El 6 de julio pasado falleció, a los 88 años, la actriz, titiritera, maestra y artista plástica Sarah Bianchi. En esta nota recordamos su importante aporte al movimiento de teatristas dedicados al arte de crear historias con muñecos. Incluimos el testimonio de diferentes dramaturgos y titiriteros del país que reconocen su labor en los diversos ámbitos en los que Sarah trabajó siempre con tenacidad y entusiasmo.
"Solo el movimiento le da vida y solo en el carácter de su movimiento surge lo que denominamos conducta. Y en la conducta física del muñeco, nace su imagen. Naturalmente el texto (si lo hay) tiene enorme importancia, pero cuando las palabras que pronuncia el muñeco no se materializan en sus ademanes, se apartan de él y penden en el aire. El ademán y el movimiento pueden existir sin la palabra, pero la palabra sin el ademán es imposible, como regla general, en todo papel y más aún en un papel interpretado por un muñeco". Sergei Obraztsov
La última vez que vi a Sarah Bianchi en persona fue en junio del año 2009. Ella participaba de los festejos del centenario del nacimiento del célebre Javier Villafañe, a quien la unió su ferviente pasión por el arte del títere y muchas experiencias a lo largo de su trashumancia artística por toda América Latina y Europa. Siempre con alguna anécdota a mano, Sarah narró un encuentro con Javier en España, donde él residía aún en los 80, esperando que, recuperada la democracia, fuera posible su regreso al país junto con su Andariega y la libertad de sus universos imaginarios. Aquella fría noche de invierno, como las de estos días, Sarah, a sus 87 años, por la mañana había recibido la visita de un grupo de chicos de jardín de infantes en el Museo Argentino del Títere, un espacio fundado por ella, en noviembre de 1983, junto con su maestra y compañera Mane Bernardo. Por la tarde, había hecho una función de títeres para una escuela. Llegada la noche, su pequeña e inquieta figura, de excepcionales brazos larguísimos, decía presente en el escenario del Centro Cultural de Cooperación para homenajear a un amigo y colega. Finalmente al día siguiente, y sin escalas, Sarah viajaría rumbo a la madre patria para recibir el Premio Gorgorito otorgado por UNIMA Madrid, con la colaboración de UNIMA Federación España y el apoyo de la Comunidad de Madrid a la trayectoria de una persona en el arte del teatro de títeres.
Así era la vida de Sarah Bianchi. Se dedicó con mucho tesón a la difusión del teatro de títeres y a la construcción de nuevos espacios –convencionales y no tanto– donde poner en escena historias y muñecos.
Sarah Bianchi, profesora de Letras, artista plástica y actriz de teatro independiente, junto a la gran Mane Bernardo, también artista plástica y actriz pionera del movimiento titiritero argentino, se inició en 1944 en el mundo de los títeres, entendido como una de las tantas representaciones de las artes escénicas.
El acercamiento a Mane Bernardo marcó un hito en su vida profesional, como ella misma recordaba sus inicios pintando telones y fabricando muñecos:
“Yo conocí a Mane en una exposición de arte en la que presentábamos nuestros trabajos. Ella tenía un teatro independiente que se llamaba La Cortina, y como yo también era actriz fui a parar ahí. Ella ya había hecho títeres y la habían nombrado directora del Teatro Nacional de Títeres, que se creó en el Cervantes. Estaba armando un equipo de trabajo y me invitó. Duré un año; al siguiente ya tenía puesto un títere en la mano.”
Tanto Sarah como Mane incursionaron como autoras, realizadoras e intérpretes en el teatro de títeres para niños y para adultos, aunque con el tiempo se afianzaron en la creación de espectáculos infantiles. Utilizaron y exploraron diferentes técnicas para el retablo: el títere de varilla, guante, marote, teatro de sombras, luz negra, la integración de actores, etc. Bianchi, en una entrevista de 2006, definía al títere como "cualquier muñeco, cualquier figura, cualquier forma, plana o de volumen, o cualquier objeto que gracias a la animación que le da el titiritero se convierte en personaje de teatro". Sus innovaciones, junto con las de otros pilares ineludibles como Villafañe y Ariel Bufano, se anticiparon al Teatro de Objetos y otras vanguardias posteriores.
Sarah fue un ejemplo de perseverancia, coherencia y pasión dentro de una de las formas de representación dramática más antiguas de la historia del espectáculo, heredera directa del ancestral juego entre niños y muñecos. Junto con Mane batalló largamente para que se le reconociera al género su envergadura teatral y a los titiriteros su status como actores. Hasta antes de los 70, la Sociedad Argentinta de Actores los afiliaba en el rubro "Variedades", dado que para ser considerados actores tenían que ser claramente visibles ante la audiencia.
De espíritu jovial, emprendedor y autogestivo, ni los achaques de la edad, ni el engolosinamiento con la infinidad de premios recibidos en su última etapa, aplacaron su impulso para generar proyectos, buscando constantemente la manera de concretarlos, casi siempre "a pulmón". Cuando le otorgaron, en el 2002, el Premio María Guerrero a la Trayectoria, ella, que tenía fracturada la cadena, en lugar de llegar en sillas de ruedas bajó al escenario del Teatro Nacional Cervantes colgada de un trapecio con flores.
Hace poco el canal (á), dentro del ciclo Autobiografías, en el que grandes figuras de la cultura narran su vida en primera persona, le dedicó un tributo a Sarah Bianchi, y ella, con la sencillez que la caracterizaba, sintetizó así su motor de vida: “Donde haya un títere, podrán ver que allí estoy”.
Varios cineastas se sintieron atraídos por la fuerza de la legendaria Sarah Bianchi. Recientemente Emiliano Romero siguió con su cámara a esta incansable trabajadora durante cuatro meses para un documental que la muestra en acción, montando sus espectáculos. También Jorge Libster dirigió Sarah Bianchi una mujer sin tiempo, un video documental sobre su vida.
En el reducido espacio que las editoriales destinan al teatro para niños, se publicaron algunos libros que recogen la dramaturgia de Sarah Bianchi, en coautoría con Mane Bernardo. Entre ellos podemos mencionar: Toribio se resfrió (Libros del Quirquincho, 1996); Teatro, títeres y pantomima (Inteatro, 2006); Lucecita para todos (Desde la gente, 2008), que incluye Yo lucecita, autobiografía de un títere genial, que dedica al títere que la acompañó por más de seis décadas, único sobreviviente del incendio que destruyó, en 1947, el Teatro Nacional de Títeres, cuando tenía su sede en el Cervantes, y acaba de publicarse el segundo tomo: Lucecita en el Bicentenario ¡2010!: Autobiografía titiritesca (Desde la gente, 2010), en el que Bianchi reflexiona, a través de su alter ego, sobre la historia nacional y recrea motivos patrióticos.
Sumado a su actividad artística, Sarah Bianchi desarrolló una intensa actividad docente dentro de la educación por el arte, y formó a jóvenes titiriteros, fundamentalmente en instituciones públicas como: el Teatro Nacional de Títeres (1944-1946); el Instituto de Arte Municipal de Buenos Aires (1961- 1986), y en el Instituto Vocacional de Arte Municipal, del que además fue directora entre 1980 y 1985, cuando se jubiló.
El martes 6 del mes pasado, ni bien se supo de su muerte, inmediatamente muchos sitios en internet se hicieron eco de la noticia, dando muestra de lo respetada y sobre todo muy querida que era Sarah por la comunidad teatral. De esas repercusiones o de otros recursos o reconocimientos previos que pueden hallarse en la Web referidos a la obra de Bianchi vale destacar el audio de la entrevista realizada por Celina Dávila.
También la Revista Planetario publicó un extenso reportaje a la titiritera y cofundadora del Museo de Títere que puede leerse aquí.
En el sitio Titirinet, José Luis García, haciéndose eco de uno de los tantos homenajes realizados a esta titiritera, mantuvo una larga charla en la que ella expone algunas de sus ideas sobre el teatro de los títeres.
La crítica de espectáculos Hilda Cabrera recorre en un artículo publicado por Página 12 los principales aportes de Bianchi y destaca su tenaz labor al frente del Museo Argentino del Títere, una institución única en su tipo en el país y segunda en América Latina, que –en principio itinerante– funciona desde 1996 en una casona de 1870, en el pintoresco barrio San Telmo (Piedras 905), en la que había nacido Mane Bernardo, en 1913. El museo fue creado por ellas para rescatar, preservar y difundir este arte. Reúne cerca de 500 títeres de las más diversas procedencias –África, Asia, Oceanía, Europa – que Sarah y Mane acumularon durante tantos años de viajes y funciones por el mundo entero, piezas antiquísimas, de más de 200 años y que están allí expuestos para ser compartidos con los visitantes. Además de las salas en las que se mantiene una dinámica oferta de espectáculos para niños, el museo cuenta con una Biblioteca, con más de mil títulos dedicados a la historia y técnicas titiriteras, y un Archivo del Títere, todos estos servicios de imprescindible visita y consulta.
Como escribió Søren Kierkegaard "sólo la dificultad inspira a los nobles de corazón". Su larga experiencia estuvo repleta de vicisitudes –desalojos, incendios, prohibiciones, postergaciones, despidos, promesas incumplidas, etc.– pero nunca bajó los brazos. Sarah tiene legítimamente ganado un lugar en historia del teatro de nuestro país y de nuestro continente. Quizás, su legado más perdurable y valioso sea la materialización de ese museo que llegó a conquistar toda una Calle de los Títeres.
Queremos compartir con ustedes los afectuosos testimonios de algunos de sus amigos y colegas.
Conocí a Sarah a los 7 años en las emocionantes aulas del Instituto Vocacional de Arte... La tuve de maestra, al igual que a Ariel Bufano... Los años pasaron y mientras crecía y llegaba yo mismo al mundo profesional del arte de los títeres, Sarah fue vicedirectora, luego a los años las vueltas de la vida y el reconocimiento de mis maestros me permitió llegar a ser profesor de Títeres en las mismas aulas en las que años atrás me había formado La virulencia de la vida actual, la superficialidad cotidiana, la liviandad en extremo y lo particular e íntimo de las riquezas de cada vida quizás me hacen dudar a mí mismo de mis próximas palabras, pero aún a pesar de todos los reparos, no puedo dejar de pensar en SARAH como alguien que HIZO LO QUE TENÍA GANAS DE HACER. Educó, forjó, escribió, dirigió, congreseó y museó... Creo que armó su propio sendero y luego lo transitó... Tantos años... Maravilla de la vida llegar a lograr en tanto los objetivos planeados... Hasta su cierre fue casi ensayado y definitivamente pensado... Brindo por la vida... Brindo por la coherencia en la defensa de un proyecto... Brindo por SARAH BIANCHI!
Sergio Rower, Creador, fundador, productor ejecutivo, actor y director del Grupo Libertablas.
Cada vez que la encuentro, esta mujer menuda, inquieta, traviesa como los títeres, capaz de esconderse en un baúl o descender de una hamaca en un escenario, actriz de alma, titiritera de alma, que siempre está convocando, festejando algún hito, acompañando a amigos y colegas en sus luchas y en sus logros, me dice "Ahora tengo que construir esto, arreglar esto otro, ordenar esto". Y me muestra las etapas logradas, porque sus proyectos son bien concretos, bien asentados en el suelo. Puede tratarse de una nueva vitrina, el escenario con sus luces, el techo, el piso, los baños, la calefacción, las sillitas para los chiquitos del Jardín de Infantes, comprar una escalera bien alta, despejar un mueble, tirar una pared. El remolino que genera en torno suyo lleva a mucha gente a acompañarla; junto a Sarah Biachi las cosas siempre están en marcha..."
Ruth Mehl, periodista, crítica de teatro del diario La Nación, fallecida hace unos meses. Fuente: Sarah Bianchi. Teatro, títeres y pantomima. Editorial Inteatro, 2006. Colección Homenaje al Teatro Argentino.
Conocí a Sarah en el Instituto Labardén. El "IVA", como lo suelen llamar los niños, en el que fuimos colegas. Es importante recordarla no solo como titiritera, sino también como docente puesto que ella fue pionera, al lado de otros profesoras, de la renovación pedagógica que se realizó en esa institución allá por los sesenta. Fue una docente creativa y los alumnos la recuerdan por su alegría y por su afecto siempre presente.
Adelaida Mangani, Directora del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín.
No fui del círculo más cercano de Sarah pero la conocí y la crucé innumerables veces. Allí donde los títeres tuvieran un espacio o estuviese la posibilidad de abrirlo ella se hacía presente con gran generosidad. Recuerdo que una vez, un editor de libros, cuando le propuse editar mis obras de títeres para niños me dijo, "Pero, Ana, además de escribir teatro, que ya es dificil de editar, escribes para niños y como si esto fuera poco ¡para títeres!". Y yo le agregué: ¡Y soy mujer! Sarah Bianchi y Mane Bernardo fueron mujeres, pioneras, abriendo surcos para el teatro, los títeres, la educación artística, la literatura para la infancia, en un momento extremadamente difícil para hacerlo. Eligieron estos lenguajes a los que el mundo cultural más asentado y masculino miraba como menores, y desde allí lo hicieron resonante. Que su museo la haga perdurar a la altura de lo que merece.
Ana Alvarado. Autora, directora e intérprete de teatro, licenciada en Artes Visuales, docente, fundadora e integrante del grupo teatral El Periférico de Objetos.
Yo simplemente quiero decir que Sarah fue un ejemplo de deseo de vivir, de amor a la profesión de titiritero, y una gran persona que entendió que el afecto es lo más valioso que aguien puede tener en la vida, por eso la vamos a extrañar.
Carlos Martínez, actor, músico, titiritero, docente, dramaturgo, fundador de la compañía de titiriteros ‘Asomados y Escondidos’, director del Taller de Títeres El Triángulo.
Para quienes compartimos la cotidianidad de Sarah, siempre tan llena de juventud, es difícil pensarla como un recuerdo. Los adjetivos se nos agolpan a la hora de definirla. Voluntariosa hasta ser cabezadura, apasionada del arte al que dedicó su vida, audaz para pasar por encima de los prejuicios, llena de humor a la hora de compartir historias viejas o actuales frente a un café o ¿por qué no? a una copa de vino tinto. Ejemplar como modelo de un oficio asumido con toda responsabilidad, contra viento y marea. Humilde, cuando convertida en ícono (tal vez a pesar suyo), se resistía a gozar de privilegios que naturalmente le correspondían porque prefería seguir siendo titiritera “de a pie”, compartiendo su camino con los que comenzaban. Todo esto, más su estatura de maestra que siempre sintió que enseñar es no dejar de aprender de los alumnos, en especial de los niños, a quienes nunca dejó de demostrarles un profundo afecto. Sarah siempre miró a los chicos de uno a uno, sin convertirlos en “el público”, y es así que siempre tenía una anécdota que contar de ese chico cualquiera, visto en una visita guiada o una función, que había dicho algo sorprendente. Difícil pensarla como un recuerdo, realmente. Sarah Bianchi, nuestra colega y amiga, un mal ejemplo para la salud con el eterno cigarrillo en la mano; el mejor de los ejemplos de una vida dedicada a seguir sus hermosas pasiones hasta el último instante.
Silvina Reinaudi, titiritera, escritora, dramaturga, guionista de TV, fundadora de la compañía de titiriteros ‘Asomados y Escondidos’, y autora de esta particular despedida con la voz de sus títeres.
MARIMONIA: Le vengo a decir hasta luego a Sarah. Que se va al cielo.
DIABLO: Más vale adiós, porque no la vas a ver más, me la vengo a llevar.
MARIMONIA: Señor… ¡Usted es el DIABLO!, ¿no?
DIABLO: ¿Y quién voy a ser si no?
MARIMONIA: No sé… usted es raro… colorado… gritón… pero a mí Sarah me enseñó que no hay que juzgar a las personas por su aspecto. Por ejemplo, hay gente que parece santa pero no es.
DIABLO: Te lo digo con seguridad, soy el DIABLO, y te tenés que asustar.
MARIMONIA se asusta.
DIABLO: Y me la vengo a llevar a Sarah al Infierno.
MARIMONIA: Pero no corresponde, Sarah es buena
DIABLO: Ja, ja, ja: hizo lo que se le antojó toda la vida… ¡No puede ser buena!
MARIMONIA: Trabajó para los chicos…
DIABLO: ¿Y quién dijo que los chicos son buenos?
MARIMONIA: Tiene razón, pero… también trabajó para grandes.
DIABLO: ¿Y quién dijo que los grandes son buenos?
MARIMONIA: Ehhh… algunos hay. Por ejemplo ¡los amigos de Sarah! ¿Qué me dice?
DIABLO: Que a esos también me los voy a llevar: fumadores, bebedores, no respetan las leyes, se ríen de las diferencias… o son titiriteros, maestros, abogados, contadores, cebadoras de mate, escritores, vecinos de San Telmo y del resto del mundo, viejas gateras… ¡todos malas personas!
MARIMONIA: ¿Está seguro de que toda esa gente es candidata al Infierno?
DIABLO: Y… ¡sí!
MARIMONIA: Y los gatos, cuando se mueren… ¿adónde van?
DIABLO: Al Infierno, por supuesto.
MARIMONIA: ¿Y quiénes van al cielo?
DIABLO: Los que hacen las cosas bien, como Dios manda.
MARIMONIA: Sabe, don DIABLO… Llévesela, nomás, sabiendo cómo es Sarah, seguro que se va a divertir mucho más en el Infierno.
hola soy angie y quisiera pedirle una ayuditasi me podrian ayudar un titere de una mujer muy hermosaquiero saber los pasos como se hacen porfa ayudenme esque rewcien an dicho para hacerlo y no tengo plata para mandar ha hacer porfa ayudenme
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