POR DANIEL MARTINEZ ZAMPA
Abogado-Mediador- Mag. En Administración y resolución de conflictos.
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Al observar las noticias en los medios que a diario reflejan los conflictos, los “cruces verbales” , “desafíos”, “amenazas”, “chicanas políticas” y disputas que generan y sostienen nuestros políticos, funcionarios y dirigentes, al ver el alto grado de agresión y descalificación con el que nuestros representantes y cada uno de nosotros nos dirigimos hacia quien piensa diferente nos preguntamos ¿Qué aprendimos en estos 25 años?
A un cuatro de siglo de recuperada la democracia en nuestro país, parece que todavía no hemos aprendido a ejercerla. Desde el discurso nos llenamos la boca hablando de ella, del consenso, los acuerdos, del respeto al otro, pero en la práctica la intolerancia hacia el otro parece gozar de buena salud. Para muestra sólo basta leer los diarios y ver las noticias..
El ejercicio del derecho responsable de expresión que tanto ha costado conseguir hoy parece continuar en el DEBE de la democracia , por responsabilidad tanto de nuestros políticos, como de nuestros dirigentes y propia de cada uno de los ciudadanos argentinos.
“Expresarse” en democracia NO ES SINONIMO de descalificar al otro, considerándolo como un “enemigo”
Coser, quien ha estudiado las funciones del conflicto social sostiene que la búsqueda de un enemigo externo al grupo aumenta la cohesión dentro del grupo, y la búsqueda de un “enemigo” interno ayuda a mantener la estructura interna del poder, impidiendo que los verdaderos conflictos puedan plantearse dentro del mismo.
Los geniales “Les Luthiers” en una memorable pieza llamada “Himnovaciones”, parodian a un grupo político que busca incorporar al himno de su país un “enemigo” a quien el “pueblo pueda odiar y a quién echar culpas si algo sale mal” y luego, al encontrar un enemigo con quien no se pueden encontrar causas lógicas de conflictos sostienen “total el pueblo qué sabe… ¿si pudimos inventar un enemigo cómo no va a ser posible inventar un conflicto?...
Como ciudadanos tenemos que pensar si no estamos alentando o quedando en medio de “conflictos” aparentes que sólo sirven a los intereses de quienes lo generan.
A 25 años de recuperada la democracia… ¿A quién seguimos culpando de nuestros males?
Hablamos de la posibilidad que nos da la Democracia de contar con canales para expresarnos, sin embargo, cuando tenemos un espacio para ello lo utilizamos como fuente para agredir al otro, al que piensa distinto. ¿Es que acaso no podemos disentir sin agredir? ¿Por qué da la impresión que quien no piensa igual es mi enemigo? .
Luego esos mismos adultos que son protagonistas de estos ejemplos de intolerancia se “rasgan las vestiduras” mostrando su preocupación pública cuando los jóvenes acuden a medios violentos para expresarse y allí salen a los medios exigiendo mayores controles o promoviendo leyes, programas, proyectos, planes, etc, etc que prometen “erradicar tal o cual problemática”.
Es tiempo de dejar de buscar culpables y enemigos y asumir nuestras propias responsabilidades desde el lugar que nos toca actuar en la sociedad, revalorizando la palabra.
Esta palabra que, como forma de relación con el otro de reclamar y de buscar soluciones, hoy está devaluada.
Estos son los ejemplos que hoy reciben nuestros jóvenes y hoy lo reflejan. Decimos los jóvenes son el futuro, una vez escuché una frase que decía los adultos somos el futuro porque los jóvenes nos están mirando. ¿Será que esto que hoy nos moviliza de los jóvenes no es sino el propio reflejo que les estamos dando con nuestros ejemplos? Los jóvenes ya están “hartos” de discursos vacíos de muchos adultos. Hoy nos reclaman que eduquemos con el ejemplo.
En momentos como los que estamos viviendo se hace necesario recuperar el valor de la palabra. Pero recuperar el valor de la palabra supone también recuperar el valor de la escucha, del poder escuchar realmente al otro aún cuando está diciendo algo con lo que no coincido, en pensar que pueden existir múltiples verdades subjetivas y no una verdad única, que se puede trabajar con el disenso, que la lógica binaria (buenos –malos, culpables- inocentes) en estas situaciones no son adecuadas y buscar herramientas para consensuar.
Recuperar el valor de la palabra también significa revalorizar los espacios que desde los diferentes medios se ofrece para expresarse con libertad.
¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros y las autoridades para Educar para la libertad, como lo sostenía Paulo Freire?
A más de un cuarto de siglo de recuperada la Democracia aún tenemos mucho por aprender, especialmente los adultos que estamos dando el ejemplo a nuestros jóvenes y trabajar para revalorizar la palabra y los espacios para que ella circule.
ESTOY DE ACUERDO, Y, ADEMAS QUIERO AGREGAR UNA NOTA QUE PUEDE COMPLEMENTAR EL ARTICULO DE MARTINEZ ZAMPA;
Participemos para una
Mejor Calidad de Vida.
por Enrique Luis Liccardi Sañudo
El 30 de octubre de 2008, ha cumplido 25 años el regreso de la democracia en nuestro paìs y todavía, no hemos podido superar la etapa primaria de la misma, que es la democracia electoral. Hasta ahora, en estos años, votamos con la frecuencia que indica la Constitución.
No hemos logrado tener una democracia de ciudadanos, una democracia institucional y sólida. Me parece bueno reflexionar al respecto, ya que las instituciones no gozan de prestigio social, pero esto no solo es culpa de éstas, sino también de los ciudadanos que no exigen su buen funcionamiento. Hay una crisis de representatividad de una institución básica como son los partidos políticos, que se ha ido acrecentando desde 1985 en adelante.
Hoy, hay un partido cuasi-hegemónico y fracturado al mismo tiempo, en el que el poder sólo se debate dentro de su ámbito, induciendo a la apatía ciudadana y por supuesto a su decadencia.
Existen intentos de abrir nuevas opciones pero chocan contra la realidad, son organizaciones creadas a imagen y semejanza de un líder, que motoriza la estructura, pero sus errores y virtudes son soportados por el conjunto.
Cuando los errores superan a los aciertos, la estructura colapsa, y un nuevo derrumbe hace ver a éstos intentos como movimientos espasmódicos, ante una ciudadanía incrédula que visualiza a estos grupúsculos y a sus intentos fallidos, como un nuevo intento de jugar a ver quien se queda con el poder, por el poder mismo.
La cantidad de partidos políticos, no hace más que confirmar esta idea popular, la implementación de artilugios legales pero no legítimos, en un país donde la política es señal de actividad deshonesta, inmoral, y con altas dosis de falta de ética.Una carrera política nace dentro de un partido político, y no creando uno. Seguramente nadie pensaría en formar una universidad para recibirse de médico, arquitecto o abogado.
La renovación de la clase política exige: no aumentar el número de partidos, sino limitar la renovación en el ejercicio de todos los cargos electivos.
La falta de idoneidad, imaginación, e incompetencia para encarar una actividad política, genera un problema muy grave y por eso tenemos una calidad de vida tan deficiente. Hay una proporcionalidad directa entre la calidad de vida de los habitantes de un país y la calidad de sus instituciones. Mientras esto no sea rescatado tendremos un escenario político desacreditado como el actual, debates con acusaciones, aún en dirigentes que poseen un nivel de educación con el que podrían plantear cuestiones más elevadas, sin recurrir a los agravios personales.
La sociedad no concurre a las elecciones, no participa de la política con entusiasmo, no confía en las instituciones, y se encuentra convencida que cualquier renovación polìtica no va a poder traer un cambio.
Tenemos que hacer un esfuerzo para que la democracia tenga mejor calidad y las instituciones funcionen más allá de las calidades personales de sus funcionarios.
El Congreso ( Nacional, Provincial y Municipal -Consejo Deliberante-) es una institución que está muy desacreditada porque no cumple su función, pero la ciudadanía carece de la voluntad de generar una renovación de sus equipos, y cae en falsas opciones, o cree que el voto positivo se ejerce alejado de su conciencia.
Las democracias que funcionan, carecen de una alta dispersión de partidos políticos, y muchas veces aquellos que hacen conciencia de su voto, llevan a cabo un voto instrumental: voto a tal fracción porque me asegura que va a controlar determinadas cuestiones o porque va a apoyar determinadas otras.
Con nuestra participaciòn, nuestra conectividad, nuestro trabajo y esfuerzo,
podremos mejorar la calidad de vida.
GRACIAS
Me parece muy interesante el debate que inicia el señor zampa, ya que considero fundamental que si la sociedad afirma que "los jovenes son el futuro" empezaran ellos dando el ejemplo. Sin embargo vemos claramente que no lo hacen, como es el caso del conflicto con el campo o peor aun, el conflicto y la represion a los docentes que solo luchan por lo que les corresponde. ¿no es eso la democracia? ¿poder ejercer libremente el derecho del ciudadano?
Considero de crucial importancia lo que escribe el señor Zampa, la lectura me remitio al articulo de Pablo Gentilli que habla de la democracia simulada, y es verdad a mas de un cuarto de siglo de recuperada la "democracia", yo me pregunto ¿recuperada para quien?. Cuando se aproximan las elecciones, nos llenamos la boca o mejor nos llenan la cabeza diciendo que vivimos en democracia y que el modo de ejercela es votando. Pero despues de que ganan la palabra democracia queda archivada y la practica se desborda de intolerancia hacia los que ellos llaman contrarios, como dice Zampa buscan enemigos y nos bombardean de conflictos que sirven solo a sus intereses. No son democraticos son conspiradores, el consenso es entre ellos,para manejar sus intereses, y ¿los del pueblo?. Es necesario reivindicar la palabra democracia, ponerla en practica, es accion, pero no la accion de reprimir.
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