Educación y TIC

2019: escenarios de futuro

La prospectiva es una disciplina que nos sirve para anticipar el futuro. En este artículo, buscamos realizar un breve ejercicio que tiene como propósito imaginar algunos aspectos de la organización escolar hacia el año 2019.

Los alumnos que ingresaron el mes pasado a primer grado en las diferentes escuelas de nuestro país habrán culminado su trayectoria escolar (siempre y cuando lo logren en el tiempo que el propio sistema define como ideal para realizar este trayecto) en el año 2019. La sola mención de esta fecha –en la que transcurre uno de los más clásicos relatos de ciencia ficción- genera incertidumbre, preguntas, y nos invita a imaginar escenarios posibles.
¿Qué escuela tendremos dentro de 12 años? En principio, no lo sabemos con certeza. Sin embargo podemos jugar un poco y arriesgarnos en la construcción de algunos de estos escenarios posibles. Se trata entonces –sabiendo que, por suerte, nuestro planeta no desaparecerá ese año- de realizar un ejercicio en la tradición de los estudios de prospectiva, que, desde luego, no se tratará de un trabajo sistemático.

(I)

¿Qué es la prospectiva? De manera muy sencilla, se la puede definir como un campo de conocimientos que se orienta a la previsión del futuro. El filósofo francés Gastón Berger sentó las bases para esta disciplina. Su obra Fenomenología del Tiempo y Prospectiva es considerada como fundacional de este campo. Berger procuraba comprender el futuro con intención de operar sobre él, a partir de encontrar las mejores herramientas posibles en el presente. Es por esto que a la prospectiva también se la denomina "construcción del futuro".
Para algunos, la postura de Berger se puede definir como “voluntarista”, ya que el énfasis está puesto en la creación o eventualmente manipulación del futuro más que en su predicción o, si se quiere, en poder predecir la forma o “futuro posible”.
Algunos años después de estos primeros planteos, podemos preguntarnos si la prospectiva fue, en sus inicios, una disciplina algo ingenua. Al tratarse de una corriente de pensamiento y trabajo que defiende la idea de que lo que hagamos en el presente definirá de manera definitiva lo que ocurrirá en el futuro, puede ser interesante preguntarse por los márgenes que dejaban, al menos estos primeros planteos, en relación con eventos imprevistos o circunstancias inesperadas. Se podría pensar que allí no hay espacio para lo que algunos filósofos e historiadores definen como acontecimiento.

En los últimos años, sin embargo, algunas líneas de investigación en la prospectiva han incorporado para el trabajo de investigación el enfoque de la Teoría de la Complejidad, como parte de su marco teórico. Esto añade una visión diferente, que necesariamente toma distancia de los análisis causales.

Los estudios prospectivos actuales son algo diferentes en sus propósitos respecto de lo planteado por Berger: también buscan comprender los escenarios por venir, pero mayormente con intenciones de anticipación (trabajos que en inglés se denominan como de forecasting, el término que se utiliza por ejemplo para predecir el clima) y no tanto de intervención, y están mayormente orientados a temas relacionados con tecnología. En muchos casos, los trabajos están orientados a fines comerciales (por ejemplo en relación con enfermedades y drogas, uso y aplicación de nuevas tecnologías, entre otros).
Lo que buscan estos trabajos es reducir la incertidumbre sobre lo que vendrá, a partir de trabajos sistemáticos que buscan construir “escenarios de futuro”. La estrategia principal, dicen quienes llevan adelante este tipo de estudios, es saber leer entre líneas la realidad y conocer las “señales de futuro” que esa realidad ofrece.
Tendencias 21 (en español), Journal of Future Studies, Technological Forescasting and Social Change o EurekAlert! son algunas de las publicaciones y sitios Web que nos permiten el acceso a esta modalidad de producción de conocimiento. A la caza de novedades, cambios y avances significativos, los autores de estas revistas intentan vislumbrar aquellos datos que pueden estar diciéndonos más de lo que aparentan en un primer vistazo.

Pero además de quienes se especializan en imaginar y anticipar escenarios de futuro, hay muchos que –quizás de forma temeraria y seguramente especulativa– también fantasean tomando en cuenta tanto disciplinas de conocimiento como objetos culturales. No es necesario ser un experto en prospectiva para aventurarse respecto de qué nos depara el futuro respecto de, por ejemplo, los medios de comunicación. Un ejemplo sirve para ilustrar esta realidad: podemos encontrar en YouTube una gran cantidad de videos que muestran diferentes escenarios relativos al futuro de la industria de los medios. Un ejemplo es Epic, cómo será Internet hacia 2015, donde se “profetiza” un panorama apocalíptico.

(II)

Hacer un breve ejercicio de prospectiva en el campo educativo deberá contemplar una característica de la escuela que ya conocemos desde hace tiempo: se trata de un tipo de organización particularmente resistente a los cambios. Es ese el punto de partida para imaginar un escenario posible hacia 2019; cualquier análisis que soslaye esta cuestión cometerá un error en el mismo punto de partida.
Se trata entonces de encontrar pistas en esa tensión entre la fugacidad del cambio y la quietud de lo que no cambia, o cambia muy lentamente. Abordaremos solamente dos ejes que, creemos, son de mucho interés y no aparecen tan habitualmente en este tipo de discusiones.

Disciplinas
¿Habrá cambios en la organización disciplinar? Hay algunas tendencias que nos llevan a pensar en esta posibilidad, como el creciente trabajo inter y transdiciplinar en las diferentes ciencias sumado al más que vertiginoso ritmo en la producción de conocimientos, con la consecuente producción exponencial de información. Jorge Allende, en un conocido Informe de UNESCO del año 2000, sostiene que son básicamente tres los elementos a tener en cuenta cuando hablamos de la invasión de la información: el efecto retroalimentador entre la producción de conocimiento y la producción de tecnologías, la velocidad con la que estos nuevos conocimientos llegan a la gente como productos y servicios y el problema de, además, generar desarrollo sustentable.
Estas pistas permiten imaginar un escenario donde algunas disciplinas lleguen a fundirse y generen otras nuevas, cuyo propósito será el de alcanzar una mejor comprensión de la cambiante realidad, a la vez que se modifiquen fuertemente modos de enseñar y aprender, y en el que se vuelva a discutir el papel de la atención y los usos de las memorias a la hora de aprender.

En ese contexto, es innegable que la escuela tendrá que ofrecer herramientas que ayuden a sus alumnos a comprender con la mayor eficacia posible la complejidad infatigable que nos rodea. ¿Llegarán las disciplinas tradicionales a combinarse para dar lugar a opciones nuevas? Está abierta la puerta para imaginar las mezclas posibles.


Trabajo escolar
Es posible que la escuela de 2019 presente cambios en la forma de organizar cotidianamente la actividad. Un artículo reciente de Tendencias21 refiere al hecho de que las nuevas generaciones, nacidas y criadas bajo entornos digitales, imprimirán de manera indefectible su marca en las diferentes organizaciones de las que participen. Y para ese año, cada vez serán más los docentes nativos digitales.Estos cambios –que, probablemente, sean entonces en gran medida generados por los propios alumnos en el marco de una organización educativa más flexible–, seguramente afectarán varios de sus aspectos: por una parte, el rígido uso del tiempo que ha caracterizado a la mayoría de estas organizaciones tal como las hemos conocido, y por otra, la rígida disposición espacial.
Imaginemos entonces algunas posibilidades diversas respecto de la distribución espacial de los actores educativos.

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Imagen: Diego Fabrizio













De la clásica disposición en fila con un docente en el frente –un modelo de comunicación básicamente unidireccional, y la adjudicación de un lugar y uno solo a cada alumno– a nuevos modos de comunicación múltiple –mediados por tecnologías–, y a la libre utilización de los espacios áulicos y hasta de la institución completa. Es posible pensar que la escuela, como organización, podrá construir en conjunto con alumnos y padres las diferentes opciones para el trabajo diario. Pero no se tratará de encontrar una manera diferente de la actual y permanecer en ella, sino de encontrar opciones que, a su vez, se modifiquen permanentemente.
Del orden rígido y la adjudicación arbitraria al consenso, y de la inmovilidad a la hipermovilidad, es posible que la escuela que estamos imaginando sea una organización mucho más flexible que la actual, y que haya potenciado así la capacidad de educar colaborativamente. No sin resistencias, como dijimos. Pero es sabido que dentro de ese entramado socio-político-económico que es el mercado de trabajo la valoración creciente de la flexibilidad profesional –no la de los marcos legales, desde ya, sino aquella que habla de la posibilidad de los actores de adaptarse con rapidez a los cambios– será de manera creciente una capacidad apreciada.


(III)

Este ejercicio puede realizarse con todas y cada una de las áreas que conforman la vida en las escuelas. Imaginar escenarios futuros respecto de temas como evaluación, disciplina, rol docente, estrategias didácticas o, desde ya, uso de TIC, entre otros, puede ser una tarea apasionante para poder imaginarse a uno mismo cada vez más como un profesional del tercer milenio. No se trata sólo de reducir la incertidumbre, sino también, como soñaba Berger, –y sin olvidar la enriquecedora emergencia de los hechos inesperados– construir futuro.


Enlaces de interés

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  • Autor: Andrés Gomel |
  • 17-04-2008 |
  • 3 comentarios

3 Comentarios

  1. miryam gomez. Abril 20, 2008 23:53

    Sin la necesaria flexibilidad es imposible imaginar cambios.
    Los tipos de agrupamientos, los horarios rigidos,los grados, todo debe ser revisado, para que funcionen como facilitadores del proceso de enseñar y aprender.
    No estamos en una epoca de cambio sino más bien en un cambio de época(Perez Gomez)SI NO LO ALCANZAMOS A COMPRENDER ,LA ESCUELA POR SU INCAPACIDAD DE REDEFINIR SU ROL, VA CAMINO A DESAPARECER.AUNQUE NO TAN PRONTO COMO N 2019

  2. marisa battistessa. Mayo 15, 2008 11:56

    Sin duda alguna, ya el mundo es muy complejo y en poco tiempo lo será aun más.Entonces, ¿porqué intentar cambiar el futuro y no tratar de mejorar el presente?Queremos que nuestro alumnos puedan resolver problemas efectivamente, que logren comunicarse con un público diverso, que logren comprender como vivir en un mundo donde la tecnología nos sorprende e invade día a día, y sobre todas las cosas, que puedan insertarse exitosamente en ésta sociedad tan cambiante.

  3. maria alejandra. Julio 19, 2008 16:29

    para que es la educacion y para que nos sirve en un futuro y si la educacion del siglo 21 va ser la misma a la de mas años en adelante?
    si serbara o no para nuestros hijos y personas del futuro?

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