Días pasados nos ha causado bastante estupor, la noticia referida a los aplazos masivos obtenidos por los aspirantes a ingresar a cinco facultades de la Universidad de La Plata.
Hojas entregadas “en blanco”, ejercicios sin resolución alguna, o, hasta lo que es peor, falta de comprensión absoluta sobre aquello que se les pregunta, fueron los hermosos resultados con que se encontraron en esta Alta Casa de Estudios al analizar las pruebas del futuro alumnado.
Es una obviedad resaltar que esta noticia no es para nada alentadora, ni mucho menos satisfactoria. Es, simplemente, un fiel ejemplo de la pauperización de todo el sistema educativo; es la respuesta totalmente previsible frente a la escasez de preparación que la educación media ofrece hoy en día.
Sin embargo, algo bueno y positivo saco de esta noticia tan desalentadora: la exigencia desplegada por las facultades intervinientes.
Así, mientras otras instituciones universitarias se regodean por darnos a conocer que presentan las aulas más modernizadas, que están ampliamente equipadas con instrumentos de vanguardia, y que otorgan todo el confort que un hotel cinco estrellas ofrece a sus huéspedes, la Universidad de La Plata con su sencillez –y al mismo tiempo también ofreciendo ciertos adecuamientos tecnológicos a los tiempos imperantes- se preocupa por nivelar al alumnado que año a año ingresa a las difenrentes carreras, tratando de jerarquizarlos, y tendiendo a mayores logros en cuanto a objetivos educacionales se refieren.
Porque no se trata de permitir el ingreso indiscriminado de todo cuanto individuo quiera estudiar alguna y cierta carrera; se trata de lograr que cada persona se forme adecuadamente a lo que aspira, puede y deba ser, sin que su elección sea producto del tún tún, del capricho y sueño de sus progenitores o de la mayor oferta laboral que se encuentre en los matutinos.
Preveer un sistema de ingreso conlleva necesariamente a una buena preparación. Constituye el mise place del que se valen los chefs para el armado de sus sabrosas recetas. El ingreso a la facultad sin ningún tipo de “preparación previa”, si bien permite que todos podamos elegir libremente una carrera y empezar a cursar en ella, dificulta la buena formación de aquéllos que sí tienen realmente la vocación y los dotes necesarios para determinada profesión, ya que los docentes y la institución misma se ven obligados a bajar los niveles de exigencias para nivelar “para abajo” la formación.
La Universidad de La Plata y sus exámenes de ingreso constituyen un excelente ejemplo que debiesen imitar otras universidades. Ojalá que a nadie se lo ocurra que, frente a los desastrosos resultados obtenidos en sus pruebas de acceso, se deban disminuir los parámetros de exigencia y hacer exámenes más accesibles. Porque esta mayor accesibilidad irá en perjuicio de la mayor accesibilidad futura a los conocimientos.
Debo felicitar a los docentes universitarios de todas las facultades estatales de Argentina. Ralmente es verdad, y no cabe duda alguna, que las facultades estatales de la república Argentina son las mejores al momento de impartir educación. No sólo eso, a los docentes que conforman dicha universidades ralmente se les paga poco y nada. Realmente ellos adoran el hecho de transmitir conocimientos. Espero nunca bajen el nvel que vienen manteniendo y o se desalienten. si hay alguien que realmente los valora, somos nosotros, los alumnos.