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Educación sexual: herramientas conceptuales.

Como docentes y alumnas/os sabemos que los procesos educativos no acontecen únicamente mediante acciones volitivas, planificadas y justificables. Muchas veces, sino la mayoría, se producen por omisión, en silencio, entre líneas. De este modo automático e irreflexivo es como suelen transmitirse algunas disposiciones corporales.

La institución escolar, generalmente, produce una pedagogía del género y la sexualidad en consonancia con muchas otras instituciones.Y más allá de la forma en que se educa en esos aspectos, suele hacerse bajo el supuesto de la existencia de una única forma legítima, "normal" de ser mujer o varón, así como una forma "adecuada" de vivir la sexualidad: la heterosexual. Aunque admita la posibilidad de vivir los géneros y la sexualidad de otras formas, muchas veces las construye discursivamente como un “secreto a voces”. Pero ¿qué queremos decir cuando hablamos de género y derechos humanos en la educación sexual?

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La perspectiva de género

El concepto de género se refiere a una determinada construcción sociocultural organizada a partir de la diferencia sexual. Erróneamente suele identificarse género con mujer, cuando se trata de una categoría que comprende a hombres y mujeres con el fin de entender cuál es la lógica de construcción de sus identidades, mejor dicho, las posiciones subjetivas y sus relaciones. De manera inicial podemos decir que esta perspectiva de análisis permite comprender cómo se organizar la vida en sociedad, cuáles fueron sus raíces históricas y para qué se asume una determinada distribución de roles y expectativas en cuanto a qué es ser hombre y qué es ser mujer.

Cabe preguntarse para qué fue necesario acuñar esta categoría de análisis. Históricamente se planteó que de las diferencias sexuales anatómicas entre hombres y mujeres se desprenden naturalmente modos de sentir, pensar, comportarse opuestos (feminidad-masculinidad). En la década del 60, los estudios de género, apelando al constructivismo social, acuñaron la categoría de género a fin de denunciar las relaciones de poder entre hombres y mujeres; relaciones de poder (en ocasiones, de dominación) configuradas sobre la idea de una "verdad natural". La frase célebre de Simone de Beauvoir, "no se nace mujer, se llega a serlo" resumió, en principio, la operatoria opresiva de un modelo de inteligibilidad cultural del sexo.

El concepto de género hace referencia, entonces, a esas simbolizaciones (invenciones, narrativas) producidas por las culturas respecto de qué significa ser hombre y mujer. Se trata de una categoría de análisis relacional que posibilita la descripción y el análisis explicativo del ordenamiento del sistema de relaciones sociales, así como la significación de las relaciones entre mujeres y varones, que son percibidas como un orden natural desde la vida cotidiana de las personas. Esa naturalización de las relaciones entre mujeres y varones genera un fenómeno de invisibilización del carácter sociocultural y, por tanto, histórico de la desigualdad, vivida como “diferencia de sexos”. El género permite analizar cómo se distribuye el poder en las relaciones sociales, en sus expresiones en los niveles micro y macrosociales.

Esa relación supuestamente lineal entre sexo-género se significa generalmente dentro de la heterosexualidad, como práctica sexual ligada a la procreación y la familia. Por ello se habla de “heteronormatividad”, es decir: la heterosexualidad es construida como norma y normalidad. Históricamente, la mujer ha sido definida como ser-para-otro, y se le han permitido unos pocos y desventajosos lugares aceptables, todos ellos ligados a la complacencia del deseo y las expectativas ajenas. Entre ellos, la maternidad, y, su opuesto, un mero objeto sexual. Mucho se habla de la tríada madre, esposa, ama de casa. A ello, hoy en día se le suma el trabajo que las mujeres debemos asumir en el ámbito público a partir de su incorporación al mercado laboral remunerado. Y en esta distribución de roles, los varones también sufren presiones sociales cuando se espera que sean el “macho” proveedor, siempre listo, audaz, fuerte y racional, entre tantas otras cosas. Muchas veces, estas expectativas sobre mujeres y varones limitan la potencialidad de las personas construyendo como no posibles otros proyectos de vida, otras formas de ser y estar con otros.

La perspectiva de derechos humanos

En cuanto a la perspectiva de derechos humanos, debemos comenzar aclarando que estos no son meros atributos de las personas. Por ello, es fundamental informar acerca de los derechos pero esta tarea no es suficiente para que una persona pueda efectivamente ejercerlos. Los derechos no se poseen, es necesario construirlos y dotarlos de sentido en la vida cotidiana. Es decir, para que una persona pueda sentir que tiene derechos, y consecuentemente ejercerlos, tiene que en primera instancia saber que existen y, luego, poder relacionar sus problemas y necesidades cotidianas con la vulneración o no satisfacción de algunos derechos.

Si bien los derechos son universales, las diferencias entre las personas y la desigualdad entre los grupos hace que sea necesario trabajar para que la universalidad se concrete. La ciudadanía y el enfoque de derechos no quieren decir lo mismo para todas las personas ni en todos los contextos. Es importante entender qué sentidos tienen en cada situación particular.

La noción de ciudadanía se relaciona con:

• Una noción de justicia que se puede expresar como una pregunta: ¿cuándo es justo para una persona ser tratada como igual a las demás y cuándo es justo que sea tratada como diferente?
• Una necesidad de reconocimiento, que implica que aquellos grupos o personas que son vistos por la mayoría como "diferentes" del resto sean tratados con igual respeto y consideración que aquellos que son vistos como "iguales" o como "normales".
• Una necesidad de autodeterminación, que indica la necesidad de que cada persona pueda ejercer algún grado de control sobre la propia vida.


Por último, no está demás decir que la sexualidad es una dimensión constitutiva del ser humano, y aunque atañe a la dimensión más singular y privada de una persona, comprende derechos. Todas las personas somos sujetos sexuados y nos construimos como tales a lo largo de nuestras trayectorias vitales. Concebir a las personas integralmente implica incluir insoslayablemente la dimensión del ser un sujeto sexuado y sexual que poseen un saber aprendido a lo largo de su vida. Dicho saber suele ser un saber no reflexionado por las personas y determinado por creencias y mitos fuertemente arraigados. “El modelo hegemónico construido en relación a la sexualidad en nuestra cultura señala que la sexualidad forma parte de la vida adulta de las personas, sexualidad y genitalidad son sinónimos, el fin privilegiado es la reproducción, el placer es para los varones o para las ´malas mujeres´, la masturbación es peligrosa y temida especialmente en los adolescentes y jóvenes, y no permitida en las adolescentes y jóvenes, el pudor y ´la pureza´ son valores positivos en las mujeres, quienes serán introducidas en la vida sexual por su pareja varón, la homosexualidad es concebida como una ´desviación´ de la sexualidad ´normal´, entre otros puntos” . Por ello es muy importante trabajar a partir de estas creencias ya que tienen una poderosa influencia en cómo las personas viven su sexualidad (es decir, la manera de ejercerla, concebirla, los afectos e ideas a ella asociados).

Para abordar institucionalmente la educación sexual, es necesario revisar y explicitar qué papel juega la escuela en la transmisión de valores, normas, permisos y prohibiciones en relación a la sexualidad y al vínculo con el cuerpo. Estos “discursos” suelen ser reproducidos por la institución escolar en sus rituales, en sus modos de transmisión de contenidos y en los contenidos mismos. Tener presente la perspectiva de género y derechos humanos es un elemento clave para elaborar las propuestas educativas relacionadas con la educación sexual; el ejercicio de la sexualidad comporta derechos y también está determinado por fuertes patrones socioculturales de género. Parafraseando a Graciela Morgade (2001), "decir que la escuela silencia la temática de la sexualidad es enfocar la cuestión de manera demasiado restrictiva: efectivamente se `habla´ poco y nada de las relaciones íntimas, del amor o del placer. Pero eso no implica que no se esté `diciendo´ algo y, menos aún, que la cuestión del sexo permanezca ajena a las prácticas cotidianas".


Para seguir leyendo:

Educación Sexual en la Escuela. Perspectivas y reflexiones.


3 Comentarios

  1. LAURA EYLER. Mayo 7, 2009 15:35

    ESTÁ MUY LINDA LA PROPUESTA. Y CLAROS LOS FUNDAMENTOS DE GÉNERO.
    ESTAMOS POR APLICAR LOS CONTENIDOS DE LA LEY EN UN SECTOR DE LA COMUNIDAD DE MI CIUDAD A PARTIR DE MAYO (Pcia. Bs. As)CON TODOS LOS INTEGRANTES DE LOS EIDS. DEL DISTRITO

  2. LAURA EYLER. Mayo 7, 2009 15:38

    COMENTÉ QUE ME PARECE MUY VALIOSO CONTAR CON HERRAMIENTAS PARA LA EDUCACIÓN SEXUAL EN LAS ESCUELAS; LA PERSPECTIVA DE GÉNERO, Y NOSOTROS LO APLICAREMOS EN UN SECTOR DE MI COMUNIDAD CON TODOS LOS INTEGRANTES DE LOS EIDS EQUIPOS INTERDISCIPLINARIOS IISTRITALES) EN UN DISTRITO DE INT. de la PCIA. bS. aS

  3. aby..... Mayo 8, 2009 14:11

    bue me parece genial qe ablen de esto xq hay muchos chicos qe ni idea sobre tdo esto....spero qe sigan asi....bsos......!!!!!!!!

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