09-05-2008 |
Autor: Alejandro Piscitelli
Creer que todo tiempo pasado fue mejor es tan desmovilizante, antiético y corto de miras como suponer que la utopía anida en el futuro y que es cuestión meramente de soñarla, o de cumplir con ritos iniciáticos vacíos para alcanzarla. En un siglo XXI atravesado por contradicciones, donde muchas veces la utopía se ha convertido en una mera glorificación de la tecnología, recorrer revoluciones culturales recientes ayuda a poner en perspectiva la aceleración maquinística actual y al mismo tiempo nos ayuda a reflotar un sentido que muchas veces sólo identificamos en la historia.
El Mayo francés de 1968 fue una de esas compuertas divisorias que ayudan a insuflar energía al presente, nos permiten retomar un diálogo civilizatorio trunco y nos instan a encontrar en determinadas manifestaciones del presente guía y faro para seguir construyendo un futuro más emanicipador y libertario.
Frente a quienes demasiado cómodamente acusan de pérdida del valor a la combinación de tecnologías y relativismo, esta breve celebración conmemoratoria muestra que una tecnología al servicio de la reinvención del sentido es una poderosa herramienta para la construcción de una renovada subjetividad social.
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Recomendar24-06-2007 |
Autor: Alejandro Piscitelli
El ser no habla en inglés
En una frase que todavía escuece a más de uno, Martin Heidegger, el más grande de los filósofos (según muchos el último del siglo XX), insistía en que el ser amaba hablar en alemán y que el único lenguaje que podía llevarnos a él, además del alemán, era el griego o viceversa.
Mitad provocación, mitad exasperación, tal sentencia dejaba fuera del ámbito filosófico a todos los otros autores de tradiciones tan variadas como la francesa o la italiana, la anglosajona y las de tantos otros idiomas "bárbaros". Y sobre todo si sumamos a las limitaciones del lenguaje la falta de espesor histórico de la filosofía norteamericana -nueva en más de un sentido-, sufriría por partida doble este ostracismo.
Quedarían así fuera del radar teórico autores como James Dewey y Georges Santayana, Charles Sander Peirce, Stanley Cavell, Robert Nozick, John Rawls, Wilfrid Sellars, W.V.O. Quine, Donald Davidson, y tantos otros que hacen al acervo de la filosofía anglosajona en particular.
Sin perjuicio de la valía de todos estos autores, si la filosofía norteamericana hubiese desaparecido del mapa a mí lo que personalmente más me hubiese dolido habría sido la ausencia de la obra de Richard Rorty, que murió el pasado viernes 8 de junio en Palo Alto, California.
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