Pedro está sentado en el parque tomando el sol del otoño y disfrutando de un día que, aunque ventoso, él considera agradable. Cuando entrevé un contingente de guardapolvos blancos, que portando enormes barriletes, se acercan a toda velocidad al lugar menos arbolado.
Lamentablemente, coincide con el lugar por él elegido, a fuerza de ver en un día fresco, cuál es la porción de sol que más entibia un sector. Pedro siente que lo invade una enorme y poderosa bronca. El día que destinó a estar tranquilo, a no llevar a su nieto a la escuela, el día suyo, se torna repentinamente en un griterío. ¡No hay derecho! En su tiempo de escolar esto no sucedía.
La señorita Rosario no lo hubiera permitido: “menos juego y más lectura”.
Un hilo le atraviesa la cara y un mocoso, de esos que no se ven del suelo, con el pelo revuelto y mirada desafiante le dice: - Señor: ¿me lo alcanza?.
Casi sin mirarlo y tomando el hilo, el de embalar, el ratonero, extiende la mano y entrega el preciado tesoro. Siente leves tironcitos y piensa - Qué lindo ¡qué lindo barrilete! Nota que está hecho a mano, que no es de los comprados, levanta la vista y compara. En un rápido pantallazo ve que todos están construidos por los chicos, inclusive aquel con el que lucha una maestra gordita y mofletuda que no para de transpirar a pesar del viento. Es una escena linda, al final, son todos guardapolvos blancos movidos por el viento y los tirones. Piensa en irse, pero se detiene. ¿De qué escuela serán? Algunos guardapolvos lucen muy blancos, otros sin embargo están tan gastados, tan usados... Inclusive hay unos cuántos niños que parecen tener puesto un guardapolvo dos o tres tallas menores a las suyas.
Finalmente, se para y se va yendo poco a poco, sintiendo el griterío y el enorme esfuerzo que esos cinco barriletes, ahora recortados en el cielo, han demandado.
Suplemento Digital de la revista La Educación en nuestras manos N° 44; marzo de 2008
El guardapolvo empieza a ser usado en la Argentina a principios del siglo XX, aparentemente por iniciativa de maestros y directores de escuela, tal vez para que los niños no se ensuciaran, o si no, tal vez, como una necesidad de una vestimenta igualitaria para sus alumnos.
Es cierto, según lo explican algunos teóricos, que surge como una iniciativa de tener una vestimenta igualatoria y homogeneizadora.
El objetivo de lucir iguales era que no hubiera diferencias sociales con los niños más pobres, pero también que existiera una especie de intervención sobre la población en su conjunto y no solo sobre los pobres, y era el hecho de contar con una vestimenta decente, austera.
Al avanzar los años se plantea el guardapolvo como una vestimenta económica que hace a la austeridad y a la limpieza; pero también una vestimenta que permite vigilar y controlar a quienes siguen las reglas y a quienes no las siguen, por lo que estamos acá también realizando diferencias notables.
¿Por qué el color blanco? El blanco permite distinguir cuándo está limpio y cuándo está sucio, vinculándolo con el higienismo. Lo blanco tiene esa carga de lo puro, lo higiénico, lo limpio.
El guardapolvo es igualador. Un objeto que permite poner entre paréntesis las diferencias sociales y sentirse por un rato igual al otro. El guardapolvo parece permitir ocultar las diferencias sociales. Pero las diferencias sociales continúan, en los consumos que podemos hacer, en cómo nos vestimos por debajo del guardapolvo y, por qué no, en el mismo guardapolvo, si está más o menos limpio, por ejemplo.
Podemos hablar también del guardapolvo como control de la disciplina, el control sobre los cuerpos, lo que importa son los cuerpos sanos, la austeridad y no ostentar y esto era tanto para ricos como para pobres. Los ricos no mostrando opulencias y los pobres no mostrando suciedad, falta de calzado, etc. Se hablaba entonces de ser limpios, austeros, como sinónimos de virtuosos, morales, decentes. Esa era la norma.
Con respecto a la organización social y control de los cuerpos móviles se hablaba del guardapolvo como cuerpo social, al respecto Inés Dussel nos cuenta sobre ciertos relatos que decían: “el guardapolvo me obligaba a comportarme como un representante de la escuela, aún cuando no estuviera en la escuela. Como que tu cuerpo no es propiedad tuya, es propiedad del Estado, es propiedad colectiva, propiedad social”.
También Inés Dussel nos recuerda el guardapolvo y su importancia como emblema de la lucha de los docentes por la defensa de la escuela pública.
Como conclusión a este pequeño bosquejo considero al guardapolvo blanco como un instrumento que nos marca, como integrantes de una comunidad educativa, tanto a docentes como alumnos.
Es un símbolo de igualdad, de pertenencia a la escuela pública, símbolo de lucha por la defensa de la escuela de todos y para todos. Debemos estar orgullosos de ser portadores de él, lo mismo que los alumnos deberían pensar lo importante que es llevarlo, cuidarlo, mantenerlo en condiciones dignas como cualquier uniforme de trabajo, ya que ellos van a la escuela a trabajar en pos de su educación, de aprender a ser personas, de colaborar con los demás, de respetar y ser respetados, sin necesidad, hoy en día de hablar de la vigilancia de los cuerpos. Diría que en esto podríamos hacer la diferencia del significado del guardapolvo en el 2010 y lo que fue en su momento en las primeras décadas del siglo XX.
Fragmento del capitulo del mismo nombre del libro "Historias insolitas de la historia Argentina" de Daniel Balmaceda
No fue Sarmiento el inventor del guardapolvo blanco escolar, como algunos creen. En el invierno de 1915, en la escuela porteña Cornelia Pizarro la maestra Matilde Filgueiras organizo una reunión de padres que terminó siendo histórica. Aquella tarde la docente explico que la ropa de los estudiantes ponía muy de manifiesto la condición social de los chicos y generaba divisiones entre los alumnos.
No se equivocaba. Un simple vistazo permitía diferenciar a los chicos de buena posición de los que provenían de hogares más humildes. Filgueiras propuso instaurar un guardapolvo del mismo color que uniformara a todos. Pero ni siquiera logro uniformar las opiniones de los padres. Por un lado estaban los padres que consideraban descabellada la idea y por el otro los que la aprobaban no se ponían de acuerdo con el color.
La maestra empeñada en llevar adelante su idea, se corrió al centro, compro varios metros de género blanco que pago de su bolsillo, lo cortó y lo distribuyo entre los alumnos de la escuela. Les explico a las madres como debía ser el modelo de guardapolvo.
Algunos padres no entraban de acuerdo y protestaron, la denuncia llego al ministerio de educación, desde donde se resolvió enviar a un funcionario a la escuela.
El inspector recorrió las aulas, espío los recreos y entendió que la idea valía la pena.
Comenzó una cruzada a favor del guardapolvo en la que había que lidiar con padres rebeldes y otros que no entendían porque la escuela gratuita los obligaba a hacer un gasto no contemplado en sus magros presupuestos. En muchos colegios se organizaron rifas y bailes para ayudar a otras escuelas en la compra del género para los guardapolvos.
Las inspecciones del Ministerio de Educación continuaron y el proyecto de Filgueiras fue aprobado de manera oficial en 1918, se envío una circular a todas las escuelas, recomendando que adoptaran el uniforme.
En 1942 el uso pasó a ser obligatorio. Así nació el guardapolvo blanco. Otro invento Argentino.
Me permito algunas reflexiones respecto a esta nota:
1) En una ocasión, un prfesor de historia de mi escuela refirió que el guardapolvo fue primero gris (como lo es actualmente en algunas escuelas confesionales) y luego se "blanqueó. Yo sólo puedo aportar este comentario de un compañero.
2) Hoy el guardapolvo es también una especie de salvoconducto para el niño que lo porta: No es sólo un niño: Es un "escolar" que será ayudado por la comunidad en cualquier circunstancia.
Y, para los docentes es muy útil en el caso de "experiencia directa" "lección paseo" (o como se llame en las provincias), cuando se lleva a los chicos al exterior de la escuela. Con guardapolvo es más fácil identificarlos para los docentes y para la comunidad, en el caso de que algún pibe se pierda, algún adulto le podrá decir que los "de guardapolvo" están en tal o cual lugar.
Me parece que esto es también interesante.
3) Lo de Inés Dussel respecto a que "con guardapolvo" yo represento a la escuela es correcto. Pero la interpretación de que "no me peretenece mi cuerpo" es pensar que no me pertenece la representación de la escuela...¿por qué pensar que mis actos no la representarán? Me parece que eso es por pensar que las normas las pone otro y el alumno debe cumplimentarlas dentro y fuera de la escuela.
Bien se podría pensar que al estar en guardapolvo rige el principio "in itínere" y el niño/alumno cumplimentará normas que él mismo se ha autoimpuesto.¿por qué no pensarlo? Y que estará orgulloso de cumplirlas (porque son de él): Por ejemplo: Ayudar a un no vidente a cruzar la calle... Será poner en acción lo que "aprendió en la escuela". Buena señal.
Si las normas le son agenas (impuestas por otros) el problema es específicamente és, que las normas le son agenas, no que usa guardapolvo.
Dicho sea de paso, el principio de que se es "alumno" in itínere se aplcia (sin guardapolvo) en las escuelas secundarias al y volver por ej. de las clases de educación físca. O de los partidos intercolegiales.... En cuanto al cumplimiento de la normativa.
3) Hay escuelas secundarias que exigen guardapolvo. En una de ellas, en la Ciudad de Bs As hubo una votación hace un par de años entre los alumnos...y ganó el guardapolvo. Interesante!
Las escuelas privadas (todas o casi) tienen uniforme. En algunas ciduades del interior del país hay escuelas estatales que también lo tienen (para parecerse a las privadas!!!!).
4) Un detalle anecdótico: En la Ciudad de Bs As hay una ordenanza (en vigencia) que prohibe entrar en un albergue transitorio con uniforme escolar (aunque tengan 18 años cumplidos, que es la edad exigida).
En fin, el tema del "guardapolvo" es por demás interesante para debatir.
Cordialmente. Jorge Berguier
Yo siempre me pregunté por qué había un modelo de guardapolvos para mujeres que se barochaba por detrás. Ahora sé que detrás de los argumentos disciplinarios de la higiene, se suma una técnica de sometimiento donde la mujer sigue en situación de dependencia con respecto a un otro que debe abrocharla y desabrocharla.
© educ.ar. Todos los derechos reservados
Educ.ar S.E. - Saavedra 789 - Ciudad de Buenos Aires - C1229ACE
Tel / Fax: 54-11-5129-6500 (rot.) - Argentina