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El Eternauta o la usabilidad de lo incomprensible


Que en un relato de ciencia ficción aparezcan aparatos de tecnología extraterrestre y que cada uno de esos aparatos tenga su propia interfaz es esperable. Lo que yo no recordaba es hasta que punto son importantes -y significativas- cada una de las interfaces que aparecen en esta historieta de Héctor G. Oesterheld.

A diferencia de muchos otros relatos de ciencia ficción, las interfaces ocupan en El Eternauta un lugar central. No sólo eso, sino que la interacción de los seres humanos con los diversos aparatos de los invasores resultan sumamente reveladores.

Las conclusiones a las que podemos llegar observado estas interacciones desde el punto de vista de la usabilidad pueden llevarnos a una mejor comprensión tanto acerca de qué es realmente una interfaz, como de la esencia narrativa de este clásico argentino de la ciencia ficción. ( Comentarios o sugerencias serán bienvenidos!! )

Recuerdo la primera vez que leí El Eternauta. Fue allá por 1983. Todas las semanas salía un fascículo nuevo. Creo que llegaban al kiosco los martes a la noche y yo iba corriendo a comprarlo cada semana.

Además de la calidad del relato, y a diferencia de todos los relatos de ciencia ficción que había leído antes (¡y yo había leído muchos!), El Eternauta narraba, por primera vez, una invasión extraterrestre que tenía lugar aquí, en Buenos Aires. Hasta entonces todos los alienígenas con los que yo me había encontrado, en la páginas de diversos libros, se habían dedicado a invadir Londres, París, Nueva York o Washington. A Buenos Aires, aparentemente, los extraterrestres no la habían oído nombrar jamás.

Pero con Oesterheld y El Eternauta todo esto cambió, y por primera vez pudimos enfrentarnos, cara a cara, con invasores en Plaza Italia, en la glorieta de Barrancas de Belgrano, o en el estadio de River Plate. En ese momento El Eternauta me parecía nada más que una excelente historieta. Ahora me doy cuenta de que tenía todas las marcas de un clásico.

Muchas cosas han pasado desde 1983 a esta parte. Entre otras, que me especialicé. en el diseño de interfaces y usabilidad. Pensando en una idea que me viene rondando hace poco, decidí volver a El Eternauta y mirarlo con nuevos ojos. Y la verdad es que el resultado me sorprendió.



El comienzo

El Eternauta empieza en la casa del mismo Oesterheld. Según su propia narración, el autor se encuentra una noche escribiendo en su casa cuando de repente, se materializa en la silla ubicada justo frente a él, sin preludio alguno, un hombre llamado Juan Salvo. El autor siente crujir una silla como si alguien se hubiera sentado, luego, se dibuja una silueta, que en pocos segundos se ha transformado en un hombre normal de carne y hueso. Oesterheld, perplejo, le pregunta quién es. "Es difícil responder a esa pregunta", contesta el visitante. "Déjame contarte mi historia..." –agrega luego- "cuando te la cuente, todo se explicará, incluso, esta extraña forma mía de aparecer, y estoy seguro que querrás ayudarme... escucha".

Como el argumento de Scherazade en las Mil y Una noches, este marco sirve a Oesterheld para contar la historia de la invasión. Todo empieza una noche de invierno, cuenta el Eternauta, cuando se encontraba con varios amigos jugando al truco. En su casa estaban también su mujer Elena y su hija Martita. De repente, empezó a caer una nevada mortífera sobre Buenos Aires, que mató a gran parte de la población. Con sus amigos logró fabricar trajes aislantes y salir al exterior a pesar de la nevada mortal para recoger víveres y alimentos. Pronto, los hombres de la casa se unien a un ejército de sobrevivientes. El resto de El Eternauta relata las diversas aventuras en las que se ven envueltos este grupo de sobrevivientes que intenta repeler y resistir la invasión.

Se encuentran primero con los "cascarudos", insectos gigantes, los "gurbos", especie de monstruos gigantes y torpes, y también con los "manos", humanoides super-inteligentes con decenas de dedos en cada mano, que resultan ser la cara visible, los ejecutores de la invasión, aunque no son quienes la dirigen. Los verdaderos directores de la invasión reciben el nombre de "ellos", no aparecen en todo el relato, y conservan en su misterio una imagen invisible de seres todopoderosos y siniestros.


Un problema epistemológico

Más allá de cuestiones tácticas y tecnológicas, las interfaces juegan un papel principal en la narración de Oesterheld. Así, el problema central de El Eternauta es el desconocimiento; y uno de los principales hilos que impulsan la narración es es continua necesidad de los hombres sobrevivientes de avanzar y entender cada vez más al invasor. Lo que mata, pareciera decirnos Oesterheld, no es realmente el enemigo, sino nuestra ignorancia acerca de sus metas y objetivos.

Pero dada la diferencia existente entre el poderío y la tecnología de los ellos y la de los seres humanos, esta ignorancia es con frecuencia fatal. Y el mensaje que deja al respecto la narración de Oesterheld no es precisamente optimista: el final es poco menos que tremendo: el ejército de sobrevivientes se desbanda, derrotado, los invasores vencen, Buenos Aires acaba atomizada y los pocos humanos que sobreviven terminan siendo cazados en un falso refugio concebido por los "ellos" para liquidar a los pocos que han logrado escapar a la nevada mortal que cayó sobre Buenos Aires.

Resulta, sin embargo, sumamente útil analizar los pasos que llevan esta derrota, ya que en cada encuentro entre hombres y armas extraterrestres se ponen en juego conceptos de usabilidad que, analizados en detalle, resultan ser una metáfora de uno de los principales hilos conductores del relato entero. Y este hilo conductor es de carácter epistemológico.

En efecto, en la página 123, el tornero Franco propone realizar una incursión para averiguar más acerca de la invasión: "no sabemos nada sobre el enemigo" –afirma- "y no es posible vencer a un rival sin saber siquiera como juega". Así, el crescendo del relato está marcado por situaciones en las que los humanos intentan utilizar tecnología extraterrestre.

Esta serie de interacciones comienza de manera auspiciosa. El primer descubrimiento de tecnología enemiga tiene lugar en las páginas 80-87, en las que los humanos se enfrentan a un cañón de rayos fotónicos manejado por cascarudos. En la página 86, el ejército de sobrevivientes logra capturarlo. Matan a los cascarudos que lo manejaban, y luego logran volver contra otra manada de los mismos cascarudos, alcanzando una victoria rotunda "¿Cómo consiguieron hacerlo funcionar?" – pregunta el Mayor al Profesor Favalli. A lo que Favalli contesta "cuando menos lo esperábamos, se encendió". El eternauta comenta "Favalli se restaba méritos. sólo cerebros de excepción podían comprender en tan poco tiempo el terrible aparato capturado al enemigo".

Pero estos cerebros de excepción no volverán a tener motivos semejantes para alegrarse, ya que esta será su última victoria tecnológica. Y lo que es más: lo que hasta ese momento había parecido un gran logro, demuestra no ser tal. Después de todo, los humanos pronto descubren que los cascarudos no son más que la primera línea: unos insectos un tanto débiles que los humanos terminan despreciando: "No son tan tembiles" – dice un soldado en la pág. 87 – "después de todo, los hemos muerto a montones". Otro agrega, páginas más adelante, que las balas "les entran como manteca". Tal vez por esta razón, Oesterheld permite por primera y única vez que los humanos capturen la tecnología extraterrestre. Todos los intentos siguientes de utilizar tecnología extraterrestre fracasan de manera total.

En la página 106, los humanos logran derribar una nave-esfera extraterrestre. El vehículo averiado se estrella contra el suelo en el Estadio de River Plate; los hombres lo rodean. El Mayor y Favalli intentan ingresar a ella abriendo una escotilla, pero al hacerlo, la nave se vuelve incandescente y Favalli se quema la mano. El aparato parece encenderse y pronto comienza a desaparecer. "Se está quemando, sólo que es una forma de combustión nueva... sin llama y con gran desarrollo de calor..." –explica Favalli – "seguro que es un dispositivo automático para evitar que el aparato caiga en manos del enemigo. Se puso en marcha cuando yo quise abrir la escotilla de una manera, sin duda, distinta a la que ellos acostumbran". En efecto la nave se quema y los humanos no logran sacar de ella provecho alguno.

En las páginas 297-298, hace su aparición un mano que, traicionando a los invasores, se acerca a la casa del eternauta "tratando de hacerse amigo". Utilizando un arma desconocida que extrae de su cinto, protege a los humanos allí refugiados matando a dos o tres monstruosos Gurbos que andaban rondando la casa. Favalli, entusiasmado, ante la aparición de un mano desertor, afirma: "puede sernos utilísimo" y luego agrega "un mano aliado nuestro será de un valor incalculable". Predeciblemente, esta esperanza se ve también frustrada. Páginas más tarde, la nevada mortal se reanuda, y el mano cae muerto. "y muerta con él"– comenta el eternauta –"la alegría del reencuentro, de lo que creíamos la victoria sobre el invasor".

Entonces, en la página 313, Franco recoge el arma del mano muerto e intenta probarla. ¿El resultado? "Franco arrojó de pronto el arma al suelo... la ví brillar, ponerse incandescente... los tres pensaron lo mismo: escaparon como si una granada hubiera caído entre ellos. Pero el arma del mano no estalló, se fue desintegrando lentamente, convirtiéndose en un polvo color ceniza...". Y luego agrega "Ahora entiendo.. seguro que tenía un dispositivo para que no la usaran manos enemigas. Franco apretó algo que no debía y la pistola se deshizo." Como la nave capturada en River, el arma del mano tiene mecanismos de protección, y al ser utilizada por manos inexpertas, se autodestruye. Esta, escribe el narrador "era una nueva prueba de la abrumadora capacidad técnica de los invasores."


La última interacción

Esta desorientación termina en un drama final en la que, una vez más, la interfaz es protagonista. Acorralado por hombres robots, el eternauta concibe un plan de escape demencial, una última esperanza: se lanza a correr, junto con su esposa e hija, hacia una nave extraterrestre que se haya estacionada cerca de la zanja donde está escondido. Los hombres robots patrullan los alrededores, pero esta vez la escotilla de la nave está abierta.y Juan Salvo logra escabullirse y entrar.

Dentro de la nave, la escena que Juan y su familia encuentran resulta incomprensible. Una vez más, el abismo de desconocimiento se refleja en extrañeza, manifestación de lo siniestro o unheimlich:

"!Qué extraño es todo esto!" - dice Elena- "¿Qué hacemos aquí, Juan?".

A lo que Juan responde:

"Si consigo enterarme de cómo se maneja esto, podremos escapar, irnos lejos... pero ¿Por dónde empezar?".

La naturaleza de la interfaz que tiene delante le resulta al eternauta tan ajena que ni siquiera está clara la función de cada control. El eternauta comienza a apretar botones y mover palancas al azar, y el resultado no es, obviamente, el deseado:

Evidentemente, esta no ha sido una buena interacción hombre/máquina. Algo ha salido seriamente mal.

Y pensar que uno se preocupa cada vez que aparece la temible "pantalla azul" en la pantalla de una PC.


La interfaz de lo incomprensible

Bromas aparte, en esta última interacción hombre/máquina encontramos la clave de la importancia de las interfaces en este relato. Dentro de la nave, el eternauta se encuentra como el protagonista de aquel cuento de Borges, There are more things, que al tratar de describir los atroces muebles de una casa habitada por un alienígena dice:

"Ninguna de las formas insensatas que esa noche me deparó correspondía a la figura humana o a un uso concebible."

De análoga manera, el Eternauta no sabe cómo usar los controles de la nave extraterrestre porque no los comprende. Nos encontramos frente a una interacción cuyo grado de usabilidad es directamente nulo.

Cuando de diseño de interfaces para humanos se trata, el objetivo es lograr que el uso de cada control sea evidente (self-evident); es decir que la función de cada elemento de esa interfaz sea intuitivo y que el usuario no tenga que pensar demasiado para usarlos.

La interfaz ideal es, entonces, aquella que se adapta a metáforas ya presentes en la mente del usuario. El carro de compras para e-commerce, las ventanas del escritorio de Windows, y el puntero del mouse están todos basados en este principio. Pero en este encuentro cara a cara entre el Eternauta y una tecnología ajena, la situación es precisamente la inversa: en la mente del usuario no hay ningún referente que le permita entender qué simboliza cada control. A tal punto es ajena la estructura de la nave que el eternauta no está realmente seguro de estar delante de una interfaz propiamente dicha:

"Ni siquiera sé si estas palancas y estos botones son los controles..."

Evidentemente, se trata de un caso extremo de aquel famoso refrán que dice que las computadoras siempre hacen lo que uno les dice que hagan, nunca lo que uno quiere que hagan. Porque... ¿Cómo puede uno decirle a un aparato que haga lo que uno quiere, si uno no puede hablar el idioma, el sistema de símbolos que ese aparato presenta al usuario?

Por esta razón, dentro del relato de Oesterheld, este último encuentro entre el protagonista del relato y la tecnología extraterrestre simbolizan el fracaso de esa búsqueda del conocimiento que los humanos emprenden para entender y derrotar al invasor. Todas las escaramuzas entre soldados y cascarudos, todos los intentos anteriores de capturar la tecnología alienígena, quedan representados en este duelo final entre el protagonista de la historieta y el máximo exponente de la tecnología extraterrestre: la nave invasora.

Este duelo final con una interfaz incomprensible es entonces una metáfora de la búsqueda epistemológica del eternauta: conocer y entender al invasor. La intención del eternauta es regresar a su casa en la nave. Pero al apretar al azar una serie de botones obtiene un resultado que está muy lejos de ser el deseado. Su esposa y su hija comienzan a gritar: "¡Juan! ¡Socorro!" "!Papá!". El eternauta apreta ciegamente más botones, pero todo resulta inútil: "los gritos me llegaron como de muy lejos... traté de verlas, pero me fue imposible... Apreté otro botón.. Me encontré de pronto cayendo, cayendo"

En efecto, el Eternauta cae, a través del tiempo y del espacio. Al comienzo de la historieta Oesterheld, junto al lector, pregunta perplejo al eternauta: ¿Quién eres? La respuesta a esa pregunta es el relato mismo. Al final de esa historia, la situación se ha invertido. Lectores y narrador conocen ahora toda la historia, pero el eternauta termina en la más profunda ignorancia. Desorientado, sólo y arrodillado en un páramo yermo, se pregunta una y otra vez ¿Dónde estoy? ¿Dónde estoy?


Conclusión

Así termina –según Oesterheld- este combate desigual entre inteligencias, entre seres humanos e invasores extraterrestres. El mensaje final de Oesterheld es contundente: para los seres humanos de El Eternauta no es posible entender al invasor, ni comprender sus designios. Es inútil utilizar sus armas o intentar volverlas contra él, porque ni siquiera entendemos su naturaleza cuando las tenemos delante. La lucha por el conocimiento termina en la derrota estruendosa de los protagonistas humanos, simbolizada en una interacción con una interfaz ajena que el ser humano no puede siquiera comenzar a descifrar.

Y sin embargo, cuando todo lo creíamos perdido, Oesterheld deja un rayo de esperanza. No ha sido posible vencer a los invasores, pero al final se nos presenta una paradoja: nos enteramos que el relato que acabamos de leer tendrá lugar en el futuro: es decir que no ha sucedido aún. El autor parece decirnos: el eternauta no pudo salvar el mundo esa vez, pero tal vez lo logre en el futuro. Otra vez volvemos al principio, al desconocimiento y al enigma: ¿Será posible frenar la invasión? ¿Será posible?


Nota: los números de página corresponden a los impresos al pie de cada historieta. La edición en la que me basé es la de Ediciones Record, impresa en Buenos Aires, Argentina, en 1993.


8 Comentarios

  1. Viv Dehaes. Abril 30, 2004 11:06

    Muy bueno el post. Es un buen ángulo para desarrollar efectivamente la concientización de la importancia de las interfases.

    El eternauta es una buena novela de ciencia ficción que es magnificada por el escenario en el cual se desarrolla ya que es el mismo que transitamos todos los días, la cancha de river, el obelisco, etc.

    Hablando de interfases este post me hizo acordar al libro "la paja en el ojo de dios" de larry niven y jerry pournelle, también ciencia ficción, en donde el choque de una raza alienígena con una sociedad, una cultura y hasta una anatomía muy distinta ponen de manifiesto la importancia de las interfaces que van desde el lenguaje para comunicarse hasta las maquinarias que cada una utiliza.

    Recuerdo también que me llamó la atención la configuración de la civilización alienígena (los pajeños) tenían mutaciones perfectamente adaptadas para las distintas tareas que hacían a la supervivencia de la raza, los ingenieros tenían brazos de distintos tamaños y ubicación, los guerreros tenían garras y púas en sus brazos, y así cada subespecie tenía la interfaz necesaria integrada a su cuerpo.

  2. f. Mayo 19, 2004 19:28

    exelente

  3. luciana. Abril 9, 2005 17:07

    podrian enviarlo a mi email si no es mucho pedir me, interezo la historia y quisiera tenerla en mis archivos

  4. victoria. Mayo 5, 2005 12:28

    excelente ensayo, estoy preparando una tesis sobre el eternauta 1 y 2, cualquier información que puedan enviarme al mail sera agradecida.

  5. Marcelo. Marzo 21, 2006 14:07

    Me parece que la interfaz a la que mencionas esta realmente no enmascarada en el capitulo 2, ya que con el conocimiento a nivel de ingeniero como era FAVALLI lo posee juan ahora con la mutacion, demas decir que en este capitulo se dejan sentado los reflejos condicionados y no condicionados del genero humano.En el capitulo 1, el descubrimiento de las armas las hace FRANCO en la maquina de ilusiones en la nube que aparece juntamente con las llamas.No esta tan lejos la interfaz que vos mencionas.Saludos, Marcelo

  6. Raimundo zapata. Abril 29, 2008 19:13

    Casi el mismo problema se ve en la historia de Nunca le habia prestado atencion al problema de la interface en la CiFi pero en Sherlock Time y el tres ojos se ve tambien este dilema. En la historia el personaje principal tiene un libro-vitacora por el cual puede resolver el problema, de como eliminar a la plaga del tres ojos, donde tambien, hay tres grupos que se pugnan un botin de tecnologia extrterrestre y solo Sherlock time sabe que hacer con el, destruirlo por que la humanidad no esta preparada para esta tecnologia.

  7. yexi. Octubre 1, 2008 15:13

    me ayudo mucho esta pagina
    con el trabajo practico que devia realizar con este libro mucha gracias
    la novela.. es muy interesante..
    soy de mones cazon patido pehuajo
    bsos .

  8. fer. Marzo 4, 2009 14:41

    Se me ocurre que el enfoque está limitado por preconceptos tecnológicos. Pero no quiero entrar en eso, solo diré que la intuición le permtió a Juan accionar lo necesario para "salvarse" (su apellido no es casual), lo que logra sin entender la máquina. En síntesis, la compresión particular (tecnología) es muy cortita y no cuenta en función de lo importante: e objetivo: salvarse. Si hubiese conocido el funcioanmiento de la nave pero hubiese sido convertido en hombre-robot hubiese sido en vano...

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