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Ciencia y religión

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¿confrontación o armonía? por Guillermo Boido*

La mayor parte de las veces, la historia se encargó de llevar las dicotomías más enraizadas al terreno del recuerdo. En el caso de la relación entre cristianismo y ciencia, la tensión no parece superarse con el paso de los siglos: con mayor o menor virulencia, los chispazos se mantuvieron a la orden del día y el diálogo pasó por períodos de fanatismo, conciliación, terror y apertura.

En la siguiente nota, el físico y epistemólogo Guillermo Boido da muestra de las disputas y posiciones más significativas en la historia de esta complicada relación con sus resonancias actuales.

No es sencillo resumir los vaivenes de la relación entre ciencia y religión cristiana –una historia que ha transcurrido a lo largo de dos milenios– pues la actitud de la Iglesia ante la investigación científica de la naturaleza, en ese período, tuvo matices muy dispares. En los primeros siglos de nuestra era, el pensamiento cristiano fue hostil a la filosofía natural, identificada con el paganismo de los antiguos, como lo prueba la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, a fines del siglo IV, por orden del obispo Teófilo. En el siglo II, Tertuliano, apólogo del cristianismo, había expuesto con claridad el fundamento doctrinal del rechazo a la filosofía antigua, afirmando que "toda curiosidad termina en Jesús y toda investigación en el Evangelio; debemos tener fe y no desear nada más". El más importante de los padres de la Iglesia, San Agustín, quien vivió entre los siglos IV y V, conocía bien la obra de los filósofos naturales grecolatinos, pero consideraba que sería pernicioso para un buen cristiano ocupar su tiempo en asuntos ajenos a la búsqueda de la salvación personal.

Sin embargo, a partir del siglo X, en una Europa ideológicamente hegemonizada por el cristianismo, una parte del clero adquirió para sí el privilegio del ocio necesario para interesarse en cuestiones naturales y volver a discutir acerca de ellas. De hecho, el estudio y la reelaboración del fondo documental antiguo que reingresara a Europa a partir del siglo XI (proveniente del mundo árabe) estuvo a cargo de eruditos frecuentemente vinculados a la Iglesia, la cual dio su apoyo, en particular, al surgimiento de las universidades medievales. La Universidad de París, por caso, se conformó alrededor de diversas escuelas vinculadas a la catedral de Notre Dame bajo la tutela del obispo de esa ciudad. La síntesis del pensamiento aristotélico y la teología cristiana, llevada a cabo en el siglo XIII por Santo Tomás de Aquino, puede servir de ejemplo de esta nueva etapa en las relaciones entre ciencia y religión. Además, expresa el respeto que inspiraban a los teólogos los sistemas filosóficos y cosmológicos de la antigüedad, a condición de que fuesen asimilados al pensamiento doctrinal hegemónico. Puede decirse que, entre los siglos XI y XVI, con pocas excepciones, el cristianismo tuvo el monopolio de los estudios filosóficos y científicos.

Pero esta aceptación y promoción de la ciencia por la Iglesia acabó abruptamente a mediados del siglo XVI, poco después de la muerte de Copérnico, cuando los cismas religiosos (la Reforma) amenazaron la hegemonía de la Iglesia de Roma. Ante la enorme difusión de los credos protestantes, el catolicismo respondió enérgicamente para recuperar el terreno perdido. El Concilio de Trento (1545-1563), finalizado veinte años después de la muerte de Copérnico y un año antes del nacimiento de Galileo, precisó al máximo los aspectos doctrinales y estableció los procedimientos a seguir para la restauración católica, dando lugar a lo que se llamó la Contrarreforma. Al determinar las fuentes de la revelación, las reglas de interpretación a las que debía ajustarse la Escritura y la doctrina de los sacramentos, el Concilio atacó los fundamentos mismos del protestantismo.

La Compañía de Jesús había ya sido creada en 1540. Los jesuitas, con su organización de carácter casi militar y su férrea disciplina, se consideraron a sí mismos "soldados de Cristo" y asumieron el compromiso de llevar a cabo la recuperación contrarreformista, en particular en lo catequístico. La nueva Congregación de la Suprema y Universal Inquisición o del Santo Oficio, heredera de la antigua Inquisición existente ya desde el siglo XIII, comenzó a actuar a modo de policía intelectual y de represión en defensa de la ortodoxia tridentina. En 1570 se creó también la Congregación del Indice, destinada a confeccionar listas de libros prohibidos, considerados heréticos o filoheréticos, y cuya lectura hacía pasible al infractor de ser entregado a los tribunales inquisitoriales.

En el ámbito católico, como consecuencia de la Contrarreforma, las novedades científicas y las doctrinas filosóficas o teológicas que manifestaran presuntas desviaciones de los dogmas establecidos fueron censuradas y condenadas, lo cual se manifestó en numerosos episodios de crueldad tales como la prisión durante décadas y la brutal tortura del místico Tommasso Campanella, la muerte en la hoguera de Giordano Bruno (1600) y el proceso a Galileo (1633). La farsa jurídica que significó este célebre proceso acabó por destruir transitoriamente la ciencia en Italia pero no pudo impedir su acelerado desarrollo en la segunda mitad del siglo XVII en los países desvinculados de la autoridad romana, especialmente en Holanda e Inglaterra. No es por azar que, en el preámbulo a los estatutos de la Royal Society, redactados por Robert Hooke en 1663, se afirme que el objetivo de la institución ha de ser la promoción de los estudios científicos y técnicos con exclusión de consideraciones teológicas.


La ciencia encuentra un nuevo espacio

El desenlace del proceso a Galileo, episodio clave en la historia de las relaciones entre ciencia y religión, fue considerado insensato por todos aquellos que, en el campo eclesiástico y fuera de él, confiaban en erigir una Iglesia renovada capaz de coprotagonizar sin antagonismos la construcción de una nueva época. El propio Galileo había concebido, en la segunda década del siglo XVII, una serie de tesis hermenéuticas que permitirían la coexistencia armónica de la ciencia y el dogma cristiano, fundadas en una interpretación no literal de la Biblia, pero los teólogos contrarreformistas de entonces rechazaron la propuesta. Como afirma tardíamente hoy Juan Pablo II, "Galileo, creyente sincero, se mostró en este punto más perspicaz que sus adversarios teólogos". Luego, a partir del siglo XVIII, la ciencia se volvió una empresa secular, pues lograba desembarazarse de sus componentes religiosos originales. Nuevos ámbitos del mundo natural quedaban subsumidos bajo la explicación científica y la teología se refugiaba en aquellos dominios en los que la ciencia, hasta ese momento, había sido incapaz de acceder. De ese modo, el territorio en el cual la teología parecía insustituible se volvió paulatinamente cada vez más estrecho. Para decirlo de algún modo, cada avance científico obligaba a los teólogos a buscar a Dios en otra parte. Ello ocurrió, por caso, ante la evidencia científica de que la edad de la Tierra no es compatible con una creación divina relativamente reciente, como se desprende de una interpretación literal de la Escritura, o con el evolucionismo biológico, opuesto al bíblico fijismo de las especies.

El iluminismo del siglo XVIII y en particular el positivismo, el marxismo y otras corrientes filosóficas e ideológicas del siglo XIX presentaron la cuestión ciencia-religión como una opción de hierro, en la cual, desde luego, era necesario tomar partido por la ciencia. En cierto modo, se advierte que ambas partes en litigio aceptaban tácitamente una suerte de maniqueísmo encubridor de las complejidades de la historia y se negaban a acordar algún mínimo punto de convergencia o acuerdo. El fundamentalismo teológico llevó la peor parte en la controversia, y su papel se redujo, como afirmaba el historiador Lynn White, a desarrollar acciones de retaguardia con cortinas de humo intelectual para cubrir la retirada.

La mayoría de los historiadores de la ciencia del siglo XIX, de extracción positivista, admitía sin más que la brecha entre ciencia y religión era insalvable, y por ello dicho siglo fue pródigo en manifestaciones de que el avance de la ciencia supone a cada paso una victoria en la declarada "batalla" entre el conocimiento y los dogmas religiosos. A esta tesis se opone actualmente el presupuesto que John H. Brooke, en su libro Science and Religion (1991), llama "la diversidad de la interacción", y que, en suma, sin negar la existencia de conflictos o episodios de intolerancia, incluso trágicos, pretende establecer las múltiples vinculaciones entre el pensamiento judeocristiano y el desarrollo de la ciencia occidental. La tesis según la cual dicho desarrollo ha sido totalmente autónomo y desgajado de factores culturales, metafísicos y aun religiosos, entendidos necesariamente como obstáculos al progreso del conocimiento, es sencillamente falsa, como la historia de la ciencia de tiempos recientes ha puesto en evidencia.


Ciencia, ética y dogma: un nuevo debate

La necesidad de ofrecer un marco regulatorio para el desarrollo de la ciencia en armonía con la fe cristiana ha redundado en una depuración deseable del pensamiento religioso, condición esencial para que éste prosiga formando parte de la mutante cultura de nuestra época. Pues como afirmaba hace tiempo Alfred Whitehead, los principios de la religión pueden ser eternos, pero su expresión humana requiere una reelaboración constante, despojada de simbolismos accidentales que el transcurso del tiempo vuelve inadecuados.

A diferencia de lo que ha ocurrido en gran parte de los dos milenios de existencia del cristianismo, la religión pertenece hoy al dominio de lo personal y no puede cuestionar la autonomía de la ciencia. También resulta improcedente invocar teorías científicas para corroborar esta o aquella afirmación bíblica, entendida literalmente, acerca de cuestiones naturales. El propio papa Pío XII, en una conferencia pronunciada en 1951 ante la Pontificia Academia de las Ciencias, elogiaba la teoría cosmogónica del abate Lemaître (antecesora de la hoy conocida como del Big Bang) por su carácter "probatorio" de la creación del mundo en algún instante del pasado. Lo que no se comprende en estos casos es que, en virtud de la propia dinámica interna de la ciencia, alguna teoría cosmogónica alternativa que pudiese ser formulada en el siglo XXI, más eficaz desde un punto de vista estrictamente científico, podría ser esgrimida, de manera igualmente impertinente, para "probar" lo contrario. Actualmente, Juan Pablo II no se presta a tales malentendidos y, como ha señalado reiteradamente, "el cristianismo tiene en sí mismo la fuente de su justificación y en absoluto espera que la ciencia se convierta en su apologética fundamental".


Pero si en el ámbito de la "ciencia pura" el pensamiento científico y el religioso parecen haber alcanzado una suerte de superación de viejas antinomias, resueltas en una nueva armonía, no ocurre lo mismo cuando nos remitimos al problema de las relaciones entre ciencia y ética. Ya no se trata de que Juan Pablo II invite a los teólogos a no permanecer al margen de las novedades científicas o que proclame que nada hay en la teoría de Darwin que resulte incompatible con el dogma. La cuestión es más grave. A la luz de los desarrollos actuales de la ciencia y de sus aplicaciones, parece impostergable diseñar lo que Pierre Thuillier ha llamado "una componente crítica de una cultura centrada en la ciencia", y abordar desde allí las eventuales implicancias éticosociales a las que remite la investigación científica actual. Mas este espacio de reflexión no puede ser construido, tecnocráticamente, desde la óptica unilateral de un grupo de expertos en tal o cual disciplina; por caso, un comité de biólogos no puede, por sí solo, resolver las cuestiones éticas que suscita la manipulación genética. Juan Pablo II, por el contrario, parece creer que la teología cristiana se basta a sí misma para hacerlo. La amplitud de miras que hoy los teólogos manifiestan hacia la ciencia no está presente en las posiciones fundamentalistas que presiden los discursos del Papa acerca de cuestiones tales como la fecundación in vitro o la clonación.

A propósito del caso Galileo, Juan Pablo II ha dicho que es indispensable distinguir entre "el enfoque científico de los fenómenos naturales" y "la reflexión de orden filosófico sobre la naturaleza", acerca de cuya autonomía recíproca se pronuncia con particular énfasis. Ha afirmado también que los hallazgos científicos actuales amenazan los cimientos de lo humano. A su juicio, hay dos tipos de desarrollo personal. Uno de ellos, que incluye la cultura y la investigación científica, es la dimensión "horizontal" del hombre; el otro corresponde a su transcendencia del mundo, la vuelta hacia el Creador, dimensión "vertical" que otorga sentido al ser y al actuar humanos, pues lo sitúa entre su origen y su fin. Y ambos desarrollos han de ser armónicos. El Papa sugiere que el orbe de la ética se inserta en la dimensión vertical del desarrollo humano, y no deja lugar a dudas acerca del papel primordial que allí habrá de desempeñar su Iglesia. Pero, ¿no se tratará acaso de un papel excluyente? ¿Tendremos entonces que aceptar que el comité de expertos que ha de legislar acerca de estas cuestiones lo es ahora de teólogos asesorados tal vez por científicos católicos? No estamos diciendo que la ética cristiana no pueda ofrecer elementos valiosos como aporte al necesario debate multidisciplinario y pluralista sobre cuestiones en las que se dan cita la ética y la ciencia, pero las condiciones del mismo no se agotan en los presupuestos de un determinado credo religioso. En este punto, las relaciones entre ciencia y religión atraviesan un momento de inquietante ambigüedad.

Epígrafe foto Galileo ante la Inquisición, de Cristiano Banti (1824-54). El cuadro tiene un carácter edificante, y expresa la tesis, habitual en el siglo XIX, de que la confrontación entre ciencia y religión es inevitable. En actitud de desafío, desdeñoso, Galileo representa aquí la luz de la razón científica, por oposición al oscurantismo de sus jueces

* Profesor de Historia de la ciencia en el CEFIEC, FCEN, y profesor e investigador del Centro de Estudios Avanzados, UBA



13 Comentarios

  1. andrea . Agosto 16, 2006 22:00

    fuentes doctrinales y su manejo


  2. johanna. Agosto 29, 2006 13:32

    la ciencia la etica y la religion es una discucion bastante larga y complicada desde cualquier punto de vista que se le mire independiente de la condicion intelectual en la que encuentre .
    quisiera conocer mas acrca del tema me interesa mucho escribir a mi correo.

  3. adrián . Septiembre 4, 2006 13:23

    La construcción de una firme estructura ética absolutamente independiente de la revelación, permitiría mantener una cultura humanista no regida por lo religioso.Pero creo que exceptuando individuos o grupos minoritarios, el abandono en manos de la razon de cuestiones éticas en las que tienen peso sentimientos a veces muy poco nobles como la envidia, lujuria, y el resto de los pecados capitales, conduce a justificar actitudes tremendamente disvaliosas para la humanidad. Por ejemlo, por que consideramos injustificable la muerte de niños recien nacidos, a pesar de malformaciones o tremendas dificutades creadas a los padres, y en cambio, el aborto de un feto de cinco meses, que se defiende con todas las fuerzas de que dispone contra su eliminación, nos parece justificable?

  4. Pedro. Septiembre 14, 2006 23:42

    ¿Sirve de algo la religion? "Para ser bueno no hace falta ninguna religion", opina mucha gente. De hecho, hay un numero considerable de personas honradas, bondadosas y responsables a las que no les atraen para nada la religion. Por ejemplo, aunque en Europs occidental la mayoria de los ciudadanos afirma creer en Dios, pocos acostumbran a ir a la iglesia (en los años ´60 comenzo el declive en muchos paises de la cultura en general). Incluso en Latinoamerica solo el 15 o 20 % de los catolicos va a misa todas las semanas. POr otro lado, seguramente sabe que en tiempos de sus abuelos la gente era mas devota. ¿como llegaron a perder su atractivo las religiones?. En realidad se enseña la palabra de Dios o solo lo que el pueblo quiere hoy?, piense en ello.

  5. Juan. Septiembre 17, 2006 20:27

    La ciencia desde la escuela debería dar un aporte ortogonal a la religión en cuanto a lo ético. Y esto se podría encuadrar en el desarrollo de una axiología y deontología puramente científicas que terminen demostrando la innecesidad de las religiones para desembolverse moralmente en una sociedad. Además (desde la escuela), la implementación de un estudio crítico y deconstructivo de la historia y teología de las religiones aportaría herramientas sólidas de librepensamiento a los estudiantes.

  6. l.r.. Febrero 7, 2007 15:46

    La religion no sirve para nada al menos para la gente que es ella misma y piensa por si sola .Pero puede servir para entorpecer a mucha gente,con lo cual alguien se beneficiara. En el pasado entendemos que fuera el no va mas ,pero eso ya paso. Tambien entendemos que haya gente temerosa de la vida,de la muerte,de la libertad y de todo, y que crea encontrar refugio ahi. Por suerte creo que eso va a menos .

  7. l.r. . Febrero 7, 2007 15:47

    La religion no sirve para nada al menos para la gente que es ella misma y piensa por si sola .Pero puede servir para entorpecer a mucha gente,con lo cual alguien se beneficiara. En el pasado entendemos que fuera el no va mas ,pero eso ya paso. Tambien entendemos que haya gente temerosa de la vida,de la muerte,de la libertad y de todo, y que crea encontrar refugio ahi. Por suerte creo que eso va a menos .

  8. ok. Abril 11, 2007 14:35

    Lei mucho sobre el tema, en el cristianismo la biblia no halla conflicto con la ciencia, la biblia no es un texto cientifico, no trata de la teoria de la relatividad, o de termodinamica, sino de historia, fe, moral. Por lo que tengo entendido, la biblia si esta conflicto, con la hipotesis evolutiva, al menos para algunos cristianos, para otros, es reconciliable. la ciancia operacional no tiene nada que ver con la ciencia de los origenes. Es mas, hoy los historiadores de la ciencia dicen que la ciencia no hubiera surgido sin el cristianismo (ver loren Eiseley) los mas grandes cientificos que dieron origen a la ciencia como la conocemos hoy eran cristianos, Newton, Pascal, Kepler, Herschel , Pasteur, Linneo, Kelvin, Babbage, Lister, Boyle, Faraday, Maury, cuvier, bacon, Mendel, Maxwell. Hoy en dia hay muchos cientificos que son cristianos. No se como sera en otras culturas con otras religiones, por eso hablo solo del cristianismo. Todo lo que se escribe o casi todo lo que se escribe en relación a este tema es negativo para el cristianismo, lo hacen quedar mal, como que el cristianismo impidio el progreso de la ciencia, y eso no es asi, con respecto a lo de Galileo, sin ser catolico, la curia de ese entonces estaba siguiendo las enseñanzas de ptolomeo, y buscaba pasajes biblicos para argumentar que el cristianismo estaba en armonia con ese sistema, los mismos pasajes como que el sol se mueve, en realidad se habla de una perspectiva terrestre, como también nosotros hoy decimos salio el sol, se puso el sol. Esto me hace acordar a un escrito de Dr. Henry F. Schaefer III citando a Maxwell cuando no acepto una invitación para hablar sobre la biblia y los nuevos desarrollos cientificos de la epoca: La velocidad de cambio en las hipotesis cientificas es naturalmente mas rapida que la de la interpretación bíblica.Así que , si una interpretación se basa en alguna nueva hipótesis, puede ayudar a que la hipotesis siga a flote mucho tiempo después de que tendría que ser hundida y olvidada.
    El escrito se llama "Los cientificos y sus dioses" Henry Schaefer. y lo pueden buscar por el google.

  9. Jaime Barrera Morales. Septiembre 16, 2008 22:35

    Aquí quiero hacer una pequeña digresión para recordar al lector, como muchos de los principios filosóficos y científicos que hoy por hoy, damos como aceptados desde el punto de vista experimental, social y científico, fueron emitidos por personas que ejercieron simultáneamente las condiciones de místicos y de científicos, como los geómetras y matemáticos
    griegos, árabes, indúes, y en general de quienes se heredaron hasta hoy, las bases y corrientes que dieron origen a las distintas disciplinas científicas ejercidas en todos los aspectos, citando también sin ánimo de polemizar a manera de ejemplo, los casos mas recientes de Carl Jung, Esoterista practicante de logia, y Albert Einstein quien afirmaba que “Dios no juega a los dados”, y cito estos porque son del dominio público, sin citar el alto número de científicos que hoy día trabajan en laboratorios y escenarios científicos, como la astronáutica, y quienes son practicantes reconocidos y confesos muchos de ellos, de métodos orientales, especialmente de origen indio o Hindú y su afinidad con el Yoga, en lo que tiene que ver con sus disciplinas personales, como la meditación y sus diferentes aspectos, y la necesaria influencia de las filosofías (casi siempre Védicas o Búdicas) que dan origen a estados disciplinarios con efectos comprobados, indicándole al lector que muchos de ellos han sido y son reconocidos premios Nobel.
    -Aparte del libro El Conocimiento Trascendente (2007) de J.B.M.-

    Cordialmente les invito a visitar la página www.uctrascendente.es.tl donde hallarán una visión amplia -Holística e Integral- sobre estos temas inherentes al Ser Humano. Conozcanla, Disfrutenla y Compartanla.

  10. Carlos Rivera España. Junio 26, 2009 13:09

    Quiero darles las gracias a esta pagina por el contenido importante que da esta informacion en cuanto al tema de la Brecha.Un dato al comentario de PEDRO,EN PARTE LE ACEPTO,encuanto a la religion en su comentario dice que ayuda la religion,porque hay mucha gente bondadosa honrrada honesta,todo me parece bien. Pero quiero decirle que ninguna religion cambia ni rompe cadenas, sino solo jESUCRISTO EL HIJO DE DIOS, cambia al hombre entonces podremos ser libres y vivir en paz, porque la primera brecha que debemos romper es la nuestra y es ponernos ante la brecha de Dios, para que nos cambie de nuestros caminos, y asi caminar sobre la brecha de Dios quien rompio la brecha del pecado por medio de su hijo jesucristo.

  11. Omar . Junio 29, 2009 00:21

    Se me pasa si algun sientifico nos pude Suguerir algo para esta maquina, favor de
    Mandarnos la sugerencia a este correo

    taekuoondoin@hotmail.com.

    Gracias que DIOS le bendiga

    YO SOY su Amigo Omar

    ADONAY

  12. ezequiel. Junio 29, 2009 12:12

    hola. justamente estoy buscando informacion para un trabajo acerca de este tema. solo queria responderles a aquellos que dijeron que la religion no tiene utilidad con que el arte tampoco no tiene utilidad directa y no por eso dejariamos de producirlo. no porque no tenga una utilidad a la vista no es importante. y buceando mas profundo, la importancia de la religion para los hombres tiene que ver mas con un estado mental o un entendimiento del mundo que con algo utilitario. sin embargo, yo tambien coincido que la iglesia debe replantear sus dogmas, actualizarlos y dejar atras esa actitud punitiva y de censura que la perjudica

  13. polanca. Junio 29, 2009 12:21

    Hola Ezequiel, creo que no se puede compara el Arte con la religion, pues van por carriles separados.
    De todas formas creo que es cierto que no todo se puede medir por la utilidad. Solo que justamente este articulo esta hablando de la Ciencia y justamente la Ciencia tiene que ser eminentemente laica y utilitaria.
    Es decir, tiene que solucionarle los problemas al hombre comun y corriente independietemente de sus creencias personales ,
    un cordials saludo!