Ser docentes hoy

Febrero 2010

Debates del mes




14-02-2010 |

Autor: Mariana Paz

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La Logosofía y la evolución de la humanidad

La historia nos muestra un incremento permanente de la utilización de la inteligencia en todo lo que concierne a la vida del hombre. Ello se reflejó en la mejoría de sus formas de vida a lo largo de las épocas. Podemos conjeturar que el dominio sobre el fuego le permitió evitar la penuria del frío a la vez que mejoró su alimentación con la posibilidad de cocinar. Cuando su inteligencia penetró en los secretos del desarrollo de los vegetales pudo abandonar su condición nómada, convirtiéndose en cultivador de sus alimentos. De la misma manera fue adquiriendo dominio sobre la naturaleza que lo rodeaba y aprendiendo a dominarla y aún a modificarla.
La exclamación Eureka significó la comprensión de la razón de la flotabilidad de los cuerpos y la base técnica para la construcción de navíos cada vez mejores y más grandes.
Igual origen - el desarrollo de su inteligencia - tienen la utilización de herramientas, la construcción de viviendas, el calzado, las vestimentas y las armas que lo pusieron a salvo del ataque de las bestias feroces.
El desarrollo de las facultades mentales se manifestó en el conocimiento progresivo de la naturaleza, en la utilización de su capacidad inteligente para resolver los problemas que la vida le presentaba y en la adquisición de grandes ventajas para la vida individual y colectiva.


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14-02-2010 |

Autor: Mariana Paz

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La Logosofía y el arte.

Las manifestaciones artísticas han sido una presencia constante en la evolución de la humanidad; existieron mucho antes que las primeras expresiones de cultura; las pinturas rupestres reflejan genialmente lo que sentía el hombre primitivo ante la belleza o la fuerza de los animales de su época. Esos trazos primitivos reflejan la impresión que el artista de las cavernas sentía en su interno y son indudablemente la cabal demostración de la existencia de la sensibilidad en aquellos primeros hombres; y través de los milenios el arte siguió siendo eso: la expresión de la sensibilidad humana y un elemento fundamental en la evolución de la especie.


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08-02-2010 |

Autor: Paula Vivet

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En el año del Bicentenario recordamos al pupitre y sus cambios

A no cambiarse de banco.
"Habrá en todas las clases lugares asignados para todos los escolares de todas las lecciones, de suerte que todos los de la misma lección estén colocados en un mismo lugar y siempre fijo. Los escolares de las lecciones más adelantadas estarán sentados en los bancos más cercanos al muro. y los otros a continuación, según el orden de las lecciones, avanzando hacia el centro de la clase [...].
Cada uno de los alumnos tendrá su lugar determinado y ninguno abandonará ni cambiará el suyo sino por orden y con el consentimiento del inspector de las escuelas. Habrá de hacer de modo que aquellos cuyos padres son descuidados y tienen parásitos estén separados de los que van limpios y no los tienen; que un escolar frívolo y disipado esté entre dos sensatos y sosegados; un libertino, o bien solo o entre dos piadosos.
La Salle. Conducta de las escuelas cristianas.
Francia. 1711.


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03-02-2010 |

Autor: Pedro L. Ferrari

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En el ocaso de 2009. Encarpetar cuadernos de clase: una actividad de ayer y de hoy.

En mi época de estudiante de escuela primaria cuando se acercaba la finalización del ciclo lectivo había un tiempo para “encarpetar” los cuadernos de clase que utilizamos durante el año y armar de esa manera una especie de compendio de saber, un libro, la prueba quizá del año escolar transcurrido.
Parece que la tradición se conserva. Mis hijas también tienen ese compendio que durante un tiempo está a la mano en la casa para mostrarlo a los abuelos, a los familiares para luego pasar a un desván, un cuartito tal vez, un lavadero quizá, algún lugar del ropero a lo mejor… o un sótano como fue en la casa de mis padres.
Esa “memoria” atesorada en los cuadernos duerme el sueño de los tiempos hasta que es necesario trasladarla a otro lugar por cuestiones de espacio, o a otra casa si se trata de una mudanza. O decidir qué hacer con ellos cuando se produce un “quiebre en el tiempo”, porque es necesario desocupar la casa que fuera de nuestros padres pues ellos ya no están… en esos momentos, en esos lapsos de tiempo que duran instantes -que seguramente no podremos precisar- la memoria de cada cual se actualiza, se encuentra con ese pasado que lo habita desde siempre.
Lo extraño y paradójico quizá es que no es el contenido que hay en ese compendio lo que se actualiza… lo que sale de allí cuando empezamos a hojear los cuadernos es de una naturaleza diferente a lo que hay allí escrito. Cosa rara no?... qué poder tienen estos símbolos de convocar fenómenos que difieren de ellos mismos!!!... aunque cabría también pensar la posibilidad que esos fenómenos convocados no son del todo diferentes de aquello que lo convoca ¿no?...
Mientras nuestros ojos repasan símbolos, nuestra mente, nuestro corazón, nuestro cuerpo transitan otras percepciones que se agolpan y conmueven –vaya si lo hacen- a quien pasa por esta experiencia.
Estoy encuadernando la última actividad que Mario realizara en la escuela… ¿cuál será la percepción que tendré cuando vuelva -algún día- a encontrarme con ella? ¿será para hacer un lugar a otras cosas?... quizá no porque hoy encarpetar es también “archivar en bits” y la noción de “lugar” hay que pensarla en otros términos. Más aún, ¿cuál será la percepción que tendrá Mario cuando se vuelva a encontrar con este material? ¿será posible para él este reencuentro?...”

Noviembre/Diciembre de 2009

Para leer el relato haz clic aquí


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01-02-2010 |

Autor: Paula Vivet

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En el año del Bicentenario un recuerdo al guardapolvo blanco


Pedro está sentado en el parque tomando el sol del otoño y disfrutando de un día que, aunque ventoso, él considera agradable. Cuando entrevé un contingente de guardapolvos blancos, que portando enormes barriletes, se acercan a toda velocidad al lugar menos arbolado.
Lamentablemente, coincide con el lugar por él elegido, a fuerza de ver en un día fresco, cuál es la porción de sol que más entibia un sector. Pedro siente que lo invade una enorme y poderosa bronca. El día que destinó a estar tranquilo, a no llevar a su nieto a la escuela, el día suyo, se torna repentinamente en un griterío. ¡No hay derecho! En su tiempo de escolar esto no sucedía.
La señorita Rosario no lo hubiera permitido: “menos juego y más lectura”.
Un hilo le atraviesa la cara y un mocoso, de esos que no se ven del suelo, con el pelo revuelto y mirada desafiante le dice: - Señor: ¿me lo alcanza?.
Casi sin mirarlo y tomando el hilo, el de embalar, el ratonero, extiende la mano y entrega el preciado tesoro. Siente leves tironcitos y piensa - Qué lindo ¡qué lindo barrilete! Nota que está hecho a mano, que no es de los comprados, levanta la vista y compara. En un rápido pantallazo ve que todos están construidos por los chicos, inclusive aquel con el que lucha una maestra gordita y mofletuda que no para de transpirar a pesar del viento. Es una escena linda, al final, son todos guardapolvos blancos movidos por el viento y los tirones. Piensa en irse, pero se detiene. ¿De qué escuela serán? Algunos guardapolvos lucen muy blancos, otros sin embargo están tan gastados, tan usados... Inclusive hay unos cuántos niños que parecen tener puesto un guardapolvo dos o tres tallas menores a las suyas.
Finalmente, se para y se va yendo poco a poco, sintiendo el griterío y el enorme esfuerzo que esos cinco barriletes, ahora recortados en el cielo, han demandado.
Suplemento Digital de la revista La Educación en nuestras manos N° 44; marzo de 2008


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