La semana pasada fueron noticia dos figuras que hicieron mucho por acercar el arte a los chicos. Son Víctor Iturralde, creador del mítico cineclub infantil El Duendecito, cuya muerte se anunció el 26 de enero, y Pablo Medina, que ha visto reconocido su esfuerzo de décadas por la literatura infantil con un subsidio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que permitirá la continuidad y la ampliación de las actividades de su biblioteca infantil La Nube.
Dos figuras estuvieron en las noticias de la semana pasada, aunque por razones bien distintas. Las dos dedicaron sus esfuerzos a acercar el arte a los chicos.
La primera es Víctor Iturralde, cuya muerte se anunció el 26 de enero. Tenía 76 años. Fue el fundador del mítico Cineclub El Duendecito, "cuyas exhibiciones lograron en poco tiempo atraer a cientos de niños de todo el país que, en la mayor parte de los casos, nunca habían concurrido a las salas cinematográficas. Más tarde creó otro cineclub infantil, La Casita, y así pudo integrar a los pequeños espectadores a films que hablaban de su mundo, de su fantasía y de sus ilusiones". Su infatigable trabajo para hacer llegar el cine a los chicos queda en el recuerdo de todos. Esta es la nota de La Nación , que reseña además sus actividades como crítico y estudioso del séptimo arte. Otra nota, de Argenpress, lo recuerda como un libertario, apasionado por el cine, y en el recuerdo nos retrotrae a ese momento fundacional de tantos cineclubes que hicieron historia en Buenos Aires.
La otra figura es Pablo Medina, y fue noticia por algo auspicioso, de lo que nos alegramos todos. Pablo Medina -"un maestro de escuela pública, que hoy cuenta 66 años (...)., un correntino aporteñado que se confiesa discípulo del escritor Javier Villafañe"- es el creador de la biblioteca para niños más grande del país: La Nube, y es otro incansable trabajador en pos de lo que quiere. La noticia dice que después de bregar unos cuantos años Medina consiguió un subsidio del Gobierno de la Ciudad para pagar la deuda de alquileres del viejo local de la calle Venezuela, y trasladarse a "un local de 170 metros —propiedad de la Ciudad de Buenos Aires y reciclado a nuevo— que espera su llegada en las próximas semanas. Para el comienzo de las clases creen que ya podrán recibir otra vez a los chicos lectores, a investigadores y maestros, en el nuevo lugar".
Vale la pena leer esa nota que intenta describir el valiosísimo acervo de La Nube, fruto de un esfuerzo de décadas, y en la que el propio Medina cuenta la historia de su biblioteca. Lamentablemente la noticia digital no muestra el recuadro que apareció en la versión en papel, con el detalle del sistema de préstamo de libros que funciona en La Nube.
"Si todo sale como está previsto, La Nube será el punto de partida del Museo Chicos, un proyecto del Gobierno porteño con espacios para ciencia, arte y juegos, de un cuarto de manzana. Pero por ahora no hay que entusiasmarse: en la Dirección de Museos dicen que 'este año empezarán las obras, pero no hay fecha de inauguración'. Y aunque en su espacio ya está todo listo, Medina no canta victoria: hasta no ver funcionando el nuevo local, el hombre (¿alguien lo duda?) seguirá luchando."
Si bien el tìtulo y su contenido de la weblogs no generaron el impacto o las expectativas que esperàbamos, al leerlo, nos reconfortò conocer una noticia en la que dos personas, de importante trayectoria, hayan trabajado y trabajan por acercar y hacer vivir el arte a los niños.
Lamentamos que siempre haya que estar dependiendo de recursos econòmicos y "burocràticos" para lograrlo.
Apostamos a estos esfuerzos y a la lucha desinteresada de Pablo Medina.
Me gusto mucho tu comentario, trato de ver todos los que hacen arte sobre todo infantil ya que a menodo se escucha ¿para que vas a estudiar arte(cualquiera sea) si con eso no se come? pero aparte del hombre nadie puede hacer arte. Menos mal que quedan locos sueltos que lo practican.
MIS FELICITACIONES A PABLO MEDINA, SU LABOR Y SU PENSAMIENTO HACEN FALTA, saludos, alba