
El País, domingo 20 de abril de 1997
La intención de los promotores de la celebración del 450 aniversario del nacimiento de Miguel de Cervantes era que el logotipo llamase la atención. Por eso reprodujeron, junto a la silueta del monumento alzado en la principal plaza de Alcalá, la firma del genio. Con b. Los entendidos cogieron el guiño al vuelo, pero muchos complutenses se extrañan al leer Cerbantes en los programas. Se preguntan a qué viene el estirón de la v del apellido de su ilustre paisano, atribuyen la b a una errata, o ponen el grito en el cielo por tamaño atentado a la ortografía.
"En la época de Cervantes, la b y la v, que ya no se diferenciaban fonéticamente como en el latín, se utilizaban casi a capricho. No había normas. La Academia las fijó en el siglo XVIII con la primera regularización ortográfica", explica Carlos Alvar, coordinador del 450 aniversario. ¿Pero por qué si Cervantes firmaba con b, la Academia decidió que fuese recordado con la v? "Por una tradición gráfica de poner v después de una consonante líquida como la r o la ele", asegura el filólogo Francisco Moreno. "Aunque en la portada de sus libros apareciese su apellido con la v él seguía firmando con b. Para mí su voluntad está por encima de las academias", asegura el escritor César Sobrón. Al alcalde complutense, Bartolomé González, también le gustaría que se respetase "puesto que él murió firmando con b".
Marcelo:
Como dije en otro post, no soy profesora de Lengua, sino correctora. Pero me interesa mucho este espacio, y pido permiso a los profesores para participar de él, aunque mi participación esté sesgada por mi profesión. Por eso mismo participaré en la sección Variedades.
En corrección estudiamos el fenómeno de la “ultracorrección”: es decir, el error que se comete justamente por un esfuerzo o un empeño en hablar bien, pero sin los conocimientos necesarios.
Se me ocurre que sería un tema para trabajar en clase. De hecho, creo que todos lo hemos visto, y desde dos ángulos distintos: están algunos maestros que sostienen aún que la v de vaca se pronuncia de forma diferente que la b de bueno -aunque esa diferencia fonética desapareció hace 500 años, como lo cuenta el texto que encabeza esta nota-, y están los alumnos que aún sostienen que en el castellano correcto se habla de tú (sería interesante hacerles ver en el Diccionario de la Academia por ejemplo la palabra tener: allí verán que se ofrece la conjugación, y en la segunda persona dice: tienes/tenés-tenéis/tienen).
Este tema se enlaza de alguna manera con otros dos: los eufemismos con que muchas veces se escamotea la realidad, y el uso innecesariamente rebuscado del idioma (ese que denostó Bioy en su Diccionario del argentino exquisito).
Nuestros diarios son pródigos en malos usos, y me parece que sería un buen ejercicio hacerles buscar allí ejemplos de:
-queísmo, o supresión del “de” antes de “que” en los complementos que sí lo requieren;
-el uso abusivo de la construcción “del mismo”, “de la misma”, que ha llegado al extremo (no creas que tan raro: como correctora lo veo con mucha frecuencia) de que a veces se usa en reemplazo del tan llano pronombre posesivo: “el auto de la misma” en lugar de “su auto”;
-el abuso del éste/ésta para reponer un sujeto, cuando no quedan dudas de sobre quién se está hablando,
entre otros errores.
Pero para que el ejercicio no sólo sea gramatical, sería bueno que leyendo diarios aprendieran también a distinguir eufemismos, usos rebuscados, juegos de palabras con gracia (después de amenazar "Mi paciencia tiene un límite, Mendieta", remata Inodoro Pereira: "Limita al norte con el temor, al este con la prudencia,...").
Sugiero algunos textos que pueden motivar a los alumnos. Uno muy bueno es el discurso con el que Isidoro Blaisten ingresó a la Academia Argentina de Letras: La destrucción de la solemnidad (la página, de La Nación, exige registración, que es gratuita).
Dos ejemplos de ese texto:
“....aquel final del Quijote que rescataba Borges: ‘Hallóse el escribano presente, y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu, quiero decir que se murió’.” Y agrega Blastein: “La simplicidad y la hondura de esas cinco palabras: ‘Quiero decir que se murió’, nos salvan y nos protegen de la vocinglería de tantas páginas hueras.”
Y:
“Utopía. Curiosa palabra que ahora es ‘emblemática’ y 'paradigmática'. La moderna solemnidad hace que la palabra utopía , que siempre es vana, reemplace a la esperanza, que nunca es vana.
Lamentablemente, no es improbable que en un futuro la gente termine hablando así:
-¿Y, doctor? ¿Cómo salió la operación? ¿Hay utopías?
-¡Señora! Mientras hay vida hay utopías.”
Los lenguajes burocráticos son otra fuente de eufemismos variados y solemnidad sin sentido. En España oficialmente se llama “segmento de ocio” al recreo, lo que hizo decir a un periodista: “Nosotros, los perplejos profesores de letras o padres de esos jóvenes, debemos darnos prisa, porque un escuadrón de pedagogos, armados de moderna ignorancia, ebrios de ese delirio por el que alguien ha decidido que ahora el recreo habrá de llamarse segmento de ocio, acecha en la espesura de la tecnocracia.”
El texto de Blaistein menciona además a Juan María Gutiérrez, y su lucha contra la solemnidad: “La tinta de imprenta parece que entre nosotros tuviera por ingrediente extracto de adormidera, a juzgar por el sopor que causa”.
felicitaciones amigas bubillas de santa maria de villamar!
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