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Crónicas de Tartagal - Parte 2 - La voz de quienes lo perdieron todo

Prívese a los niños de las narraciones y se les dejará sin guión, tartamudos, angustiados en sus acciones y en sus palabras. No hay modo de entender ninguna sociedad, incluyendo la nuestra, sin prestar especial atención al conjunto de relatos que constituyen su identidad. Por eso es necesario contar las historias de Tartagal, darles visibilidad a esas personas que padecen las consecuencias del alud y de la desidia.

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El agua se enoja y brama dentro del dormitorio

“Perdimos tantas cosas… ustedes pueden ver con sus propios ojos cómo quedó todo esto. Realmente arrasado. Los muebles, los colchones, las paredes. Habíamos logrado comprar un colchón nuevo justo antes del alud. Apenas pagamos una cuota, nos falta el resto para financiar los 1.800 pesos que cuesta y quedó destrozado”, cuenta Beatriz Paiz de Paredes, profesora de artes plásticas, vecina del Barrio Santa María. “La estructura de la casa se conservó de milagro, se nos venía un tanque cisterna encima a toda velocidad, lo arrastraba el río de lodo junto con una parva de troncos, todo hecho un amasijo, pero la corriente lo torció y se desvió hacia otro lado antes de chocar contra la casa”.

Beatriz se lamenta por no poder ofrecer algo para agasajarnos. “Mi marido -que es docente jubilado- y yo estamos sacando el barro y los escombros como podemos, pero recibimos muy poca ayuda. Tengo trece operaciones de columna por un problema serio de vértebras y, sin embargo, me encuentro luchando cuerpo a cuerpo con el desastre. De todos modos nosotros somos gente acostumbrada a pelearla, vivimos unos años en Caleta Olivia, Patagonia, a tres cuadras del mar, y la vida era muy dura. A las cuatro de la mañana el mar se enoja y te brama dentro del dormitorio. Aquí, en Tartagal bramó el alud. Y nosotros seguimos poniendo el pecho.”

Los colores, la pintura y lo que el arte significa para el ser humano cierran la conversación con Beatriz. “Lo que me partió el alma fueron mis obras”, dice, mientras despliega los álbumes que contienen todos sus dibujos, pinturas y trabajos artísticos. Son mi tesoro, mi pasión, y me los comió el barro. El alud también se llevó los anillos de casamiento de mamá y papá y el medallón con la cara de Jesús. Todas cosas del corazón”

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Una bebé llamada Luján Lodito

En el Centro de Evacuados instalado en la escuela Uriburu conocimos a Gloria Georgina Lezcano, vecina evacuada del barrio Villa Saavedra. “Nunca pensé que esto iba a suceder así. Nos salvó mi nietita de 3 años. Ella nos alertó. Me movía y decía: ´se moja, se moja´. Entonces me desperté y empecé a ver, pasó todo tan rápido que hay muchas cosas que no recuerdo. Le dije a una de mis hijas –que había salido del hospital el día anterior por una cesárea– alcemos a la bebé y a los chiquitos, levantémolos por el aire y salgamos. Bajé la llave de luz y salimos. El lodo nos llegaba a las rodillas y mi hija que recién había parido hacía tres días, no podía hacer fuerza y empezó a hundirse en el agua y el barro. Pedí auxilio, busqué ayuda para que pudiéramos sacarla. Unos vecinos nos ayudaron y logramos arrastrarla con nosotros y los chiquitos. En el lugar donde estaba la casa se empezó a hacer un pozo o zanjón y la casa iba cediendo. Una vez que pudimos escapar hasta el cruce de las calles Cecilia e Islas Malvinas vimos cómo el río se llevaba las casas. En el hospital me enteré de que mi casa finalmente cedió y se la tragó el alud.”

Se nota que Gloria hace un esfuerzo enorme por no quebrarse al contar lo sucedido, pero aunque es una mujer fuerte, la emoción le gana. “Ahora tenemos la vida, la vida pelada, a secas, porque nos quedamos sin nada. Igual estoy agradecida, será que Dios te avisa, porque pude salvar a mis hijas y nietos. La bebé se llama Luján, pero todos le decimos 'Luján Lodito', porque la sacamos toda enlodada.”

Cuando le preguntamos sobre el futuro, Gloria dijo de manera terminante: “Si pudiera me iría de Tartagal, pero nadie me ayuda a solucionar este problema. Dentro de pocos días tenemos que dejar el centro de evacuados y no sabemos adónde ir. Nos prometieron unas casillas pero en esos lugares apenas entra un colchón y nada más. Nosotros somos una familia grande y no cabemos en una casilla. Igual tampoco nos dieron datos de esas casillas y nos piden las escrituras de nuestras casas arrasadas. Donde vivíamos todo está cubierto de lodo que incuba bichos y enfermedades, no podemos volver ahí porque no hay casas y es un caldo de cultivo de infecciones.”

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Lo que más duele como argentinos

El dengue hemorrágico, la hepatitis y el hantavirus, entre muchas otras enfermedades, están extendiéndose en la población afectada de manera alarmante y en medio de una disputa política, y con una actitud irresponsable por las demoras, el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, recién hace unos pocos días –más precisamente el 5 de marzo–- por fin decidió decretar a Tartagal en "emergencia sanitaria" por el brote epidémico de dengue, que cobró víctimas, además de que hay al menos 800 personas con la fuerte posibilidad de haber contraído esa enfermedad provocada por la picadura del mosquito Aedes aegypti.

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Las zonas más afectadas son Tartagal y Salvador Mazza, en el departamento San Martín y en el de Orán. Los pobladores de Tartagal y alrededores reclamaban que el municipio y el gobierno de la provincia reconocieran la gravedad de la situación y adoptaran las medidas urgentes, con mayor dotación de médicos e intensificación de la fumigación, en lo que califican ya como el tercer brote de dengue, sobre todo porque los sufridos en 1998 y 2004 fueron por el serotipo 2, y los casos actuales corresponden al serotipo 1, con una probabilidad del 75% de la presencia de dengue hemorrágico.

Por otro lado, una parte considerable de las donaciones (ropa, calzado, mantas, frazadas, colchones, alimentos, agua y medicinas) que los compatriotas de todo el territorio enviaron y continúan enviando a los hermanos de Tartagal no llegaron ni llegan a sus manos.

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Thomas Carlyle dijo: "¿Que esta es una mala época? Pues bien, estamos aquí para hacerla mejor".

¿Están aquí los funcionarios elegidos por el pueblo para hacerla mejor? ¿Están los agentes municipales, los gobernantes provinciales y las autoridades nacionales trabajando con conciencia para hacerla mejor?

Cuándo llegará el día en el que los dirigentes de diversos organismos, funcionarios y gobernantes por fin experimenten la mímesis de lo humano con lo humano, el encuentro del hombre consigo mismo, el reconocimiento que trasciende las culturas, las costumbres y remonta a lo esencial: la capacidad de compartir, de reconocerse en el dolor y el sufrimiento ajenos.

Es lo que se preguntan los tartagalenses, lo que nos preguntamos nosotros, lo que se preguntan a diario todos los habitantes en cada rincón de la Argentina ahogado por aludes de lodo y, peor aún, por aludes de desidia.

Únicamente en la convivencia fundada en el respeto por el otro es que la vida cobra valor. Cada una de las víctimas consultadas y entrevistadas para este registro expresó su agradecimiento a la solidaridad de todos los ciudadanos de este país.

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En esta foto, algunos de los tantos niños evacuados: (de izquierda a derecha) Martín, la peque y Celeste, Maxi parado atrás, con Carina (del equipo de educ.ar) y Roberto (del equipo de Canal Encuentro).


Ver el álbum Tartagal, la vida después del alud

Leer Crónicas de Tartagal - Parte 1- Había una vez un pueblo...



5 Comentarios

  1. ana. Marzo 9, 2009 14:55

    Un acto cívico, un acto de amor, un acto justo: el tuyo, el de contar.
    Una ex tartamuda.

  2. Cecilia. Marzo 10, 2009 10:48

    Dar la palabra es un modo de ayudar a que cada sujeto elabore y signifique su propia historia. Excelente propuesta la de la nota!

  3. ana. Abril 6, 2009 19:43

    estoy muy molesta ya han pasado casi 2 meses de alud y tengo a mi hermano,esposa y su bebe a los cuales nadie los ayudo lo han perdido todo en el alud de tartagal y algunos funcionarios me pidieron prueba ej. videos del momentos para poder darles algo.

  4. cintia. Septiembre 8, 2009 21:02

    La verdad que al leer el artículo me provoco dos cosas, una es pena por la situación que tienen que padecer la gente que perdió todo y que tiene que volver a comenzar de nuevo a reconstruir sus viviendas y sus vidas en cierto modo, y por otro lado indignación porque nadie es capaz de ayudar a esta gente, al contrario, todos hacen oidos sordos ante esta situación y nos mienten a nosotros diciendonos que todo habia sido solucionado, y al leer estos artículos nos damos cuenta que todo fue una mentira, y que todovia hoy la gente necesita de nuestra ayuda.Espero que las autoridades puedan solucionar este problema, que se hagan cargo de sus funciones, que es la de proteger a la gente y ayudarla.

  5. Katerine Love. Noviembre 11, 2011 11:25

    Por supuesto es de ser triste cuando se pierde todo y ademas que hay que empezar de nuevo entre sentimientos increibles que pueden ser hasta confusos
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