facebook. Pero también es cierto que las jóvenes no son tan ingenuas como Cecilia Volanges. Qué bueno sería que el vizconde se encontrara con cibernautas expertas que no se dejen manipular y que sepan poner los límites que ellas quieran en el mundo virtual y en el mundo real o que sea desplazado por los mecanismos de reputación de las mismas redes sociales.
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