Cuantas veces escuchamos y dijimos esta frase cuando en alguna situación de nuestra vida, experimentamos este sentimiento: la vergüenza.
La vergüenza como sentimiento inherente a la condición humana fue abordada por diversos autores a través del tiempo, que explicaron desde su origen mítico hasta su sentido y causas de aparición. Pero todas las interpretaciones, ya sean religiosas, filosóficas, psicológicas o moralistas, tienen en común la presencia de la “mirada del otro" que descubre algo de nuestra intimidad que deseamos que no sea “visto”.
Es decir que este sentimiento emerge cuando aparece “visto” algo de nuestra actuación por alguien que nos “recuerda” que eso está mal.
En las familias, lugar de transmisión de valores y socialización primaria, los padres decían a sus hijos ¿no tenés vergüenza ¿todos te miran!
En los colegios también era usual esta frase, frente a un comportamiento de los alumnos que no se ajustaba a las normas.
En este proceso de socialización dentro del ámbito familiar y escolar, se va reforzando este sentimiento ancestral y se va modelando la identidad del sujeto tanto individual como cultural.
Así en cada cultura la identidad cultural tiene que ver con la “imagen social” perteneciente a dicha cultura. Esta imagen social es una “categoría universal” que adquiere diferentes características según el contexto.
Hoy, asistimos a una transformación paradigmática de este sentimiento, en gran parte a partir de la irrupción y consolidación de la cultura mediática.
Esta cultura mediática, como su nombre indica, parece transformar cualitativamente, la imagen social esperable en la sociedad. El individuo que preservaba celosamente su privacidad, su intimidad y mostraba en el ámbito público los aspectos que tenían que ver con lo laboral principalmente, o aspectos de su actuar social, hoy está cambiando.
Los medios de comunicación, que socializan también, parecerían estar modelando identidades subjetivas y culturales diferentes que “son” en cuanto muestran y exhiben públicamente aspectos íntimos que son observados por millones de personas.
Los espectáculos mediáticos refuerzan el pensamiento de que se “existe” solo si se muestra, sin vergüenza, la intimidad, así el sujeto “es” porque el “otro” conoce estos aspectos. Desde la salud mental los profesionales sostenemos que este sujeto mediático y público sin intimidad preservada, se convierte en “objeto” espectáculo, perdiendo el aspecto privado de sujeto escindido. Es decir desapareciendo como sujeto frente a otro diferente, y convirtiéndose es objeto de consumo.
Como adultos deberíamos encontrar un equilibrio, manteniendo las funciones parentales y educativas, que faciliten la transmisión de los valores que deseamos preservar, aún en medio de los cambios inevitables de los tiempos actuales y adaptándonos pero no en forma pasiva sino activa, es decir como sujetos pensantes, que ayudan a las generaciones jóvenes, a PENSAR.
como decentes es imprescindible ayudar a nuestro alumnos a pensar, cuestionar y tener una mirada crítica de los contenidos que les damos como de todo lo que aprenden en la escuela para que así puedan aplicarlo fuera del ámbito educativo.
Actualmente nos encontramos inmersos en una sociedad que se centra en los medios de cumunicación. Éstos transmiten valores que son consumidos principalmente por los jóvenes; pero los medios no están favoreciendo al beneficio de la nuevas genraciones, sino que por el contrario inducen al consumismo, a la exposición de la vida privada y al "vale todo" para llegar a ser "famosos", siendo asociado este término al máximo objetivo que una personas puede alcanzar.
considero que la educación debe brindar a los alumnos herramientas que le permitan discernir entre lo que es beneficioso o perjudicial para ellos.
Daiana Telechea alumna de 2º año del profesorado de Historia I.S.F.D. y T. Nº 156
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