En el contexto escolar, donde tradicionalmente se tiende a preconizar la lectura en papel y a entronizar al libro impreso como única fuente de saber, es importante repensar hoy las prácticas de lectura a partir de las transformaciones que suponen las tecnologías digitales.
Este video es un fragmento de la participación de Néstor García Canclini en el seminario “Cultura, Arte y Ciudad”, realizado en el Ateneo Porfirio Barba Jacob, de Medellín, Colombia. Aquí, el autor hace un adelanto de una obra entonces inédita, publicada más tarde por Gedisa: Lectores, espectadores e internatutas aparece a fines de 2007 en el contexto de la colección Visión 3X, creada en homenaje a los treinta años de vida de la editorial.
La tesis central de este libro, que de todos modos no termina de posicionarse de manera inequívoca frente a las nuevas prácticas de lectura que describe, es que las tecnologías –ayudadas por la fusión de capitales– han venido a modificar el vínculo de los seres humanos con el texto impreso. Es decir: García Canclini considera que ya no se lee únicamente (y aquí importa en particular el “únicamente”) como se hace desde la aparición del libro –lo que se denomina “era gutenbergiana”– sino que esta práctica se ha transformado como consecuencia de la aparición de la televisión, primero, y de internet y las tecnologías digitales (celulares, iPods, etc.), después.
Si bien sus ideas no son una novedad para quienes vienen reflexionando sobre este proceso a medida que sucede, es interesante rescatar el proyecto del autor de repensar la lectura y al lector ya no como categorías estáticas, inalterables, impermeables al contexto. Esta propuesta nace sencillamente de la historización de las prácticas lectoras como prácticas culturales.
Una novedad, un problema
Uno de los puntos interesantes de su libro –lo que aparece también en el video– es que García Canclini considera que la imagen social de las nuevas costumbres de lectura y escritura está, al menos en parte, “contaminada” por algunos prejuicios provenientes de ámbitos más clásicos y conservadores en su concepción de los modos de producción, circulación y recepción de la información considerados legítimos. Y al hacerlo habla específicamente de que la transformación cultural es sentida como –según sus palabras– “una amenaza”: así como la televisión amenazó con desplazar a la lectura, al cine, al teatro y a la vida urbana cultural, de forma parecida hoy internet y las nuevas tecnologías serían una amenaza frente al libro.
Lo preocupante de esta idea es que no es desacertada, pero tampoco es nueva. En muchos contextos –tales como la escuela, la academia y las letras, por ejemplo– se cree, efectivamente, que ver televisión o navegar por internet son per se actividades menos enriquecedoras y más pasivas que leer un libro, e incluso un periódico. Consecuentemente, toda actividad lectora que se lleve a cabo por fuera de los libros (de los libros en papel, valga la aclaración) u otros materiales impresos está deslegitimada a priori. No solo en estos casos se está confundiendo la forma con el contenido, para decirlo sencillamente, o el soporte con la calidad de la información, sino que existen incluso evidencias a favor de que los nuevos modos de leer y de procesar información no equivalen a una pérdida sino más bien a una transformación. Tal como afirma García Canclini en el video que vimos más arriba, la lectura de periódicos on line aumentó considerablemente el nivel de consumo de noticias, y si bien la cantidad de libros que se leen regularmente no es alta, tampoco disminuyó. Al respecto, pueden consultarse los resultados de las encuestas de hábitos y prácticas culturales de España correspondientes al período 2006-2007, o las estadísticas que maneja el INDEC para nuestro país.
Esto demuestra que, del mismo modo en que asistieron a una revolución del conocimiento quienes presenciaron el nacimiento de la imprenta en 1450, y antes incluso, quienes vivieron el surgimiento de la escritura en detrimento de la cultura oral, hoy estamos ante un cambio radical en el terreno de la información. Esto puede ayudarnos a comprender que existan discursos en contra y a favor de tales cambios. De hecho, tal como sucede hoy en día con el texto digital, el nacimiento de la escritura fue de por sí un proceso complejo, y su desarrollo está ligado a las transformaciones del soporte y de la técnica:
“Los primeros ejemplos de lenguaje escrito datan de aproximadamente 5000 años a. C. En aquellos momentos no existía el papel y se utilizaban variados materiales y métodos para la escritura, tales como manuscritos sobre papiro en Egipto, grabados de piedra en Siria, escritura sobre tablillas de madera y seda en China. Estos materiales limitaban la extensión del texto, ya que la escritura era laboriosa y el producto final era pesado y difícil de transportar (en el caso de piedra y madera), delicado o quebradizo (seda y papiro). No fue sino hasta el año 105 de nuestra era que se inventó el papel en China, aunque en el mundo occidental (específicamente Europa) se continuó usando durante mucho tiempo más el pergamino como principal material de escritura.”Por supuesto, este avance de la técnica asustó a muchos; entre ellos a Platón, quien en su Fedro rechaza la escritura, en comparación con la oralidad, mediante la voz de Sócrates: “el que piensa que al dejar un arte por escrito, y, de la misma manera, el que lo recibe, deja algo claro y firme por el hecho de estar en letras, rebosa ingenuidad y, en realidad, desconoce la predicción de Ammón, creyendo que las palabras escritas son algo más, para el que las sabe, que un recordatorio de aquellas cosas sobre las que versa la escritura”. Para Platón, por lo tanto, el arte de escribir representó un retroceso, ya que vaticinaba la muerte de la comunicación oral y, consecuentemente, condenaba al hombre al olvido y la ignorancia.
Un modo de entender este problema es pensar, como dijimos, en la revolución social, cultural y cognitiva que suponen algunos cambios como pasar del agrafismo a la cultura escrita, de los copistas a la imprenta y, hoy, del texto impreso al digital. Este problema es abordado clásicamente por Marshall McLuhan en La galaxia Gutemberg: “Si se introduce una tecnología, sea desde dentro o desde fuera, en una cultura, y da nueva importancia a uno u otro de nuestros sentidos, el equilibrio o proporción entre todos ellos queda alterado. Ya no sentimos del mismo modo, ni continúan siendo los mismos nuestros ojos, nuestros oídos, nuestros restantes sentidos. (…) El resultado de la ruptura de la proporción de los sentidos [es] una especie de pérdida de la identidad. El hombre tribal y analfabeto, que vive bajo el peso intenso de una organización auditiva de todas sus experiencias, podríamos decir que está en trance”.
Y del mismo modo en que cada etapa en la historia de la lectura y la escritura supuso sus defensores y sus detractores, hoy vivimos en una etapa de disputa. Por ejemplo, Gallina Russell, en “La lectura en la era digital”, intenta entre otras cuestiones comprender el origen del rechazo al texto virtual, y encuentra que su “volatilidad y falta de presencia física causa conflicto en un ámbito donde identificamos la permanencia y la confiabilidad del texto impreso con la solidez del conocimiento humano. Los siglos le han asignado a la palabra impresa validez y autoridad, en las que se basa el intercambio del conocimiento y la construcción de nuevas ideas”. Es evidente que, como sostiene la autora, junto con los debates sobre el soporte y los modos producción, recepción y circulación de la información se juegan muchas cuestiones: entre ellas, las representaciones que tenemos las personas sobre el conocimiento. En este caso puntual se pone en cuestionamiento la idea –contraria al imaginario popular– de que el saber sí ocupa espacio o, más bien, el saber debe ocupar espacio. Por eso asociamos muchas veces –inconscientemente– la extensión de una biblioteca con la sabiduría de su poseedor. En este sentido, uno de los problemas que enfrenta el texto electrónico es, casualmente, su naturaleza inmaterial, que no lo podamos tocar.
Al respecto, Bolter agrega en Writing Space: the computer, hypertext and the history of writing que uno de los problemas más fuertes que enfrenta el texto virtual es el hecho de no ser directamente accesible al escritor y el lector: “Si colocas un disco magnético u óptico hacia la luz, no verás ningún tipo de texto. (….) en el medio electrónico varias capas de tecnología sofisticada deben intervenir entre el escritor o lector y el texto codificado. Existen tantas capas intermedias que es difícil para el lector o escritor identificar el texto: ¿está en la pantalla, en la memoria RAM, o en el disco?”. La respuesta de Bolter parece reconocer una de las causas del recelo hacia el texto virtual: “nunca hemos estado tan alejados físicamente del texto”.
Junto a esta “inmaterialidad constitutiva”, las nuevas prácticas de lectura ligadas al texto electrónico se ven atravesadas por la masividad y la instantaneidad de la red. Sobre este tema, Jason Epstein –en Text-e (el trabajo puede leerse en inglés, francés e italiano)– considera que el valor agregado del texto del futuro es, precisamente, su “virtualidad”, rasgo que simplifica radicalmente su distribución a nivel global. Sin embargo, predice también que la lectura seguirá haciéndose desde la versión impresa. La proyección sigue: “Existirán máquinas, similares a los cajeros automáticos, diseñadas específicamente para poder consultar un catálogo en línea de millones de títulos. El lector simplemente seleccionará la publicación, la máquina imprimirá el texto y se lo entregará encuadernado y empastado, listo para llevarse”. Claro que por fuera de este circuito de distribución virtual y consumo analógico coloca a las enciclopedias, atlas, diccionarios, etc., para los que se priorizaría la lectura (breve, fugaz y siempre actualizada) en pantalla.
Otro de los problemas que surge cuando se habla de texto digital es el "desbordamiento cognitivo", un concepto presentado por Lluis Codina en “H de hipertext, o la teoría de los hipertextos revisitada”. José Luis Campos García recurre a esta idea y explica –en “Comunicación, comunidades y prácticas culturales en la cibercultura” (Razón y palabra, nº 27, junio-julio 2002)– que la comunicación web y las ciberculturas enfrentan el problema de la sobreabundancia de información, lo que lleva a los lectores de hipertextos a la sensación psicológica de incapacidad de procesamiento de toda la información que pone a su alcance el sistema de navegación, ya que “no logra recordar todas las bifurcaciones que el sistema le ha ido proponiendo a lo largo de su recorrido”, ni logra explorar físicamente “todos los niveles y caminos que el hipertexto implica”. Consecuentemente, el lector puede sufrir ansiedad y abandonar la lectura. Sin embargo, el autor advierte que esta “disfuncionalidad” puede ser consecuencia de “una defectuosa estructuración del material informativo”.
Y en este aspecto reside otro de los puntos clave si se quiere repensar la lectura y la escritura en relación con las nuevas posibilidades que inaugura el mundo virtual: la falta de orden fijo y de un argumento lineal frustra a los escritores y lectores clásicos. El círculo se cierra si pensamos que los escritores y lectores entrenados para/con/en el texto impreso no tienen por qué ser, de buenas a primeras, expertos en el terreno digital. Del mismo modo, es posible imaginar que la red –como nuevo soporte de la escritura y la lectura– permite la experimentación.
Evidentemente, los nuevos lectores, los primeros destinatarios del cibertexto, aún están en conformación, por eso conviven quienes leen Harry Potter de la pantalla en menos de un día con quienes imprimen hasta los mails para leerlos cómodamente sentados en el sillón de su living.
Sin embargo, más allá de las disputas, lo que nos interesa rescatar es que los nuevos modos de leer están instaurados y forman parte constitutiva de los hábitos de los niños y los jóvenes nacidos en la era digital. Por lo tanto, es importante empezar a pensar el hipertexto y los mensajes multimodales como formatos que conviven con el texto plano tal como hasta ahora lo conocimos, y las pantallas como nuevos soportes: las de la TV, la computadora, el celular, el iPod, el iPhone, entre otras.
Enlaces de interés
Del papel a la pantalla / M. J. Lamarca Lapuente
Sobre el nacimiento del libro / A. Ortega Carmona
Del libro, al libro electrónico-digital / F. Sagredo Fernández y B. Espinosa Temiño
La lectura y la sociedad del conocimiento / J. A. Millán
La nota deja ver claramente cómo las nuevas tecnologías hicieron que las prácticas tradicionales , como las de leer y escribir, cambien. Soy estudiante de Periodismo de la UNLP y ví como fueron variando las distintas prácticas , desde leer libros, hasta el recorte del libro en fotocopias y de eso hasta la lectura de documentos en red. Siempre que el cambio sea positivo y productivo, la adaptación a esas nuevas prácticas no va a ser un impedimento para nuestro conocimieto.
La nota me parece interesantísima, estamos asistiendo a un cambio muy profundo en la humanidad.
Soy profesora de lengua y últimamente me estaba reprochando así misma que le dedico poco tiempo a la lectura, pero está nota me hizo pensar que yo navego aproximandamente tres horas por día leyendo todo tipo de artículos, entonces me dí cuenta que leo mucho en soporte digital y menos impreso.
soy rtic pedagogica del promse y he observado asistiendo a varias instituciones educativas que los jovenes son reticentes a la lectura manuscrita, pero no asi a la digital, esta capta la atencion ofreciendo recursos audiovisuales que un libro no tiene. hoy en dia estamos bombardeados por el avance de las nuevas tecnologias de la comunicacion y de la informacion y constantemente estamos frente al gran desafio de ir adaptandonos a lo nuevo y los alumnos en este sentido nos superan. por eso es el objetivo principal del promse capacitarse en tic participando de lecturas digitales para el enriquecimiento personal y la alfabetizacion.
La nota me parecio muy interesante, ya que desde la escritura y la imagen, ambas nos estan proporcionando palabras...esas que a veces solo se cree que de un libro se pueden obtener, y no es asi.
En algunas escuelas privadas secundarias, se les pide a los alumnos que realicen una comparacion entre una obra de un libro escrito y en formato de pelicula. En el segundo caso depende del guion y de la version original para ser llevada a cabo.
Quizas el hecho de las nuevas tecnologias nos invada y sentimos que estamos perdiendo algo. Pero, esto tambien sucedio con los relatos orales, pasaron a ser escritos...
Pienso que mientras se siga con la palabra, sea esta en formato escrito, visual, digital u otro, siempre habra esperanzas...
Sinceramente no me preocupa el hecho de la lectura en forma digitalizada. Lo que me preocupa es quienes quedan en el camino por falta de recursos. Me preocupan aquellos alumnos que no podrán leer por falta de computadora.
Si bien esta problemática es relativamente nueva, ya tiene unos años de discusión. En un principio era una opción u otra pero hoy en día se ha podido mediar entre las diferentes opiniones.
Yo he sido criada en la cultura del libro impreso y eso provoca en mi lo que Balter denomina "la inmaterialidad del texto". El no poder palpar, manipular un libro suele ser algo poco atractivo, pero también se debe reconocer que los jóvenes al pasar muchas horas en la web realizan innumerables lecturas. Si ya sé quizas no siempre la adecuada o un libro interesante de literatura, sin embargo coincido con Marian cuando afirma que mientras se tenga la palbra habrá esperanzas