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Cómo abordar una vez más a Sarmiento

En estos días, en los que se conmemora un nuevo aniversario de la muerte de un hombre cuya memoria sigue desatando apasionadas polémicas, muchos docentes tal vez se preguntarán:
¿Cómo recuperar, a través del bronce, al ser humano apasionado y virulento que se llamó Domingo Faustino Sarmiento? ¿Cómo transmitir a los más jóvenes una imagen capaz de sacudir el escepticismo y recrear el entusiasmo infinito de ese hombre que nació hace casi 200 años, para entender por qué y cómo su pensamiento y su acción marcaron para siempre nuestra historia?

También desde educ.ar nos hacemos esta pregunta.

Un camino es contar una vez más los avatares de su vida accidentada y su asombrosa biografía. Hay, en este sentido material abundante y de calidad en la Web, además del Especial que preparó educ.ar para esta fecha:

Sarmiento. Efemérides culturales. Ministerio de Educación.

Portal sobre el educador sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento

Incluso, como es sabido, escrito por el mismo:
Recuerdos de provincia, entre otros textos de Sarmiento que presenta la Biblioteca Digital Cervantes.


Textos de Sarmiento en la Biblioteca Digital de Clarín

También se pude incursionar en el aporte literario e ideológico de Sarmiento, que formó parte del grupo que asumió la tarea de inventar una nación sobre las ruinas del sistema colonial. Citamos más abajo distintos recursos de educ.ar con actividades pensadas desde esta perspectiva, y para profundizar más este aspecto recomendamos entre la abundante bibliografía el primer tomo de la excelente
Historia de los intelectuales en América latina, dirigida por Carlos Altamirano y el ensayo del mismo autor sobre el Facundo.

Otra opción –que es la que proponemos aquí– es hacer un recorte de dos puntos de esa trayectoria que nos resultan especialmente significativos.

Revirtiendo la desigualdad

En el texto "Mi defensa", Sarmiento presenta él mismo esta paradoja. En un contexto en el que a veces recurrimos más de la cuenta a las coartadas que nos ofrecen la desigualdad, la escasez de elementos didácticos o las diversas caras de la miseria para explicar las limitaciones de nuestro sistema educativo, resulta especialmente conmovedor pensar en ese chico, con voraces ansias de aprender y evidente capacidad para hacerlo, que enfrentó tantas dificultades para acceder a la educación formal. Tenía todo en contra: había nacido en un país que recién quería comenzar a existir, en una ciudad periférica y en una familia pobre El sistema escolar rudimentario de las Provincias Unidas tenía capacidades muy limitadas y las becas a las que pudo haber accedido para estudiar en Córdoba o Buenos Aires se frustraron por diversos motivos, desde los problemas de salud hasta la guerra civil o simplemente “la fatalidad”, como él mismo señala:

“Cuando he escrito sobre educación he manifestado mi firme creencia de que, la perfección y los estímulos en la lectura, pueden influir poderosamente en la civilización del pueblo. En mí no ha tenido otro origen mi afición a instruirme que el haber aprendido a leer muy bien. (…). De la escuela fui llevado a Córdoba a un colegio, de donde regresé muy luego por enfermedades que me atacaron. El gobierno de Buenos Aires pidió por entonces, a cada una de las provincias, seis jóvenes para formar el colegio de ciencias morales, y fui yo nombrado; pero habiéndose interesado muchos padres de familia por las becas, se sortearon los jóvenes y no me tocó a mí. Me detengo en estas nimiedades, porque una rara fatalidad ha pesado siempre sobre mí, que parecía cerrarme las puertas de los colegios. (Sarmiento “Mi defensa” 1843.

Sin embargo ese chico, aferrándose a los escasos estímulos intelectuales que podía encontrar a su alcance, se construyó a sí mismo a través de su pasión por la lectura, necesariamente asistemática y tan voraz que suscitaba desconfianzas de sus vecinas: “La señora Laora, pasaba para la Iglesia y volvía de ella, y sus ojos tropezaban siempre, día a día, con este niño inmóvil, insensible a toda perturbación, sus ojos fijos sobre un libro, por lo que, meneando la cabeza, decía en su casa: ‘Este mocito no ha de ser tan bueno! ¡Si fueran buenos los libros no los leería con tanto ahínco!' ” (Sarmiento, Recuerdos de provincia). Por difíciles que sean las situaciones que hoy enfrentamos, estos textos sarmientitos, nos siguen convocando a descartar la resignación y renovar la apuesta cotidiana por la pasión de seguir aprendiendo y enseñando.

Reflexiones a partir de un canasto de mimbre

Enel Museo Sarmiento se conserva un sencillo canasto de mimbre realizado por el mismo Sarmiento. Este detalle aparentemente insignificante resulta un indicio elocuente del nivel de compromiso político y personal con la enseñanza y el aprendizaje como forma de transformar la sociedad y las vidas de los ciudadanos.

Según explica el cartelito que acompaña a la pieza, el canasto fue trenzado por el mismo Sarmiento. De sus viajes por Oriente trajo la primera vara de mimbre con la idea de introducir su cultivo en la zona del delta del Paraná. Aprendió además a trenzarlo para enseñar a los isleños un oficio que, a su juicio, les resultaría provechoso. Un siglo más tarde, en el Puerto de Frutos, donde funciona un mercado de artesanías y otros productos de las islas, vemos desplegarse un enorme abanico de objetos de mimbre que dan cuenta del éxito de ese empeño. Seguramente, muchos de los que hoy se ganan la vida como artesanos del mimbre desconozcan su deuda con el viejo maestro. Su pasión por el Delta lo llevó también a construirse, en 1860, una casita, que aún se conserva, transformada en museo.

Pasión por enseñar y aprender en los circuitos formales e informales; fe enorme en la capacidad de la palabra para transformar la propia vida y la de la sociedad, obstinado combate a la resignación en todas sus formas: estos son algunos de los rasgos que explican que este 11 de Septiembre, una vez más en las aulas de todo el país se honre la memoria de aquel hombre que imprimió su sello a la educación argentina y que nos impone a todos los que enseñamos un modelo tan exigente como estimulante.

Finalmente, unas palabras sobre Sarmiento de Jorge Luis Borges, otro de nuestros polémicos maestros de la palabra, que decía que mientras sigamos enseñando, fascinándonos o irritándonos con sus ideas políticas, amando los libros, la pasión de Sarmiento seguirá latiendo entre nosotros.

Sarmiento
por Jorge Luis Borges

Su obstinado
Amor quiere salvarnos. Noche y día
Camina entre los hombres, que le pagan
(Porque no ha muerto) su jornal de injurias
O de veneraciones. Abstraído
En su larga visión como en un mágico
Cristal que a un tiempo encierra las tres caras
Del tiempo que es después, antes, ahora,
Sarmiento el soñador sigue soñándonos.

Dos trabajos de educ.ar para ampliar la información

Sarmiento: educación e inclusión

Sarmiento: hechos y perspectivas


Actividades para la clase propuestas por educ.ar

Sarmiento; con la espada, con la pluma, y sobre todo con la palabra...
Actividad para conocer aspectos de la obra literaria de Sarmiento, tomada como una plataforma a partir de la cual el autor construyó su imagen pública.

Sarmiento: política y progreso
Actividades para analizar las políticas públicas llevadas adelante por Domingo Faustino Sarmiento.

Educar al soberano
Esta actividad propone revisar los datos sobre educación recogidos por el censo nacional de 1869, y conocer los pasos que siguió Sarmiento para orientar su obra de gobierno.

Civilización o barbarie
Esta actividad propone una mirada a la diferencia que encontraba Sarmiento entre las grandes ciudades y el campo argentino.

Sarmiento: política y barbarie
Actividades para analizar la mirada política de Domingo Faustino Sarmiento.


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