El presente proyecto nace de la necesidad de sistematizar prácticas áulicas de lectura, desde una perspectiva amplia del concepto de “aula”. La Sala de Lectura se considerará como tal toda vez que en ella se produzca una situación de clase con un profesor al frente de un curso completo.
La lectura, entendida como la actividad intelectual que permite decodificar mensajes encodificados por medio de la escritura, había perdido, en las últimas décadas, considerable terreno frente a otros modos y medios de aprendizaje. El video, especialmente, parecía amenazar seriamente a la lectura con el argumento de que “una imagen vale más que mil palabras”. Por lo tanto, durante algún tiempo los libros fueron considerados casi como un obstáculo entre el conocimiento y el alumno. Los manuales y otro tipo de textos de manejo habitual en el ámbito escolar se cargaban cada vez más de imágenes y colorido para poder competir con otras formas más seductoras de transmisión de conocimientos.
AMOR POR LA LECTURA, AMOR POR EL CONOCIMIENTO.
La lectura, entendida como la actividad intelectual que permite decodificar mensajes encodificados por medio de la escritura, había perdido, en las últimas décadas, considerable terreno frente a otros modos y medios de aprendizaje. El video, especialmente, parecía amenazar seriamente a la lectura con el argumento de que “una imagen vale más que mil palabras”. Por lo tanto, durante algún tiempo los libros fueron considerados casi como un obstáculo entre el conocimiento y el alumno. Los manuales y otro tipo de textos de manejo habitual en el ámbito escolar se cargaban cada vez más de imágenes y colorido para poder competir con otras formas más seductoras de transmisión de conocimientos.
Más de una vez pareció haberse perdido la perspectiva de que todos estos nuevos recursos no dejan de ser diferentes códigos semióticos que requieren de una competencia lectora, específica, si se quiere, pero competencia lectora al fin.
El presente proyecto se relaciona directamente con las prácticas áulicas desarrolladas durante los últimos seis años por su autora en el Instituto General Alvarado, y que se han venido detallando tanto en las Planificaciones Anuales como en los proyectos Puesta en valor de la biblioteca Ricardo Rojas/Centro Cultural Alejandra Pizarnik y La escuela lee más (impulsado en su momento por el Ministerio de Educación).
Menciono, por ejemplo, en la planificación de Primer Año Modalidad Ciencias Sociales:
En cuanto al estudio de la lengua como sistema de signos, se hará especial hincapié, tanto en un acercamiento metódico y riguroso -como objeto de estudio científico-, como en una aprehensión de tipo instrumental que permita al alumno optimizar sus destrezas y competencias y adecuarlas a las diferentes situaciones de uso en la vida social. Esta fundamentación se basa especialmente en el eje transversal “joven integrado social y productivamente”, dado que el fundamento ético del quehacer intelectual crítico presupone la lectura e interpretación de los datos de la realidad, a fin de transformarla productivamente hacia el beneficio solidario y propio. Para esto, el joven debe apropiarse, en la medida de lo posible, de las nuevas herramientas que brinda la tecnología y de los aportes del conocimiento científico, tomando posesión del derecho que le asiste a acceder al máximo nivel que la sociedad ofrezca en cada una de sus facetas. De tal modo, accederá a la oportunidad de ejercer plenamente su ciudadanía, como miembro pleno que actúa socialmente –aprendiendo y transfiriendo saberes- , políticamente –haciéndose cargo de su rol ciudadano- y comunitariamente –sabiéndose parte integrante de una comunidad que lo necesita y a la que necesita. El vehículo fundamental para integrarse en forma efectiva y eficaz será un buen dominio de la expresión y la comunicación, competencias que definen al hombre en cuanto tal.
En el sub-área Literatura se considerará como concepto articulador del proyecto del presente curso, la noción de que escritura y lectura son caras necesarias de un mismo proceso. La escritura es un modo de leer, así como la lectura es un modo de escribir.
Por lo tanto, se espera que cada lectura de un texto literario dé lugar a una textualización que pueda dar cuenta del proceso de la producción que implica el trabajo de leer: es decir, que las nuevas reescrituras que siempre se producen al leer un texto –puesto que cada lector juega con la literatura haciéndola producir sentidos- se hagan conscientes, pasen el filtro de la crítica; en suma, que cada joven descubra la participación activa que le cabe en el acto de leer. Por esto se intentará poner al joven frente a su propio discurso a fin de hacerlo objeto también de lectura crítica.
Suena difícil, no de entender sino de llevar a la práctica. ¿Cómo lograr que nuestros alumnos tan “bombardeados por los medios”, “con cada vez menos vocabulario”, “herederos de la cultura de la apatía y el facilismo”, tomen de una vez los libros y constaten, al menos, que no muerden?
QUIJOTESCO SÍ, PERO NO LOCO.
Nuestros alumnos, como molinos de viento, agitan las manos frente a los libros. Aparentemente nos están gritando que nos alejemos de ellos con esos objetos que amenazan sacarlos de su cómoda situación de no saber y los ponen en compromiso de pensar. Intentaremos que esas manos -¡tanto aspaviento!- se muevan pidiendo libros. Y por lo que se ve, algo en ese sentido estamos logrando.
¿Cómo hacer?
En principio los acercamos a la lectura como actividad física. “Profesora, me duelen los ojos”, las cabezas cada tanto giran para descontraer los músculos del cuello. Con el transcurso de la hora, los cuerpos se aflojan, ya no hay ruidos de sillas, la mirada se pasea con más soltura sobre la hoja. La profesora camina entre los bancos y va tomando nota de algunas situaciones típicas que serán utilizadas para evaluar, de manera eficiente y casi matemática, los resultados de la clase.
Hay tres indicadores clásicos de escasa competencia lectora: seguir la lectura con los labios, con una regla o con los dedos. En ese orden, indican grados crecientes de familiaridad con la lectura. El lector habitual no utiliza ninguno de los tres medios de apoyo físico. Una vez detectados estos hábitos, el docente puede evaluar de manera adecuada el pasaje de un momento a otro, hasta que –en general, rápidamente- dichas costumbres se pierden.
Otra herramienta importantísima de cuantificación es el promedio de lectura. Para ello siempre es preferible que el curso trabaje con el mismo texto, y si es la misma edición, la verificación será aún más sencilla. Una vez que el grupo ha comenzado a compenetrarse con la actividad, un sencillo relevamiento visual nos permitirá constatar que el grueso de los alumnos –en general, cerca del 85%- van por la misma página. Esto nos permite detectar tanto a quienes necesitan más práctica extra como a aquellos que desde su hogar traen hábitos de lectura firmes. Añadamos que, para favorecer la soltura corporal necesaria, en el aula hay un grabador con música tenue de fondo.
En un momento de la clase los lectores han “entrado” en el mundo posible que el texto les ofrece; ya no se resisten a él. Hay risas, sonrisas, asombro; las distintas situaciones que el texto les propone se escriben en sus caras. Ya hemos recorrido lo más arduo del camino: se “amigaron” con el libro.
LEER ES UN PLACER, GENIAL, SENSUAL...
Desdichas cotidianas.
La escuela, por definición, es un ámbito de concurrencia de problemas a resolver. Aquí vemos, en medio de toda la vorágine –papeles, planillas, papás preocupados, alumnos enamorados, horas libres, un baño que se rompe, un chico con problemas en su casa, una interna docente, un acto escolar...- a la profesora de Lengua y Literatura buscando un lugar para instalar la Sala de Lectura. “La sala... la que está en el proyecto de la Biblioteca...”. Bueno, digamos que en principio el saloncito donde estaba antes 3º 3ª es el único lugar libre, tratemos de ver qué se puede hacer allí.
¿Por qué una Sala de Lectura?
La imagen del lector arrellanado en su butaca, disponiéndose a gozar de una historia, es una de las representaciones más fuertes y perdurables en el imaginario social. La lectura no es un hecho natural y ahistórico, sino que está rodeado de contextualizaciones que le dan fuerza y la sancionan como factor determinante de cultura. No haremos historia aquí de las diversas formas sociales que adopta el hecho de leer, desde el primer lector silencioso –considerado loco- hasta los pliegos de cordel, desde las lujosas primeras ediciones hasta la literatura de folletín y las más recientes ediciones de bolsillo.
En la escuela, disponer de un lugar especial y específico para la lectura facilita y promueve la actividad desde lugares poco menos que insospechados. Incluso, la autoestima de los jóvenes se ve reforzada: se sienten bien porque entienden, porque van mejorando sus habilidades y competencias, porque no hay que pedir silencio, porque ellos mismos determinan el valor de sus propias capacidades. Están leyendo, no quieren que los interrumpan.
¿Y el ajedrez? (La escuelita de la señorita Olga).
La autora de este proyecto aún puede recitar casi sin equivocarse la unidad de enfermedades infectocontagiosas que aprendió en cuarto año de la secundaria. El ingenioso, aunque estricto profesor que dictaba la materia en la Escuela Piloto, había propuesto construir un juego de siete hexágonos de cartón en cuyos bordes estaban escritos los nombres de las seis enfermedades que debíamos conocer (varicela, parotiditis, escarlatina, sarampión, rubéola, coqueluche). La mecánica del juego no importa ahora, pero favoreció el aprendizaje de las características más salientes de dichas dolencias. También nos propuso una actividad lúdica al llegar al tema de la alimentación. Fueron en parte esas experiencias las que impulsaron la presencia del ajedrez en la Sala de Lectura, aún en hora de clase.
El ajedrez implica una lectura de situaciones, la elaboración simbólica de una estrategia mental, la defensa de un argumento, la construcción de situaciones de supervivencia, la anticipación al argumento del otro. Por otra parte requiere paciencia, reflexión, concentración y, básicamente, el debido respeto a las reglas del juego. Finalmente, es un juego sancionado socialmente como “juego de intelectuales”. Su presencia en la sala contribuye a realzar la idea de área de cultura que los alumnos disfrutan y promueven.
Alexis E es un alumno inmigrante, chileno, hablador, no se destaca por sus notas ni por ser “brillante”. En las clases de lectura lee como los demás, aunque con ciertas dificultades que sus compañeros destacan. En una clase pidió descansar un momento de la lectura y pidió permiso para jugar al ajedrez. Sorpresa general: el chileno sabía nada más ni nada menos que jugar ajedrez. Federico G, un alumno que suele tener cuestiones de conducta, estaba en hora libre. Jugaron un partido, que Alexis ganó, y pidieron quedarse en el recreo a jugar la revancha. La situación fue más que positiva: en clase se pensó, se construyó conocimiento, se favorecieron lazos de compañerismo. El resto, luego del asombro, siguió concentrado en la lectura.
Clara M se caracteriza por ser tan alegre como precipitada: divierte por su buen humor pero también por sus bloopers verbales. Cuando el resto del curso la vio jugando ajedrez y ganando, apareció una perspectiva diferente y desconocida.
MUTATIS MUTANDIS...
No sólo los jóvenes se resisten al cambio de hábitos. Los adultos somos especialistas en acostumbrarnos a las situaciones y así fue como, cuando los Inspectores visitaron el Colegio y cuestionaron la Sala de Lectura, la profesora se sintió dolida. Por la tarde, al observar más distanciadamente la vieja y querida sala, no pudo menos que acordar en que la lectura merece un mejoramiento constante del ámbito. Quedarse con lo que hay implica resignación y, por qué no, desidia. La actual Sala de Lectura es más amplia y está en mejores condiciones, es más luminosa y sigue siendo acogedora. Habrá mucho por mejorar, pero quien esto firma puede asegurar que durante los últimos seis años la experiencia de la lectura en la escuela ha crecido, favoreciendo los vínculos entre el alumno y la construcción de conocimiento. Y que cuando parece que “ya está”, todavía queda mucho por mejorar y por hacer.
Me parece un excelente proyecto: la sala de lectura.
Como docente y jefe de departamento, esto es pura inspiración para poner en práctica algún proyecto similar en mi escuela...
Me llena el espíritu que todavía existan profesores que traten de innovar sobre algo primordial como es la lectura.
Así como el tango - en esa relación intertextual qiue realizás retomendo el nombre de una de las campas de promoción de la lectura - sostiene que leer "es un placer genial, sensual", no tenemos que olvidarnos que los medios también lo son y tal vez - para los no lectores - mucho más atractivos que los libros. La idea es no contraponerlos sino sumar y usar el uno para el otro.
Me parece intesantísima la idea de la sala de lectura.
Que genial que los mismos docentes volvamos a preocuparos por este tema tan importante auqnue seamos a veces como Don Quijote luchando por ideales que tal vez no puedan volver a estar. Gracias por tus aportes.
¡FELICITACIONES POR LA IDEA DE LA SALA DE LECTURA!YO SOY BIBLIOTECARIA Y REALIZAMOS ESTE AÑO UNA JORNADA DE ACERCAMIENTO AL LIBRO Y LA LECTURA, DESDE EL NIVEL INICIAL HASTA POLIMODAL. NOS RESULTÓ MUY PRODUCTIVO Y SE INCREMENTÓ LA SOLICITUD DE LIBROS EN LA BIBLIOTECA DE LA ESCUELA, ESPECIALMENTE EN E.G.B.
TENEMOS PENSADO INAUGURAR UN RINCÓN DE LECTURA PARA CHICOS, PERO NECESITAMOS INCORPORAR MÁS BIBLIOGRAFÍA, QUIZÁS PODAMOS HACER LA SALA DE LECTURA. MUCHAS GRACIAS.
Soy Docente y Bibliotecaria profesional. Cuando comence hace 8 años esta ultima carrera, el boom de la cpu, libros electronicos, en cd ypor internet parecian demostrar que elsoporte papel desapareceria por anticuado.
Pero el contacto con el papel acerca a la lectura, acrear mundos imaginarios. En el aula tengo obviamnete, una biblioteca aulica con material muy diverso, que atrae a todos, desde dinosaurios, harry potter, cronicas de narnai, cuentos clasicos, pequeñas enciclopedias para principiantes, cuentos de hadas,.....lo que se les pueda ocurrir. Incluso manuales. Como en la escuela no tenemos espacio fisico para una sala de lectura, aprovechamos los días de solcito para salir al leer en el patio, bajo arboles, sobre almohadones, en el banco dde plaza...
Son chicos que en dos meses mejoraron su capacidad de comprension lectora y de su interes por distintos libros. Incluso traen desde su casa para compartir con su compañeros.
La biblioteca donde trabajo es popular y una vez por semana viene un jardin a ver los libros, seleccionan uno, lo observa, luego votan cual quieren escuchar. A vece cuando hay alguno que ya hipotetisa aprovechanmos para ir induciendo la lectura.
se necesita un espacio fisico, el espiritu motivador a partir de temprana edad
Soy docente de EGB2, y realmente es muy dificil conseguir un hermoso clima de lectura con el grupo total... ya que en estos últimos tiempos, también los docentes hemos optado por las fotocopias.... viles destructoras de obras literarias y de manuales de estudio. Sumado a esto las conquistadoras imágenes de la tv., que el niño encuentra al llegar a su casa, como herramienta cotidiana para la pausa tutorial.
Esta informacion es muy buena debido a que nos brinda informaciones que en otras paginas no podemos encontrar
soy profesora de lengua y literatura y necesito el modelo actual de planificacion para 1º y 2º año de esb.Estoy a la espera de noticias. gracias
Cambian las administraciones y volvemos atrás con algunos de los logros... la sala de lectura fue desmontada por vaya a saber qué razones. Una pena, pero seguimos leyendo, a pesar de todo. Gracias por los comentarios favorables, Fabiana.
© educ.ar. Todos los derechos reservados
Educ.ar S.E. - Saavedra 789 - Ciudad de Buenos Aires - C1229ACE
Tel / Fax: 54-11-5129-6500 (rot.) - Argentina