Lengua

Los borradores en la clase de Lengua. Un elemento central para el aprendizaje y la evaluación

La corrección en el área de Lengua ha experimentado una serie de cambios con el devenir de la disciplina en tanto materia escolarizada y que forma parte del curriculum. Como es sabido, desde la conformación de nuestro sistema educativo se fijó que la escuela tiene la función de enseñar a leer y escribir. Por medio de su enseñanza, como lo señala Maite Alvarado (2001: 13), la escuela "ejerció una labor de disciplinamiento y de fijación de normas y valores, a la vez que ha propiciado los modos de reflexión y elaboración de conocimiento que permiten el acceso a la ciencia y la teoría”. Hoy la enseñanza de la lengua es central, y dentro de ella la tarea de la corrección es más importante aun. En este artículo me propongo reflexionar sobre la importancia de los borradores en el área de lengua, elemento de fundamental importancia para aprender a partir del error.

Hoy, con nuestro actual paradigma, corregir en el área de Lengua es una de las tareas más tediosas que existen y una de las de mayor complejidad pues intentamos que el alumno aprenda y que no sólo vea cuál es su error. Hace un tiempo esta tarea también demandaba tiempo al docente pero era mucho más sencilla pues sólo se limitaba a marcar con rojo o verde las equivocaciones, asignar una calificación (que muchas veces no era buena, pues no se enseñaba a escribir textos pero después se les pedía a los alumnos que los realizaran correctamente) y pedir que la producción se guardara en la carpeta. Hoy, desde las nuevas perspectivas de la didáctica y de las ciencias del lenguaje, la pregunta está en cómo tenemos que corregir.
Cuando se lee una producción realizada por los estudiantes, ¿ se debe marcar la incorrección o dar la respuesta correcta? Sabemos que si optamos por esta segunda solución estaremos haciendo que el alumno adopte un rol pasivo. En cambio, si nuestra propuesta didáctica opta por la primera, ahí el desafío va a estar puesto en manos del alumno quien deberá tomar la iniciativa de corregir y trabajar en ello a conciencia. Ahí, en ese contexto, es cuando entra en juego el trabajo con los borradores.
Con especto a los borradores hay que tener en cuenta que por una larga tradición arraigada en la escuela argentina, las carpetas y los cuadernos deben estar prolijos. Por este motivo los alumnos no guardan sus borradores (o en algunos casos los terminan pasando para que queden más presentables) y eso imposibilita el trabajo de reflexión constante que debe haber a partir de una producción escrita. La conciencias del error y la reflexión a partir de él desaparecen cuando los alumnos tiran los borradores o pasan las hojas de las carpetas que están corregidas en busca de la prolijidad que muchas veces no las pide el docente mismo sino el padre que desea que su hijo posea una “linda carpeta” (SIC). Para intentar revertir esto se debe trabajar en primer lugar con los estudiantes, como contenido procedimental, el archivo y el trabajo con los borradores ya que de esa forma lograremos que ellos tomen conciencia sobre su producción, la valoren, la relean y la critiquen a los efectos de mejorar su calidad.
Por supuesto que frente a la corrección y el trabajo con los borradores, los alumnos pueden reaccionar de diferentes maneras. Algunos podrán sentirse motivados pero muchos otros se podrán mostrar desinteresados. Es ahí cuando debemos fomentar la corrección.
Uno de los procedimientos usuales para corregir consiste en socializar las producciones realizadas por medio de la lectura. Esta actividad, si bien es importante ya que permite no sólo que el estudiante lea sino que se exprese oralmente, tiene una dificultad que pasa por la falta de la autocrítica en los adolescentes, aspecto que no es igual en los niños de los primeros años de EGB. Aquí, como docentes debemos trabajar con el análisis oral de las producciones, enseñarles a ver más allá de las palabras, a pensar, a descubrir los pequeños – o grandes- errores que hacen que un texto disminuya en cuanto a su calidad literaria. En el momento de la corrección (Cassany:1995, 31) debemos tener en cuenta aspectos tales como cuestiones de normativa (ortografía, morfología, sintaxis), mecanismos de cohesión (puntuación, nexos, correlación verbal), de coherencia (progresión de la información, estructura del texto, estructura de los párrafos), la adecuación (selección de la variedad de lengua utilizada y la adecuación del registro). Deberemos recordar – ya hacerles recordar a nuestros alumnos - que la escritura se diferencia de la oralidad por ser diferida, es decir que se leerá en otro tiempo y espacio, distinto al de la producción, y que por lo tanto se debe tener en cuenta que el receptor de nuestra producción debe entender lo que queremos transmitir. En todos lo casos, siguiendo algunos de las ideas de Alfredo Gadino (2001: 70), es necesario que el productor del texto se relacione – al menos en un nivel teórico – con el interlocutor, a los efectos de potenciar las competencias de interactuar a través del lenguaje. Ahí será necesario que el productor de textos se corra de su lugar de “autor” para observar su mensaje desde la perspectiva del receptor. En todo momento debe preocuparse por tratar de ser comprendido por “alguien que desconoce el objetivo y el contenido del mensaje”. A partir de la lectura, se encontrarán errores o se marcarán aciertos para luego pasar a un segundo momento que es el de la corrección de lo escrito en el papel. Como señalan Rojo y Somoza (1994, 130), los “problemas que pueden dar lugar a error sólo se pondrán en juego durante la escritura (distribución de la información en párrafos, conectores, puntuación, ortografía, entre otros), Advertir a los chicos sobre el cuidado en la puntuación y en la ortografía de manera general (¡Cuide la ortografía! ¡Atención con los puntos!) antes de ponerse a escribir resultará poco productivo. Será mucho más eficaz revisar y corregir los errores después de producidos”.
En el momento de la corrección escrita, será necesario trabajar con marcas determinadas que le indiquen al alumno qué aspectos son los que debe revisar a los efectos de que su producción sea cohesiva y coherente, y que cumpla mínimamente con cuestiones de normativa. Acordar con ellos un código de marcas puede ser una tarea interesante. Por un lado su uso le va a simplificar al docente la tarea de la corrección ya que no deberá escribir largos textos explicando los errores cometidos – que muchas veces ni siquiera son leídos por los alumnos - sino que tan sólo se limitará a escribir algunas marcas que deben ser conocidas por los alumnos. Las mismas pueden ser letras que remitan a distintos aspectos que son tenidos en cuenta en la corrección, como por ejemplo C (por coherencia), P (por puntuación), O (por ortografía), CV (por correlación verbal), etc. Por otro lado, los alumnos deberán acostumbrarse a su uso y tendrán que leer sin dificultad alguna los signos utilizados. Para eso resultará conveniente que en un rincón del pizarrón haya un cartel en el cual estén escritos todos los signos utilizados. Pero como un texto es más que un conjunto de palabras, durante esta primera corrección, es necesario que el docente también se acerque a la producción del alumno de una manera más curiosa y reflexiva, intentando por medio de la reflexión llevar al alumno desde un texto que ya fue leído y que aun presenta errores a uno de mayor calidad en cuanto al tema y a la estructura formal del mismo.
Una vez efectuada esta segunda corrección del escrito, los alumnos deberán, a partir de las marcas señaladas por el docente, reescribir el texto. En esta reescritura, deberán tener especial cuidado en corregir aquellos errores señalados por el docente. La relectura que el estudiante haga de su producción le posibilitará corregir el texto de manera que lo que desea decir pueda ser expresado con mayor claridad (Walter, 1997). Una vez finalizada esta etapa los trabajos deberán ser entregados al docente para proceder nuevamente a la corrección. Una vez más, en caso de que subsistan los errores, se harán las marcas y se reflexionará sobre ellas con los alumnos en forma oral al hacer la devolución de los trabajos.
Tal vez signifique un gran esfuerzo de parte del docente pero los resultados pueden ser mejores que si nos limitáramos a corregir de acuerdo con los viejos paradigmas de la evaluación. A esta propuesta alguien puede objetar que al docente le falta tiempo, pero en realidad lo que hay que hacer es disminuir la cantidad de los trabajos escritos y al mismo tiempo, aumentar la calidad de los mismos. Es decir, en lugar de que los alumnos realicen por semana dos o tres producciones, con este procedimiento deberán realizar una que será corregida no sólo por el docente sino también por ellos.
Como decía al inicio, la tarea puede ser tediosa, pero llevará al alumno a que utilice correctamente el borrador y que comprenda la importancia de las distintas etapas de la escritura como un medio para lograr que sus producciones sean adecuadas y que cumplan con su intencionalidad comunicativa.

Referencias bibliográficas

Alvarado, M., Bombini, G., Cortés, M., Gaspar, M., Otañi, L. (2001). Entre líneas. Teorías y enfoques en la enseñanza de la escritura, la gramática y la literatura. Buenos Aires: FLACSO – Manantial.
Bianchi Bustos, Marcelo (2004) “Los borradores en la clase de Lengua, hoy” en: www.educ.ar
Cassany, Daniel (1995) La cocina de la escritura. Barcelona, Anagrama.
Cassay, Daniel (1995), Reparar la escritura. Didáctica de la corrección de lo escrito, Barcelona, Grao.
Carozzi de Rojo, Mónica y Somoza, Patricia (1994) Para escribirte mejor. Textos, pretextos y contextos. Buenos Aires, Paidós.
Gadino, Alfredo (2001), Gestionar el conocimiento. Estrategias de enseñanza y aprendizaje, Rosario, Homo Sapiens.
Walter, Leticia Ana (1997) Enseñanza de la Lengua en la EGB. Conceptos y procedimientos. Buenos Aires, Magisterio dl Río de la Plata.

  • Autor: Marcelo Bianchi Bustos |
  • 29-01-2009 |
  • 5 comentarios

5 Comentarios

  1. Carmen Coonsuegra. Enero 30, 2009 01:31

    Me parece muy interesante el anterior artículo, pero me preocupa que quienes nos interesamos en este tipo de actividades, seamos docentes "veteranos", pues los nuevos docentes no son muy dados a revisar la escritura de los estudiantes. Pr lo menos actualmente, me preocupan cómo escriben actualente los estudiantes. Sólo es que uno se de un paseo por Facebook, para darse cuenta lo mal que se está usando el lenguaje, y lo más preocupante aún es que los futuros docentes en lengua, escriben igual..o pero. En varios escritos de estudiantes de Lengua, se encuentra el docente con unos errores gramaticales, que nos toca cuestionarnos, acerca de cómo enseñamos en la Universidad...valdría la pena proponer como tema cómo escriben los futuros licenciados?

  2. Marcelo Bianchi Bustos. Enero 30, 2009 04:52

    carmen
    Acuerdo en parte con vos pues veo otras realidadaes en algunas instituciones. por ejemplo en el Profesorado del Joaquín V. González, desde las cátedras del Taller de Expresión Oral y Escrita, hacemos lo imposible para ayudar al mejoramiento de las escrituras de los futuros docentes (y por suerte muchos de los profesores no son tan "veteranos" como yo).
    Se trata sin lugar a dudas de un problema generalizado. Algo se hace también en las instituciones universitarias privadas donde se dictan talleres de escritura pero el problema hay que trabajarlo durante toda la escolaridad pues de lo contrario seguiremos teniendo licenciados y abogados (no voy a poner la palabtra doctor para ser correctos en el uso de los términos) que no saben estructurar un texto y que poseen grandes errores de escritura.

  3. VALERIA. Enero 30, 2009 17:08

    Soy profesora de Lengua y Literatura, joven, doy clases en el nivel medio de muchas escuelas públicas y privadas y me preocupa e interesa mucho el tema de la producción escrita de los adolescentes. Es agoviante pero necesaria la actividad de escritura y corrección, sobre todo al ver que los jóvenes viven utilizando este medio para comunicarse y lo hacen desde un lugar de total indiferencia y liviandad respecto a las formas adecuadas de redacción, ortografía, normativa, coherencia, etc.
    Me resultó interesante y enriquecedoras las propuestas planteadas sobre el uso de códigos comunes que motiven la autocorrección, autocrítica y reflexión sobre el texto escrito.

  4. Profe Mariano Herrero. Febrero 1, 2009 11:54

    Yo soy profesor de primer grado. Los métodos de corrección que realizamos en el colegio donde trabajo responden en principio a que sea el alumno quien vaya progresivamente construyendo el texto, cada vez más complejo, y con la mediación del profe. Por ahí entra a jugar mucho en esta primera etapa el componente afectivo. Así que en principio el "refuerzo" es siempre positivo. Luego sí, trabajamos la noción de proceso de construcción, y ahí comenzamos con las nociones de "borrador", "lectura cruzada", "Me escucho cuando leo", etc. En síntesis lo que incentivamos en estos primeros pasos es la "reflexión" desde las primeras producciones. Lectoescritura 100x100. Saludos, muy buen tema.

  5. Marcelo Bianchi Bustos. Febrero 1, 2009 17:01

    Mariano
    Gracias por tus aoportes sobre un año (grado) tan dífícil como 1°. Sería interesante, si te animás a hacerlo, que compartas más de tu experiencia con todos nosotros.
    Como vos decís Valeria, la corrección y la lectura constante es tesiosa pero son fundamentales para poder reflexionar sobre el texto y mejorar la escritura. El problema que se observa en el nivel medio también está presnete en los otros niveles educativos y en alumnos que asisten tanto a escuelas estatales como privadas. Sin lugar a dudas, algo alarmante.

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