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Kapuściński: el periodismo, como la vida, es cruzar permanentemente las fronteras

El martes pasado murió el periodista y escritor polaco Ryszard Kapuściński. Entre los homenajes más emotivos que se hicieron a este cronista y viajero incansable, nos encontramos con el video que publica Jose Luis Orihuela en su blog: un fragmento de un programa de televisión español -Saló de lectura- de mediados del 2005, en el que Kapuściński habla del oficio del periodista.

El trabajo del periodista encarna, según Kapuściński, una característica fundamental de la condición humana: la de ”cruzar permanentemente las fronteras –que no son solamente geográficas sino también de idiomas, creencias, entendimiento y psicológicas -señala el cronista-. La vida humana es vida dentro de una red de diferentes tipos de fronteras”.

Kapuściński nació en marzo de 1932 en Pinsk, una ciudad polaca que actualmente pertenece a Bielorrusia. Estudió Historia en Varsovia y a los 17 años comenzó a trabajar como reportero para la revista Hoy y mañana pero fue su ingreso a la agencia de noticias PAP lo que le permitió ser testigo de numerosos acontecimientos políticos, revoluciones y guerras de descolonización y liberación en Africa, Asia y América Latina.

Este reportero obsesionado por cruzar la frontera llevó a la crónica periodística a sus propios límites, que rozan con los de la literatura. Dice una de las memorias que sus reportajes son “una especie de crónica literaria donde el autor engarza viajes, vivencias, poemas, tradiciones que escucha y donde no permanece impasible ante lo que está contando. Ése fue el origen de sus libros –basados en entrevistas y conversaciones-, que revolucionaron los cánones periodísticos en los años 80 y 90”.

Entre sus libros se destacan El emperador (1978), sobre la caída del trono de Haile Selassie en Etiopía, en 1974; El sha o la desmesura del poder (1987), sobre la salida de Reza Pahlevi en Irán; La guerra del fútbol y otros personajes (1992), sobre el conflicto entre Honduras y el Salvador; El imperio (1993) sobre la ex URSS; y Ebano (1998), basado en reportajes ubicados en varios países de Africa.

Sus últimos trabajos están dedicados a reflexionar sobre la práctica del periodismo, como es el caso de Los cínicos no sirven para este oficio (2000) y Los cinco sentidos del periodista (2003), donde recopila los temas de unos seminarios que dictó en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, de Gabriel García Márquez. Kapuściński fue candidato varias veces al Premio Nóbel y en el 2003 recibió el Príncipe de Asturias.

La memoria que citábamos más arriba destaca también que este maestro de periodistas “trabajaba sabiendo que esta profesión está hecha a la vez de accidentes y sustancias, de instantes y de eternidad, de letras grandes y letras pequeñas, de gritos y de silencios”.

Su modo de escribir “anterior a Gutenberg”, como él mismo lo define, e independiente de las presiones de los grandes medios, hizo que su periodismo fuera de reflexión, de tranquilidad y profundidad. Pero sobre todo de encuentro y comunicación con “el otro”, porque comprende que la diferencia es insuficiente y debe haber también reconocimiento. Este es sin duda uno de sus principales legados.


2 Comentarios

  1. Gore. Enero 27, 2007 20:41

    Ha sido y seguirá siendo un maestro. Gracias por sumarte a quienes no hemos querido que pasara desapercibida su muerte. Honrarle con este artículo, Carolina, te honra. Y se merece este recuerdo, el de tod@s, porque él nunca se cansó de recordar al resto, a los otros, a las "otras vidas", a los nadies -como diría también Galeano-, a los desaparecidos... Qué menos ¿verdad? qué menos que reconocer que es uno de los GRANDES...

  2. Haydée Morandi. Febrero 5, 2007 21:07

    Con respecto a Kapuscinski.....
    Creo que ha sido un gran maestro de la crónica periodística, su producción literaria te hace ver las cosas desde otro ángulo, además nos muestra en sus reflexiones las vivencias que tuvo y su pasión por el continente Africano.
    Lamento su partida, nos deja un gran vacío, muy difícil de llenar.