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Susan Sontag: muere una intelectual crítica y lúcida

sontagova5.jpgEstán desapareciendo los grandes intelectuales que descollaron en la segunda mitad del siglo XX. A fines del 2003 moría Edward Said, ahora es el turno de Susan Sontag. Figuras irrecuperables, releerlos es obligado en tiempos de desasosiego.

Cuando lo actual tiene poco y nada que ver con lo contemporáneo

En una edición de fines de diciembre del 2002, el suplemento de Política Internacional de El País Digital, encapsuló un diálogo entre dos escritores de mucho peso. Se trataba deSusan Sontag y de Juan Goytisolo, quienes se conocían desde 1967, cuando se encontraron por primera vez en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Ambos escritores todavía recordaban haber coincidido en su voto por La Chinoise de, Jean Luc Godard, como la mejor película de ese año, y seguían defendiendo la contemporaneidad de la película a pesar de que habían pasado nada menos que 35 años –encima hiperacelerados– desde entonces.

En un momento en que la pavada está de moda, y cuando lo único que escuchamos en los medios son autoelogios infantiles o comentarios de perogrullo, revisar algunos momentos de ese diálogo resulta más que feliz ahora que Sontag ya no está físicamente entre nosotros.
Los dos escritores se comunicaron en la lengua común que para ellos era el francés; ambos compartían una militancia de muchas décadas a favor de la causa de las obras nuevas, que es lo mismo que decir de aquello que todavía nos conmueve o moviliza –cada vez menos, con tanto refrito y condescendencia–.

La distinción es crucial. Lo actual tiene poco y nada que ver con lo contemporáneo. Actual es lo que marca el calendario, contemporáneo es lo que convive con nuestra capacidad de atizar la curiosidad, de sostener la sorpresa y sobre todo de desestabilizar certezas e ingenuidades.
Aunque el diálogo no tuvo la duración y los recovecos del que alguna vez sostuvieron Neil Postman y Camille Paglia –que nos marcó mucho, en relación con el futuro de la literatura y el discurso– hay muchos puntos de anclaje compartidos en ambas conversaciones. Porque del mismo modo que Paglia lo hacía en el otro, aquí Sontag hizo un llamado necesario y urgente a la renovación del rigor. Sontag reiteró lo que hace poco dijo algún escritor conocido para molestia de muchos.

Quienquiera que recorra el mundo y pregunte a cualquier colectivo acerca de sus fuentes de inspiración o de shock se encontrará con la molesta –sino anacrónica– sorpresa de que los autores que importan (en el cine como en la novela, en el ensayo como en la pintura, en el espectáculo como en lo digital) son los clásicos de al menos 50 años atrás.

No es que no haya profusión de movidas y de acontecimientos, pero aun aquellos valiosos son como pálidos o descascarados remedos de las eras verdaderamente creativas, los años 20 y 60 del siglo XX.

Oponiendo la opinión al pensamiento

Aunque a veces ambos autores paerecen bandearse demasiado para el lado de la nostalgia y el endiosamiento del todo tiempo pasado fue mejor, hay algo de razón en esa confusión que antepone –muy al uso de los 80 y los 90– la opinión (algo que todos tenemos y en demasía) al pensamiento.
Como cualquier paneo por los medios, los libros o las carteleras revela, mientras que de pensamiento hay cada vez menos y en cuentagotas las opiniones proliferan cual un cáncer mortífero en contra de toda argumentación y fundamentación.

En el diálogo entre estos grandes surge obviamente la curiosa mediamorfosis de la censura. Hoy el rol de censor de Tato -ese que mutiló cerca de 400 películas durante la dictadura de Videla– aparece como estrambótico e inactual. Lo mismo con la reescritura permanente de la historia hecha carne en las enciclopedias soviéticas de la época de la revolución rusa a principios de 1920.

Porque ahora la censura ya no es mas ideológica –salvo tal vez en algunos países islámicos, como alguna Fathwa anti-Rushdie todavía testimonia– sino comercial, y en países de dólar devaluado como el nuestro más todavía.

En Rusia misma, mientras que antes se hacían colas de una noche entera para comprar un libro de poemas de Ajmatova, con la proliferación de cómics pornográficos ya no es negocio para ningún editor ocupar sus demandados escaparates con la alta cultura.

Tanto Sontag como Goytisolo se vieron a sí mismos durante largas décadas como combatientes de nuevo cuño en una batalla muy antigua. Sin embargo, hoy se los califica –como a cualquiera que tenga más de 30 o 40 años e insista en jugar a algún tipo de lucha lingüística– como combatientes de viejo cuño, queriendo intervenir en batallas nuevas y desentonando como anacrónicos o llorones.

Tal caricaturización es antojadiza, y aunque en alguna ocasión Sontag -que sobrevivió hasta ayer a una leucemia que arrastraba desde los años 70–, más que Goytisolo, parecen enfrascarse en la nostalgia, en rigor sobrellevaban sus 71 y 73 años respectivamente (como aquí Andrés Rivera) con un rigor y una combatividad que no le conocemos a los intelectualoides del marketing.

sontag1.jpgLa resistencia como sorpresa existencial

Goytisolo –que vivió años de infancia durísimos cuando su familia fue destruida en la guerra civil– insistía en que su recalcitrancia y animosidad en contra de la estupidez y la molicie tiene que ver con una sorpresa existencial. Después de haber vivido la miseria y haber visto reconstruir su mundo vital e intelectual en la Francia de posguerra y en la España posfranquista, volver –inverosímilmente– al medioevo, como ocurrió durante el sitio de Sarajevo, le demostró la necesidad permanente de estar en alerta y de no transar con el presente.

Ambos escritores parieron sendas crónicas desde la sitiada ciudad. Frente a quienes la tildaban de loca Sontag contestó que ella sólo concebía la vida como un conjunto de decisiones en virtud de principios. Decisiones que implicaban riesgos, que quienes las toman están dispuestos a correr.

Han pasado muchas cosas en los últimos 40 años, entre ellas la caída de la utopía en la manos de la derecha (al creer el FMI, el BM y el neoliberalismo que ellos conseguirían por las malas lo que la izquierda quería conseguir por las peores), pero sobre todo la paulatina desmejora en las condiciones materiales y simbólicas de vida que se habían alcanzado entre 1960-1975 (en el caso argentino esa caída desde ese momento ha sido literal y catastrófica).

También tenemos otra utopía junto a la del consumimo del mercado, que es la fundamentalista. Ni una ni otra presagian grandes bienes para la humanidad, o para nosotros en particular.

Y sin embargo ambos escritores insistieron en la necesidad de la utopía no en términos de la exigencia de sacrificios (tanto en el cristianismo como en el socialismo real), sino de modelos inteligentes que tengan un sentido moral. Esto nada tiene que ver con vestir santos ni con imaginar transformar la naturaleza humana, que más que una utopía es una estupidez.

Ambos escritores tienen opiniones fuertes sobre muchos temas, especialmente en lo que hace a la política internacional, ridiculizando así la estúpida posición de Brian Ferry según la cual los artistas sienten y no piensan. Siguieron muy de cerca el intento de taponar el ingreso de Turquía o de Bosnia a la Unión Europea por tratarse de estados en los cuales la mayoría de la población es de origen musulmán.

Y también estuvieron previsiblemente en contra de la guerra contra Irak, poniendo especial cuidado en tratar de anticipar algunos de los riesgos que esa guerra conllevaría finalmente. Para desconocimiento de Bush y de sus halcones, Bagdad es para los árabes una combinación de Roma y de Atenas. Además no hay ningún punto de contacto entre Saddam Husseim y Bin Laden, aunque Bush mezcle todo como en coctelera.

Y hasta el petróleo (por más que haya 110.000 millones de barriles de reserva confirmados y casi el doble potenciales en Irak) es una muy buena excusa –sobre todo para Irak que quiere vendérselo masivamente a los europeos y a los rusos– cuando lo que en realidad es un intento de cambiar el mapa de Oriente Medio poniéndolo directamente bajo el protectorado norteamericano.
De lo que los yanquis no hablan (aunque lo padecieron) es de que la mayor amenaza contra la humanidad no proviene del islamismo en cuanto tal, sino de la escuela jurídica hanbali, y dentro de esta de los whabistas. Son ellos los que atizaron la guerra civil en Argelia y son ellos también los que gracias a los fondos saudís despliegan el terror por el mundo. Pero a los yanquis no se les ocurre invadir Arabia Saudita. ¿Todavía? Nosotros terminamos el diálogo aquí pero daría para mucho para mucho más.

Con autores como Sontag, que nos inspiran desde su pionero Contra la interpretación, o con Sobre la fotografía o La enfermedad como metáfora, y con autores como Goytisolo que pergeñó entre otros veinte libros Las memorias, (suma de Coto vedado y En los reinos de Taifa), España y los españoles, Pasajes de guerra (que incluye Cuaderno de Sarajevo), la posibilidad de pensamiento está garantizada por un tiempo largo.

Lástima que haya que volver siempre a los de 50 o más para hacer un trabajo que debería caer en las espalda y cabezas de los de 30 y 40. Generaciones perdidas, ¿donde están?

Referencias
Excelente listado de la mayoría de los libros Sontag, así como de decenas de columnas –muchas sesudas y pertinentes– que escribió en el The New York Review of Books
Sitio oficial hecho por su editorial Farrar, Straus and Giroux, con links a numerosas entrevistas.
Sitio oficial de Goytisolo, mantenido por el Ministerio de Educación de España.
Interesante diálogo entre Goytisolo y Günther Grass en el Centro Cultural del Círculo de Lectores (Madrid), el día jueves 6 de noviembre de 1997.
Linda entrevista por Armando G. Tejeda en Babab.
Coloquio sobre Goytisolo de 1998 en la Universidad de Lund, en Noruega, aunque no hay copia de las ponencias


sontag.jpgMinibiografía
Recopilada por Pablo Mancini

La escritora y activista Susan Sontag, una de las intelectuales más lúcidas de nuestro tiempo, murió ayer por la mañana a los 71 años, en el hospital Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, a causa de la leucemia que sufría desde los años 70.

Nació el 16 de enero de 1933 en Nueva York, y creció en Tucson. Estudió en las universidades de California, Chicago donde se licenció en Filosofía y Letras, París y Harvard.

En 1963 inició su carrera literaria. Entre sus obras, traducidas a 32 idiomas, cuenta con cuatro novelas, varias piezas de teatro y ensayos literarios y políticos. Además publicó artículos en revistas como The New Yorker y The New York Review of Books. A partir del éxito internacional de sus ensayos reunidos en Contra la interpretación (1966) y Notas sobre lo camp, se transformó en una autoridad en lo referente a costumbres de su país y en una de las más representativas autoras de los movimientos intelectuales de los años 60.

En los 60 también filmó en Suecia su primera película: Duelo de caníbales (1969), a la que siguió Hermano Carl (1971). En esa época además publicó los libros Viaje a Hanoi y Estilos radicales.

En 1968 fue enviada como periodista a la guerra de Vietnam, una experiencia que según contó en reiteradas entrevistas marcó su vida. Filmó a las tropas israelíes en la guerra de Oriente Medio en 1973 y dirigió una película, Tierra prometida, en los Altos del Golán.

A mediados de los 70 le diagnosticaron cáncer, y con esa misma actitud combativa con la que se comprometía en luchas políticas y sociales le torció el brazo a la muerte escribiendo La enfermedad y sus metáforas (1977); diez años después publicaría El sida y sus metáforas. Luego se sucedieron otros títulos: Sobre la fotografía (ensayo), Bajo el signo de Saturno (ensayos), Ante el dolor de los demás (ensayo, 2003) y las novelas El amante del volcán y En América, texto de ficción histórica por el que ganó en el año 2000 el National Book Award, uno de los premios más prestigiosos de su país.

Sontag sostenía que los intelectuales debían comprometerse y por ello cuestionó duramente a los escritores que se negaron a viajar a Bosnia. En plena guerra, ella dejó Estados Unidos para impartir clases en la Academia Dramática de Sarajevo y enseñar cine, entre otros proyectos de enseñanza.

Muchos, especialmente los más jóvenes, comenzaron a saber de ella, de su producción intelectual y de su militancia política hace sólo unos años, con el derrumbe de las Torres Gemelas y la invasión estadounidense al pueblo iraquí. Pero la coherencia de Sontag con sus posturas venía de antes. La escritora, judía no practicante, en el 2001, al ser galardonada con el Premio Jerusalén de Literatura, el más prestigiado de Israel para escritores extranjeros, lo aceptó pese a las presiones para que lo rechazara, y aprovechó la ocasión para condenar la política de ocupación israelí en los territorios palestinos. Sobre la política norteamericana tras los atentados del 11-S e Irak dijo que en EE.UU. hay un partido, el republicano, y no hay oposición porque los demócratas son un mero apéndice. Según la escritora, su país marcha hacia una política imperial. Estamos en el fin de la república y el inicio del imperio. Clinton era Julio César y ese señor horrible de Texas es Augusto.

Valga esta biografía, expuesta aquí tan apretadamente, para agradecer la lucidez en el tiempo, el compromiso intelectual y político, la capacidad de trascender la coyuntura político-mediática desmontando el sentido único en esa lucha que Sontag siempre dio contra la sobredosis de CNN; para tomar su sentido de la territorialidad cuando los medios dicen "huye, calla". Susan Sontag, ni polémica ni provocadora. Comprometida.

Otras lecturas en la web
La fotografía: breve suma
Contra la interpretación (fragmento)
Ante la tortura de los demás
¿Qué hemos hecho?
Un discurso inolvidable
Más información


5 Comentarios

  1. Sergio M Minervini. Enero 1, 2005 20:57

    Excelente artículo. Muy interesantes reflexiones. No debemos olvidar que Sontag fue una de las mentes privilegiadas de nuestro tiempo, asi como una crítica revoluycionaria de la realidad política y social de su país.

  2. María Gabriela Piccini. Enero 21, 2005 10:12

    Excelente artículo, Gracias!!!

  3. María Gabriela Piccini. Enero 21, 2005 10:17

    Excelente artículo, Gracias!!!

  4. Lourdes Guzmán. Febrero 4, 2005 12:54

    Dis'que estoyen cama por una fuerte gripe y no fuí a trabajar. Obviamente me puse a viajar por el mundo digital para recuperarme. Y que me voy encontrando este esqusíto artículo de la camarada Sontang.

    Gracias por compartir esta información tan contemporanea y al día.

    Feliz fin.

  5. Armando Martinez. Junio 2, 2006 13:17

    Excelente infinitamente; es uno de los articulos mejor cuidados y que van mas alla, de expresar lo grande de la persona, mas bien es decir lo que fue en realisad.

    gracias.

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