La vida es una serie de contradicciones una tras otra. Quien diga que nunca se contradijo o que nunca fue víctima de una contradicción propia o ajena miente rotundamente. Aquellos que se creen de una sola pieza, por más que se ubiquen a la izquierda o a la derecha del horizonte, son dignos de desconfianza o de temor. Las contradicciones nos llevan de un lado a otro como barrilete. La lucha de contrarios se extiende desde los ámbitos más íntimos a los más públicos. Vivir se trata justamente de aprender del intrincado proceso de estar “in between”.
Se estarán preguntando qué tiene que ver todo esto con la temática del weblog que nos reúne, no? Bueno, el tema es que Internet es una muestra impecable de las contradicciones humanas y, como si esto fuera poco, en envase condensado.
¿Hasta cuándo seguiremos tratando de convencer o de convencernos de que Internet es la fuente de la felicidad mundial o el abominable descubrimiento del siglo? ¿Hasta cuándo seguiremos sumergiéndonos en eternas conversaciones maniqueas acerca de la red? ¿Hasta cuándo seguiremos sin aceptar que somos parte de una sociedad sumamente contradictoria, a la que le es sumamente difícil salirse del arnés/parálisis/dependencia histórica para manejar en forma autónoma una propuesta tan democratizadora y de empoderamiento social como es Internet?
¿Hasta cuándo seguiremos tratando de alcanzar una educación equitativa y democrática sino empezamos primero por aceptar que las nuevas tecnologías que pretendemos aplicar necesitan que se plantee otro tipo de comunicación, más tolerante y pluralista?
Este weblog justamente ofrece la oportunidad de cruzar la frontera de la balanza del bien y del mal para tratar de pensar en forma colectiva cómo hacer para que la red responda a las necesidades educativas de todos los argentinos. Lo que sucede es que las nuevas tecnologías en general e Internet en particular nos dejan parados frente de un espejo, donde debemos vernos a nosotros mismos. ¿Será que tememos enfrentarnos a nuestra propia imagen? ¿O será el eterno miedo al vacío del que tanto habla la psicología?
Es hora de que pongamos manos a la obra, aceptemos nuestras mil máscaras y tratemos de construir una alternativa posible para mejorar nuestra educación desde nuestras debilidades y contradicciones. ¿Qué estamos esperando? La perfección no existe.
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