La última vez nos despedimos hablando sobre varios temas, uno de ellos tenía que ver con la cuestión de la división. Cuando decimos que el pensamiento se divide nos estamos imaginando un movimiento de algo que ahí está, que ahí va. Y en el medio de todo esto estamos nosotros tratando de entender lo inentendible, lo imposible; intentando traspasar una pared de altura interminable, cuando en la realidad nos damos un golpe atrás de otro.
Y en esto último nos quedamos porque el verdadero cambio no consiste en evitar el golpe, por el contrario, están lo infinito, lo imposible, lo inentendible... y están allí porque justamente esa es la realidad, y no se puede cambiar (o evitar). Entonces, finalmente no es cuestión de abordar lo inabordable, es decir, va mucho más acá de eso porque de lo que se trata es de sentir el dolor del golpe contra esa pared. Y no solo esto (y acá viene el tema), lo que habrá que hacer es aprender a sentir el dolor de ese golpe.
Y la verdad es que no sabemos bien si hay un mal que dure 10, 100 ó 1000 años, pero lo que sí sabemos es que hay males necesarios, y uno de ellos es algo que frecuentemente se escucha bajo el nombre de “el área del aprendizaje”. No es que creamos que esto último sea algo en sí mismo malo, al menos de día, porque en la oscuridad de la noche corremos el riesgo de tropezar con el borde del área, y podemos llegar a caer en un territorio que se nos presenta como misterioso, y que se nos ocurre llamar “ciencias del aprendizaje”.
Lo poco o nada que el nombre nos diga de la cosa es algo que tenemos que definir (o dibujar) ya que todo lo que se parte, rompe y luego se vuelve a unir o pegar, requiere de contextos que nos es más fácil imaginar como espaciales. Aquello que se despliega en un plano podría transformarse y adquirir altura, y quizá la perspectiva que un “área” nos brinde de esa nueva construcción nos lleve a sospechar de esta (es decir de la construcción, me refiero a sospechar de la construcción) ya que lamentablemente casi nunca se sospecha del área.
El desafío pictórico que tenemos por delante tiene que ver con espacios que se van a formar y deformar, aparecer y desaparecer, espacios que se las van a tener que ver con divisiones y uniones. De esto se trata entonces la división del pensamiento, estamos viendo contextos que con inteligencia se doblan, se parten, y se vuelven a armar (¿inteligencia individual?) ¿Será por eso que a los que piensan mucho les dicen inteligentes? Bueno, de eso un poco se trata la creación... va qué sé yo... ¿es así?... ¿y vos que opinás?...
Sabés que mientras hablabas se me aparecía la imagen, como una sensación, sobre algo que hay que empezar, algo que hay que hacer... ¿cuál sería el punto de partida para el cambio?
... Sí... puede ser... pero habría que ver si es posible hablar de punto de partida y de cambio.
Yo me refiero a lo que decías recién de eso de los contextos espaciales.
Mirá, vos podés partir de un conjunto de intuiciones, y eso es como a lo máximo que podés llegar.
¿Y entonces el cambio qué?
Bueno, eso ya va a depender del grado de voluntad de creencia en tus intuiciones.
Pero pará, escuchame. Cuando yo digo que en el diálogo puedo encontrar un modelo de imitación del pensamiento... ¿eso qué es? ¿una intuición o un punto de partida para el cambio?
Está bien, pero ahora yo te pregunto a vos: ¿Cuál diálogo?
¿Cómo cuál diálogo?
¡Sí, cuál diálogo!
Pero cómo... ¡el diálogo!
Bueno, ahí está la cuestión. El diálogo en verdad no existe.
¡Oh!
Podemos imaginar contextos para el diálogo... que se forman y deforman... aparecen y desaparecen...
Sí, ya sé, igual que con los contextos espaciales...
... Y todo consiste en tener la sensibilidad para percibirlos, y la inteligencia para aprender a jugar con ellos... ¿me entendés ahora a qué me refería con eso de aprender a sentir el dolor del golpe?
Mmm... sí... más o menos.