Guillermo Orozco Gómez estuvo recientemente en Buenos Aires y dio una clase magistral sobre el nuevo panorama de los medios, las audiencias y la imprescindible presencia de la escuela.

Guillermo Orozco Gómez estuvo en Buenos Aires y ofreció una clase magistral sobre las audiencias infantiles frente a la TV actual. Organizada por Canal Pakapaka y la Asociación Nueva Mirada, en el marco del 10º Festival Internacional de Cine Nueva Mirada para la Infancia y la Juventud. La conferencia fue una nueva oportunidad para que el especialista mexicano revisara, con la mirada iluminadora que lo caracteriza, temas relacionados con la educación en medios.
Doctor en Educación por la Universidad de Harvard y docente de la Universidad de Guadalajara –ciudad donde nació– Orozco Gómez se ha dedicado a la investigación de los estudios de la recepción y la alfabetización audiovisual, como dan cuenta sus trabajos, entre los que se cuentan Televisión, audiencias y educación (2001) y Recepción y mediaciones (2002). En esta oportunidad, fue presentado por las anfitrionas, Susana Vellegia, directora del Festival y Cielo Salviolo, coordinadora General de Pakapaka.
Un cambio de escenario
Para Orozco, la novedad más significativa del actual panorama de los medios es que existe, por primera vez, una posibilidad de modificar el referente mediático de manera real, lo que habilita a las audiencias a asumirse como productoras y creadoras, estableciendo una interlocución horizontal. Esto cambia la mirada de todos los interesados en hacerlo, abre posibilidades y desafíos. Y desconcierta, claro: “No acabábamos de entender a la televisión tradicional ni a la audiencia pasiva y ahora hay que entender la televisión transmedial y al espectador-productor”, dice no sin ironía.
A contrapelo de lo que hasta ahora proponen los medios masivos de comunicación que, sostiene Orozco, “nos colocan como receptores consumidores sin posibilidad de intercambio ni réplica inmediata ”, estamos inmersos en una gran mutación de lo comunicativo, en donde no hay puntos fijos. Pero sí pueden reconocerse algunas características, como la que indican recientes estudios respecto del consumo de televisión: en todos los países de Latinoamérica, la cantidad de horas que se ve en televisión ha aumentado en el último año un promedio de alrededor de 60 minutos por día. Y oscila, según el país, entre las siete y las nueve horas diarias. Más aún, incluso quienes no ven televisión de manera convencional, lo nacen por YouTube o en otros sitios. Contra todas las predicciones, la televisión, aún en plena transformación, sigue más viva que nunca.
En el panorama de las audiencias, las infantiles son las que tienen mayor capacidad de percepción audiovisual que los mayores: 60 años de televisión han permitido desarrollar en las audiencias más jóvenes la posibilidad de captar mayor cantidad de información de diferentes formas. Esto contrasta con los ritmos lentos de los canales educativos tradicionales y plantea la pregunta sobre cuál es el ritmo al que debe darse la información.
La audiencia infantil es muy grande y cada vez más los sistemas comerciales tratan de hacer cautiva a su audiencia a través de tres rasgos principales: la espectacularidad, la violencia como motor de la acción y la pornografía. Al señalar que un televidente no nace, sino que se hace, Guillermo Orozco no sólo apunta al corazón del problema si no también a la posibilidad de la solución: es posible (y está pendiente) la tarea de “deshacer” lo hecho y formar nuevas audiencias en lo posible, autónomas de las lógicas comerciales. Y esto es válido tanto para los canales de televisión dedicados a los chicos como a quienes trabajan con ellos en la escuela.
Nuevos televidentes
Formados en escenarios diversos, los jóvenes televidentes actuales tienen algunos trazos que los caracterizan y que Guillermo Orozco apunta:
• La ubicuidad: siempre buscan estar conectados.
• La hipermedialidad: consumen varios medios a la vez.
• El multitasking: hacen muchas cosas al mismo tiempo.
• El multilenguaje: están desarrollando habilidades en múltiples lenguajes.
• La cultura participativa: construyen conocimientos y aprendizajes en forma colectiva, junto con los pares y a través del juego que se da espontáneamente fuera del aula.
La comunicación, así entendida, excede los límites físicos tradicionales, se posiciona como la dimensión prioritaria que nos permite entender las sociedades hoy en día y nos obliga a reconocer al poder en el intercambio en las interacciones, especialmente a través del discurso, sus géneros y sus formatos.
Ahora bien, si la interlocución horizontal generalizada (es decir, que todos juguemos todos los roles en el proceso de comunicación) es la gran utopía y el lugar donde, a juicio de Orozco, deberíamos situarnos hoy en día, el cambio de rol es otro cantar. En un informe presentado en 2009 por Teléfonica de España/Ariel, y citado por el especialista, se publican los resultados de una investigación con chicos de 8 a 18 años sobre cultura digital que muestran que un 40% de ellos los usa pero solo un 10% ha participado activamente.
Orozco sostiene que ya no hay una manera única de ser audiencia pero, aunque ya no se trate de un público de TV tradicional, pasivo y desapoderado, el espectador sigue sin asumirse de manera distinta. Y aprovechando la diferencia que ofrece el español, aclara: “somos audiencia pero no estamos siendo de otro modo audiencias”. Así, el objetivo de los esfuerzos de todos (desde generadores de contenidos para niños a educadores) debería ser construir audiencias activas, creativas en la producción y la emisión comunicacionales.
El rol de la escuela
Reconociendo lo que cuesta tomar distancia desde el rol de los educadores, Guillermo Orozco confiere a la escuela un rol significativo en este panorama de los medios, proponiéndola como el lugar para el ejercicio y la práctica del pensamiento abstracto, algo que no ejercitan las TIC. Que, en cambio y en el caso de los videojuegos, sí ofrecen una buena posibilidad de trabajar con el método científico, planteando hipótesis y resolviéndolas a través del camino del ensayo y el error.
Sin desconocer a la sociedad del conocimiento, Orozco plantea que vivimos en una sociedad donde la educación depende cada vez más de fuentes informales y no formales, que tienen que ver con los dispositivos que nos conectan con la vida cotidiana. La escuela, a su entender, debería valorar lo que se aprende afuera de ella e introducirlo para aprender de eso. Su misión específica sería entonces, aportar sentido a lo que se aprende afuera.
Fuente imagen 3: Universidad Nacional de Rosario (UNR).
Excelente análisis de Orozco, el dotar de sentido a lo que se aprende afuera, me recuerda el libro en la vida 10 en la escuela 0.(un niño que sabe sumar en la calle pero enfrentado a cálculos convencionales no los puede resolver)
Tarea nada fácil la que nos espera a los educadores.
© educ.ar. Todos los derechos reservados
Educ.ar S.E. - Saavedra 789 - Ciudad de Buenos Aires - C1229ACE
Tel / Fax: 54-11-5129-6500 (rot.) - Argentina