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Sorpresas te da la vida: Katom Computer Project

salon.JPGEl Centro para la Educación en Ciencias Hemda –decíamos en una nota anterior– fue una gratísima sorpresa. Pero todavía faltaba más. Sobre el final de nuestra charla con Tehilla Ben-Gai, directora de Hemda, intercambiamos puntos de vista sobre la relación entre tecnología y educación y posibles configuraciones futuras. La charla llevó a que habláramos sobre Haim Harari... y de ahí al Katom Computer Project no hubo más que un paso.

Nuevamente, los gentiles oficios de nuestros anfitriones, un par de llamadas, y allí estábamos, cenando en el puerto con Oved Kedem, director de proyectos educativos del Davidson Institute of Science Education, una división del Weizmann Institute of Science, del que ya habláramos oportunamente.

¿Qué es el proyecto Katom?

Ni más ni menos que la piedra filosofal, o las respuestas que vinimos a buscar. Computadoras para la clase, los alumnos y los maestros, un experimento educacional cuya meta es investigar los efectos de integrar computadoras portátiles en las actividades de enseñanza y aprendizaje. El plan es proveer computadoras portátiles a docentes y alumnos en un grupo de clases de 7º grado, en distintas ciudades. Una vez estudiados los efectos de esta intervención, se espera expandir la implementación a otras escuelas y ciudades.

Oved está trabajando desde hace tres años en este proyecto, e Israel Porath es el director ejecutivo. Ya ha recorrido todos los caminos que hoy, en la Argentina, estamos empezando a transitar. En sus palabras, aquí va un resumen de lo hablado, tan literal como una conversación con alguien de verborragia y convencimiento desbordantes –que mecha con una catarata de chistes– lo permite.

Las computadoras portátiles van a entrar en la escuela, más tarde o más temprano, con o sin nuestra intervención. No podemos aún definir cuál será el modelo, pero no cabe duda de que ingresarán. El Proyecto Katom fue pensado como un laboratorio que permitiría estudiar las mejores prácticas posibles y disminuir los aspectos problemáticos. En la visión de Kedem, "el único sistema en que no permite una PC por persona es la escuela".

Pero no pierden de vista que la introducción de las computadoras en el aula implica algo diferente en cada caso, según el contexto en el que se esté trabajando. Esto es, según cuál sea la relación entre alumnos, padres, profesores, escuela. Aun considerando todas esas diferencias, cuenta Kedem, la concepción ortodoxa dice que tiene que haber una capacitación lineal. Que todos deben ser instruidos en el uso de ciertos materiales y en cierta metodología de trabajo, para su aplicación en determinadas disciplinas. De hecho, el Ministerio de Educación israelí había empezado a trabajar en un modelo con estas características.

Pero el Instituto Weizmann tiene una ventaja en este punto: es una ONG sin fines de lucro, y como tal, libre de experimentar sin que eso implique una modificación en las políticas públicas, sino simplemente eso: un experimento. Otra ventaja, en este caso compartida con el Instituto Hemda: la autoridad académica y el reconocimiento público con que cuenta Haim Harari (chairman del Instituto Davidson) como imagen del proyecto.

Comenzaron el estudio con 7º grado, porque es el primer grado en el que hay 10 maestros por clase, y esto, consideraron, implicaba una dispersión del riesgo y una disminución del desvío en las mediciones.

El proyecto nace con un pacto social. Fueron con la idea al Ministerio de Educación y eligieron, de manera conjunta, escuelas dentro de la media. Ni las más carenciadas ni las más privilegiadas.

La dotación para un aula con 35 alumnos es una laptop para cada alumno, una para cada profesor –que tenga al menos dos horas de clase a la semana–, un server, una impresora y una cámara digital. El costo de este equipamiento se solventa en partes iguales por el Instituto Davidson, el municipio, el Ministerio de Educación y los padres, que pagan cuotas de 12 dólares al mes, por 3 años. (El proyecto prevé extenderse de 7º a 9º año, ya que en 10º, muchos cambian de institución.) Después de esos tres años, pueden conservar las computadoras.

¿Qué hacen con la capacitación?

"Nosotros distribuimos las computadoras entre los docentes y alumnos sin ningún lineamiento de lo que tienen que hacer. Se les da capacitación en el uso técnico y una presentación de distintas técnicas didácticas y pedagógicas sobre el uso de las laptops en el aula, que les permitan pensar usos más ricos y más complejos que una presentación en PowerPoint o una búsqueda en internet. Por ejemplo, experiencias de medición de velocidad del sonido a través de la tarjeta de sonido, cómo hacer una animación, etcétera. Pero si no las quieren usar, no hay problema.

Los docentes no siempre pueden o quieren adaptarse. ¿Qué hacemos en esos casos? Trabajamos directamente con los alumnos, y les enseñamos para que les enseñen a sus pares. Tenemos cursos para todos los que participan en el proyecto: sobre la tecnología, sobre la disciplina y la tecnología, y cursos ad hoc que dictamos en la escuela."

Parte de los instructores son los que actualmente trabajan en el Ministerio de Educación, pero bajo su tutela. Después de estos tres años de trabajo, hoy hay once escuelas Katom. El proyecto prevé llegar en 3 años más a 100 escuelas. Para ese entonces, luego de seis años de trabajo continuos, esperan poder producir un informe con recomendaciones sobre la mejor forma de inclusión de la tecnología en el aula.

¿Qué aprendieron en el proceso?

Qué pedirles a las empresas. Qué pedirles a las escuelas (entre otras cosas, un técnico dedicado hizo una diferencia enorme en el éxito alcanzado). Qué compromiso establecer con los chicos y sus padres (si el chico rompe la computadora, el padre paga u$s 200).

Hay casos en que los docentes devuelven la computadora sin haberla abierto. Hay casos en que se la dan a la hija que estudia en la universidad. Pero también hay conversiones. Y los docentes reciben apoyo continuo a través de los instructores.

Hay un cambio significativo en cuanto a la autodisciplina, en todos los casos. El ambiente es más afable y hay mayor comunicación entre las partes. Los alumnos están más motivados, y, entre los profesores, el efecto trasciende a las aulas no computarizadas (el docente usa lo que aprendió, cambia su forma de relacionarse, encuentra formas de adaptar al pizarrón lo que hace con la computadora).

Sin embargo, a tres años del inicio, aún no se puede determinar si hubo un impacto en los logros instruccionales, aunque al menos saben que no empeoraron.

Dice Oved, y nos deja pensando en el tema: "No pasás de la media de seda a la de lana en un paso. Cuando se rompe la de lana, la zurcís con hilo de seda, y así, progresivamente, vas mutando".


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