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La nueva cultura propuesta

La humanidad evoluciona corrigiendo los errores cometidos y aprendiendo de ello. Esto sucede en lo individual y se transmite al resto de la sociedad. De ese aprendizaje van quedando conocimientos acumulados que conforman el haber evolutivo, es decir la cultura, conjunto de factores que elevan la condición humana permitiendo la marcha hacia el perfeccionamiento y la superación. Cuando en ese proceso un pueblo logra avances considerables que lo distinguen de los demás, señalando un derrotero a seguir, puede dar lugar al nacimiento de una nueva cultura.

Sucede con frecuencia que los individuos, después de cierto tiempo, dejan de lado lo aprendido de sus predecesores, comenzando a incurrir nuevamente en errores que habían sido superados. Ello retrotrae al ser - o a la comunidad - a estadios inferiores, originándose la decadencia, que culminará con ese ciclo cultural, dando lugar a procesos nuevos. Estos hechos configuran también el campo experimental capaz de instruir a los nuevos individuos, que por no haber intervenido en el proceso anterior, no comparten la experiencia ni los conocimientos resultantes de ese proceso.

De cada uno de esos ciclos quedan valores que, como un residuo cultural, siguen vigentes en el tiempo, sirviendo de base a los desarrollos futuros. De esa manera los ciclos nuevos parten de ese haber residual, dando lugar a otros procesos evolutivos.

A través de este maravilloso mecanismo la humanidad va efectuando su milenario aprendizaje, encaminándose hacia conquistas cada vez más elevadas y dejando atrás, a veces lentamente, los errores que a manera de rémoras dificultaron la marcha.

La historia nos presenta la manera en que se desarrollan las sociedades; generalmente un grupo nómada se instala en un lugar atraído por ventajas o comodidades que facilitan la subsistencia, comenzando una nueva etapa.
Los primeros tiempos aúnan las voluntades y los esfuerzos, que tienen por objetivos individuales y sociales la defensa, la alimentación, la seguridad y el crecimiento de la comunidad. Cuando con el tiempo esos aspectos están logrados, comienzan a aparecer otros intereses y los objetivos de la vida individual dejan de coincidir con los objetivos sociales; se presentan entonces los afanes de riqueza, o de fama, halagos etc. Suelen persistir intereses comunes bajo la forma de conquistas de tierras o poder, dando lugar a la formación de imperios o grupos dominantes.
La mayor disponibilidad de tiempo y comodidades origina nuevas actividades, creándose interés por el desarrollo cultural y las artes; esta etapa puede significar otro comienzo. Uno de los factores básicos de cada cultura es el objetivo de vida, que puede ser individual o colectivo. Cuando un pueblo coincide colectivamente en determinado propósito, por ejemplo las conquistas territoriales, o el desarrollo comercial, las ciencias, las artes, o la industria, ese objetivo caracteriza a la cultura.

La educación define y fija los objetivos individuales de vida. Ellos fueron siempre inculcados siguiendo las orientaciones de cada sociedad, formando así individuos útiles a los intereses predominantes. El hombre buscó ser un buen soldado, un súbdito fiel, un buen marino, un trabajador eficiente, un científico, un artista, un buen ciudadano. Dentro de esas orientaciones cada individuo desarrollaba su proceso evolutivo, aprendiendo a vivir, a cumplir con sus obligaciones sociales, pero sin saber porqué lo hacía. Salvo quizá los atenienses de la época de Pericles, todas las culturas conocidas fijaron los objetivos individuales de vida desde afuera hacia adentro, obstaculizando con ello el cumplimiento de la función principal de la vida humana: evolucionar conscientemente. Se impidió así que el hombre ejerciera esa prerrogativa, que es, precisamente, la que le distingue de todas las demás especies.

Cuando al hablar de la Logosofía decimos “nueva cultura” señalamos este aspecto, la evolución consciente, como diferencia fundamental entre las culturas conocidas y la que propicia la logosofía.

Es difícil concebir esto en todo su significado; no cabe duda de que los milenios transcurridos fueron el camino necesario en la preparación de la conciencia humana para la realización de esta posibilidad. Los errores que hoy se evidencian en el incorrecto o perjudicial encauzamiento de la actividad humana, que están poniendo en serio peligro la subsistencia misma de la vida en el planeta, son consecuencia de aquellos objetivos de vida equivocados. La falta de conocimiento de sí mismo, la aceptación de rumbos impuestos desde afuera, la masificación, en suma, llevaron a la humanidad al peligro en que se encuentra. Quienes se adjudicaron el papel de orientadores o directores de las conductas ajenas, logrando ser escuchados y seguidos por los demás, han conducido a estos resultados.

La liberación individual producida por el estudio de Logosofía, experimentada por miles de seres humanos que cambiaron radicalmente su vida, nos permite afirmar que se está en el camino correcto. Resta ahora ver hasta donde han de llegar las consecuencias de los errores acumulados por siglos. Y en que dimensión y mediante cuanto tiempo la unión de mentes liberadas habrá de desarrollar esa nueva cultura.

Esa es la sublime tarea que la Sabiduría Logosófica ha dejado como legado a sus cultores.


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