Educación y TIC

El diseño lo es todo

Los tiempos actuales son complicados. No más que otros, pero con sus peculiaridades. Y cómo es el que nos toca vivir y nuestra vida no es demasiado larga es difícil tener experiencias vivenciales suficientes para establecer comparaciones de índole científica en nuestra existencia.

Uno de los tantos problemas de nuestros, y que no es menor por cierto, es la vigencia de ciertas entidades que nos rodean que no tienen la consistencia que tenían, a pesar de seguir existiendo nominalmente como las conocíamos.

Algo similar a una estrella lejana distante a miles de años luz que seguimos viendo, pero aún no sabemos si sigue existiendo como tal. Al menos, para los hombres comunes y pedestres como es mi caso.

En nuestro caso, hay varias entidades que han dejado de ser lo que fueron. Un ejemplo clásico es el Estado y en particular la asimilación mental que hoy en día tenemos de éste como el Estado de Bienestar en su esplendor. Hoy en día, éste dista mucho de lo que ha sido la configuración que tenía hace cincuenta años. La visión de un Estado que distribuya bienes universales, esto es por sólo el hecho de ser ciudadano y sin mirar a quien, como justicia, educación, vivienda, salud, trabajo, beneficios jubilatorios, etc., etc. ha quedado en las nostalgias de lo que debiera ser.

Si coincidimos que esta universal del Estado ha desaparecido, y en esto un portal de educación estatal reviste particular paradoja si la hay, las cuestiones medulares de hoy en día sobre la cuestión, y en la cuál, filosóficamente, predominan las preguntas ante las respuestas, son : a) si se puede restaurar la visión tradicional del Estado de Bienestar; b) si esto no se puede, cómo reconstruir la configuración de un Estado que garantice esta distribución de bienes universales sin llevar el mote de Estado de Bienestar; c) si hay que renunciar a cualquier posibilidad de distribución de bienes universales y limitarse a un Estado Mínimo o Ultramínimo; d) si se puede reconstruir cierta distribución de bienes universales, desde un Estado que no tenga un apego a lo territorial como hoy lo tiene y que tenga un desarrollo más orientado a la concepción de "red"; e) si se puede volver al ideal anarquista de reconstruir una sociedad armónica sin algo que se llame Estado; f) si la opción de entrar o salir de cierta sociedad sea voluntaria, independientemente de la configuración de Estado que prevalezca (un planteo a la Henry Thoreau); g) agregue su cuestión.

Ahora si buena parte del cuestionamiento a la vigencia del Estado como tal, lleva consigo dudas acerca de su eficacia para distribuir bienes universales con proyección en el tiempo (eso complicado que llamamos futuro), nuestra tendencia a buscar resguardos sale al encuentro de nuevas entidades que nos garanticen cierta seguridad con algún tipo de proyección temporal.

Esas dudas son ciertas y nadie mejor que los argentinos para describir esta sensación de desconfianza sobre la aparente estabilidad y certezas acerca de lo que es parte de nuestra vida cotidiana. En cada uno de nosotros vive un Julio Cesar que ya sabe de antemano que puede haber un Brutus, o un Cristo que sabe de antemano el destino de escorpión de un Judas.

Cómo reconstruir ciertas identidades es una cuestión compleja. En las sociedades actuales existe cierta tendencia a reconstruirse identidades a partir de ciertos supuestos no universalistas. Esto es, a partir de ciertas identidades como la familia, el clan, el pueblo, un club de fútbol, ser hincha de Ferrari en la Formula 1 o del "Chivo" en el TC, o que se yo cuántas cosas más.

Esta reclusión a ámbitos más administrables, más controlables desde el punto de vista humano, supone la no delegación del control de coas por uno mismo. En el plano de lo físico, de lo territorial, implica un apego hacia la provincia, hacia el barrio, hacia lo local, como tanto se ha cacareado entre pensar y actuar. Y aquí surge algo interesante.

Ese pliegue hacia lo controlable tiene una dimensión estética. El arte siempre se ha remitido hacia lo cotidiano, hacia lo conocido, para luego desplegarse hacia horizontes no considerados en un inicio. Sin perder el valor de lo local.

Aquí hay una de las dimensiones que caracteriza nuestra época: la estética. Cuál es la otra? Sin dudas la técnica, que permite operacionalizar ideas en acciones. La combinación armónica de estética y técnica es el concepto que estalla masivamente en el siglo XX: el diseño. Bauhaus es el fenómeno más notable de estos. Internet es quizás el mejor ejemplo de hoy en día de esta combinación.

Todo emprendimiento que pretenda tener algún tipo de proyección hoy en día debe estar fundado en el diseño: estéticamente bello y técnicamente útil. Esto vale también la configuración de un concepto de Estado y, obviamente, en el intento de trasnmisión de conocimientos, sea cual fuere la dimensión o proyección que este tenga.

No es raro entonces que hoy la Red sea el lugar con mayor potencialidad para intercambiar y extraer saberes, datos, deseos, etc. Intercambio, cambio o cruce que lleva inherente estética y técnica. No está mal. Participar de esta manera, es ejercitar un Leonardo Da Vinci mínimo de manera cotidiana. No está nada mal.


  • Autor: Christian Schwarz |
  • 13-05-2004 |
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