En el curso del año 2006 y bajo la dirección del cineasta Tristán Bauer se iniciarán las transmisiones educativas del canal del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación.
El hecho de que este canal esté vinculado a educ.ar no es una mera formalidad. Por una parte, significa para el portal una nueva etapa: el ingreso a la conquista de otra dimensión de la ecología de los medios; por otra parte el canal está concebido con el espíritu “interneteano” de la comunicación.
En esta nota, el gerente general de educ.ar avizora algunos de los supuestos y de los objetivos de este proyecto integrador.
El mundo de la postTV
Contra las noñerías de las que hablamos hace poco (en nuestro ensayo El cuco televisivo. Camino de la televisión minimal, expanded e interactiva) libros como el del italiano Marcello Pecchioli, Neotelevisione. Elementi di un linguaggio catodico glocal/e, una compilación sobre la neotelevisión, apuntan a pensar a la TV como un laboratorio genético. En la línea de Derrick de Kerckhove, Raffaele Simone o Camille Paglia, nuestro amigo italiano no pierde ni un segundo en anatemizar a la TV condenándola como la peste del siglo XX encargada -supuestamente- de corromper a las jóvenes generaciones.
En general, cuando hablamos de la TV siempre terminamos criticando a la paleoTV o a la neoTV sin darnos cuenta de que hace rato que hemos ingresado en el mundo de la postTV. Para lo cual hay que hacer una crítica en acto del poder y el modelo televisivo dominante (que involucra lamentablemente a la televisión educativa preexistente en sus variadas facetas), el poder de un medio generalista, autoritario, arcaico, que sofoca intelectualmente generando un estado hipnótico similar a un trance ligero en los telespectadores.
Hacia dónde debería cambiar la TV
Si alguna reforma de la TV pretende ser efectiva, la modificación debe darse a nivel de los lenguajes tecnológicos y la estética, hibridando narrativas no tradicionales y en lo posible no lineales, buscando generar una superlengua capaz de contener partes y funciones interactivas y modificables.
Esto no se parece en nada a los ensayos de TV interactiva o el video on demand realmente existentes experimentados en los EE.UU., en Antena 3 en la TV Española y en un par de ensayos sin mayor futuro en la Argentina.
Lo que necesitamos no es elegir entre posible preformatos ya dados, y donde la interacción se limita a elegir puntos de bifurcación. Una TV renovada exige un rol totalmente diferente del televidente, que vaya en dirección cada vez más de una coautoría, ya sea mediante el expediente de la Telestreet (ver en especial Franco Berardi (Bifo), Marc Jacquemet y Giancarlo Vitali, Telestreet. Máquina imaginativa no homologada. El Viejo Topo, 2004) o también de formatos de posproducción a cargo de la audiencia.
Lo que Marcello Pecchioli, Gabriele Perretta, Tatiana Bazzichelli, Ilaria Pedrali, Francesco Galluzzi o Giacomo Verde, entre otros promueven, es la potenciación de un lenguaje enriquecido, un formato de encuentro/choque entre varios lenguajes técnicos, con una idea de múltiples realidades, mucho más sofisticada que la que existe hoy, que permita monitorear la complejidad, que se acerque a los sistemas de navegación de los nuevos medios, que debería ser una especie de plataforma y base operativa para un diálogo con las tecnologías avanzadas.
Es en este sentido que Pecchioli imagina una reinvención de la TV haciendo crecer in vitro estratos lingüísticos de la TV (en la Argentina hemos visto una decena en los últimos años: desde Tumberos hasta Ser urbano, desde TV Registrada hasta TV Abierta, desde El otro lado hasta El Visitante , de Fabián Polosecki) aunque todos aún a años luz de lo aquí avizorado.
Para Pecchioli se trata de construir una genética televisiva que pueda prescindir definitivamente de los formatos consagrados o de los de reciente data, como las mil y una variantes de los reality shows que han saturado nuestra paciencia y han marchitado nuestro gusto por las imágenes en movimiento.
Dado que la mayoría de las imágenes televisivas en circulación son de pésima calidad habrá que decidir qué tipo de imágenes deberían poder sustituir a la mermelada actual pero, como acontece en muchos otros ámbitos, lo valioso es multideterminado y mucha veces no adviene a partir de la voluntad individual. La conciencia catódica existente ignora el potencial comunicativo de la televisión, su valor movilizador, su capacidad de generar sentido, su voluntad de despertar (y no sólo de adormecer cuerpos) y su enorme capacidad de generar identificaciones y valores compartidos.
Para Pecchioli los grandes ausentes de la programación televisiva han sido los informáticos y los ingenieros, los físicos y los diseñadores gráficos, los especialistas en fotografía y en design, los diseñadores de información y básicamente toda la panoplia de nuevos artistas, y hasta de ingenuos, en el uso de la imagen que, salvo excepciones rarísimas, hasta ahora no figuran en la programación televisiva dominante. Es muy probable que como sucede en otros ámbitos la televisión sea demasiado valiosa para dejarla en manos de los videastas, productores convencionales y dueños del aire y del prime time. Esto no significa que internet por sí sola sea el atajo para reinventar la televisión, como internet 2 no ha sido la formula mágica que ha reinventado a la internet dominante. Usar mucho más rápido lo que antes se usó lentamente no implica cambios significativos.
Todos los formatos deben ser reexaminados y reinventados. La percepción se ha contraído en el ultimo siglo; lo que antes duraba hora, ahora se ha condensado en minutos, la coreografía lenta y minuciosa se ha convertido en una microfilmografía aceleradísima y aun así plena de sentido. Debemos producir microprogramas como las colas de las películas o los spots publicitarios. En medio minuto, o en dos o tres se pueden contar historias increíbles.
Ya tenemos series para teléfono que duran apenas un minuto y que son un estímulo intelectual de alcance increíble. Tenemos programas íntegros como CSI que son los más parecido posible al juego de los 7 errores sobre papel pero multiplicado en muchas veces.
El tiempo televisivo debería acortarse extraordiariamente. Lo mismo ocurre con la grilla televisiva tachonada por necesidades publicitarias del 2/3 (20 minutos de publicidad por 40 minutos de programación) u horarias escolares (la clase de 45 minutos), que nada empalman con las necesidades psicológicas del aprendizaje, la diversión y la estimulación.
Pero mucho más importante que el tiempo de replicación y de consumo/producción de imágenes es la idea de múltiples planos de realidad que se atraviesan según necesidades cognitivas, culturales y psicológicas. El mismo programa debe poseer (como si fuera una lupa temporal) diversos grados de asociación y complejidad (un modelo de esta aproximación es el corto Potencia de diez , del matriomonio Morrison).
Usando la retoma, la postproducción, el montaje, los bancos de datos, los archivos, la imagen de síntesis, el imaginario tecnocientífico y muchas otras herramientas a las que tenemos acceso cada tanto (y las apreciamos en los extraordinarios avances en los efectos especiales en las películas de los últimos 10/15 años), vemos que con la imagen casi todo es posible. Ahora es cuestión de acompañar estas alternativas enormes con el pensamiento y la imaginación.
Si vamos en esta dirección estaremos alimentando la superlengua electrónica del futuro a la que estamos aspirando desde hace tanto tiempo.
Los recursos televisivos disponibles (muchas veces banales e inútiles, pero muchas otras poderosos y estratégicos) son las formas nacientes que permitirán esta comunicación global intercultural, emergiendo por fin de la metáfora de la pantalla como espejo, y pasando finalmente a la idea de una pantalla como ventana, en una dirección semejante a como la lógica binaria ha pasado en las últimas décadas a una lógica difusa (fuzzy locia) de los múltiples valores de verdad.
En definitiva, estamos hablando de una televisión que produzca una realidad imaginaria que tenga al menos el mismo grado de complejidad que el mundo real, y no que termine en monsergas bivalentes y en la defensa de valores inexistentes como si aún estuviéramos viviendo en los siglos XVIII o XIX.
Los lenguajes televisivos tienen que ser sutiles y sofisticados porque la realidad lo es cada vez más.
El camino hacia la integración y la hibridación
La televisión no tiene uno sino muchos futuros. Pero ninguno de ellos le es propio sino que todos emergen a partir de su hibridación permanente con las nuevas tecnologías, y en particular con internet. Por ello mismo una televisión educativa no será posible si al mismo tiempo no se anuda y enlaza con formatos como la información, el juego, la investigación, la simulación y la interconexión con mil y uno otros formatos, relatos y lenguajes.
En este sentido la TV y la escuela se ven interpelados por el mismo fantasma. La TV tradicional es un paquidermo lento, pesado, que no quiere saber nada de innovación y de discontinuidad. La escuela, por otros motivos y sometida a otras inercias, experimenta constricciones semejantes. En ambos casos y con temporalidades e historias muy distintas nos vemos frente a instituciones que en general no gustan de dialogar con lo nuevo, lo insólito, lo extraño y lo fundamentalmente disruptivo.
Lograr estos objetivos implica trasmitir en bandas distintas mensajes que pueden ser decodificados por los televidentes en distintos niveles, pudiéndose profundizar a voluntad lo que necesita cada uno en cada momento. Se trata de mejorar y concretar por fin el famoso Proyecto Xanadu de Ted Nelson, de un acceso polifuncional a la transmisión digital de la televisión -como empieza a verse incipientemente en otros países, como por ejemplo México.
No cesemos en nuestras utopías pero tampoco carguemos las tintas. Si no conseguimos superlenguajes desarrollaremos infralenguajes; si no podemos generar programación a múltiples bandas trabajaremos a nivel local, regional o ciudadano. Contra las reglas generalistas desarrollaremos productos y servicios puntuales y apropiables por colectivos diferenciados.
Algunos ejemplos y líneas de pensamiento:
Se trata de la proliferación de neohistorias, de una manipulación liberada (en el mejor estilo Zelig y Forrest Gump, de La era del ñandú o El bebe de los Perales en Numeral 15 con la marca indeleble de Carlos Sorín), de lo real no por mero refinamiento estético o lúdico sino para poner de manifiesto que el presente siempre es el resultado de opciones y que el futuro no está esperándonos dormidos sino que depende básicamente de nuestras opciones diarias en todos los planos. La ciencia-ficción es un buen maestro para despertar esta situaciones dormidas. El hombre en el castillo de Philip Dick nos brinda ricas intuiciones sobre cómo apuntalar conceptualmente el proyecto.
Se trata de mejorar la comunicación icónica: necesitamos interfaces de usuarios mucho más amistosas que las que provee la añeja metáfora del Windows; nos urgen el control vocal y sensorial de la pantalla, necesitamos íconos de comunicación con distintos niveles tecnológicos y valor informacional a distintos niveles de interactvidad e interconexión
En muchos de estos puntos estamos a años luz de conseguirlo ya. Pero el desarrollo de una tecnología educativa de nuevo cuño no puede estar alejado de estas preocupaciones.
Por supuesto empezaremos despacio y los primeros formatos estarán más cerca de lo conocido que de lo desconocido. Sin embargo, ya desde el inicio apostamos a la creación de nuevos lenguajes, nuevas interfaces, nuevos usuarios y sobre todo nuevas temporalidades para que la televisión educativa que generaremos no nos decepcione una vez más, no quede presa de los prejuicios del pasado y sobre todo no encorsete a nuestros interlocutores, maestros y chicos que necesitan de nuevos formatos, contenidos y desafíos para depslegar sus fabulosas potencialiades.
Aqui Alejandro Piscitelli nos abruma con una cantidad de estupideces, propias de la moda, o lo que seria la avanzada de esa moda. Nos explica que un mensaje televisivo deber ser de medio minuto y se toma varias horas para escribir un aburrido articulo. Vacio.
Es muy interesante lo que plantea Piscitelli, acerca de como podria ser una nueva tv ya sea modificandola a nivel del lenguaje tecnologico como asi tambien involucrando al televidente en la autoria o post producción.
Es cierto la tv posee mucho potencial comunicativo, generador de sentidos , identificaciones y valores compartidos.
Es necesario reinventar la tv, con el empleo de la tecnologia, y la creatividad seguramente esto será posible.
Tambien es vital reinventar la escuela, pero este tema es mas complejo y requiere de otras reflexiones. Seguramente con inteligencia, creatividad, flexibilidad, apertura a lo nuevo, responsabilidad, etica, y el compromiso de todos lograremos tambien una escuela reinventada mas acorde a este siglo de la cual volvamos a estar orgullosos.
En realidad el punto de enfoque que me confunde es en el cual se dice necesitar una television real y no una que defienda valores inexistente. como si estuvieramos en el sigloXVIII¨son acaso los valores algo anticuado para el autor!
Todo esto es interesante como ejercicio intelectual. Pero si la tv educativa sigue ligada a la TV dominante el fracaso es previsible. La concepción de un cambio educativo, en función de una cambio tecnológico, es mero maquillaje. Si la educación significa provisión de elementos para todos los habitantes, y no sólo a un sector, implica una modificación de paradigma económico. De lo contrario se ahondará la fragmentación del sistema educativo.
no tengo ni la minima intencion de leer esto
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