Los chicos desde temprana edad se encuentran sumergidos en el universo tecnológico…sus papás, amigos o personas cercanas en algún momento recurren a la tecnología informática para resolver una situación, haciendo de ella una herramienta que da solución a un trabajo, un tema de investigación, una foto para imprimir o simplemente la consulta previa a una salida en familia. Son estos mismos chicos quienes recurren a ella, llamados por la curiosidad de este misterioso aparato llamado computadora al cual por momentos tienen “prohibido acercarse” y en otros se los invita a sumergirse en un mundo de escenarios innumerables y mágicos. A diferencia de la TV, la computadora les permite interactuar, convertirse ellos mismos en gestores de su propio entretenimiento, guiados por un programa, un video juego o por su simple curiosidad. Así, chicos de cuatro o cinco años, sin ningún prejuicio, mouse y teclado entre sus manos, ganan territorio a los adultos a quienes la racionalidad y el temor al error les impide darse el lujo del aprendizaje por simple descubrimiento.
¿Cómo hacer entonces para que este aparato de uso cotidiano se transforme en un objeto de conocimiento?
¿Del todo a las partes…o de las partes al todo…?
Todo objeto a descubrir tiene que promover en los chicos la curiosidad y el entusiasmo de ser descubierto. Es entonces el momento de generar en ellos la actitud de investigación y para ello será fundamental tener en claro con qué bagaje cuentan los alumnos al momento de presentarles el proyecto. Según el contexto en el que nos encontremos, puede ser un elemento presente en el uso cotidiano o algo totalmente desconocido. En el primer caso, será importante tener en cuenta que muchos de los contenidos que nos propongamos suenen a los alumnos como algo ya conocido. Es el momento entonces, de demostrarle a los alumnos que algo cotidiano puede ser visto “con otros ojos” (Kaufman, V; Serulnicoff, A. en “Recorridos didácticos…”) y a partir de allí generar en ellos la posibilidad de conocerlo en otras instancias diferentes a los juegos, el chat o los usos corrientes que puedan hacer de la red. Será la oportunidad de permitirles indagar cómo se hace un programa de computadora, quiénes trabajan para programarla para que funcione como tal, cómo es una máquina por dentro, para qué sirven sus componentes, y permitirles establecer hipótesis respecto de su funcionamiento.
Será el momento de “abrir” la caja misteriosa y descubrir algunos secretos que un objeto de uso cotidiano nos enseña. De identificar el trabajo humano, el conocimiento y el andar en el tiempo que respalda la complejidad de estos aparatos.
Y será el momento también de proponerles pensar todo lo que hace al tipo de información que se encuentran cuando utilizan la red, a los portales que recorren, al “buen uso” de la tecnología (Burbules y Callister, en “Riesgos y promesas….”) y también algunos aspectos que hacen a la “seguridad” en lo que refiere a la información que suministran, por ejemplo, al chatear con personas que desconocen.
En el segundo caso, si nos encontramos frente a un grupo de alumnos cuya experiencia tecnológica es algo demasiado lejano, nos encargaremos de empezar por el principio: presentarles la tecnología y permitirles explorar un universo totalmente desconocido. Y, a partir de sus inquietudes, comenzar a sumergirse en el mundo de la investigación tanto en lo que a hardware como al software refiere.
¿Cómo planificar un proyecto para el trabajo con los chicos?
En primer lugar, deberemos seleccionar los contenidos que queremos transmitir a los alumnos, es decir, pensar de antemano lo que nos proponemos que nuestros alumnos aprendan. Para ello, teniendo en cuenta la edad del grupo, realizaremos el recorte que nos interesa abordar en el proyecto.
Si pensamos en el primer ciclo, incluyendo a la sala de preescolar, (basándonos en el Diseño Curricular para la Educación Inicial) plantearemos preguntas que refieran al objeto mismo, las partes que lo componen, su uso y función en la vida cotidiana, las personas que lo utilizan, las personas que se encargan de “hacer que funcione” tanto desde el armado como desde la programación, la utilidad que ofrece al usuario, los cambios que ha promovido en la vida cotidiana, la “historia” misma en lo que refiere a su tecnología, los distintos usos que puede tener según el contexto donde sea utilizado: en una casa, en una escuela, en una fábrica, en un banco, en un restaurant y cómo se modifica la acción humana en función de su incorporación.
Sería interesante luego proponer a los alumnos armar un proyecto de investigación en el cual la computadora sea un verdadero objeto tecnológico puesto al servicio de su aprendizaje: seleccionar un tema elegido por el grupo, seleccionar, evaluar y procesar la información encontrada (hacer carteles y tablas a través de Word, dibujos básicos con graficadores), seleccionar imágenes que ilustran el tema, buscar en la red nombres de especialistas, descubrir qué sucede en otros países con nuestro tema de investigación, armar un blog para recibir opiniones de distintas personas ante una pregunta planteada, generar intercambio con otras escuelas vía correo electrónico y mucho mas…
Si se dispone de colaboración de alguien con algún grado de idoneidad en el tema, sería enriquecedor armar una presentación (en archivo realizado en Power Point o similar) que conjugue toda la información y la tarea realizada por el grupo…caso contrario, nuestra tarea culminará plasmada en el no tan tecnológico pero igualmente válido, texto impreso…como para cualquier investigación, un libro armado por los chicos puede ser también un muy buen portador al que no debemos olvidar.
Para leer mas…
-Burbules y Callister; Riesgos y promesas de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación; Buenos Aires, Granica; 2002
-Secretaría de Educación / Dirección General de Planeamiento / Dirección de Currícula; Diseño Curricular para la Educación Inicial. Niños de 4 y 5 años. CABA; 2000
-Kaufmann, V; Serulnicoff, A. en “Recorridos didácticos en la Educación Inicial”. Buenos Aires, Paidos, 2000
-Litwin, E, compilación; Tecnología Educativa; Buenos Aires; Buenos Aires, Paidos, 1995