Como docentes que enseñamos, desarrollamos y potenciamos herramientas a nuestros educando, y utilizando un gran instrumento mediador que es “la experiencia” tenemos que intentar y favorecer un aprendizaje constructivo en nuestros alumnos. Esto significaría que además de brindar experiencias escolares de trasmisión de contenidos o saberes colegiados, también debemos lograr que esas experiencias que podrán ser de éxito o de fracaso para los alumnos, no disminuyan la motivación hacia el aprendizaje y la ejecución de tareas en relación.
Por Andrea B. Taborda, especialista en investigación educativa
No resulta raro, observar en los seres humanos cambios de humores, los cambios de emociones, son algo natural. Estamos al tanto como profesionales de la educación que tanto los estímulos externos como los estímulos internos al sujeto, causaran influencias sobre las mismas, a favor de la expresión o en detrimento.
Obviamente esto resulta más fácil de ser reconocido en nuestros alumnos, dado por su edad no avanzada, por encontrarse en determinados estadios evolutivos, por sus juegos y sus relaciones interpersonales e intrapersonal, a veces por el entorno que no los favorecen, y en especial hoy por lo cambios sociales que se han producido en los últimos tiempos. Un excelente ejemplo, porque resulta bien observable, es el período de la adolescencia. Porque allí se ven con más facilidad los cambios físicos y psíquicos, su lenguaje críptico y sus identificaciones, su ambivalencia amorosa, su revuelta contra la sociedad, etc.-
Dado la importancia de la emociones en los seres humanos y como forma de expresión de lo interno, es necesario prestar esencial cuidado a las mismas. No solo porque estas se suceden en relación estímulos externos o internos sino que en su mayoría provienen de experiencias subjetivas y del marco de contención que le brinda el “Otro” fundamental, este último como representante de lo social en su mundo interno.-
Entonces como docentes que enseñamos, desarrollamos y potenciamos herramientas a nuestros educando, y utilizando un gran instrumento mediador que es “la experiencia” tenemos que intentar y favorecer un aprendizaje constructivo en nuestros alumnos. Esto significaría que además de brindar experiencias escolares de trasmisión de contenidos o saberes colegiados, también debemos lograr que esas experiencias que podrán ser de éxito o de fracaso para los alumnos, no disminuyan la motivación hacia el aprendizaje y la ejecución de tareas en relación. Pretendo exponer, entonces, que en cuanto a las experiencias con resultado o sesgo negativo debemos abordarlas a partir de la comunicación, pero no depositando la culpa o el fracaso sobre el sujeto o los sujetos sino sobre cuestiones de entrenamiento, circunstancias, tiempo y espacio, que podríamos llamar fortuitas. El objetivo de lo anterior es no crear en el grupo de alumnos la convicción de la “incapacidad” es decir la creencia de “no saber nada” del “no poder aprender “del “no sirvo.
Si el infante o adolescente se convence de que el es incapaz entonces recorrerá un camino sinuoso donde será casi imposible, para él, alcanzar el victoria. Sin embargo si depositamos, el fracaso, en circunstancias exteriores al sujeto seguramente el sujeto no temerá volver a intentar esa experiencia.
Con respecto a las vivencias positivas, estas conviene relacionarlas con la interioridad del sujeto, sus capacidades cognitivas, y así se verá reflejado el índice de como se mantiene o aumenta el nivel motivacional del mismo. Es casi imposible que decaiga la motivación cuando se vivencian experiencias positivas.-
Prestar especial cuidado al uso de las evaluaciones. Sugiero como castigo nunca y menos el famoso “saquen una hoja”. Las evaluaciones son instancias de valoración de contenidos, actitudes y procedimientos internalizados por el sujeto comprendido en el proceso de enseñanza-aprendizaje pero sobre todo deber priorizarse como una instancia de aprendizaje.
Desde mi punto de vista debe existir, no debe olvidarse o considerarse sin valor, algún tipo de devolución individual en cada evaluación, siempre propiciando los aspectos positivos de la misma para mantener la energía y la motivación del alumno. Estoy de acuerdo en combinar estímulos de refuerzo para elevar las ganas, el interés, la concentración, en el estudiar y no comparto, ni acuerdo en la utilización de ningún tipo de castigo (estímulos negativos) para fomentar el estudio. Se establecería con el castigo un nexo poco acorde con la práctica pero sin embargo apoyo y acuerdo con los refuerzos que apuntan al rescate de lo positivo de una conducta. Pero estos últimos sin ser continuos, excesivos, exagerados y como única forma de lograr la repetición de una conducta adecuada. No olvidemos que para ello tenemos la comunicación eficaz.
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