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La quema y el abandono de libros; el olvido de los bienes simbólicos de las culturas originarias

Un debate sobre los relatos de la historia y los ejercicios de la memoria y la identidad.

Una nota publicada en el diario La Nación por Fernando Báez, autor de Historia universal de la destrucción de libros, funciona como una invitación a pensarnos y conocernos, a volver sobre nosotros con esa categoría inmensa, vasta, inagotable, tan cargada de sentido (y a veces de sinsentidos): América latina. Una porción del planeta, un lugar en el mundo, con tanta riqueza natural como sangre ha corrido por sus tierras. Una región en crisis que no fue descubierta por nadie, que existía antes de la empresa colonialista que saqueó sus bienes, derramó su sangre y provocó una desestabilización simbólica sin precedentes.

Algunos números que dan cuenta de ello:

Por turnos, se han llevado y se siguen llevando el oro, la plata, el cobre, el carbón, el aluminio, el hierro, el gas y el petróleo. (...) Se ha calculado que España extrajo de América latina cuarenta millones de pesos hasta el año 1560, que equivaldrían a quinientas toneladas de oro.

Desde la época colonial, las plantaciones se convirtieron en un instrumento para someter las economías locales y obtener productos a bajos precios por el uso de esclavos. Para dar una idea de las ganancias, vale la pena comentar que Inglaterra financió sus guerras contra Napoleón Bonaparte sólo con un diez por ciento de los altos ingresos obtenidos por sus plantaciones de azúcar.

En México, los veinticinco millones de habitantes se transformaron en un millón entre 1519 y 1605. En el Perú, seis millones de indígenas llegaron a ser un millón entre 1532 y 1628. Contra esta masacre se pronunciaron los mismos españoles, como lo demuestra el sermón "Una voz que clama en el desierto" del dominico Antonio de Montesinos, quien en 1511 se atrevió a deslegitimar la conquista

A partir del siglo XVI, Latinoamérica, que subsidió a las grandes potencias por turnos con la complicidad de clases dirigentes dóciles y corrompidas, ha sido una vasta fábrica de pobreza y de hambre: entre 1600 y 1800 sólo un dos por ciento de la población poseía la riqueza...

Fernando Báez

Sin duda la conquista no fue un encuentro de civilizaciones, ni mucho menos un descubrimiento de tierras. Pero tampoco la matanza de los indios de nuestra tierra puede contarse sólo como cantidad de hombres y mujeres. “El saqueo cultural de Latinoamérica”, tal como se titula la nota de Fernando Báez, fue también una de las consecuencias de la conquista, cuyas cicatrices han envejecido pero no por eso desaparecido: la piel de América latina las exhibe; no puede esconderlas mientras las padece.

"El sesenta por ciento de la memoria escrita de la región desapareció. Un cincuenta por ciento por destrucción premeditada y un diez por ciento por desidia. Más de quinientas lenguas se extinguieron para siempre...", sintetiza Báez.

Respecto del ataque de los conquistadores españoles en Tenochtitlán en 1521 -quizá uno de los primeros contra la memoria- en Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Bernal Díaz del Castillo cuenta: "Y cuando hubieron llegado a la casa del tesoro, llamada Teucalco, luego se sacan afuera todos los artefactos tejidos de pluma, tales como travesaños de pluma de quetzal, escudos finos, discos de oro, collares de los dioses, las lunetas de la nariz, hechas de oro, las grebas de oro, las ajorcas de oro, las diademas de oro. Inmediatamente fue desprendido de todos los escudos el oro lo mismo que de todas las insignias. Y luego hicieron una gran bola de oro, y dieron fuego, encendieron, prendieron llama a todo lo que restaba, por valioso que fuera: con lo cual todo ardió". El humanismo clásico y los mejores pensadores europeos, avalaron este "memoricidio".

La racionalidad moderna en América Latina se ha resquebrajado y su temporalidad reclama las más agudas investigaciones para comprenderla. Sin embargo, la linealidad del sometimiento resulta difícil de cortar; echando un vistazo emergen similitudes inexplicables, o una continuidad aberrante. "Entre el siglo XVI y el siglo XXI, bibliotecas, archivos, ediciones únicas, piezas de arte prehispánico o colonial y de la etapa modernista y surrealista fueron arrasados, olvidados o expoliados. Decenas de bibliotecarios y archivistas fueron asesinados desde México hasta Tierra del Fuego, lo que convierte a estos oficios en los más riesgosos del continente después del relativo a los periodistas y sacerdotes. Durante las dictaduras de las décadas de los sesenta y ochenta, numerosas editoriales fueron víctimas de ataques violentos y miles de escritores fueron asesinados o exiliados. En los actuales momentos, están desapareciendo miles de libros del siglo XIX debido a la falta de presupuesto para su restauración y conservación. El cincuenta por ciento de las bibliotecas latinoamericanas soporta abandono y desidia, y lo mismo pasa con los archivos".

El texto de Báez va mucho más de la estadística, y antes que contabilizar las perdidas invita a prensar procesos históricos y la construcción de los relatos de la historia. Ese "contar" se refiere menos a transitar números que a relatar (contar: ¿enumerar o relatar?)... Se trata de pensar la memoria, de investigar cómo funciona la literatura sobre la constitución de la memoria cuando buena parte de lo escrito fue destruido o queda en abandono. Los símbolos prendidos fuego y los relatos de nuestra historia también. Pero la fuerza y la dedicación, la pluralidad y el trabajo para examinar nuestra historia es lo que aún podemos recuperar.

Sobre Fernando Báez
Wikipedia - Es un bibliotecólogo, poeta, ensayista y novelista venezolano, reconocido mundialmente por sus trabajos sobre la destrucción de libros y recientemente por su investigación sobre los destrozos que la invasión de Irak de 2003 han causado en las obras artísticas de ese país.
Báez es Licenciado en Educación y Doctor en Bibliotecología. Trabajó algunos años en la Universidad de Los Andes en Mérida.
Entre sus obras destacan Historia universal de la destrucción de libros (2004), Historia de la antigua biblioteca de Alejandría (Premio de Ensayo Vintilia Horia, 2003), La destrucción cultural de Iraq (prologado por Noam Chomsky, 2004). Recientemente publicó su primera novela, El traductor de Cambridge (2005).
Báez también ha traducido textos del griego clásico, específicamente Los fragmentos de Aristóteles (publicado en 2002) y La poética de Aristóteles. Edición en Griego, Latín y Castellano (2003).

Página web del autor
http://www.fernandobaez.galeon.com/
Un blog de Alejandro Zerpa con informacion al dia sobre Fernando Baez:
http://fernando-baez.blogspot.com/


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