El estar cerca del fin del año, al menos en cuanto a clases se refiere, pero con un dato extra, al menos para mí, cual es el haberme involucrado en la lectura de dos novelas de W.G. Sebald, me ha despertado viejas pero siempre vigentes cuestiones acerca del formato de las clases.
En primer lugar, a Sebald me remito. He leido dos novelas de este autor, ex profesor en la Universidad de East Anglia (Gran Bretaña), muerto hace un par de años en un accidente de autos. Las novelas son Die Ringe des Saturn/ Los anillos de saturno y Austerlitz, que según me han contado, está entre los libros más vendidos en las últimas semanas.
No conocía a este autor. Me lo recomendó un amigo de mi padre escritor, pintor y extremadamente perspicaz para encontrar cosas nuevas o de trabar contacto con quien le pudiera brindar aportes nuevos e interesantes. El fue quien me recomendó la primera de las novelas mencionadas, la cual me despertó la curiosidad por la segunda.
Lo interesante de Sebald es que escribe libros en formato papel, pero con lógica de hipertexto. Esto es, sus libros están plagados de imágenes (lo cual aumento el costo de publicación, sin dudas). Por citar un caso, menciona en el texto una ventana y acontinuación hay una foto impresa de la misma. Describe un palacio y, cuando menciona el estar iluminado, asoma un grabado del mismo.
La narración no sigue estrictamente cierta complejidad ni la dureza alemanas, sino es más fluida, con cierta cercanía al inglés. De hecho salta ocasionalmente de un idioma a otro.
Pero, lo que es más interesante, no hay un hilo fuertemente estructurado, sino que el texto fluye, deambula, salta de un lado al otro haciendo concexiones permanentemente. Su lazo narrativo pareciera más el de una red que el de una novela tradicional. Tanto el autor como lector deambulan sin derrotero fijo, sin caminos sabidos de antemano.
En Los anillos de Saturno observa de afuera al célebre cuento de Borges Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, para ir metiéndose en el de modo progresivo y luego salir bruscamente. No es a única referncia a Borges o a la Argentina, curiosamente.
Sebald no establece prioridades jerárquicas tradicionales. Puede ubicarse en un mismo plano una gran batalla como la descripción de un atardecer en una playa poco atractiva. Su lógica es la de la navegación, lo cual lo hace extremadamente fascinante y curioso. Sebald está siendo comparado con Borges, Joyce, o Nabokov. Nada menos.
Ahora, qué tiene que ver esto con el dictado de clases?
Pues, el hecho de que todavía, y supongo que por mucho tiempo más, la lógica de la navegación no ha avanzado sobre el mundo de la enseñanza. Esto es, los programas deben estar sólida y rígidamente estructurados, así como los temas a ser enseñados y las referencias bibliográficas o el material de clase a ser utilizados.
Estas características con una demanda tanto a nivel de los ministerios, las agencias dependientes de ellos, las instituciones educativas, los colegas y ... los alumnos. Las veces que he probado darles libertad a los estudiantes para trabajar determinados temas en casos de evaluaciones, o la posibilidad de que ellos mismos eligieran temas dentro de un programa, la respuesta ha sido, mayormente, el desconcierto, la inmovilidad o el pedido desesperado por un orden estructurado.
En mi caso de autoridad circunstancial e institucional de transmisor del saber en un cierto ámbito, por caso, el admitir no tener respuestas para determinadas cosas o manifestar mi ignorancia, remite por parte de algunos alumnos a una sonrisa socarrona de desacreditación. Sería más sencillo un enlatado donde haya respuestas a todo y uno actuara como un oráculo de talk show.
Algunas notas de Karina Weisman en este weblog hablan bien a las claras de que, en muchos casos, quienes más demandan conservadurismo en la pedagogía son los alumnos. Es para considerar.
La entrevista a Hervé Fischer es muy rica. Pero, entre tantas cosas aprovechables, es notoria la confesión que realiza de su libro publicado en formato de CD ROM hizo que la crítica lo ignorara. Con lo cual la forma es más que sólo una cuestión menor.
Vinculándolo a Sebald, ... qué pasaría si los programas no estuvieran estructurados de modo duro; hubieran puntos oscuros; hubiesen saltos en los cuales ciertas jerarquías temáticas se alterasen. Por ahora, no asoma esta posibilidad como un fenómeno extensivo. Habría que remitirse a seminarios particulares o ciertos cursos en los cuales el respeto unánime e indiscutible del profesor le permitiera este tipo de lujos.
Creo que el cambio de los programas, el pasaje de modelos tan estructurales a otros abiertos y flexibles, es necesario. No es fácil seguir tanta rigidez y obviar las espontaneidades que van surgiendo al desarrollarse el programa o clase, que llevaría, en el caso de un programa abierto y flexible, quizás a una mayor optimización y enriquecimiento para todos.
Como alumna, muchas veces vivo y veo la demanda de “conservadurismo”. El sistema educativo prácticamente nos “adiestró” a seguir un orden y a usar poco la creatividad. Pero es imprescindible que esto cambie. La vida fuera de la Institución educativa requiere de respuestas creativas, novedosas y poco estructuradas.
Por último, considero que admitir frente a los alumnos que algo no se sabe, es vivir la humildad que poseen quienes se comprometen con lo que hacen y es, a mi criterio, un signo de grandeza.