Educación y TIC

Cibergeografía, participación pública y conocimiento en acción

Del GIS (Geografical Information Systems) a los PPGIS (Public Participatory GIS)

De la alabanza a la saturación

google-earth.jpgAsí como 2006 fue el año de las alabanzas y promesas infinitas para la web 2.0 -siguiendo un arco de sístole/diástole muy común cada vez que vemos introducirse nuevas innovaciones, nuevas industrias y/o nuevos productos-, 2007 está siendo el de la denuncia de su saturación (ver Carlos Neri Muchas redes sociales, perfiles y fatiga), déjà vu, más de lo mismo y una catarata de denuncias atacando lo que ayer mismo se ensalzaba.

Para no perder tiempo en estas escaramuzas (que hoy están carcomiendo la credibilidad de Second Life), que lo único que logran es convencer a los convencidos y disuadir a los descreídos, preferimos examinar otras alternativas, como la de intentar descubrir cuál ha sido efectivamente el aporte de las herramientas o aplicaciones (o redes de aplicaciones) bien o mal llamadas Web 2.0 en términos de participación política y más concretamente de acción colectiva.

Porque efectivamente hay aquí una gran confusión que la proliferación de aplicaciones, pero sobre todo la enorme capacidad de negación y de ignorancia de la complejidad social ha incrementado, anulando promesas y posibilidades y dejándonos en un callejón tecnofílico sin salida.

Los weblogs. Una gran revolución... pero no tanto

Tomemos el caso de los weblogs, que han sido y siguen siendo alabados como la gran revolución comunicacional del siglo XXI. Durante varios años abrazamos esta causa basándonos en una serie de indicadores -entre ellos su impresionante difusión con 57 millones censados en octubre 2006- que mostraban la necesidad de la gente de expresarse, comunicarse, mostrar públicamente sus hobbies y destrezas, exponer a la consideración colectiva sus archivos e investigaciones, cruzar las fronteras disciplinarias, y en general revertir la tendencia ancestral que limitaba el protagonismo y la emisión a pocos y confinaba a la recepción y a mero público al resto.

Sería necio desconocer en qué medida algunos miles o decenas de miles de weblogs han logrado exitosamente este objetivo, cambiando irreversiblemente el circuito de los flujos informacionales. Se trata de esa crème que ha revelado a autores inteligentes y formados, a argumentadores profundos y concienzudos, a detectores de tendencias y a creadores de opiniones. Sería empero muy ingenuo imaginar que un sistema de autores basados en la figura de la exclusividad, la jerarquía, la selección, pero sobre todo la escasez (el capital simbólico) ha sido definitivamente desterrado por la proliferación de estas herramientas y la generación clonada de autores digitales.

Sin embargo, no queremos ir hoy por ese lado, sino que buscamos desviarnos mínimamente y recordar que mas allá de la importancia extraordinaria de esta multipolarización de la información, la mayoría de los weblogs (y en eso incluimos los varios centenares que nosotros recorremos a diario a través de nuestros agregadores de feeds, y la decena o más de la que participamos como proveedores) no son otra cosa que información comentada. Es decir opiniones, a veces exquisitas, otras veces banales, que comentan hechos del mundo o hechos ya comentados por otros.

Descripción vs. explicación del mundo

Sin quererlo, o a lo mejor como culminación de una tradición milenaria basada en la palabra escrita que apunta a la descripción del mundo (mucho más que a su explicación), al inventario de temas y cuestiones más que a entender su dinámica o multicausalidad subyacente, es rara la oportunidad en que weblogs u otras herramientas informáticas propias de la constelación Web 2.0 ayudan no tanto a interpretar mejor al mundo sino a cambiarlo.

Por suerte también hay herramientas de este tipo, y por suerte –aunque las mismas no han sido teorizadas como se merecen–, ya hay quienes están apropiándose de ellas para cambiar si no al mundo en general, al menos al profesional; si no a la sociedad en su conjunto, al menos generando propuestas de transformación local, y si bien ninguna de estas herramientas aspira a curvar en dos la historia, antes y después de su uso, estamos viendo inesperadamente una apropiación de datos en bruto y una transformación de los mismos según necesidades y objetivos políticos imposible de lograr en el mundo analógico.

Para no sonar más esotéricos o retóricos que de costumbre aclaremos los tantos. Estamos apuntando a la convergencia de la cibercartografía con el mapeo público participativo como un espacio de lucha política (que no anula la posibilidad de una regresividad y un retorno de lo reprimido) y demostración clara de usos activos (y no meramente reproductivos) de las herramientas interneteanas.

Que el conocimiento es poder es una máxima que conocemos más que bien desde que fuera acuñada por Francis Bacon a mediados del siglo XVI. Mucho menos sabemos, empero, cómo el conocimiento se convierte en poder, cómo el poder se apropia del conocimiento y cómo uno de los grandes desafíos e intríngulis frente a la enorme explosión de conocimiento generada por la revolución informacional, primero, y la interneteana más recientemente, radica en los usos micropolíticos extrapartidarios de la red.

Poder/saber

Si alguien sabe de esta indistinción entre poder/saber son los geógrafos. Hace 15 años Dennis Wood, en The power of Maps, y un poco más recientemente Mark Monmonier, en How to lie with maps, mostraron con contundencia que la visión ingenua que reduce los mapas a pictografías y representaciones lo más científicas posibles en realidad no hace más que esconder el carácter político de cualquier representación posible.

No es la realidad la que se refleja en los mapas sino que son nuestros deseos los que se materializan en las representaciones. El segundo paso es constatar cómo los mapas rediseñan nuestra percepción, definiendo límites, arrastrando identificaciones y fundamentalmente orientando políticas en una u otra dirección.

Esto siempre ha sido así, desde los mapas medievales a los más recientes inventariados primero por Stephen S. Hall en Mapping the next millenium. The discovery of new geographies (1992) –que devoramos a principios de los 90– hasta llegar a las sorprendentes cartografías del ciberespacio iniciadas a principios del tercer milenio por Martin Dodge y Rob Kitchin en su ya clásico Atlas of Cyberspace (2001).

Llegaron los cartógrafos amateurs

La novedad de este último quinquenio ha sido la aparición de una miríada de cartógrafos amateurs (así como hay enciclopedistas amateurs que conforman el núcleo de la Wikipedia), que al generar sus propios mapas, en ausencia de los expertos y sin necesidad de someterse a las exigencias y los ritos profesionales de los geógrafos diplomados, han disparado una mezcla de confusión e invención infinitamente más interesante que la proliferación de weblogs por sí misma.

Como corresponde, hay usos completamente lúdicos de la cibercartografía, auténticas cazas del tesoro que suman al juego tradicional el auxilio de los GPS y los mapas en línea. Sin embargo, tanto o más interesante que estos usos lo que nos llama la atención en la exploración de los territorios virtuales (ya sean reales o imaginados) es el convincente resultado al que lleva una combinación de poderosas herramientas apropiadas personalmente cuando se las pone al servicio de exploraciones concienzudas y sistemáticas.

Ya sea que nos topemos con mapas de faros o de los edificios más importantes del mundo, o mapas mentales colectivos como los encapsulados en el proyecto CommonCensus Map project, lo que vemos operando son nuevos compuestos informacionales que modifican el entorno real o figurado (caso de Second Life) y generan nueva relaciones entre la gente, sus percepciones y eventualmente su entorno.

Nunca nos olvidaremos de la sorpresa que experimentamos al ver los primeros usos de Google Earth, en su versión mashup ya sea describiendo la geografía de los personajes de Shakespeare o revelando cómo fue paso a paso la primera expedición fallida al Polo Sur de sir Ernest Shackleton .

Tres ejemplos de PPGIS

gps_art.jpgPartamos, siguiendo la oportuna nota de David Tulloch Many many maps. Empowerment and online participatory meeting, de tres ejemplos de estas herramientas generadas por entornos participativos en Google Earth y Google Maps, CommonCensus, y el metaverso de Second Life.

Si bien hace mucho que contamos con tecnologías de mapeo on line, la novedad de los últimos dos o tres años ha sido la simplificación de las interfaces, su customización y ubicuidad, lo que ha permitido generar comunidades de autores amateurs que han contribuido en forma decisiva a ampliar la esfera de participación, pero sobre todo la agenda política del mapeo de territorios.

Los ejemplos relevados por Tulloch van desde comunidades rurales sudafricanas capturando el conocimiento local de límites percibidos hasta artistas hispanos queriendo intervenir en el planeamiento urbano, cuestionamientos frente a una industria de plutonio o la creación de bases de datos comunitarias como alternativas a las estadísticas oficiales para dar cuenta de la inseguridad o el crimen.

Claro que estas herramientas -como todo lo que pasa en internet- tienen una doble cara:pueden ayudar a la comunidad pero también pueden beneficiar al establishment (inmobiliarias lobbistas, gobiernos neoliberales, etc.). ¿O acaso las bases de datos georreferenciadas no permiten espiar la privacidad con una voracidad nunca vista antes?

Google rompió todas las reglas de juego

Para quienes todavía dudan de la ruptura epocal que supone internet, si bien desde 1989 existe una Comisión de Creación de Mapas e Internet (integrante de The International Cartographic Association), lo que, desde 1999, cambió para siempre esta arena fue la distribución gratuita de Google Earth, la liberación de la API Google Map permitiendo el mapeo de cualquier objeto, industria o problemática sobre los mapas geográficos.

El carácter amateur de gran parte de los mapas googleanos forma parte de un fenómeno fabuloso y muy poco teorizado, cual es la aparición del "crowdsourcing". Sin embargo, los ejemplos más que interesantes de desaparición de industrias tradicionales en manos de expertos en el campo de la fotografía digital (donde agencias de fotos monstruosas como Corbis o Getty pudieron estar amenazadas durante un rato -hasta que Getty compró a iStockphoto) o de la propia Wikipedia, no puede rivalizar con la defensa del carácter público de la geografía, donde lo que está en juego no es tanto la información per se sino la acción pública.

El éxito de Google Earth está basada en su bajísimo precio comparativo (para ciertos usos gratuitos) y la facilidad de su uso, que reduce en forma brutal el costo cognitivo no sólo del uso sino sobre todo del diseño y reformateo de la información geográfica.

La modificación de percepciones y políticas públicas

Lo llamativo de la participación pública -y que singulariza estos usos de los meramente narcisistas y ensayistas de la mayoría de los weblogs- está ligado a su intento de modificar percepciones y políticas públicas. Así pasó en el exclusivo municipio de Montclair, en New Jersey, donde los habitantes lograron a través de un monitoreo de la tasa de demoliciones de casas viejas impedir -algo que parece que nuestro intendente actual no está demasiado interesado en tomar en cuenta- que se arrasaran sus barrios con nuevas construcciones.

Otro tanto ha sucedido con La Unión de los Curadores Yage del Amazonas colombiano quienes han hecho un mapeo etnobotánico y también de animales –e incluso de los animales míticos vistos por sus chamanes–, buscando articular historias que sirvan para la administración de las tierras y sus esfuerzos conservacionistas, pero también para evitar la minería de oro clandestina.

Los weblogs no estaban tanto ligados a hacer algo nuevo cuanto a inventarse nichos y audiencias. Pero en cambio la tecnología de Google Earth ha permitido que muchos legos generaran numerosos mapas y consiguientemente hicieran posibles nuevas actividades reservadas hasta entonces a una elite profesional, permitiendo así que Luca Mori, un programador italiano sin ninguna experiencia en la materia, descubriera una villa romana en Sorbolo, Parma.

Otro ejemplo inventariado por Tulluch fue la determinación de la identidad deportiva de comunidades, independientemente de su arraigo geográfico, utilizando autodefiniciones proyectadas sobre los mapas de la pertenencia a clubes o ligas deportivas.

Es extraño que no contemos con equivalentes locales, ya que lo que se necesita para "pertenecer" es simplemente subir la propia dirección y el código postal para inmediatamente después identificar el área metropolitana junto al club de fútbol, básquet o lo que fuere. Decenas de miles de afiliaciones son después contrastadas generándose así una distribución simbólica más que geográfica de las identidades deportivas.

Un lego, Michael Baldwin, consiguió gestar un fabuloso mapa que determina pertenencia no en términos geográficos sino de creencias, atesorando las respuestas de 40.000 personas, aunque vive en Río de Janeiro hace mucho tiempo y no fue ayudado ni por expertos, ni por consejos profesionales y mucho menos por una organización que podría haberlo financiado.

Usos políticos de los espacios virtuales

second_life.jpgDesde la difusión masiva de Second Life el diseño de espacios virtuales en línea se ha convertido desde una actividad que potencia las simulaciones hasta un auténtico ámbito de transacciones.

Aparte de los muchos usos lúdicos de Second Life existen algunos usos políticos, como el ejemplo del diseño de un parque en Queens, N.Y., comentado por David Tulloch.

Tom Lowenhaupt, del Queens Community Board, ha iniciado un proceso de diseño para Landing Lights Park, cerca del aeropuerto de La Guardia, en Nueva York. En este caso se ha tratado de involucrar a los vecinos en el diseño, sólo que un tipo de tarea que en el mundo real no atraería demasiados adeptos, vía internet está generando un proceso de innovación más que llamativo.

El proceso de diseño del parque está teniendo lugar en un espacio virtual -creado por la Escuela de Derecho de NYU- llamado Democracy Island, donde los avatares usan una herramienta wiki en 3D desarrollada por Ron Blechner de Out of Bounds Software.

La herramienta permite que los avatares seleccionen una variedad de objetos (árboles, fuentes, caminos y paredes) para incrustar en el modelo virtual del parque a escala 1 en 5.

Uso masivo de herramientas colaborativas

Preanunciando el uso masivo de herramientas colaborativas en tiempo real -algo que será un estándar de la OLPC cuando funcione el mesh a pleno-, mientras un visitante diseña el parque los otros pueden mirar y comentar. Como en otros ejemplos ya canónicos de Second Life se ha creado ya un anfiteatro donde los participantes pueden encontrarse para intercambiar ideas acerca del diseño.

El alto grado de interactividad y la red global de participantes es un atractor interesante para un tipo de público/actores que en general no participa de la planificación pública. Pero tampoco exageremos. Es cierto que esta nueva ágora virtual puede ser más atractiva que los seminarios o los focus groups.

Sin embargo, aunque la participación no está limitada geográficamente (aunque -salvo un ex vecino del barrio neoyorquino que viva en Calcuta o en Buenos Aires- difícilmente alguien le interese colaborar en ese diseño), existe una doble constricción sobre estos modelos.

Una es la etaria y generacional. Difícilmente alguien de más de 30 años esté demasiado interesado en estos mundos virtuales, y además cuando lo está hay una directa correlación entre sus intereses virtuales y sus desintereses reales. Más específicamente, este tipo de diseño es pensable sólo en comunidades altamente saturadas mediante conectividad de banda ancha.

Cuando los usos se pueden convertir en abusos

A la inversa, estos usos cartográficos pueden invertirse muy rápidamente y dar lugar a sorpresas mayúsculas. Es el caso de la discusión que está enardeciendo a algunos dueños de inmobiliarias y countries de la zona Norte de la provincia de Buenos Aires a partir del uso muy heterodoxo y bien contundente hecho por Santiago Montoya del Google Earth Pro. En este caso lo que está en juego son 110.000 m2 construidos sin habilitación en los countries, por los que los vecinos deberían pagar 1.600.000 pesos de impuesto inmobiliario.

La respuesta inmediata de los vecinos fue sostener que la culpa es del propio Estado que tarda mucho en aprobar los pedidos (es el torcido argumento desplegado por Jorge O'Reilly, director de Emprendimientos Inmobiliarios De Interés Común (Eidico), inmobiliaria que dirigió y ejecutó las obras en los countries Altamira, Santa Clara, Santa Catalina y San Isidro Labrador).

Mucho más penoso (porque de gracioso no tiene nada) es el argumento de algunos vecinos que insisten en que el subsecretario de Ingresos Públicos, Santiago Montoya, viola la intimidad de las familias, porque el funcionario usó el sistema satelital Google Earth Pro, que permite observar imágenes de casas, paisajes y personas de todo el mundo, para descubrir a los evasores.

Como siempre, si bien es más que creíble haya demoras en los trámites catastrales, también cabe poner en duda la supuesta buena voluntad de los vecinos de esas urbanizaciones cerradas para pagar sus impuestos. ¿O acaso es defendible que el shopping de Nordelta esté sobre un terreno que figura como baldío?

Dipolos inútiles

Para cerrar esta más que larga excursión, queda claro que más allá de la inútil promoción de un dipolo entre cartógrafos profesionales y mapeadores intuitivos, la creatividad revelada por actividades tan diferentes como el arte GPS, o una base de datos de calles, muestra la enorme potencialidad de estas herramientas para vehiculizar el conocimiento distribuido y la capacidad que internet tiene de funcionar como atractor y catalizador de actividades espaciales participativas.

Aunque estas dinámicas carecen aún de modelos explicativos convincentes, hay quienes sostienen la existencia de cierta correlación entre los usos vocacionales de estas herramientas y las razones igualmente desprovistas de intereses y usos comerciales de los desarrolladores de software libre.

Por supuesto que los profesionales ven amenazado su lugar y desconfían del valor de estas propuestas. No es la primera vez que la alta cultura y la elite profesional se ven amenazadas por las multitudes inteligentes. Ocurrió ya a mediados de los 70 con la ética punk de hacerlo uno mismo DIY .

Pero aquí no se trata sólo de diseñar o de competir en terrenos relativamente simples como el diseño participativo o la movilización popular de las artes, sino de lidiar con proyecciones espaciales de los mapas, sistemas de coordenadas a escalas apropiadas que vuelven más difícil un producto final libre, espontáneo y al mismo tiempo más o menos válido o útil para los fines políticos a los que se lo quiere poner a jugar.

Internet como inmensa superficie proyectiva

Next: The Future Just Happened (2001), un libro de Michael Lewis que hizo roncha a principios de los 2000, y que comentamos en su momento, mostraba acertadamente el carácter proyectivo de internet, una especie de Rorschach infinito donde todos proyectamos no tanto -como dice la crítica aviesa y corta de miras- nuestro tiempo libre sino más bien la falta y la necesidad de expresarnos multimórficamente (algo que se ve en forma maravillosa en la OLPC), para lo cual carecíamos anteriormente de los mediadores tecnológicos -y de los institucionales- indispensables.

Es por ello que los profesionales y los adultos (y no estoy aquí nuevamente enfatizando diferencias generacionales, cruzadas por competencias digitales, aunque que las hay, las hay) no pueden entender por qué hordas de jóvenes muchas veces inteligentes pero sin la formación ni las ganas de capacitarse profesionalmente (y consiguientemente de entrar a pertenecer en las profesiones consagradas) se largan a hacer experimentos sociales de este tipo. Sobre todo porque la mayoría de ellos jamás estudió o profundizó ni siquiera en los colegios o escuelas en estos conceptos geográficos y espaciales.

¿De la biofilia a la videofilia?

Otros críticos insisten en que estos devaneos no hacen sino formar parte de la migración digital que está arrancando a los jóvenes de las caminatas por los parques nacionales y los estaría enterrando en los submundos de los chips y la TV hasta llevarlos -como exageró Aric Sigman en su artículo en The Biologist ganando por ello instantánea prensa con la inolvidable expresión que acuñó- a la destrucción fisiológica de la atención.

Estaríamos asistiendo así a una transición –que los críticos aman demonizar– de la biofilia a la videofilia. Curiosamente, todos los ejemplos anteriores muestran que esto no es así y que hay un corredor bien interesante -y que sólo puede ser recorrido por los polialfabetizados- entre los mundos sintéticos reales (la realidad 3D de todos los días) y los mundos sintéticos artificiales (aquellos que construimos dentro de la computadora) como modelos, como alternativas o como escenarios para el rediseño del mundo externo.

Diferenciales únicos

Nadie duda de que el video puede atraer demasiado a cierto tipo de chicos o de adultos. Nadie tampoco desconoce que Frank Gehry construyó al Guggenheim de Bilbao usando el programa Cathya y que sin él jamás habría visto la existencia un edificio de tal hermosura.

Aquí sucede lo mismo. De lo que se trata es de descubrir los usos gananciales y diferenciales de las herramientas computacionales. Todos los ejemplos que hemos dado más arriba iluminan y aportan en esa dirección

Porque lo que surge de la combinatoria entre herramientas de mapeo en internet y el PPGIS, es una batería de aplicaciones creativas, sofisticadas y sumamente intensivas en tiempo, que están creando un nuevo tipo de usuarios con unos poderes cognitivos y expresivos inusuales. Lo que más importa aquí no es la calidad de los mapas o la perfección de las representaciones, sino la sensación de empoderamiento que da la participación colaborativa.

En muchos casos no hará falta que uno termine una carrera universitaria y 24 posgrados para darse cuenta de que entender los patrones y las interrelaciones entre crecimiento económico, crimen, desarrollo comercial y usos de los espacios públicos puede hacerse tan bien de la mano de estas herramientas y de la simulación que las mismas conllevan, como a través de larguísimos estudios inalcanzables para la mayoría, y que rara vez impiden que los graduados no sean capaces de ver más allá de sus ombligos.

Estamos muy contentos de habernos anoticiado de que entre las nuevas conquistas que vendrán en las OLPC hay una versión de SimCity, que lleva al proyecto a un nivel de convergencia total con muchas cosas que hemos predicado y trabajado durante años y que se potencian cada vez más en estas instrumentaciones.

  • Autor: Alejandro Piscitelli |
  • 01-03-2007 |
  • 6 comentarios

6 Comentarios

  1. Delia Vázquez. Marzo 4, 2007 14:15

    Excelente artículo, que me hace recapacitar donde queda la postura controladora del estado Argentino, que continúa obligando a través de la Ley 22.693 a aprobar por expediente la cartografía que aparece en los libros de distribución nacional o los usados en la escuela.
    Como docente de Geografía, ¿soy una traidora si uso con mis alumnos los mapas que aparecen por Internet ?, ¿fomento el desprestigio del I.G.M., si mis alumnos hacen un mapa y lo "cuelgan" de la red?
    Preguntas que comparto con el resto de los docentes y adhiero a lo expresado por Alejandro.
    Saludos desde Lincoln,
    Delia

  2. Diego Cerda . Marzo 4, 2007 18:38

    Oye, todo esto es espectacular, felicitaciones por este muy interesante artículo. He conceptuado algo familiar, desde luego no tan insider como lo que has escrito, pero en base a otras fuentes, en: http://geosemantica.gearth.googlepages.com
    Oye, claro, mientras leia pensaba esto parece escrito por Piscitelli, y acabo de ver que no me equivocaba.

    Saludos Alejandro

    Desde Stgo. de Chile

  3. cristian . Marzo 10, 2007 01:09

    Con este articulo me entere de un mundo desconocido y no comentado entre profesores de geografia en el ambiente que me desempeño. Estoy admirado de tanto novedad y sobre todo del potencial en la accion que implican.

  4. Marta Iovanovich. Marzo 22, 2007 22:52

    Creo firmemente en el potencial emancipatorio que encierran estos espacios de saber/poder.

  5. Marta Iovanovich . Marzo 22, 2007 22:53

    Creo firmemente en el potencial emancipatorio que encierran estos espacios de saber/poder.

  6. David Lara. Abril 18, 2007 12:06

    Buen trabajo

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