Finalizando prácticamente un nuevo año lectivo, son estos días fundamentales para muchos estudiantes de los últimos años del secundario. Inscripciones que comienzan, charlas informativas en universidades y terciarios, y cursos preparatorios se ofrecen por doquier en diversos medios. Pero es todo ésto suficiente para una adecuada elección?
En post pasados, habíamos ya tratado la temática sobre la elección de una carrera. Creo que es de una importancia tal que resulta merecedora de otras entregas. Ello, por cuanto la elección de aquéllo a lo que nos queremos dedicar no es tarea sencilla, al tiempo que sus consecuencias son cruciales. En primer lugar, a la hora de ubicarnos en tiempo y espacio, debemos señalar que, en la mayoría de los casos, la elección de una carrera se hará a los diecisiete o dieciocho años, cuando se está finalizando la etapa de enseñanza media. Es decir, cuando se está con la cabeza “aún en Bariloche”, en los boliches, en la diversión. . Es preciso y adecuado este momento para abocarse a decidir qué se va a hacer el resto de la vida?. Pensemos en la situación de un alumno regular de quinto año secundario: viene en el mejor de los casos, circunscripto en una enseñanza segmentada en materias generales como geografía, historia o matemática, estando, a esta altura del partido, ya súmamente “fogueado” de lo que es ser estudiante: los miedos al secundario fueron perdidos, superados y más bien ahora le afloran los temores a su culminación. Porque, quién no recuerda con una sonrisa su paso por la enseñanza media? Quién no quisiera volver a esa etapa de risas, compañerismo y diversión? .
Terminar el quinto año implica un cambio abismal en la vida de una persona. Es el fin del “todo vale”. Se acaban las complacencias; la etapa de la diversión va a tener que dejar lugar a la de la verdadera dedicación. El esfuerzo es la gran pesadilla que se deberá afrontar, ya sea si el adolescente próximo a egresar elige continuar sus estudios o dedicarse exclusivamente a trabajar...
Y entonces llega la hora de elegir: muchos, lo harán realmente porque saben lo quieren, ya que se encuentran bien informados o más bien su verdadera vocación les allana el camino; otros, se verán forzados a seguir las directivas y sueños de sus progenitores (porque sí: aunque cueste creerlo, hoy en día aún existe el "mi hijo el doctor"); y un grupo -mayoritario, por cierto- no sabrá muy bien qué pasos seguir y optará por seguir algunos consejos: por ejemplo, aquél razonamiento falaz que predica que si sos bueno en tal o cual materia, entonces estudiá tal carrera" -verbigracia: si sos bueno en Historia, entonces estudiá Derecho...?!-. Y otro consejito muy aventurado generará el temor hacia algunas carreras por enrolarlas (muchas veces erróneamente) con ciertas profesiones: así, el fantasma de la química o la física asoma en Ingeniería...
Porque, de hecho, existen muchas carreras a las que muy poca gente “se atreve” por el abismo de las matemáticas, la física y/o la química. Y muchas veces este temor a estudiarlas pudiera ser fácilmente vencido si se orientara adecuadamente a los alumnos del tipo de materias que conforman sus currículas, al tiempo de fomentar su estudio demostrando las inserciones laborales que una vez egresados o aún como “estudiantes de” pudieran tener.
Ahora bien: volvemos al principio: se encuentra entonces enteramente preparado un alumno del secundario para elegir la carrera de su vida?. Si analizamos el índice de deserción universitaria o los bochazos masivos en facultades que exigen un exámen de ingreso previo, parecería ser que no.
Sería conveniente, entonces, comenzar a pensar en cambios significativos, porque toda mala elección no sólo le genera un grave perjuicio a la persona en sí, si no también acarrea muchas veces problemas familiares por temores y/o fracasos, al tiempo que motiva importantes perjuicios económicos al país. Porque en las universidades públicas, el tener que “bancar” alumnos que no van ni para atrás ni para adelante porque en nada encajan en su carrera, resulta súmamente oneroso para su economía global.
Una propuesta interesante que en algunas instituciones públicas y/o privadas se viene desarrollando es la de permitir a los alumnos del último año medio realizar pasantías en diversas disciplinas. Así, por ejemplo, estudios jurídicos, contables y /o de arquitectura posibilitan que estos chicos puedan aprender “desde la cocina” como es el metier del ejecicio profesional y no se queden con lo que en sus cabezas “creen que es” cuando muchas veces su visión para nada se emparenta con la realidad. Porque ejercer de abogado no sólo implica vestirse con corbata y hablar con celular en un restaurant de Puerto Madero como tampoco ser médico importa estar rodeado de galanes como Rusell Crowe y su miniserie: la puesta en práctica de cada profesión debe ser conocida por los futuros aspirantes a ella si no queremos que en el futuro “se lleven un verdadero chasco”, máxime teniendo en cuenta que en las universidades muchas veces se enseña sólo la teoría pero la práctica es dejada de lado por falta de tiempo, presupuesto, espacio, etc y en otras ocasiones la práctica que se les brinda a los educandos tampoco condice con la realidad de la calle, y sólo se traduce a un mero ejercicio utópico de cada profesión…
Como venimos diciendo, elegir una carrera no es elegir un par de zapatos…si bien es cierto que siempre se puede cambiar, no lo es menos que el costo de hacerlo en ocasiones no se lo está dispuesto a pagar y, en todas, el tiempo perdido no se recuperará jamás…¿Y por qué no evitar perderlo?.
para mi que esto siempre va a pasar en todo el mundo, pero si también escribimos una palabra con "H" y esa misma palabra sin "H" seria lo mismo.Pero algunas personas que se acostumbraron a escribir sin falta le cuestariam mucho más...
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