08-01-2008 |
Autor: Alejandro Piscitelli
No hubo palabra que se repitiera más -y como si fuera sagrada– en la década menemista de los 90 que "mercados". Estos era naturales, sacrosantos, omnipotentes, pero sobre todo profundamente divinos. Decidían por nosotros, determinaban nuestro bienestar cotidiano e irritarlos podría llevar a que, como dioses que eran, se vengaran sobre nosotros. Cuando la convertibilidad se desplomó en diciembre del 2001, parecía que los dioses se habían vuelto locos.
En un estupendo estudio, un periodista argentino pone nombre y apellido a ese fantasma de los mercados. Seguirlo en su periplo antropológico ayuda a entender de qué hablamos cuando decimos mercados. Y como siempre, detrás de cualquier abstracción hay personas con intereses, decisiones y voluntades en conflicto (con las nuestras). Pedagógicamente, la lectura de una obra como esta ayuda a entender cómo se construye socialmente un discurso con un grado de penetración y de verosimilitud...inverosímil.
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