Corregir en el área de Lengua es una de las tareas más tediosas que existen y de mayor complejidad. Hoy la pregunta está en cómo tenemos que corregir. Cuando leemos una producción realizada por los estudiantes, ¿debemos marcar la incorrección o dar la respuesta correcta? ¿Qué es lo realmente útil?
Desde las más modernas teorías del aprendizaje sabemos que si optamos por dar la respuesta correcta a los problemas de la escritura de los alumnos, estaremos haciendo que ellos adopten un rol pasivo. En cambio, si nuestra propuesta didáctica opta por la primera de las dos opciones que consiste sólo en marcar el error, ahí el desafío va a estar puesto en manos del alumno quien deberá tomar la iniciativa de corregir y trabajar en ello a conciencia. Es ese contexto cuando entra en juego el trabajo con los borradores de las producciones de los alumnos.
Cuando los docentes deseamos trabajar con ellos, nos encontramos con una seria dificultad: Existe una larga tradición arraigada en nuestras escuelas y en las familias de los alumnos que dice que las carpetas deben estar prolijas. Por este motivo los alumnos no guardan sus borradores (o en algunos casos los terminan pasando para que queden más presentables, muchas veces a pedido de los padres) y eso imposibilita el trabajo de reflexión constante que debe haber a partir de una producción escrita. Para intentar revertir esto debemos trabajar en primer lugar con los estudiantes un contenido procedimental que podríamos denominarlo “el archivo y el trabajo con los borradores” ya que de esa forma lograremos que ellos tomen conciencia sobre su producción, la valoren, la relean y la critiquen a los efectos de mejorar su calidad. También podríamos explicitar la necesidad de que los guarden en sus carpetas en los contratos didácticos que tenemos que presentarles cuando comienza el período de aprendizaje.
Por supuesto que frente a la corrección y el trabajo con los borradores, los alumnos pueden reaccionar de diferentes maneras. Algunos podrán sentirse motivados pero muchos otros se podrán mostrar desinteresados. Es ahí cuando debemos fomentar la corrección.
Uno de los procedimientos usuales para corregir consiste en socializar las producciones realizadas por medio de la lectura. Esta actividad, si bien es importante ya que permite no sólo que el estudiante lea sino que se exprese oralmente, tiene una dificultad que pasa por la falta de la autocrítica en los adolescentes – aspecto que no es igual en los niños de los primeros años de EGB quienes son muy críticos no sólo de sus producciones sino de la de sus pares-. Aquí, debemos trabajar con el análisis oral de las producciones, enseñarles a ver más allá de las palabras, a pensar, a descubrir los pequeños – o grandes- errores que hacen que un texto disminuya en cuanto a su calidad literaria. En el momento de la corrección debemos tener en cuenta aspectos tales como cuestiones de normativa (ortografía, morfología, sintaxis), mecanismos de cohesión (puntuación, nexos, correlación verbal), de coherencia (progresión de la información, estructura del texto, estructura de los párrafos), la adecuación (selección de la variedad de lengua utilizada y la adecuación del registro) (Cassany, 1995: 31). A partir de la lectura, se encontrarán errores o se marcarán aciertos para luego pasar a un segundo momento que es el de la corrección de lo escrito en el papel. Ahí será necesario trabajar con marcas determinadas que le indiquen al alumno qué aspectos son los que debe revisar a los efectos de que su producción sea cohesiva y coherente, y que cumpla mínimamente con cuestiones de normativa.
En todos lo casos, siguiendo algunos de las ideas de Alfredo Gadino (2001: 70), es necesario que el productor del texto se relacione – al menos en un nivel teórico – con el interlocutor, a los efectos de potenciar las competencias de interactuar a través del lenguaje. Ahí será necesario que el productor de textos se corra de su lugar de “autor” para observar su mensaje desde la perspectiva del receptor. En todo momento debe preocuparse por tratar de ser comprendido por “alguien que desconoce el objetivo y el contenido del mensaje”.
Será en ese momento, gracias a la reflexión, que el borrador adquirirá importancia ya que será un medio para que las producciones sean adecuadas y que cumplan con su intencionalidad comunicativa.
Lic. Prof. Marcelo Bianchi Bustos
Licenciado en Enseñanza de la Lengua y la Comunicación. Profesor de Castellano, Literatura e Historia. Especialista en Educación de Adolescentes y Adultos. Actualmente cursa la Maestría en educación en la Universidad de San Andrés. Jefe de Trabajos Prácticos del Departamento de Literatura en la Universidad J. F. Kennedy, Ayudante del Departamento de Humanidades de la Universidad CAECE y Profesor Titular de Lengua en escuelas del distrito de Pilar, Provincia de Buenos Aires.
Bibliografía
Cassay, Daniel (1995), Reparar la escritura. Didáctica de la corrección de lo escrito, Barcelona, Grao.
Gadino, Alfredo (2001), Gestionar el conocimiento. Estrategias de enseñanza y aprendizaje, Rosario, Homo Sapiens.
Hola:
Soy Educadora de Párvulos y estoy realizando un Magíster en Evalución de Parendizajes. En este momento estoy desarrollando mi teisi sobre autoevaluación y me gustaría saber, si es posible alguna información sobre la Autoevaluación Infantil.
Esperando su respuesta o alguna orintación.
Lidia Ruiz Arévalo
Universidad Católica de la Santísima Concepción
Chile.
hola soy porfesora de lengua y literatura en Perú me gustariá que me proporcione bibliografia sobre estrategias metodológicas en corrección ortografica ya que muy pronto tendre que presentar un proyecto de investigación de este problema que he encontrado en jovenes no universitario. gracias
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