No hubo palabra que se repitiera más -y como si fuera sagrada– en la década menemista de los 90 que "mercados". Estos era naturales, sacrosantos, omnipotentes, pero sobre todo profundamente divinos. Decidían por nosotros, determinaban nuestro bienestar cotidiano e irritarlos podría llevar a que, como dioses que eran, se vengaran sobre nosotros. Cuando la convertibilidad se desplomó en diciembre del 2001, parecía que los dioses se habían vuelto locos.
En un estupendo estudio, un periodista argentino pone nombre y apellido a ese fantasma de los mercados. Seguirlo en su periplo antropológico ayuda a entender de qué hablamos cuando decimos mercados. Y como siempre, detrás de cualquier abstracción hay personas con intereses, decisiones y voluntades en conflicto (con las nuestras). Pedagógicamente, la lectura de una obra como esta ayuda a entender cómo se construye socialmente un discurso con un grado de penetración y de verosimilitud...inverosímil.
La fascinante historia de la timba de la Bolsa
Libros que cuentan las idas y vueltas de Wall Street -como encarnación de la timba de la Bolsa- hay unos cuantos, y los mas importantes y valiosos (como Liar´s Poker de Michael Lewis y When Genius fails de Roger Lowenstein) son profusamente citados al cierre de esta saga escrita por el joven periodista argentino radicado en Nueva York Hernán Iglesias Illa.
Si esta obra tiene un valor especial, no es tanto por dedicarse a un tema que hace mucho concita el interés y la envidia de muchos millones de argentinos, cual es la plata dulce que embolsan los traders, los brokers, los banqueros y los analistas que habitan ese mundo inmarcesible y siempre soñado que ocupa las manzanas presididas por un toro en Wall Street, sino algo mucho mas interesante y difícil de desentrañar: el rol jugado por los chicos dorados en la década maldita menemista y más específicamente aún su rol -si es que les cupo como cree el imaginario colectivo- en la caída de la convertibilidad y en el empobrecimiento de vastas franjas de la sociedad argentina.
Porque esta es la obsesión de Iglesias Illa, quien en un tour de force interesante a varias puntas, con un resultado en general positivo y valioso y con algunas pifiadas no menos llamativas –teniendo en cuenta el asesoramiento con el que contó y la especial factura de su libro, que fue premiado como el mejor proyecto a armar por el Premio Crónicas Planeta/Seix Barral en el año 2006 y para cuya realización le adelantaron la nada menor cifra de 20.000 dólares– dice tanto del objeto en cuestión "vida y muerte del Dasein para la ganancia fácil", como de la desesperación de un pichón de periodista por resolver una ecuación de vida o muerte. Tal como él mismo se lo plantea al medio de su libro: ¿quién es más real, Riquelme o Macaya Márquez?, además de reiterar la frase (no queda demasiado en claro si crítica o autocomplacientemente) de que cualquier periodista que se precie no puede dejar de recordar la indispensabilidad del periodismo.
Un método de trabajo complejo y bien logrado
Hay varios planos en los que se mueve Iglesias Illa y su trabajo tiene muchos ribetes interesantes ligados básicamente a su elección del método trabajo: las entrevistas en profundidad -incluyendo compartir partidos de fútbol- a decenas de involucrados directos en lo que es el valor agregado de su trabajo: los 300 argentinos que en forma permanente y hasta hace poco tiempo atrás nomás fungieron como la crema de los traders, los banqueros y los analistas de Wall Street.
Los testimonios son muchas veces antológicos, el conocimiento profundo del entorno cultural, de la forma de pensar y operar, de la construcción de la cotidianidad es lo más rico y fascinante del trabajo. Los capítulos más logrados están enteramente armados a partir de los testimonios de esos centenares de compatriotas que desde fines de los 70 y principios de los 80, con Daniel Canel a la cabeza, se adueñaron del negocio latinoamericano de los bancos de inversión, después del grifo de dinero de los préstamos para América Latina, y terminaron siendo árbitros y sumos sacerdotes de las crisis latinoamericanas, hasta coauspiciar el default argentino. Y el regusto fantástico de la lectura está generado básicamente por las estrategias y recursos propios de la narrativa de ficción, con larguísimos párrafos escritos en primera persona.
Iglesias Illa hizo bien su trabajo y descubrió decenas de nombres que pocos de nosotros, que nos creemos bien informados, habíamos oído mencionar. Porque si bien hace referencias laterales a algunos personajes conocidos (también ellos Golden Boys) como Alfonso Prat Gay, Martín Redrado y Daniel Marx (no casualmente los tres han estado de los dos lados del mostrador), las historias que hilvana puntillosamente y que generalmente comienzan con un encabezamiento tan nuestro como... Canel, hijo de de un mecánico de autos con taller propio y una ama de casa, nació y creció en Congreso.. fue al Don Bosco, un colegio de curas, jugo mucho al fútbol, trabajó mientras estudiaba economía en la UBA y a los 23 años entró en J.P.Morgan.... son numerosas y representativas.
Apogeo y decadencia del homuo speculativus
Así, revisando las distintas décadas, además de ver evolucionar los negocios e ir detectando su complejidad creciente, Illa ve subir al pedestal de los ganadores a los intuitivos y aguerridos argentinos, hasta perder finalmente la partida doblemente, frente a la quita de la deuda con la consiguiente desaparición de la Argentina de los mercados emergentes en la era kirchnerista, y correlativamente la sustitución de los argentinos listos, verborrágicos, elegantes, displicentes postideológicos y básicamente cancheros frente a los matemáticos provenientes de China, India y Rusia, especialistas en derivados y técnicas cada más abstractas para generar plata con el mínimo de riesgo y donde la contabilidad creativa es el grado 0 de la imaginación.
En capítulos densos que combinan esos testimonios invalorables de primera mano con lecciones de economía general y con aclaraciones permanentes acerca de la evolución de la macroeconomía argentina -algunas veces tediosas y reiterativas-, Iglesias Illa hace desfilar a personajes desconocidos como Ramiro Pérez, Luis Blaquier, Pablo Pereyra Iraola, Martín Benegas Lynch, Ignacio Álvarez de Toledo, Roberto Ruiz, Raúl Ponte, Carlos Agote, Marcelo Blanco, Federico Eisler, Federico Carballo, Carlosd del Carril, Guido Mosca, Raúl Ponte, Pablo Calderini, Miguel Gutiérrez, Jorge Jasson, Juan del Azar, Gustavo Domínguez, David Sekiguchi y tantos otros más.
El libro esta mechado por historias y personajes norteamericanos y otros extranjeros particularmente interesantes, como Martin Schubert -el Llanero Solitario neoyorquino, tapa de Forbes de 1987- que coinventó los swaps y guió y formó a muchos de los nuestros, y muy especialmente por Nick Rohatyn y muchos talentos financieros de estos quilates que sirvieron de modelos y de ideales de identificación para los centenares de argentinos que se hicieron la Wall Street -muchos de los cuales después volvieron a la Argentina y hoy viven paradisíacamente en la zona Norte.
La vida cotidiana de gente muy especial
Los capítulos que más nos gustaron del libro de Illa fueron obviamente los dedicados a rastrear y reconstruir la vida de los argentinos en USA en particular Little San Isidro, donde relevó ese centenar de familias permanentes que se afincaron en Greenwich (Connecticut), uno de los cinco condados más ricos y caros de los EE.UU., y en menor medida Patota de Manhattan, donde cuenta las albures de quienes prefirieron quedarse del otro lado del río en Nueva Jersey.
Escuchar las autojustificaciones de estos Golden Boys, cuyo lema podría haber sido perfectamente el que Dalila Puzzovio y Eduardo Giménez colgaron en el Buenos Aires de los 60 como distintivo de la generación Di Tella "¿Por qué somos tan geniales?", tomar nota de que para ellos sus convicciones mas íntimas no deberían ser tildadas de ideológicas, cuando son tan ideológicas como cualesquiera, y sobre todo deber entrar en un diálogo de que apostar en contra del país buscando defender la maximización de su bono era tan solo una decisión técnica y no una elección de vida, llama la atención y pone en cuestión la credibilidad de sus razonamientos, además de exhibir un doble discurso que Iglesias Illa trata de suavizar o directamente anular pero que se trasluce permanentemente y que muestra la arista más débil del recorrido hecho por el becario.
Salirse de un maniqueísmo para caer en otro
Porque yendo al meollo del asunto, Iglesias Illa cree haber un hecho un camino difícil pero sincero que le permitió salirse del maniqueísmo que veía a los Golden Boys y a Wall Street como los malos de la película, proponiendo una tercera posición equidistante fuera de toda teoría conspirativa, y saldando cuentas con individuos que más allá de sus buenas o malas intenciones no habrían actuado concertadamente, ni habrían respondido a ninguna directiva malvada o nefasta que terminaría con la estrepitosa caída argentina en el default.
Al final del libro, Iglesias Illa retoma unas columnas de Marcelo Bonelli publicadas en Clarin en agosto del 2007, donde sobresale esta versión maniquea, e interroga a uno de los más grandes traders de todas las épocas como es Alberto Ades, quien se ríe despiadadamente del periodista económico local y sostiene que la actitud de Bonelli de ver fantasmas corporativos donde no los hay es apenas una estrategia comercial de autobombo y promoción de la resistencia contra el dragón corporativo que según los progres argentinos -anche economistas- anidaría en Wall Street. Pero Ades no es tampoco el paradigma de la objetividad.
Cuando Iglesias Illa empezó el trabajo quería descubrir si era cierto que Wall Street era el cuco que la mayoría de los argentinos creemos que es. Los argumentos en danza estuvieron más que desarrollados en el Libro de conversaciones entre Ernesto Tennebaum y Claudio Loser, que en su momento reseñamos y que nos pareció un monumento a la incomprensión mutua. (Ver Dos monólogos de sordos. Enemigos que no son tales)
¿300 argentinos /obsesionados pro su bonus- hacen un caballo de Troya?
La gran cuestión es saber si después de todo el trabajo que se tomó Iglesias Illa estamos en mejores condiciones de entender el papel jugado por los 300 argentinos muchos de los cuales shortearon los bonos argentinos (es decir los vendieron y hundieron conscientemente en el 2001 con el resultado conocido, a sabiendas de que bajarían de precio en cualquier instante y con ese mismo gesto convirtieron en realidad la profecía de autocumplimiento) en la caída del modelo de convertibilidad.
Así, les dio decenas de páginas a los traders, banqueros y analistas, pero también tuvo tiempo para hablar con algunos ex funcionarios menemistas y alfonsinistas y tambien en particular con Domingo Cavallo, que le pareció un autista sin remedio -con suma razón.
Lo curioso de la estrategia de Iglesias Illa es que al dar vuelta la visión tradicional de que un grupo de ambiciosos e inescrupulosos especuladores no tuvieron empacho en hundir a su país con tal de salvarse ellos (algo parecido dice Loser en Enemigos exculpando de este modo a los personajes del FMI y resolviendo todo en un individualismo metodológico al peor estilo popperiano), Iglesias Illa termina haciendo lo mismo en sentido inverso.
La crisis argentina fue multideterminada. Difícilmente podamos adscribirla enteramente a la apuesta en contra del valor de los bonos argentinos por parte de los traders, los banqueros y los analistas argentinos instalados cómodamente en Wall Street y desesperados por vivir la vida loca allá y la vida tranquila acá cuando se retiraran. Por eso, el ejemplo de las páginas 228/9, cuando un trader le dice a su broker "(..) No sé qué hacer. Si reventamos esta posicion hacemos c.... el mercado", sin animarse o sin hacerlo finalmente, debemos verlo como el extremo o como la excepción que confirma la regla. No como una conducta generalizada.
Cuando los Golden Boys eran los mercados
Pero no menos cierto es que ellos eran los mercados, esa frase grandilocuente con que hasta entrada la era Kirchner los gurúes locales, muchas veces empalmados o a cuenta de los grandes bancos que empleaban a los Golden Boys (desde el mítico J.P.Morgan, pasando por Merril Lynch, UBS, Credit Suisse, Citibank, Deustche Bank y Chase) atizaban el cuco del riesgo país, se llenaban de plata mientras el país explotaba en pedazos.
Hay que darle las gracias a Iglesias Illa por haberle puesto nombre y apellido a ese fantasma de los mercados. Es interesante haber recogido una visión psicológica de esos millonarios jóvenes que con su temeridad y su desapego se llenaron de plata mientras el país iba a la ruina, aunque ellos no lo buscaran o quisieran.
Pero imaginarlos tan inocentes y desafectados, suponer que sus pobres teorías de la ideología justificaban su disociación entre ciudadanos y oportunistas, e ignorar la dimensión topológica, reticular y fundamentalmente endogámica de sus relaciones con el poder financiero internacional y con un talento que era valorado infinitamente por sus jefes locales y que ellos vendían al mejor postor, no les limpia el karma ni les salva el alma.
Por otra parte, Iglesias Illa pasa por alto los escándalos financieros de la época que involucraron a muchos de estos bancos, fondos e instituciones que supuestamente estaban más alla del bien y del mal. Y si un par de capítulos dejan bien mal parados a estos aparentes buenos muchachos son los finales dedicados al grupo Varenike y a shortear a la Argentina, en donde el hundimiento del país se había decidido a principios del 2001 mientras Cavallo se sumaba a la fiesta y ayudaba con su miopía y fantasías rayanas en lo psicopatía a desatar la catástrofe.
Iglesias Illa insistió hace poco en adn La Nación que un buen libro de periodismo de investigación no debe hacer enojar a los lectores. Yo hace rato que estoy enojadisimo con lo que pasó en la década menemista y si bien su libro me muestra costados y aristas fantásticas de la vida cotidiana de estas pelusas en el ombligo de las finanzas globales, me parece que haberse sacado de encima el abrazo del oso de las explicaciones reduccionistas de cuño economicista o sociologista ha llevado este vez el fiel del otro lado cayendo en las garras del psicologismo y del individualismo.
Por eso necesitamos aún otros recortes y lecturas, más estructurales, más reticulares, más topológicos. ¿Quién se ocupará?
Algunas referencias
http://www.palabrasmalditas.net/portada/index.php?option=com_content&task=view&id=578&Itemid=4
http://www.clarin.com/diario/2006/04/29/sociedad/s-06001.htm
Lo que creo que está en el adn de los argentinos (sean éstos periodistas, economistas, políticos o simples ciudadadanos) es la especulación. Conjeturar no es lo mismo que investigar
Daniel Monsalvo
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