Educación y TIC

Lo esencial será consensual o a la inversa?

Existe una vieja y ardua controversia acerca de la naturaleza y función de las palabras. Hay quiénes sostienen que las palabras no son si no meros símbolos, nacidos por el común acuerdo de una generalidad decidida a llamar a tal cosa de tal forma. Así, por ejemplo, “mesa” se llama a una mesa no si no como consecuencia de que convencionalmente se ha decidido llamar así al objeto mesa. Esta postura es la imperante desde hace varios años en materia lingüística, y se ha convenido en llamarla “consensualismo”.

A contraposición, el llamado “Esencialismo”, -cuya autoría se le atribuye a Platón-, no contempla a las palabras sólo como meros símbolos convencionales, si no que va más allá y las concibe como verdaderos signos de las cosas. Es decir, para esta postura, las palabras obedecen a una relación natural e innata con las cosas que representan. Así, la palabra mesa ya no sería entonces un simple símbolo que convencionalmente se ha establecido para designar al objeto, si no más bien sería cierta esencia del objeto la que se encontraría ínsita en la palabra. Cada término es considerado por el esencialismo como un verdadero vehículo de las cosas, el cual permite su conexión entre éstas y el lenguaje para su representación. Por ello, mientras el esencialismo concibe al lenguaje como un verdadero conjunto de signos –como lo es por ejemplo, el rayo del trueno-, para el convencionalismo el lenguaje remite sin más a un conjunto de símbolos dada su relación de origen consuetudinario con las cosas que denotan.
Si bien como dije antes, hoy en día triunfa la mirada convencionalista acerca de la relación cosas/palabras, no es menos cierto de que posturas como la de Grijelmo –las cuales han sido tratadas en diferentes post de este weblog- nos hacen pensar en ciertos matices esencialistas en la concepción del lenguaje oral y escrito. Así, este citado autor pone de manifiesto la existencia entre las palabras y la magia que éstas encierran, vehiculizando las mismas todo tipo de sensaciones, desencantos, alegría, odios, temor, etc., etc., etc...
Bien podría sostenerse que la magia de las palabras no tienen porque guardar relación alguna con el esencialismo, pero: ¿no será que cada palabra encierra ciertas esencias propias y características de las cosas que denotan, correspondiendo entonces para su uso esa y sólo esa palabra y no otra? ¿no serán las palabras verdaderos signos de la naturaleza toda, que guardan en sí ese algo misterioso y magnífico que nos lleva a utilizar a cada una de ellas para designar cada una de las cosas?.
Entiendo que respuestas puramente racionales pueden esgrimir lisa y llanamente, una tesitura a favor nuevamente del convencionalismo. Pero si nos detenemos a pensar acerca de la carga emotiva que en ambas direcciones –positiva y negativa- poseen ciertas palabras, las cuales nos llevan a temerlas, quererlas, u odiarlas...¿no será cierto de que estos sentimientos que nos generan obedecen sin más a las esencias presentes en ellas mismas?.
Pensemos en ejemplos: la palabra Internet, ¿la habrán establecido convencionalmente o ella será el fiel signo para vehiculizar lo que ella concierne?.
Considero que la cuestión que aparecía como sobrellevada, ahora ha recobrado vida. Es tarea entonces de reflexionar sobre ella. Tal vez, Borges tenía razón al decir que en la palabra rosa estaba toda la rosa y en el Nilo “todo el río”...

  • Autor: Karina Weisman |
  • 17-11-2003 |
  • 2 comentarios

2 Comentarios

  1. Virginia Avendaño. Noviembre 17, 2003 17:06

    Tu texto me hizo recordar esta frase de Georg Steiner. No responde a tu pregunta, pero creo que coincidiremos en que es hermosa. En todo caso, tal vez no haya una respuesta...

    [...] me interesa mucho más el hecho de que en francés la palabra pain no es la inglesa bread. Porque pain hereda varios siglos de compleja asociación histórica con necesidad, con falta de pan. Es por ello que la palabra pain potencialmente siempre tendrá para un oído francés la implicación radical del tiempo en que no había pan o no había suficiente."

    Tomado de una entrevista a George Steiner, publicada en la revista Diario de Poesía,

  2. juanita. Abril 30, 2009 10:33

    me re intereso el libro buenisimo

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