La presencia en la escuela de niños lectores supone la indispensable existencia de docentes lectores. Esta es una verdad pedagógica que en los últimos años ha salido a flote y se ha colocado en el centro de la discusión a la hora de eneñar literatura, pero que a pesar de ello, muchos profesionales de la docencia aún siguen negando o desconociendo, por paradójico que parezca. Prueba de ello es el importante número de docentes, en diversos niveles del sistema educativo que, a cargo de las clases de literatura se confiesan no lectores.
Y saliendo de las aulas es posible afirmar, como muchos especialistas en el tema lo hacen, que de padres lectores, hijos lectores1
Pero la lectura se apoya en el texto escrito. La obra literaria es un escrito -también podemos hoy leer la tradición oral apoyada en la escritura- que en términos generales, y de manera más o menos homogénea se presenta en libros -no descartamos aquí otros formatos, como la pantalla de la computadora, por ejemplo.
Y si la lectura se apoya en la escritura, la escritura es la materialización de la lectura. Aunque no se plantea aquí la ejercitación harto conocida y explotada hasta el cansancio de la escritura de un cuento o una poesía a partir de un cuento o poesías leídos2; ejercitación que por otro lado no es inadecuada, todo lo contrario, pero sobre la que no hay que abusar en las clases, teniendo en cuenta que existen otras posibilidades para la ejercitación de la escritura. Lo que se trata aquí es la escritura como materialización de la lectura realizada, de la experiencia de lectura, de la lectura vivida por un lector.
Es esa lectura, esa experiencia de lectura la que se transforma en materia prima de la escritura, de la escritura como realización, como acto condensador que reúne experiencia y pensamiento, pensamiento y experiencia. Porque lo que sobreviene después de que la lectura acontece es un proceso mental que genera necesariamente pensamiento y que para nada puede quedarse en el simple ejercicio de responder unas cuantas preguntas referidas a la interpretación del texto. Requiere, en cambio, que ese pensamiento se concrete en escritura, como una manera de encontrarse, el lector y su pensamiento en el espejo de sus propias palabras materializadas.
Muchos podrán argumentar que escribir para dar cuentas de una lectura no es más que un acto de violación. Sin embargo, al escribir, el lector que ha puesto en marcha el aparato mental después de la experiencia3 de lectura no contradice el décimo derecho que enuncia Daniel Pennac4. No lo contradice porque no se trata, esa escritura, de un reclamo externo para justyificar la lectura realizada a través de una serie de preguntas sobre aspectos parciales de la obra (personajes, núcleos narrativos, figuras del discurso, etc) Muy por el contrario, tal como se intenta plantear aquí, esta escritura vendría a ser la materialización de esa intimidad, de ese encuentro inseparable entre lector y lectura. En el aula esta propuesta se traduciría en esperiencias de escritura como corolario de las experiencias de lectura, ejercicios de escritura como prolongación, extensión de encuentros entre obra y lector. La perspectiva didáctica ambia considerablemente.
Dice Constanza, una alumna de 5° año del CE: "Yo sé que los libros que leemos en la escuela, las obras literarias, si no las leyéramos aquí, jamás las leeríamos por voluntad propia. Y eso está bien. Lo que a mí me molesta es leer, una novela por ejemplo, y estar todo el tiempo pensando, mientras la leo, qué me va a preguntar la profe en la prueba".
En esta declaración encontramos sin duda muchos aspectos a analizar, pero el que interesa es el que se relaciona con la escritura. ¿Por qué después de la lectura de una novela se tiene que "tomar" una prueba? ¿No sería mucho más significativo para el alumno escribir esa experiencia de lectura en un texto -que puede adquirir diversos formatos: argumentación, narración, poesía, carta, diálogo, monólogo, explicación, etc- que realmente exprese el proceso mental, es decir las conexiones entre viejas y nuevas ideas; un texto en el que sintetice con sus propias palabras -no las que quiere ecuchar "la profe"- lo que la lectura -íntima, personal- generó en él?
La segunda cuestión que resulta más que interesante analizar es la postura del docente frente, no solo a la experiencia de lectura -también "la profe" leyó la novela- sino de cara a la experiencia de escritura. Y este es el punto crucial. ¿Escribe la profesora de literatura lo que la lectura le generó? ¿Realiza habitualmente, el maestro que trabaja con alumnos de la EGB cuentos y poesías, ejercicios de escritura donde quede registrada, con un aporte realmente importante de su propia mirada, su lectura?
La conclusión resulta obvia: no se puede transmitir lo que no se sabe, lo que no se conoce. La escuela es un espacio de transmisión de saberes pero es a la vez el ámbito donde se crea saber, y el producto de la institución educativa, el valor agregado no solo es el saber pedagógico, por sobre todo es el pensamiento. La escuela que enseña a pensar no solo enseña a pensar sino que aprende a enseñar ese saber. Y para aprender a enseñar a pensar los docentes -los de literatura más que ningún otro- deben desarrollarse como lectores y escritores. En el ejercicio continuo de lectura-escritura se encuentra la clave de la generación de pensamiento, autónomo, crítico, relevante y es este pensamiento el que mueve los engranajes de la humanidad.
Sin lugar a dudas: docentes escritores, alumnos escritores.5
1"Lo primero que deberíamos plantearnos es cuán lectores somos los adultos" Silveyra, Carlos. "Literatura para no lectores". Rosario. Homo Sapiens. 2002
2 "...Retomando lo desarrollado en la introducción sobre la marca de la biografía escolar personal en muchos alumnos practicantes y en muchos docentes recién recibidos, específicamente, en el modo en cómo estos organizan sus prácticas, es usual que, cuando se inician las clases en el profesorado de EGB, si se les pregunta a los alumnos qué actividades podrían realizarse a partir de cuentos, respondean: "Cambiar el final" Esto es ya una suerte de chiclé..." Beatriz Actis, "Taller de Lengua. De la oralidad a la escritura" Rosario, Homo Sapiens, 2003.
3 Experiencia en el sentido que plantea Jorge Larrosa en su conferencia "La experiencia y sus lenguajes".
4 Daniel Pennac. "Como una novela". Colombia. Norma. 1997.
5 Escritor no como individuo tocado por la gracia divina, dotado de un don especial, sino como persona capaz de traducir al código escrito una idea, un pensamiento.
Elegí el tema “Alumno y docente: escritores confesos” porque, como profesora de Lengua, me preocupa lo poco que leen, y menos escriben, mis alumnos. Estoy de acuerdo con la frase: “Y si la lectura se apoya en la escritura, la escritura es la materialización de la lectura”. En esta última parte, hago un mea culpa puesto que me gusta y leo mucho, pero muy pocas veces traduzco en algún escrito lo leído.
Por estos días he tenido una agradable experiencia con un grupo de octavo año. Después de la lectura de algunas leyendas, ellos han escrito, en grupos de dos o tres, diálogos entre los personajes y han hecho una lectura representada. Se ha dado el proceso lectura-escritura- nuevamente lectura. Pero ha ocurrido sólo con un curso; en el resto de los octavos ( tres) no he visto el mismo entusiasmo.
El 5 de octubre, día elegido para la 5ª Maratón de Lectura, estoy invitada a leer un cuento a sexto grado (E.G.B. 2) y pienso llevar copias del artículo publicado por Carina Isabel Masciangelo para distribuir entre los docentes pues estoy convencida de que debemos empezar por nosotros mismos para llegar a nuestros estudiantes.
Delia:
¡Gracias por compartir esta reflexión! La verdad que ya me estaba preocupando. Será acaso una cuestión menor escribir?
Sigamos buscando adeptos y sumando voluntades!
Gracias.
Me resultó muy interesante el artículo "Alumno y docente: escritores confesos"ya que soy profesora de Lengua y actualmente investigo sobre cómo incentivar a los jóvenes a la lectura. Como lectora; dentro y fuera del aula, creo que no debemos permitir la pérdida de una práctica tan importante como leer y he notado en niños de 7mo año cómo disfrutan de la lectura en clase.Coincido con Delia en que debemos comenzar por nosotros mismos,ser el ejemplo.
HOLA COMO YA VES.LLEVAMOS EL MISMO APELLIDO.ME AGRADARIA ,SI A TI TE INTERESA QUE ME ESCRIBAS UN MAIL ASI PODREMOS COMUNICARNOS Y DESCUBRIR SI TENEMOS ALGUN PARENTEZCO.YO SOY DE ROSARIO,SANTA FE.CUENTAME DE DONDE ERES. SALUDITOS.STELLA MARIS MASCIANGELO.
Me gusto mucho este tema, como futura docente de nivel inicial quiero dejar mi opinión.
Creo que la lectura te cambia la vida... y es a partir de ello, que podemos empezar a trasformar nuestra sociedad.
Como así mismo, el gusto por la misma comienza en la primera célula que es la familia,es por este motivo, que pienso que si hoy en día hay docentes que no le gusta leer, es porque carecieron de algún modo un modelo que hiciera forjar el gusto por la lectura.
Laura Macías
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