Esta nota refleja el fruto del esfuerzo de una asociación civil que busca la integración social, a través de las actividades que se generan en una biblioteca popular.
Para un porteño que no frecuente la zona oeste, la ruta 3, a la altura del km 35 en La Matanza puede resultar un lugar remoto. Pero Virrey del Pino es una de las localidades más pobladas de ese inmenso partido, sitio estratégico a la hora del recuento de votos cuando hay elecciones provinciales y nacionales. En ese lugar, donde al costado del camino se quema el pasto, varias de las calles aún son de tierra y los caballos de los botelleros sufren la sequía, se erige austera pero destacada en la inmensidad del barrio El Sol la Biblioteca Popular Madre Teresa de Calcuta.
Eduardo Raúl Burattini es el fundador y director de la biblioteca. Según cuenta, la idea de fundar la biblioteca surgió en febrero del 1998. “Hasta ese año –dice–- no había bibliotecas. Por lo tanto, la lectura y el acceso a la información, no solo para los chicos sino para cualquiera que estuviera estudiando, era sumamente dificultoso, y exigía importantes traslados. Así fue como con un grupo de personas vimos que era una necesidad imperiosa el acceso a los libros, como elemento de educación y cultura”.
Agrega que constituyeron una asociación civil, reconocida por la CONABIP: “Nosotros seguimos lo que pide el manifiesto en favor de las bibliotecas públicas de la Unesco, que no es solamente ser un reservorio de libros –a partir de un proceso de clasificación, de catalogaciónm como corresponde a cualquier biblioteca– sino también ser promotores de la cultura”.
“La forma de llegar a la gente –sigue diciendo el director de la biblioteca– es a partir de volantes, la radio comunitaria y revistas, donde hacemos publicidad. Además hacemos todo tipo de concursos, literarios, fotográficos, etc. Es importante reconocer lo que la gente hace; muchos de los que vinieron a vivir aquí no lo eligieron sino que fueron impulsados por las diferentes crisis, por ejemplo la de 2001. A partir de este punto, nosotros trabajamos con los valores, desde la diversidad, ya que todas las personas por el solo hecho de serlo tienen dignidad.”
Y continúa: “en esta zona el libro es un elemento de lujo, por eso todas las actividades son libres y gratuitas. Los libros provienen de donaciones privadas y del Estado, la compra gracias a la inscripción de nuestros socios, y el financiamiento por los programas que tenemos. Para los chicos este sitio es una atracción, puesto que en su casa no hay libros. El acercamiento a nosotros es paulatino y suele comenzar inducido por la escuela”.
Considera que “como en cualquier aspecto educativo, debe haber un proceso de identificación. Por eso es que aquí los guiamos en el reconocimiento del libro, qué es un lomo, que es un índice, que es un prólogo. Y sumamos el acceso a la información por otros medios, desde el servicio tradicional de cable hasta la utilización de DVD. Pero lo que hay que resaltar, según mi punto de vista, es que la biblioteca no debe escolarizarse. Hay que acompañar el proceso educativo. La biblioteca debe apuntar a una lectura autónoma, con juicio crítico. El bibliotecario acompaña, pero el lector tiene que elegir libremente”.
Otro medio para promocionarse es la entrega de premios. “El premio Madre Teresa trata de reflejar los valores que ella tuvo como figura universal, en cuanto dignidad, honestidad y compromiso con los pobres. Tenemos tres áreas: comunicación social, servicio a la comunidad y finalmente fomento de la cultura y la educación y las bibliotecas. Es muy importante el compromiso. Lamentablemente, en la zona suceden cosas increíbles, por ejemplo la falta de agua corriente”.
La biblioteca realiza aportes a la comunidad en otros aspectos: “Somos parte del foro de seguridad, del nucleamiento de entidades de bien público de Virrey del Pino y Gonzáles Catán, y de varios organismos más. A su vez, todas las bibliotecas de La Matanza nos juntamos (todas tienen bibliotecarios titulados) para alcanzar un nivel parejo. Creemos que somos una caja de resonancia de la sociedad. A veces a la gente le piden el comprobante del CUIT y no tiene el dinero para abonarlo en un cíber, entonces lo sacamos nosotros. A su vez colaboramos con el anuncio de fecha de pago de los planes sociales”.
En cuanto al uso de internet, explica que “los chicos se acercan exclusivamente a buscar información, para jugar está el cíber”, dice tajante. Y el proceso de adaptación es similar al de los libros. “Si bien los niños tienen mayor capacidad de adaptación a las computadoras, nosotros los vamos guiando. Tratamos de evitar el copy-paste sin sentido. Consideramos que la computadora es una herramienta más de información, pero no la primera. Si se da el caso de que los datos requeridos en el aula no están en papel, ahí se analiza la otra vía. Esto sucede en general con temas actuales, por ejemplo la ciencia, que por la divulgación científica ya es tema hasta de los periódicos. El uso de las TIC debe ser una responsabilidad compartida por padres, maestros, las instituciones y en este caso las bibliotecas”.
“Pero el gran problema es que –como dije antes–, si bien los chicos tienen una habilidad asombrosa para manejarse con las máquinas, tienen dificultades con la lectoescritura. Muchos chicos que trabajan con sus familias de cartoneros quizá son muy habilidosos con el manejo del dinero, pero tienen graves carencias en cuanto a léxico, y esto lleva a fallas en la comprensión. Quizá una letra que se salteen al escribir ya hace que falle la búsqueda.”
Propone para las búsquedas a la Wikipedia: “aquí la defendemos mucho, puesto que si bien puede tener errores, ni siquiera la enciclopedia Encarta es perfecta. También compramos enciclopedias que vienen con CD para estar siempre actualizados. Hay que tomarlo como una gimnasia, debe dosificarse el suministro de información, y que finalmente tome el formato que prefiera. “En cuanto al resto de la comunidad, le permitimos otras cosas, como el uso del mail y demás herramientas, pero también a ellos tratamos de inducirlos a los libros.”
A su vez, se muestra conforme con el conocimiento de los docentes con respecto a Internet. “Piden a los alumnos tareas como la recolección de datos para contrastarlos con los que aparecen en los manuales. Pero es importante que los 40 o 50 estudiantes no tengan el mismo trabajo. Así es como se los entrena en la cita de fuentes y diversos ítems necesarios para diversificar el conocimiento". Y finaliza: “Aprendemos todos juntos, docentes, bibliotecarios y los chicos. Hay que tener en cuenta que la computadora aparecía como un ladrón de trabajo para los hombres de biblioteca, pero entendimos que no es un cuco. Es una herramienta más”.
La CONABIP, la referencia
La Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares, que depende de la Secretaría de Cultura de la Nación, define a las bibliotecas barriales o populares como asociaciones civiles autónomas, creadas “por la vocación solidaria de un grupo de vecinos de una localidad o barrio, dirigida y sostenida básicamente por sus socios, con el fin de brindar información, educación, recreación y animación sociocultural mediante una colección bibliográfica y multimedial de carácter general y abierta a todo público”.
Desde esta entidad dan los consejos y requerimientos necesarios para empezar el proyecto propio. “En primera instancia un grupo de vecinos autoconvocados deben crear en la localidad, barrio, comuna, etc., la necesidad y conveniencia de fundar y sostener una entidad de estas características. Para ello deberán realizarse visitas, encuentros, encuestas, etc., hasta que la propia maduración del proyecto determine su firmeza. En esta perspectiva pueden realizarse colectas y hasta acondicionar un local mínimo que permita brindar un ámbito propio a la entidad en formación. También es la etapa de lograr acuerdos con otras instituciones oficiales y/o privadas que de algún modo –y sin injerir en sus decisiones– aporten ayuda a la Biblioteca en formación (…)”.
Un poco de historia
La primera biblioteca popular nace en San Juan, en 1866, tras la iniciativa de Domingo F. Sarmiento y la contribución de la comunidad. Pero es el 23 de septiembre de 1870 que se aprueba la Ley 419, que constituye el primer soporte legal destinado a un sistema de bibliotecas populares a nivel nacional. Sarmiento concebía a las bibliotecas como un complemento necesario para la difusión de la educación pública. “Los libros piden escuelas, las escuelas piden libros. Pero como la educación no se agota en la escuela, los lectores permanentes piden bibliotecas. La educación popular requería no cualquier tipo de biblioteca, sino bibliotecas también populares".
Varios años después, más exactamente en 1990, un decreto presidencial determina que el un día como aquel en que se aprobó la Ley 419 (que tuvo posteriores reformas y cambios de números) sería el Día de la Bibliotecas Populares.
Links de interés
Listado de bibliotecas públicas de La Matanza
Ley Sarmiento sobre bibliotecas populares
El inicio de la biblioteca popular en la Argentina
Bibliotecas escolares (España)
Excelente comentario, una obra de trabajo y propuesta para todos y con todos, acercando el libro y la tecnologìa a traves de la Biblioteca Popular. Sigan adelante
Una tarea muy importante, la accesibilidad al libro y a las nuevas tecnologìas, excelente trabajo de esta biblioteca.
prueba
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Realmente la nota es muy clara de lo que debe ser una BIBLIOTECA POPULAR, con el trabajo de esta institución podemos comprobar quienes trabajan en ella, el amor que prodigan a sus lectores y usuarios. Por esto sabemos que realmente cuando leemos en los carteles que La Matanza avanza, es real, con estas organizaciones al servico del pueblo, La Matanza, en definitiva la Argentina avanza y crece.
Me he quedado asombrada de la labor de esta Institución de bien público, dedicada a la promoción de la lectura, al prestamo de libros y a la difusión de la cultura en una zona tan populosa de La Matanza. SIGAN ASI!!!
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