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Educación VS Felicidad

Educación versus Felicidad

Por Rosana Lecay

“Pero estamos en el tiempo de los saldos, de los despojos, de la felicidad canalla en un país de grandes rebajas sobre todo en lo referido al negocio del saber y la educación. Es la época de los mínimos: conocimientos mínimos, nivel mínimo, alumnos mínimos, esfuerzo mínimo, autoridad mínima... No hay que rasgarse las vestiduras; conviene mirar al tendido y, con la sonrisa cínica de quien ya tiene un pie en el estribo, reflexionar, por ejemplo, sobre el informe 'Juventud en España 2004' y el 'Informe PISA' sobre la educación en Europa. En el primero se dice que los jóvenes españoles son los que manifiestan el grado de felicidad más alto de Europa y en el segundo aparecen con el índice más bajo de lectura y el más alto porcentaje de fracaso escolar.

Espero que estos jóvenes sigan siendo tan felices como imagino que lo son a estas horas de la madrugada observándolos en uno de esos escenarios de la noche convertido en campo de batalla; y que no lean, porque si lo hacen se pueden encontrar con un tal Jorge Luis Borges que dejó escrito: «He cometido el peor de los pecados, no he sido feliz». Lo que nos faltaba, la infelicidad no ya como error, que se podría corregir, sino como pecado que te lleva a la condenación eterna.”

La felicidad de las hienas
MIGUEL MARTÍN/FOTÓGRAFO
http://servicios.nortecastilla.es/pg060213/prensa/noticias/Articulos_Opinion/200602/13/VAL-OPI-167.html

Sin duda, estas líneas movilizaron mi reflexión, por inquietud de madre, más que profesional. ¿Sería posible que me estuviera equivocando con la educación de mis hijos?
La gran herencia que mis padres me dejaron fue la educación, y la gran lección fue que una buena educación abre las puertas y asegura el futuro. Eran los tiempos en los que el desarrollo profesional nos preparaba para obtener mejores empleos, mejores salarios. Los tiempos en los que un título profesional, y más aún, un posgrado, eran la llave del éxito profesional y también económico. La experiencia de nuestros padres era que el primer empleo era difícil de conseguir, pero que la dedicación, la honestidad, la constancia, nos harían confiables a los ojos de nuestros empleadores, quienes valoraban la preparación, el tesón y la lealtad, elementos que ayudaban a los empleados a crecer en las empresas.
Entonces, la generación que se formó en las universidades en la década de los ochentas, se preparó con un espíritu competitivo, buscando las mejores opciones académicas que permitieran una más rápida y permanente inserción en el mercado laboral. Las instituciones académicas iniciaron una competencia feroz, ofreciendo los programas más vanguardistas, más novedosos y modernos, que estuvieran acordes a las demandas del mercado. Los profesionales surgidos de esa generación de estudiantes creían que debían ser lo suficientemente adaptables a las necesidades del mercado, y éste resolvería sus problemas y sería el camino al éxito profesional y económico. Ser eficiente era la clave.
Los programas académicos se volvieron eficientes para producir, como grandes fábricas, millones de seres que serían engranajes de esa gran maquinaria llamada mercado. Millones de seres que trabajarían en un mundo interconectado, amplio y con miles de posibilidades para mejorar sus condiciones laborales y sociales. Millones de seres diseñados para operar en el mercado y bajo sus reglas. En ese mismo mercado que prometía solucionar, de forma eficiente, todos los males de la humanidad y que daría a cada quien lo que se merecía, conforme a sus esfuerzos y habilidades, los nuevos profesionales trataban de insertarse y seguir fielmente las reglas de juego.
Esta visión de la educación eficiente al servicio del mercado, respondía a un plan globalizador, en donde pocas empresas, que concentraban grandes capitales, expandían operaciones a lo largo del mundo, dejando poco espacio a empresas nacionales y menos competitivas para operar.
Lo cierto es que el mercado no cumplió con la promesa hecha a los estudiantes universitarios ochenteros, entre los que me incluyo, de que bastaba ser eficiente para que el mercado solucionara todos los problemas.
Los sistemas productivos se transformaron abruptamente, dejando fuera del mercado laboral una gran cantidad de profesionales y, curiosamente, los que entraron con más rapidez al desempleo eran los más calificados académicamente, por considerarlos sobrevalorados para ocupar las posiciones existentes.
Tristemente, las políticas de ajuste estructural de disminución del Estado y reinado del mercado dejaron un saldo de desempleo, exclusión y pobreza. La educación, como otra mercancía más que ofrecía el mercado, no logró formar personas, sino objetos, que de pronto, dejaron de ser útiles al sistema productivo y engrosaron las filas de los desempleados. La buena formación profesional, ofrecida por las eficientes instituciones académicas, la lealtad, la constancia y la honestidad, valores que nuestros padres creyeron únicos y suficientes para el triunfo profesional y económico, no eran valorados por las reglas del mercado. Hoy tenemos contratos de trabajo, por menos de tres meses, para evitar generar antigüedad, jóvenes profesionales explotados, profesionales maduros y con experiencia, sin trabajo porque no se les puede pagar lo que valen, y profesionales con nivel de doctorado desocupados. El mercado iba a ajustar todo.
El mundo es más amplio que ayer, el lugar de trabajo es el mundo. Pero estos profesionales se enfrentan al desarraigo por trabajar sin un lugar fijo; se enfrentan a la discriminación en los países a los que llegan a trabajar, a la soledad y a la dificultad de no poder generar las redes sociales, tan necesarias para poder hacerse de un entorno emocional satisfactorio, debido la necesidad de vivir trasladándose continuamente por razones laborales.
Los sistemas productivos no ofrecen estabilidad, ni salarios justos, ni permanencia, y por lo tanto, no permiten a quienes son parte de ellos planear su vida, comprometerse, ascender, decidir. Todo es efímero, como la tecnología y, por lo tanto, como las reglas del mercado.
Entonces, se vuelve cuestionable la proposición de que una buena educación aseguraba el futuro.
¿Qué queremos para nuestros hijos?
Hoy que me enfrento, junto con ellos, al análisis de las opciones educativas, con la visión de educación como herramienta para asegurarse el futuro, siento un gran desasosiego. ¿Qué consejo es el mejor para ellos?
Mientras la educación sea otra mercancía más, un bien que se compra, se vende, se transforma de acuerdo con las necesidades del mercado y de las nuevas tendencias globales, nuestros profesionales serán productos que podrán ser desechados cuando dejen de servir, cuando las condiciones sean diferentes.
Mientras la educación no sea más que un modo de servir a las necesidades del mercado en lugar de un derecho elemental de las personas para permitirles su dignificación, su autovaloración, su autodeterminación, de poco servirán los consejos acerca de las opciones académicas.
Mientras el mercado decida y determine las soluciones eficientes, veo pocas posibilidades de que la educación sea un medio de ascenso social: cuanto menos educación, más oferta de mano de obra a bajo costo; baste conocer la cifras de trabajo infantil y en condiciones de esclavitud.
Los jóvenes españoles a los que se refiere el autor del artículo del epígrafe, podrán no alcanzar el mejor rendimiento en matemáticas, pero han recibido una educación que los hizo pensar, valorar, conocer sus derechos, saben de libertad y de respeto. La educación valiosa es la que nos ayuda a ser libres, la que nos compromete con los valores, la que no da todo por sabido, la que provoca reflexión, la que nos hace enardecer por las injusticias, la que nos impulsa a lograr mejores niveles de igualdad, la que incluye a todas y todos, la que nos hace más felices y más plenos como seres humanos y no como engranajes de una maquinaria que hoy nos necesita y mañana nos expulsa.
La educación por la que luchan muchas mujeres y hombres en el planeta es la que motiva a los individuos a construir un mundo mejor, donde los niños juegan y no son explotados, donde la comida es parte del día a día y no un hecho fortuito. La educación que quiero para mis hijos es aquélla que los convierta en hombres de bien, con valores, con responsabilidades y compromisos, con empatía hacia los que menos tienen, con respeto a todas las condiciones de los seres humanos, sin discriminación, sin ausencias, sin represalias.
La educación debe permitir la movilidad social, la justicia, debe mantener las mentes abiertas para no aceptar lo que signifique la entrega de la dignidad, la que permita disminuir pobreza y enfermedades, y se evite la invisibilidad de la personas. Esa educación que les permitirá también ser felices por fin y evitar la condenación eterna.

“La tragedia del excluido cultural, en los casos más extremos, es que las víctimas de esta exclusión no son conscientes acerca de aquello que necesitan.”
Emilio Tenti Fanfani



20 Comentarios

  1. nohora bonilla . Septiembre 21, 2006 19:26

    rosana vivo en amèrica latina y aqui las polìticas educativas volvieron a los alumnos y docentes desarraigados desde todo punto de vista, gracias por este articulo tan humano, nohora bonilla

  2. Daniela. Septiembre 24, 2006 02:22

    Rosana:
    En principio, no interpreto que el informe sobre el que escribís tu artículo deje en claro que los jóvenes españoles sean felices dado su fracaso escolar. Sí creo como vos que, indudablemente, el primer paso hacia la felicidad nos lo da la educación recibida de nuestras familias sobre los valores, libertad, etc. a la que la educación escolar le da un valor agregado que, como decís, cuando el mercado no cumple lo prometido, hace que los profesionales se sientan decepcionados. Pero, si releemos el informe español ¿no cabe la posibilidad de pensar que la falta de educación escolar haga que las personas no se sientan responsables socialmente, que no vean las realidades en y por las que debieran estar luchando según sus edades? Es como decir : yo soy un tipo felíz , no me meto en esta cuestión pues no soy profesional, no estudié para ello, que lo haga otro.¿Acaso no podemos ser felices y comprometidos?
    Daniela

  3. Gabriel . Septiembre 25, 2006 16:01

    Rosana:

    Al igual que daniela (comentario del 24 de septiembre)como no me quedó claro hacia dónde apuntaba Miguel Martín en el extracto que motivó tus reflexiones, gracias a la inclusión de la fuente en tu artículo, pude leer esa reflexión en su totalidad. Coincido con tus apreciaciones sobre el tipo de educación esperable(por parte de la familia y por el plus escolar) y las decepciones del mercado (aqui también hay un gran tema ¿educación especializada o propedeutica?, disciplinar o genérica?...).

    Entiendo (tratando de dar una "vuelta de tuerca"a las observaciones de la comentarista daniela) que ,como muy bien señala Martín en su artículo, hoy "felicidad y consumismo van inseparablemente unidos". (La cultura del tener por sobre la del ser)A los chicos no les importa nada, viven "la felicidad de los tontos"...
    Creo que los adultos tenemos mucho que ver en todo esto, fundamentalmente a través del testimonio(y hablo de lo que hacemos y no de lo que decimos).

    Les vivimos hablando de "su futuro" y les exhibimos un futuro tenebroso, inestable, corrupto, decepcionante, fagocitador, a donde nadie en su sano juicio quisiera ingresar.

    En una escala variopinta que va de Esclavizados en trabajos hiperabsorventes (donde el otro próximo no existe)a desocupados mendigos de planes sociales y subsidios miserables, los jóvenes son escasamente involucrados y sólo mirados como sujetos de consumo.
    La publicidad, que suele estar muy atenta las ideas predominantes en la "doxa", habla de"seguir la línea de tu frescura" "hacé la tuya" o a recorrer tu camino....mirándote las propias zapatillas.

    Como menciona Martín todos tenemos derechos a ser felices pero la cuestión es Cómo y para qué.
    (parece que vivimos la era de los derechos... que nos olvidamos de su necesaria contrapartida: las obligaciones... otro tema para despuntar)

    En este tiempo de relativismos y gurúes a la carta , los adultos desde la familia y desde las escuelas (¿ambitos contraculturales en la posmodernidad?...otro asunto a revisar) tenemos mucho para aportar.

  4. Silvia. Septiembre 29, 2006 09:14

    `Me interesó participar en este tema ya que es habitual preguntarse estas cuestiones, sobre todo trabajando con adolescentes y tewniendohijos de esa edad

  5. Silvia . Septiembre 29, 2006 22:03

    me interesó este artículo porque demuestra la poca importancia que se da hoy a los que estudian o ya sean recibido para insertarse en el campo laboral

  6. Ivone Juarez. Septiembre 30, 2006 00:06

    Entiendo que esta contrariedad: "educación o felicidad" es algo que los adultos impregnamos en nuestros alumnos e hijos. Es muy difícil transmitirles (con el ejemplo y día a día) el valor de la educación y de las buenas costumbres cuando el mundo que los rodea es tan diferente. En estos días cuando los chicos son buenos estudiantes, solidarios o preocupados por la ecología, sus amigos y los nuestros (amigos adultos de los padres o docentes) los molestan, no los motivan a seguir con estas conductas. Entonces debemos colaborar en la formación de personalidades fuertes que puedan luchar contra esto y salir airados.
    Les decimos lo importante que es estudiar y leer, pero nosotros no lo hacemos comunmente o con alegría.

  7. María E. Carella. Septiembre 30, 2006 16:13

    Rosana: en la Argentina que vivimos se vive premiando el menor esfuerzo y el ganar dinero a través de actos corruptos. Hoy , los adolescentes se preguntan para qué estudiar,la escuela es aburrida,voy a la escuela por obligación; ya que la cultura del esfuerzo y de las ganas de superarse ha desaparecido , por lo tanto educación y felicidad no van de la mano. Como mamá de una adolescente todos los días me pregunto¿por donde pasa su felicidad?.

  8. María E. Carella. Septiembre 30, 2006 16:23

    Rosana:en la actualidad resulta muy difícil transmitir a nuestros alumnos e hijos la importancia de la educación, ya que se privilegia la cultura del menor esfuerzo y el triunfo de quienes actuan por caminos donde en la mayoría de los casos están marcados por la corrupción.Los adolescentes de hoy , a diferencia de los de ayer viven inmersos en esta realidad y se preguntan ¿ para qué sirve la escuela? o la escuela es aburrida ,ya que la misma no marca un rumbo en su vida ni la ven como definición de su proyecto futuro.

  9. Verónica Luppi . Octubre 1, 2006 06:51

    El artículo me pareció muy interesante y actual. Como docente, es cada vez más dificil tratar de enseñarles a los chicos el valor del estudio, del esfuerzo, del saber. Actualmente estamos inmersos en una cultura en la cual, para triunfar parece que no es necesario estudiar, prepararse, capacitarse, ya que la persona no se caracteriza por ser sino por tener. Sé que la cultura posmoderna y la globalización han modificado de tal modo nuestras vidas, que parece necesario tener todo ya, conseguir todo rápidamente y listo. La paciencia, el autocontrol y autodisciplina , el resignar el gozo momentáneo para lograr una meta más duradera, el esfuerzo del trabajo y el estudio responsable parecen haber desaparecido, porque... ¿Para qué voy a estudiar y esforzarme si no hay trabajo? ¿Para qué voy a resignar salir con mis amigos, pasarla bien, disfrutar de la vida, por estudiar o hacer la tarea, si puedo "zafar"?. Es un panorama preocupante, pero creo que no debemos bajar los brazos. La escuela es una de las pocas instituciones, que a pesar de todos los problemas y desajustes que vivimos como país, se ha mantenido de pie. No debe dejar de cumplir su cometido fundamental ENSEÑAR. Quizás debamos replantearnos las formas, herramientas y recursos que utilizamos, pero por favor, sigamos a pesar de todo enseñando que el esfuerzo, el estudio, el respeto por el otro no se pueden negociar.

  10. Mariana Leyrós . Octubre 1, 2006 18:03

    Más que interesante el artículo. Lucho día a día para que mis alumnos descubran lo maravilloso de lograr algo por sí mismo, gracias al esfuerzo personal.
    Ante cualquier actividad o trabajo que se les propone deviene la pregunta "Y para qué nos sirve hacer eso?" Mi respuesta era siempre "Para saber, para conocer temas nuevos, para pensar..."
    Ese tipo de respuestas no les satisfacía, y volvía a parecer "Para qué nos sirve?" La búsqueda de poder dar una respuesta que los motivara me llevó a decirles " Porque no merecen un Plan Trabajar de 150$, porque están en condiciones de pelear por un fututo mejor, para que puedan cuestiones condiciones de trabajo y reclamar por lo que les corresponde, pero por sobre todas las cosas porque hay gente como sus profesores que están apostando a ellos, que creen en su superación y su posibilidad de cambio y que ellos sí pueden lograrlo si es ue lo desean"
    Pienso parafraseando a Annie Cordie, Qué dificil es lograr el deseo en el otro! Pero de ninguna manera pienso claudicar en eso, allí está la verdadera felicidad de ser DOCENTE.

  11. Mariana Leyrós. Octubre 1, 2006 18:05

    Más que interesante el artículo. Lucho día a día para que mis alumnos descubran lo maravilloso de lograr algo por sí mismo, gracias al esfuerzo personal.
    Ante cualquier actividad o trabajo que se les propone deviene la pregunta "Y para qué nos sirve hacer eso?" Mi respuesta era siempre "Para saber, para conocer temas nuevos, para pensar..."
    Ese tipo de respuestas no les satisfacía, y volvía a parecer "Para qué nos sirve?" La búsqueda de poder dar una respuesta que los motivara me llevó a decirles " Porque no merecen un Plan Trabajar de 150$, porque están en condiciones de pelear por un fututo mejor, para que puedan cuestionar condiciones de trabajo y reclamar por lo que les corresponde, pero por sobre todas las cosas porque hay gente como sus profesores que están apostando a ellos, que creen en su superación y su posibilidad de cambio y que ellos sí pueden lograrlo si es ue lo desean"
    Pienso parafraseando a Annie Cordie, Qué dificil es lograr el deseo en el otro! Pero de ninguna manera pienso claudicar en eso, allí está la verdadera felicidad de ser DOCENTE.

  12. Sandra Toso. Octubre 1, 2006 20:25

    Me siento muy identificada con tú artículo, como docente y como madre de hijos adolescentes.
    hace algunos años mi hijo mayor, a punto de terminar el secundario, ante mi pregunta de que iba a seguir estudiando, mecontestó "seguramente no lo que me gusta, sino lo que me permita vivir, en este sistema no hay futuro".
    Me sentí ahogada, muy decepcionada, no supe transmitirle el legado de mis padres: "Una buena educación abre las puertas y asegura el futuro"

  13. Mónica Bramati. Octubre 1, 2006 21:38

    Soy docente en ejercicio de adultos, enseñanza media, ellos ingresan a partir de los 16 años , salvo los adultos reales los demas hacen todo el tiempo manifestaciones de la falta de ganas y de que para que les va a servir lo que les estamos dando, a pesar de esto estoy intentando que ellos mismos descubran su propio potencial y la satisfacción que se obtiene, despues de mucho esfuerzo, de obtener logros.Es tan diferente la propuesta que le damos en la escuela de la que observan fuera de ella, donde no todo se logra con esfuerzo,donde interesa mas lo que se tiene que lo que se sabe, en fin todo esto es lo que nos juega en contra cuando queremos enseñar...pero igual sigo insistiendo.
    Mónica Bramati

  14. Beatriz. Octubre 2, 2006 23:12

    El tema me parece realmente interesante. Como docente de polimodal me encuentro en la cotidiana situación de tratar de justificar a cada paso, frente a mis alumnos el porque de cada tarea, cada discusión, cada lectura, cada pregunta. Me fastidia bastante el afán utilitarista detrás de la educación. Me resulta difícil, sino imposible, descubrir la genuina curiosidad en mis alumnos. Es una tarea muy ingrata, porque el mensaje que se transmite desde la sociedad, en forma constante es la finalidad económica de todo. Pero por otra parte cuando uno disfruta con el trabajo los alumnos lo reconocen; y con ese ejemplo se pueden lograr algunos resultados

  15. karina. Octubre 4, 2006 16:40

    Me pareció muy interesante este artículo, como así también todos los comentarios.
    Soy madre de dos chicos adolescentes y ellos creen que la escuela es un paso más que deben dar, no encuentran el sentido de los contenidos que les enseñan, creo, como docente, ya que también lo soy, que debemos tratar de buscar la manera de hacerles agradar los contenidos que enseñamos. Para esto debemos buscar la mayor relación posible con su vida. Para que puedan ser aprendizajes significativos. Día a día veo como mis hijos estudian y APRENDEN sólo los que les interesa y está en relación con sus gustos y vida cotidiana. Como no es fácil esta tarea, es bueno también incorporar las nuevas tecnologías a la metodología que usamos para enseñar, ya que esta herramienta está cada vez más cerca de nuestros alumnos, y aunque el tema quizás no sea de su agrado, la metodología empleada puede ayudar a engancharlos.
    Saludos
    Karina

  16. Rosana . Octubre 5, 2006 13:36

    Quiero agradecerles a todos los comentarios que han hecho. Les he contestado a todos ustedes de forma personal. La experiencia de cada uno de ustedes, como padres o como docentes, enriquece la discusión y abre nuevas puertas. Les reitero que no soy especialista en educación, y escribí movilizada por el texto de Martín, y refelxionado como mamá preocupada por el futuro de sus hijos, como la mayoría de ustedes.
    Soy argentina con residencia en México desde hace varios años, y me dedico a la investigación en el área de Gobernanza y participación ciudadana en la educación. Quedo a sus órdenes. Atentamente. Rosana

  17. Jorge. Octubre 31, 2006 22:28

    Tal vez los docentes les falta no solo ir una institucion a dar clase sino tambien a enseñar como afrontar los golper que nos trae la vida, pues no solo nosotros aorendemos de ellos sino que ellos tambien aprenden de nosotros.

  18. susana meza de avila. Junio 21, 2007 16:33

    Que interesante!! me encanto tu escrito Roxana, coincido plenamente en que la educacion tiene que ver con un mundo mejor, traducido éste en servicios para uno mismo y para el prójimo,no en placeres superfluos y pasajeros, como se malentiende a la felicidad,y no me malentiendan a mi, disfruto del confort y de los placeres, pero aquellos que no me llevan a la perdida de mi esencia. En realidad el tema da para muuucho,creo que la felicidad tiene que ver con la paz que podamos experimentar,y al decir de "Gandhi", si queremos ver un mundo que no cobije en paz, "debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo"

  19. ELVIA ELIANA LAGIGLIA. Junio 21, 2007 22:54

    DESDE QUE SURGIO LA ESCUELA COMO INSTITUCIÓN, LA CUAL REPRESENTO UN PROYECTO POLITICO Y SOCIAL PARA HOMOGENEIZAR A LA POBLACIÓN Y PARA AFIANZAR LA NACIONALIDAD, LA INSTRUCCIÓN QUE SE IMPARTIÓ, NO TENÍA COMO OBJETIVO, LIBERAR A LAS PERSONAS Y DESARROLLAR TODO SU POTENCIAL COGNITIVO, Y MUCHO MENOS EL JUICIO CRITICO.NO SE CONSIDERABA AL ALUMNO COMO SER SINO COMO INDIVIDUO. EL DOCENTE ERA EJECUTOR EN MEDIO DE LA HOMOGENEIDAD.
    HOY EL DOCENTE DEBE EDUCAR Y FORMAR EN VALORES, RESPETA AL ALUMNO Y ACEPTA SUS DIFERENCIAS Y RITMOS DE APRENDIZAJE. LA ESCUELA DE HOY DESARROLLA APRENDIZAJE A TRAVÉS DE LA EXPIERIENCIA Y DESARROLLANDO EL APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO, SE INTENTA ESTIMULAR, ELEVAR LA AUTOESTIMA DE TOSOS LOS MIEMBROS, DESTERRANDO LA EVALUACION DE RESULTADO, VALORANDO MÁS LA DEL PROCESO.

  20. ADOLFO. Julio 15, 2007 16:22

    Adolfo,lo importnte de este trance de vida,no es esperar algo a cambio,en el caso del ingrato si no que es dar lo mejor de uno,por el paso de esta vida,nunca me preocupe en recibir,si no en dar lo mejor d mi persona,por eso logre muchas cosas muy buenas y otras no tan buenas,fue porque soy humano y cometo errores no soy perfecto,y cro que Dios entienda si fui debil y caí,es mas deseo paz con cnmigo mismo primero y luego que el resto diga lo que diga.AGRADEZCO A MI QUERIDA MADRE NELLY TERESA,que me inculco el amor a la Dios,a la familia y a mi patria.

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