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Conceptos de inclusión y exclusión en torno al canon escolar

¿Qué o quién determina la excelencia de una obra? ¿Cómo se producen y se aplican los cánones? ¿Cómo se asegura la legitimidad y supervivencia del canon? Esta excelencia determinada por otros ¿tiene una base totalmente subjetiva o las obras son seleccionadas por el valor estético que portan? ¿Qué o quién determina ese valor?
Seleccionar una parte de un todo, acotar el universo de libros a leer ¿es promover la lectura? ¿Qué improntas dejamos los docentes a la hora de definir un canon escolar o en la adecuación a un canon ya elaborado por otros?
¿Qué criterios han de tenerse en cuenta en el momento de la construcción de este “libro de libros”?

Así como hay criterios canonizadores, los hay también para descanonizar, entendiendo a los primeros como aquellos que incluyen obras o autores en el canon y, por los segundos a aquellos que cuestionan y excluyen ciertos productos culturales y sus lecturas de lo que debiera ser considerado como canónico.
Si el canon, etimológicamente, es la vara para medir o el modelo a seguir-y otros múltiples y contradictorios significados que fueron considerados a lo largo de la historia de la literatura- la construcción del canon podría elaborarse atendiendo a

• las obras o autores para ser leídos,
• al modelo o tipo ideal –también de obras y/o autores- para ser imitado
• catálogo de criterios y metodologías que deberían atenderse en el momento de incluir o excluir del canon a los autores y/o a las obras por ellos producidas.

Nada más rígido que una vara para medir, nada más estereotipado que un modelo a imitar cuando se trata de la elaboración del canon.
Durante la dictadura militar en nuestro país, el canon literario elaborado fue el resultado del poder hegemónico en manos de un estado que había sido sometido por la fuerza. Las diferentes etapas de la dictadura sofocaron el calor literario de autores que produjeron obras extraordinarias entre los 60’ y 70’: Oesterheld, Bornemann, Rosenthal, Bianco, Doumerc, Lodi, Devetach, Vargas Llosa, Yunque, Saint Exùpery, por nombrar solamente a algunos.
Con el advenimiento de la democracia en 1983, estos descanonizados durante la Dictadura por su ideología, fueron devueltos al canon escolar.
Todo canon es producto de criterios impuestos por un grupo diferenciado por poseer cierto poder (político, económico, intelectual, etc) a toda la sociedad, la que puede responder de diferentes maneras: acatándolo /adaptándose a él, innovándolo o transgrediéndolo.
Es en base a la respuesta que la sociedad da al canon elaborado que se pueden encontrar conviviendo diferentes cánones de acuerdo con la época o los acontecimientos socio- históricos producidos: el canon oficial, el accesible, el personal, el escolar, el crítico y, durante la dictadura militar iniciada en1976 y por las razones ya conocidas, un cuidadoso canon oculto.
Cada vez que se construye un canon, se conforma otro- u otros- de manera simultánea: el que reunirá a los descartados, a los que no son leídos, a los que no debieran leerse.
Si bien la censura se estableció en todos los órdenes, la mira estuvo puesta especialmente en la literatura infantil.
La revista Gente, publica un editorial en diciembre de 1977 preguntando “¿Usted sabe qué lee su hijo?”, el que no solamente vanagloriaba el “alivio” que sintieron los ciudadanos a partir del 24/03/76, con el “retorno del orden”, sino que “esta sociedad enferma necesitaba una transfusión de sangre salvadora […] porque aún cuando el enemigo pareciera en retirada[…] seguían existiendo bacilos destructivos que trataban de infiltrar su ideología en la escuela primaria, secundaria y universitaria a través de los libros.[…]En algunos colegios ya no se lee a Cevantes […] ha sido reemplazado por Ernesto Cardenal, por Pablo Neruda, Por Jorge Amado, buenos autores para adultos seguros de lo que quieren, pero malos para adolescentes acosados por mil sutiles formas de infiltración que todavía no saben lo que quieren”. Libros prohibidos, libros no aprobados, libros demorados. Autores excluidos. El poder canonizó a algunos y se ocultaron y acallaron otros.
Graciela Frigerio marca la diferencia de la época antes citada con la reforma educativa de los 90’ de seta manera: “La reforma de la década del 90’ trajo aparejados algunos cambios para a educación argentina y, en consecuencia, en el canon literario escolar. Por lo pronto desde lo formal, no hay programas que prescriban qué obras o qué autores se deben enseñar, si bien hay textos escolares que arman por sí mismos una selección propia. En consecuencia tanto para las editoriales como para el docente, existe la posibilidad de llevar adelante un recorte de obras con un mayor grado de libertad […] a diferencia de otras reformas, pone al docente en el centro de las decisiones”.


Tratándose de qué y cómo leer.

Entre las decisiones que los docentes podemos tomar comprometidamente podemos encontrar: Preguntarse acerca de los libros que sean representativos para que lean los chicos., no canonizar exclusiva y excluyentemente a través de autores, puesto que el canon debiera elaborarse a través de sus obras. Construir una comunidad de lectores y su propio canon, constituirnos -como adultos y docentes en mediadores entre los textos y los niños.
Hermida,Cañón y Troglia diferencian los libros para acercarse a la literatura de los que son seleccionados por el docente a la hora de trabajar los contenidos relacionados con el área de literatura “En esta relación compleja y tensa entre la literatura y la escuela, son variadas las formas de promocionar la lectura. Por un lado se puede optar por el desarrollo del hábito lector a través de la gestión de estrategias más libres y/o lúdicas, como por ejemplo, la biblioteca del aula y por otra parte, las lecturas comunes seleccionadas por el docente que permiten la formación de la competencia literaria específicamente –relacionada con el área de literatura”.
Los adultos selectores deberán ser lectores y recurrir a su propia intuición en el momento de seleccionar textos para lectores infantiles y juveniles dando lugar al poder buscar e indagar dentro de uno mismo las huellas que dejaron ciertos textos. No repetir modelos cómodamente sino adecuarse a las necesidades de los niños receptores para que éstos accedan a la lectura sin prejuicios. Tolerar las diferencias de impacto entre los que tuvieron un mayor acercamiento a la lectura de aquellos que no lo tuvieron. Escuchar a los alumnos, observarlos qué libros tocan y eligen en la biblioteca para investigar acerca de sus intereses, permitir la socialización de lo leído para que ellos mismos se conviertan en selectores y dadores de aquel libro que dejó una impronta, un punctum, concepto tomado de Barthes "No soy yo quien va a buscarlo, es él quien sale de la escena como una flecha y viene a punzarme. En latín existe una palabra para designar esta herida, este pinchazo, esta marca (...) a ese elemento que viene a perturbar (...) lo llamaré punctum", dice, "pues punctum es
pinchazo, agujerito, pequeña mancha, pequeño corte, y también casualidad".
Permitir la singularidad lectora y la diversidad de experiencias que surjan a partir de ser atravesados por un mismo libro.
Comprender que habrá niños cuyo abordaje a la lectura les resultará más difícil que a otros y trabajar con eso.
Tener presente que un niño elige aquello que lo hace más libre ayudado por la lectura que oficiará de “partecabezas”, como metáfora que alude a la posibilidad que la lectura da en cuanto al fuir de ideas, el surgimiento de otras nuevas, al vuelo, a la creatividad y al poner la palabra cuando lo necesite.


Bibliografía consultada


Barthes, Roland. La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía. Buenos Aires, Editorial
Paidós, 1997.

Frigerio,Graciela (Comp).”Currículum presente, ciencia ausente”. Buenos Aires. Miño y Dávila. 1991. p 37

HERMIDA, Carola; CAÑÓN, Mila y TROGLIA, María José (2002) "Lectura y escuela: prácticas literarias y selección de textos", en Cuatrogatos. Revista de Literatura Infantil.