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El Mayo francés late dentro nuestro 40 años más tarde

Creer que todo tiempo pasado fue mejor es tan desmovilizante, antiético y corto de miras como suponer que la utopía anida en el futuro y que es cuestión meramente de soñarla, o de cumplir con ritos iniciáticos vacíos para alcanzarla. En un siglo XXI atravesado por contradicciones, donde muchas veces la utopía se ha convertido en una mera glorificación de la tecnología, recorrer revoluciones culturales recientes ayuda a poner en perspectiva la aceleración maquinística actual y al mismo tiempo nos ayuda a reflotar un sentido que muchas veces sólo identificamos en la historia.

El Mayo francés de 1968 fue una de esas compuertas divisorias que ayudan a insuflar energía al presente, nos permiten retomar un diálogo civilizatorio trunco y nos instan a encontrar en determinadas manifestaciones del presente guía y faro para seguir construyendo un futuro más emanicipador y libertario.

Frente a quienes demasiado cómodamente acusan de pérdida del valor a la combinación de tecnologías y relativismo, esta breve celebración conmemoratoria muestra que una tecnología al servicio de la reinvención del sentido es una poderosa herramienta para la construcción de una renovada subjetividad social.

"Si alguien ha sido tan afortunado de haber vivido en París cuando era joven, llevará para siempre ese sello indeleble dentro suyo, porque París es una fiesta inolvidable"

Difícilmente podría haberse imaginado Ernest Hemingway que esa declaración de amor calaría muy hondo en aquellos que orillando los 20 años vivimos en París a fines de la década del 60, ya sea participando de los eventos de Mayo del 68 en vivo o en directo (como fue el caso de Tomás Abraham, Nicolás Casullo, Isidoro Cheresky, Manuel Castells, Ernesto Laclau y tantos otros notables), o le pisaríamos los talones (en mi caso, desembarqué en París en enero de 1969) pudiendo ver madurar los efectos de Mayo de 1968 con una proximidad y una profundidad tal que es posible todavía hoy ver sus huellas en lo que pensamos, decimos y hacemos 40 años más tarde.

Todo empezó en 1968 en la Universidad de Nanterre, se propagó al Barrio Latino de París y se extendió a la velocidad de la luz por el mundo, y consiguió resquebrajar los cimientos de la sociedad, la autoridad y las estructuras de poder en Francia. Como bien dice Luisa Corradini en una nota plagada de referencias a autores y libros (son cerca de 70 los que se publicaron en los últimos meses sobre este tema), desde el 22 de mayo hasta el 16 de junio de 1968, mientras los adoquines llovían sobre los policías en París y los estudiantes gritaban desde las barricadas que estaba "prohibido prohibir", tal vez nadie imaginara que ese movimiento juvenil –el más festivo, vasto y pacífico que conoció la historia moderna– se convertiría en una bomba de tiempo que terminaría con la sociedad patriarcal, permitiría la emergencia de las mujeres y los jóvenes como actores sociales de pleno derecho y, 21 años después, provocaría el derrumbe de los regímenes comunistas.

París 68 / Córdoba 1969

Visto desde la Argentina, donde el Cordobazo agrietó el régimen dictatorial de Onganía, forzó su alejamiento e incubaría una violencia política monstruosa cuyas consecuencias vivimos después con desaparecidos, ostracismo político, exilios forzados y liquidación de una generación, Mayo 68 aparece muchas veces como una algarada lírica, otras como una copia atrasada de la revolución hippie norteamericana, y generalmente como un problema interno de un país retrógrado y reaccionario. País que gracias a esta movilización obrero-estudiantil (que rápidamente se volvió sólo estudiantil cuando los obreros lograron un 35% de aumento en su salario), por fin dio vuelta al codo de la historia.

Como hace 40 años, Mayo del 68 sigue revelándose contradictorio e inasible. Y todos y cada uno, como a cualquier fenómeno histórico de fuste, le siguen aplicando categorías y lecturas que difícilmente trasciendan el particularismo o los intereses adquiridos. Porque ¿qué fueron finalmente esas jornadas tan mencionadas: símbolo de alegría, provocación, libertad, fraternidad y evolución social o mero triunfo del relativismo moral e intelectual responsable de todos los males actuales?

En Francia en particular, desde los más grandes intelectuales –pasando por los políticos y especialmente los protagonistas del evento– se recriminan ácidamente comprando y vendiendo alternativamente a Mayo 68 como panacea irrepetible, o como siembra del erial contemporáneo.

En su caso particular, los franceses rehúsan "liquidar" la herencia de Mayo del 68 y la reivindican masivamente: el 74% tiene una visión positiva de aquel movimiento y no ve ninguna relación entre aquellos acontecimientos y los problemas actuales, según un sondeo.

Las interpretaciones sobran pero los hechos a veces son contudentes. Porque entre otras gestas, el Mayo francés promovió, abolió o liberó las siguientes conquistas y abonó un estado contestatario que todavía hoy vemos en muchos lugares y grupos, y promovió valores como los siguientes:

- libertad de la contracepción y el aborto,
- autoridad parental compartida,
- posibilidad para las mujeres de abrir una cuenta bancaria sin autorización del marido,
- derecho a la igualdad profesional entre hombre y mujer,
- mensualización de los salarios (en lugar de la quincena),
- reconocimiento de los sindicatos en la empresa,
- aumento de 35% de los salarios más bajos,
- creación del salario mínimo,
- formación permanente,
- seguro de desempleo,

y la lista sigue y sigue como una larga cola temporal que llega a nuestro presente.

No nos olvidemos de Marcuse

Nada de lo que pasó en París empezó ni terminó allí. Hubo previamente fermentos internacionales que ayudaron a encender la chispa de esa algarada y revolución en las costumbres. Los militantes políicos fueron el encendido, con Dani el rojo a la cabeza, pero un fulminante mayor, motor en Berkeley y EE.UU. pero también presente en el París sesentista fue el filósofo alemán Herbert Marcuse, que quedó asociado a un concepto que en ese entonces cobró fuerza: la nueva izquierda, que intentaba superar las propuestas de la izquierda clásica a la que consideraba anacrónica y que incluyó lo subjetivo y lo psicológico dentro del marco de lo macrosocial, subrayando una nueva mirada.

De la inmensa lista de pensadores y opinadores, de nostálgicos y de diseñadores del porvenir, que vivieron / analizaron el Mayo 68, el que más sintoniza con mi percepción de esos días inolvidables e irrepetibles es el maravilloso y desconocido belga Raoul Vaneigem, autor del Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, quien a los 74 años desmenuza los ecos y la acción a distancia del Mayo francés sobre todos nosotros y lo describe con una acuidad que nos obliga a la paráfrasis textual.

Para Vaneigem las mutaciones civilizatorias puestas a la luz por Mayo del 68 no tienen nada que envidiarle a otros reveladores (la Revolución Francesa, la Comuna, el Frente Popular). La ruptura con los valores patriarcales fue definitiva. Desde entonces, nos hemos encaminado hacia el fin de la explotación de la naturaleza, del trabajo, del intercambio, de la depredación, de la separación del hombre de sí mismo, del sacrificio, de la culpabilidad, de la renuncia a la felicidad, del fetichismo del dinero, del poder, de la autoridad jerárquica, del menosprecio de la mujer, de la subordinación de los niños, del ascendiente intelectual, del despotismo militar y policial, de las religiones y las ideologías.

El largo trecho entre lo dicho y lo hecho

Cuando llegué a París a principios del 69, tuve la enorme fortuna de transitar las aulas recién construidas de la Universidad de Vincennes. No conocí la Francia pre-68 pero sí una de las matrices donde se incubaron todos los temas y revisiones históricas apuntadas por Vaneigem y por Marcuse.

Yo llegaba de una UBA militarizada, acunada en la noche de los bastones largos, con profesores desparejos, con policía infiltrada en las aulas, con una distancia cultural y una nostalgia por una Francia creativa –todos nos acordamos aún de ese 1966 maravilloso que vio aparecer en seguidilla despampanante las obras de Althusser, Lacan, Foucault, Jacques Derrida, etc., etc.– y en Vincennes viví en carne propia todas las promesas del Mayo francés.

Fueron mis profesores Etienne Balibar y Alain Badiou, Serge Leclaire y Judith Miller, Michel Foucault y Luis Prieto, Henri Meschonic y Jacques Ranciere, Hélène Cixous y otras luminarias por el estilo. En el medio hubo huelgas y mitines, palizas y corridas, tertulias y tenidas literarias, grupos de estudio con Saul Karsz y búsquedas geográficas y culturales sin fin.

Después volví innumerables veces a París, y cada vez que asomé mi cabeza, 5, 10, 20 y ahora 40 años más tarde por esas mismas calles históricas del Barrio Latino, por la Plaza Saint Michel, por el Boulevard Saint Germain, siempre sentía y siento revivir el espíritu de Mayo del 68, que hoy veo reverdecer en movimientos como los Creative Commons y la ética hacker, la wikinomics y la larga cola, la producción par a par y la democratización del acceso a los medios digitales.

Paradojas de la historia

Cuando la política convencional es cada día menos inteligible y más ajena al cotidiano, el retorno del Mayo francés viene de la mano de la emancipación tecnológica, de la participación de los prosumidores, de la rebelión de los amateurs y de un humor y una alegría que fue justo el tono propio de esa algarada –que junto a los años 20 del siglo XX– fueron sus momentos más creativos y locos.

Más allá (o más acá) de las ideologías y de los eslóganes, más allá de las alianzas circunstanciales con partidos y mucho más cerca de los movimientos, hoy reveo el Mayo francés en las columnas irreverentes de Rafael Cippoloni, en los ensayos desentumecedores de Juan José Becerra, en los planteos ácratas de Juan Freire y en la energía renovadora de Alfons Cornella.

El Mayo francés quiso democratizar la imaginación y en gran medida lo logró. Nuestro desafío alineado con él, más allá de la nostalgia y el lamento, es democratizar la innovación , y en eso estamos.

Referencias

Abadi, José Eduardo Una juventud en ebullición

Corradini, Luisa El Mayo rebelde: legado y actualidad del 68 francés

Fuentes, Carlos Los 68. París-Praga-México, Buenos Aires, Debate, 2005.

Pauls, Alan La relación cero y la alegría

Pujol, Sergio A. Ecos lejanos en la Argentina del Cordobazo


Algunos recursos de educ.ar para trabajar en el aula

El Mayo francés

Las décadas del 60 y 70

Los jóvenes en la década del 60 y en la actualidad


3 Comentarios

  1. Mayo. Julio 18, 2008 15:06

    Hubo durante este año una movida graffitera que procuraba homenajear al mayo francés en ls ciudad de Córdoba, Argentina.
    Los graffitis se testimonian en

    http://mayocordobes.blogspot.com/

  2. alejandro. Agosto 18, 2008 16:45

    El cordobazofue un eco limpio y sin dudarlo, tan potente como el mayo francés, otra vez la burguesía dormía descuidadamente sobre un volcán sobre un volcán.

  3. Gatillo. Abril 27, 2009 17:12

    Es lamentable que la clase obrera de hoy reniegue de la historia de los "azos" y así no puede salir del hoyo.
    La pequeña burguesía en la dirección de las organizaciones "obreras,de trabajadores,socialistas ,revolucionarias,etc..." es la mayor responsable por tratar de sustituir a la clase.

    GATILLO